El Mundo Árabe en vísperas de la Segunda Guerra Mundial

 

Desde principios del siglo XIX y sobretodo con la llegada de la Primera Guerra Mundial, el injustamente tratado Mundo Árabe por Occidente estalló en revolución. Thomas Edward Lawrence, más conocido como “Lawrence de Arabia”, ya advirtió a Inglaterra y Francia el peligro que suponía el Islam si no se cumplían los acuerdos establecidos de otorgar la libertad a los musulmanes después de ser usados para derrotar a Turquía en la Gran Guerra. Así fue, la política de los vencedores, no sólo cruel con los vencidos, sino también con sus aliados que habían contribuido a la victoria final, en este caso los árabes, acabaría en tragedia. La experencia con los años demostró la venganza que estaba preparando a cabo Alemania tras ser desintegrada en la Primera Guerra Mundial; los musulamnes, en las mismas circunstancias aunque con el título de vencedores y traicionados al mismo tiempo, compartían igual sentimiento que los alemanes hacia los británicos, franceses y judíos, tres puelos a los que consideraban opresores. Esa fue la razón por lo que el fascismo, desde un punto de vista musulmán reformista, fuera la mejor opción para los árabes en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

En 1939, la mayoría de regiones árabes estaban sometidas por naciones occidentales, cristianas o comunistas, tres términos que iban en contra del Islam y eran opuestos a su religión, lo que alimentó el creciente odio a liberarse de sus amos. La democracia occidental se había convertido para ellos en una imposición del liberalismo que empobrecía el país con economías de mercado que iban a parar a las grandes potencias, corrompiendo todas sus tradiciones y la propia moral del pueblo. Por otra parte el comunismo había perseguido de manera implacable al Islam en la Unión Soviética masacrando a millares de personas. Agotadas esas dos opciones sólo les quedaba una basada en una ideología que defendiera un Estado nacional construido en los ideales de la patria y la seguridad, con un socialismo en la economía y un conservadurismo marcado por el respeto total a las tradiciones, es decir, el fascismo.

Mapa colonial de África y Oriente Medio poco antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial.

Previamente a la Segunda Guerra Mundial, las únicas naciones independientes islámicas se podían contar con los dedos de una mano, eran Egipto, Arabia Saudita, Irak, Irán, Yemen, Omán y Afganistán. La inmensa mayoría se hallaban sometidas por Occidente en forma de colonias, protectorados o mandatos. Marruecos, Argelia, Túnez, Siria y Líbano pertenecían a Francia; Palestina, Transjordania, Kuwait y Pakistán a Gran Bretaña; Libia a Italia; y el África Subsahariana y Sidi Ifni a España. También había numerosas poblaciones musulmanas en colonias no islámicas de los países occidentales, la más numerosa la poseía Holanda en Indonesia, aunque había otras muy grandes en colonias de Inglaterra como la India, Birmania, Kenya o Sudán, en las de Estados Unidos como Filipinas y en las de Italia como Etiopía, Eritrea y Somalia. La Unión Soviética poseía por otra parte varias Repúblicas Socialistas Soviéticas de origen árabe como Kazakhstán Turkmenistán, Kirzigistán, Uzbekistán y otras regiones del Asia Central. Además países independientes integraban numerosas poblaciones árabes como en el caso de China, Thailandia, Mongolia, Yugoslavia, Albania, Grecia, Rumanía y Bulgaria. Turquía, aunque era una nación mayoritariamente islamica en todos los sentidos e independiente, se consideraba un Estado laico que no entraba en los temas religiosos ni nacionalistas del resto, lo que la convertía en una excepción. La cifra total de musulmanes bajo el yugo de Occidente, especialmente de Inglaterra y Francia, era de 400 millones, además de otros 40 millones sometidos por el bolchevismo de la Unión Soviética, eso elevaba la cifra a 440 millones de islámicos viviendo bajo una ocupación extranjera.

A continuación se expondrá la Historia de las naciones árabes sometidas y no sometidas desde su nacimiento hasta la Segunda Guerra Mundial, destacando además sus diversas organizaciones filofascistas de resistencia en caso de que tuvieran.

Argelia

Argelia puede considerarse el primer territorio de África en ser colonizado en serio por una potencia europea. En este caso Francia invadió el territorio en 1830, justo en el momento en que la nación gala estaba gobernada por el Rey Carlos X. Antes de los franceses Argelia había sido invadida por muchos conquistadores: el Imperio Romano fue la ocupación más importante, le siguió el Imperio Bizantino y la islamización con los árabes en el siglo VII d.C., incluso España llegó a controlar alguna zona estratégica como Orán pasada la Edad Media. La conquista francesa del Mogreb en el siglo XIX fue muy fácil, pero en seguida empezaron a surgir grupos de resistencia que durante el reinado del Emperador Napoleón III Bonaparte se convirtieron en guerrilla.

El primer grupo armado de resistencia surgió en 1847 liderado por el guerrillero Abd-al-Kader, que pronto se extendió a lo largo de todo el Mogreb. Las causas de este malestar eran los inexistentes derechos que tenían los argelinos, desposeídos de sus tierras y el sometimiento de todos los privilegios para los colonos. Pero aún así muchos fueron los argelinos que vieron con buenos ojos la oportunidad de abandonar su tierra para emigrar al territorio metropolitano de Francia, donde se asentaron 100.000 de estos nuevos inmigrantes, entre los cuales 40.000 lo hicieron en el mismo París.

Cuando empezó la Primera Guerra Mundial en 1914 los argelinos pensaron que si se enrolaban el Ejército Francés al acabar la guerra los galos como agradecimiento les darían más derechos e incluso el de la autodeterminación. Un total de 175.000 argelinos lucharon con el Ejército Francés en las trincheras de Europa, muriendo al terminar el conflicto en 1918 unos 25.000. Pero los sueños de obtener derechos en su tierra se desvanecieron, Francia no estaba dispuesta a hacer ninguna concesión. El resultado de esto culminó en una nueva guerrilla que alcanzó crueles dimensiones.

Los grupos de resistencia fueron diversos y nunca estuvieron unidos, esa fue una de las razones de su fracaso. El más relevante fue la Estrella Norteafricana de carácter reformista y fundado por Messali Hadj. A este le compitió una corte fundamentalista llamada Asociación de los Ulemas bajo el mando de Sheikh Abdulhamid Ben Badis. También hubo células laicistas dirigidas por Ferhat Abbas que aceptaban la colonizaión francesa a cambio de una igualdad de derechos que París no quería otorgar.

A pesar de los diversos grupos el Partido del Progreso Argelino sería el que más cáliz de importancia tendría en la política francesa. Su líder, Messali Hadj, era un inmigrante en París que se movía muy a menudo por el Partido Comunista Francés de Maurice Thorez. Gracias a los bolcheviques franceses creó en 1926 la Estrella Norteafricana, un movimiento nacionalista argelino dispuesto a hacer la vida imposible al gobierno galo. Pero la jugada de los comunistas salió mal, pues la Estrella Norteafricana comenzó a alejarse cada vez más del comunismo, sobretodo a partir de la persecución a la religión islámica que tenía lugar en la Unión Soviética. En el año 1935 Messali Hadj fue detenido en París y encarcelado, a su salida, regresó a Argelia donde se disolvió la Estrella Norteafricana el 26 de Enero de 1937 por un decreto del Frente Popular Francés, el nuevo Gobierno marxista de la nación. Con su organización ilegalizada Messali Hadj la refundó en el Partido del Progreso Argelino, de corte nacionalista y con tintes marxistas para no ser perseguido por el Frente Popular Francés. Debido a la nueva situación en Francia, miembros del Partido del Progreso Argelino empezaron a ponerse en contacto con la embajada alemana en Argelia viendo el peligro que representaba el comunismo, recibiendo de los alemanes propaganda nacionalsocialista. Sin embargo en Mayo de 1939 un total de 15 miembros importantes del Partido del Progreso Argelino fueron descubiertos por Messali Hajd poniéndose en contacto con los alemanes, así que fueron expulsados. Su expulsión contribuyó a la primera formación de un grupo fascista argelino, el Comité de Acción Revolucionaria Norteafricana (CARNA).

Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial el Partido del Progreso Argelino fue ilegalizado y Messali Hadj detenido el 26 de Septiembre de 1939. Curiosamente desde Alemania la radio de Berlín denunció aquella agresión contra los argelinos el siguiente 4 de Octubre. Por otro lado el CARNA se echó a la lucha armada en Argelia con apoyo diplomático de Alemania e Italia, mientras que la fundamentalista Asociación de Ulemas mostró apoyo moral al Eje anunciando a sus seguidores que no escucharan la propaganda anglo-francesa y encendieran las emisoras alemanas.

Marruecos

Marruecos debido a su situación claramente estratégica con la entrada al Mar Mediterráneo desde el Estrecho de Gibraltar se había convertido en un territorio deseado por todas las potencias colonizadoras. Desde los primeros habitantes en la zona 8.000 años a.C., Marruecos había sido conquistado por el Imperio Romano, los vándalos y los visigodos. Con la llegada de los árabes en el siglo VII d.C. víno también el Islam. A partir de entonces se disputarían la zona grupos islámicos como almorávides, almohades y alauís. Portugal ya había intentado anexionarse Marruecos en el siglo XV, pero los verdaderos intentos no llegarían hasta 1830 cuando Francia colonizó el Mogreb argelino. Sin embargo a los galos les costaría hacerse con el Reino de Marruecos, por aquel entonces bajo sultanato islámico, sobretodo por los choques de interés con Gran Bretaña, España y posteriormente Alemania. En 1904 cuando Francia ya tenía la paciencia agotada el Káiser de Alemania Guillermo II visitó Marruecos y prometió al Reino que si se decantaban por colaborar con los alemanes les protegerían del imperialismo francés. Francia al ver que iba a perder Marruecos acudió a la ayuda de España, por lo que ambas en la Conferencia de Algeciras de 1906 acordaron frenar a los alemanes repártiendose Marruecos, ocupando los franceses todo el territorio, a excepción del norte y el Rif que lo anexionarían los españoles.

La ocupación francesa y española que acabó con el sultanato fue el caldo de cultivo perfecto para la resistencias a raíz de las duras condiciones de la ocupación y las continuas represiones por parte de los españoles y franceses, estos últimos realmente crueles con el empleo de la Legión Extranjera e incluso gases. Para empeorar aún más la situación en 1912 Francia convirtió a Marruecos en un protectorado con el Tratado de Fez.

Fez, la misma ciudad marroquí en la que se había fundado el protectorado, fue testigo de la primera revuelta antigala, la cual fue reprimida por las autoridades francesas matando a 70 personas. A esta represión le siguieron otras hasta la Primera Guerra Mundial, momento en el que los marroquís aprovecharon la situación para marchar a combatir a Europa y así obtener derechos y libertades una vez acabada la contienda, pero al igual que sucedió con los argelinos, no se concedió ningún derecho a Marruecos. En este caso los franceses olvidaron que fueron los mismos marroquís los que pusieron fin a la Batalla de Verdún en la que Francia se había jugado su propia existencia. El desagradecimiento de Francia se convirtió en una auténtica guerra de grandes dimensiones en Marruecos. Simultáneamente en el protectorado español surgió un grupo partisano liderado por Abd-el-Krim “el León del Rif” que llevó a cao a una dura guerra contra los españoles, a los cuales derrotó humillantemente en la Batalla de Annual. Sin embargo Abd-el-Krim cometió el error de atacar a Francia poco tiempo después, por lo que franceses y españoles se unieron, derrotando ambos a la guerrilla gracias al primer desembarco anfibio de la Historia en la Bahía de Alhucemas en 1925, acción que concluyó con la captura del líder marroquí y su deportación a la Isla de Reunión.

Rebeldes marroquís en el Rif.

Con el inicio de la década de los 30 del siglo XX, nacieron una serie de pretensiones nacionalistas en Marruecos mas idealizadas, exactamente las elaboradas por los universitarios y pensadores Ahmed Balafrej y Allal-al-Fasi, que fundaron organizaciones en Rabat y Fez respectivamente. La nueva línea de pensar del nacionalismo marroquí en esa época era menos radical, incluso en el caso español fueron muchos los marroquís que colaboraron con el general Francisco Franco para combatir a la II República en la Guerra Civil Española al ver el peligro tan grande que representaba el comunismo español para el Islam. Pero al llegar 1937 la violencia aparecería de nuevo debido a la casi total confiscación del agua por parte de Francia a los marroquís para otorgársela a los colonos franceses. Como era de esperar la falta de agua convirtió el Marruecos en otra sangría: marroquís asesinaron colonos y tomaron fincas mientras que el Ejército Francés y la Legión Extranjera respondieron matando a la población local y destruyendo aldeas enteras. Para agravar aún más la crisis Francia abolió la sharia (ley musulmana) y prohibió las fiestas religiosas del Islam, además suprimió el día de culto a Mahoma para sustituirlo por un culto al general francés destacado en Marruecos, Louis Lyautey. Esto no sólo provocó un clima aún más violento en Marruecos, sino que las denuncias por aquella represión llegaron a causar protestas en los países árabes del extranjero y en las comunidades musulamanas de India y China. El 20 de Diciembre de 1937 se produjo en toda Argelia una huelga general en solidaridad con Marruecos, mientras que en el territorio marroquí tuvieron lugar graves enfrentamientos con los franceses en Fez y Meknes. Allal-al-Fasi que había organizado las revueltas en Fez fue detenido, por lo que sólo quedó Ahmed Balafrej al frente de la disidencia. Los marroquís que escaparon a la represión francesa adoptaron una nueva táctica: la de acercarse a los fascismos europeos, especialmente a los de Alemania e Italia, en los cuales veían la posibilidad de un cambio para Marruecos.

Túnez

Túnez, nación soberana dependiente del Imperio Otomano, había sido títere de Turquía con un grado de independencia privilegiada desde la Edad Media. El 12 de Mayo de 1881 se convirtió en protectorado francés a cambio de que Francia abandonara el interés sobre Chipre a favor de Gran Bretaña. Aquello fue para Italia una desgracia, pues consideraba Túnez una tierra natural del antiguo “Marenostrum” del Imperio Romano con las mismas raíces de sangre, además de mantener también muy buenas relaciones con los tunecinos. Aún así la ocupacion militar de Túnez fue diferente al resto del Mogreb y mucho menos dura, algo que no impidió que aflorara el nacionalismo en la región.

El Partido Destour fue el primer movimiento polítco nacionalista tunecino que se caracterizó por su neutralidad frente a la colonización y el reclamo de los derechos de los habitantes locales. Pero a la pasividad inicial del Partido Destour respecto a los temas sobre la colonización, finalmente en 1933 cambió su actitud bajo el nombre de Partido Neo Destour, dirigido por Habib Burguiba, el cual comenzó a reclamar la independencia.

Los ciudadanos de Túnez eran muy italianófilos y muy francófobos, pues Túnez tenía una inmensa población de italianos, los cuales eran los únicos que defendían los derechos de los tunecinos frente al férreo control militar francés, razón del sentimiento pro-italiano en la región africana, tanto que incluso muchos aprobaban que Túnez formara en un futuro parte del Imperio Italiano. Con la llegada del fascismo a Italia las relaciones mejoraron aún más con Túnez, pues Benito Mussolini concedió becas para estudiar en la Península Italiana a jóvenes tunecinos, mientras que los franceses negaban la mayoría de las veces la educación a los ciudadanos de Túnez debido a la escasez de escuelas y al poco interés que tenía Francia en abrirlas.

La convivencia en Túnez empezó a romperse a medida que la guerra se cuajaba en Europa. El 8 de Enero de 1938 se realizó una manifestación nacionalista en Bizerta, respondiendo el Ejército Francés con violencia y matando a 6 personas. Como consecuencia de estas muertes las manifestaciones se sucedieron por todo Túnez. La contestación de Francia fue contundente, pues el 10 de Abril de 1938 prohibió el Partido Neo Destour y encarceló a su líder Habib Buriguiba y al resto de dirigentes. La única esperanza que le quedaba a los nacionalistas tunecinos era una guerra en Europa.

Libia

Libia, territorio clave de Cartago en el I Milenio a.C, había tenido una importancia muy grande desde que Aníbal Barca empleara a ciudadanos libios para cruzar el paso de los Alpes con el fin de invadir Roma. Tras el exitoso camino por los Alpes en el que los libios derrotaron a numeros romanos, se toparon ante una severa derrota justo frente a las puertas de Roma, siendo la retirada aún peor, pues el Imperio Romano terminó perseguiendo a los cartagineses hasta invadir la misma Cartago y anexionarse Libia. Durante siglos Libia padeció la romanización, pasando después a formar parte pacíficamente del Imperio Bizantino una vez Roma se fragmentó. Luego se volvió árabe unos años con la dinastía de los Omeyas. Con el surgirmiento del Imperio Otomano Libia cayó esta vez en manos de Turquía, convirtiéndose sus desiertos en tierras perfectas para la piratería del Mar Mediterráneo. En ese contexto surgió un movimiento de independencia libia, aunque a favor de seguir formando parte del Imperio Otomano, exactamente el pueblo de los sanussi encabezados por Mohammed Ibn-Alí-as-Sannusi. Entre 1911-1912, con la Guerra Ítalo-Turca en marcha, los libios se enfrentaron a otra nueva anexión por parte de su más antiguo enemigo, Roma, esta vez bajo el nombre de Ia unificada Italia.

Durante la Primera Guerra Mundial prendieron las reacciones nacionalistas contra Italia, cuando el Sultán de Turquía Mehmed V anunció a los libios que se levantaran contra la Corona de los Saboya con el fin de obtener su independencia y llevar la Guerra Santa a las colonias de los Aliados. La revolución en Libia la desarrolló el pueblo sanussi, una tribu del Mogreb que no sólo se extendía en la colonia italiana, sino que también en la parte más occidental de Egipto y una pequeña porción de Argelia. Said Idris Ahmed y Omar Mukhtar fueron los dirigentes de la revuelta, la cual tuvo tanto éxito que culminó con casi toda la reconquista de Libia a excepción de las costas, la invasión también de un buen trozo del oeste de Egipto y la captura de los puertos ingleses de Sollum y Mersa Matruh. Este nuevo “Imperio Libio” fue denomindado República de Tripolitania. Pero la ilusión para los libios duraría muy poco cuando en 1918 Alemania y Turquía fueron derrotadas. Inevitablemente la República de Tripolitania desapareció y Libia fue ocupada de nuevo por los italianos con ayuda del Ejército Británico, aunque al sur del país, más allá del Osasis de Kufra, los territorios se mantuvieron gracias a la increíble resistencia de los libios por organizar una guerrilla sin ninguna intención de terminar.

Con la llegada al poder del fascismo y Benito Mussolini en Italia, el Duce se dispuso a zanjar de una vez por todas la cuestión libia. Los nuevos guerrilleros libios estaban esta vez al mando de Omar Mukhtar, más conocido como “el León del Desierto”. Increíblemente el nuevo dirigente en seguida ganó fama ante las continuas derrotas que provocó a los italianos. Mussolini, cansado de las malas noticias siempre en Libia, envió allí al general Rodolfo Graziani, un militar que se caracterizó por sus crueles métodos contra los sanussi, a los cuales trasladó a campos de concentración en pleno desierto para que no pudieran colaborar con los guerrilleros. Esta nueva táctica hizo que los guerrilleros sanussi perdieran todos los suministros y municiones, aunque a pesar de todo resistieron hasta 1931, cuando Omar Mukhtar fue capturado y ejecutado. Tras la muerte de Mukhtar todos los sanussi fueron liberados y Libia entera pacíficada en un buen clima de convivencia.

Durante los años 30 del siglo XX Libia fue el único lugar de África en el que no habría ninguna tendencia nacionalista ni fascista debido a que precisamente era una potencia gobernada por el fascismo la que ocupaba esas tierras. Por esa razón al empezar la Segunda Guerra Mundial los ciudadanos libios se declararían en una estricta neutralidad, pues no les gustaba ser colonia italiana, pero aún menos les gustaban los británicos y franceses.

Egipto

Egipto, paraíso de faraones, había sido uno de los lugares más codiciados del Mar Mediterráneo por las potencias extranjeras: macedonios, seleúcidas, romanos, mamelucos y por último los turcos habían sido los dueños de tan ricas tierras privilegiadas en el Desierto del Sáhara. Nada más empezar el siglo XIX, Egipto logró su independencia del Imperio Otomano en 1805, gracias en parte a la anterior ocupación francesa de Napoleón Bonaparte. El sultán Mohammed Alí fue el artífice de recuperar la soberanía de su país, pero no sólo eso, sino que extendió sus fronteras al invadir y anexionarse el Sudán, devolviendo de esta manera a Egipto su antiguo Imperio y un sitio digno en el mundo.

Francia, con benevolencia de Egipto, construyó el Canal de Suez en 1869, convirtiendo de esta manera al Reino en uno de los lugares más estratégicos del mundo debido a la conexión entre el Mar Mediterráneo y el Oceáno Índico por el Mar Rojo. Pero esta ventaja que aportó dinero al país, además del ya curioso turismo de arqueología con las Pirámides, también trajo los primeros problemas como la codicia extranjera. Ismail Pachá, el Jedive de Egipto en sustitución del nombre “sultán” que recordaba más a los tiempos del Imperio Otomano, empezó a estudiar el problema, cuanto más rico era el país en dinero y agrarismo, más deseado era en especial por Gran Bretaña y Francia.

Los ingleses se adelantaron a sus vecinos franceses en el control por las tierras del Río Nilo en 1878. La excusa fue que Egipto no había pagado los préstamos que el Banco de Inglaterra había otorgado al país, por lo que administradores británicos ocuparon los organismos económicos y de finanzas hasta que los egipcios saldaran su deuda. Pero la población en El Cairo no estuvo de acuerdo, por lo que tuvieron lugar una serie de reviueltas que acabaron en el asesinato de varios familiares de los administradores ingleses. La respuesta de Gran Bretaña fue brutal, pues pasó de la ocupación financiera a la ocupación militar con su ejército tras un asombroso desembarco en 1882 con el pretexto de que debía proteger a sus administradores, además, para hacer más humillante la ocupación, el Jedive y los futuros Jedives pasarían a estar controlados por un comisario inglés.

Tropas británicas posan junto a la Esfinge y las Pirámides nada más convertirse Egipto en protectorado de Reino Unido.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, el Jedive Abbas Hilmi fue depuesto por los británicos tras aplaudir la llamada “Guerra Santa” lanzada por Turquía contra los Aliados. Husayn Kamal fue impuesto por Inglaterra en su lugar bajo el título otra vez de Sultán, más apropiado con sus intereses frente a los Imperios de Turquía y Alemania. Gracias al nuevo líder egipcio los británicos convirtieron al país del Nilo en su protectorado. El título de protectorado no gustó nada a Egipto, sobretodo después de que Gran Bretaña traicionara a todo el mundo árabe tras negarse a que los musulmanes no estuvieran presentes en las conferéncias de paz, impusiera a todos los países islámicos de Oriente Medio una ocupación militar y rechazara los privilegios propuestos en los “14 Puntos” del Presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, el cual preveía el derecho de los musulmanes a la autodeterminación. Entre 1919 y 1920 estalló en Egipto una inmensa revuelta encabezada por la organización “Wafd”, la cual solicitaba la presencia de los árabes en la Sociedad de Naciones y en las conferéncias de paz. La rebelión dió sus frutos, pues aunque no se aceptó una presencia musulmana internacional, Gran Bretaña abolió el protectorado y abandonó Egipto en 1922.

Al pasar Egipto a ser otra vez autónomo en 1922, se perfilaron numerosos cambios como la proclama de una Constitución Parlamentaria y la abolición del sultanato por una monarquía. Dos años después, en 1924, el país tendría a su Primer Ministro, Saad Zaghlul, líder del Partido Wafdista. Pero a pesar de todo nunca se rompió del todo con Inglaterra, ya que se permitió a los ingleses seguir controlando el Canal de Suez, así como la supervisión del Ejército Egipcio y la política exterior. Esas fueron las causas por las cuales los partidarios del “Wafd” iniciaron nuevas revueltas, esta vez sofocadas por la monarquía pro-inglesa. Eso no impidió que en 1929 el Partido Wafdista se pusiera en contacto con los británicos para llegar a un acuerdo sobre el control de las principales fuentes económicas del país, decisión que enfadó al Rey y que obligó a dimitar al Gobierno. Sin embargo en Agosto de 1936, otra vez en el poder los wafdistas, se firmó el Tratado de Amistad y Colaboración Anglo-Egipcio, en el cual se reconocía la soberanía absoluta de Egipto aunque con presencia militar británica y un permiso de paso.

En todo ese contexto perfecto para el nacionalismo egipcio surgió un movimiento llamado Hermanos Musulmanes de carácter fundamentalista y dirigido por dos hombres, Ahmed Hussein y Ahmed Fathi Radwan. Este movimiento ya había nacido en 1933 justo en el momento en que Adolf Hitler llegó al poder en Alemania. Por aquel entonces fue una célula muerta, pero con el Tratado de Amistad y Colaboración Anglo-Egipcio derivó a tendencias más fascistas. Para 1937 los Hermanos Musulmanes cambiaron su nombre a Mirs-al-Fatah, aunque muchos lo llamaron Partido Nacional Socialista Egipcio, un movimiento claramente fascista y germanófilo que adoptó escuadras de militantes llamadas Camisas Verdes a imitación de los Camisas Negras italianos, los cuales hacían el saludo romano brazo derecho en alto; siendo su programa básicamente la exaltación de la unión árabe contra el colonialismo, a favor del Islam y el anticomunismo. Curiosamente entre las filas de Mirs-al-Fatah se encontraba un teniente del Ejército Egipcio muy joven llamado Anwar-al-Sadat, futuro Presidente de Egipto y que se integraría al empezar la Segunda Guerra Mundial en una rama de este partido denominada “Movimiento de Oficiales Libres” junto a otro futuro Presidente del mismo país, Gamal Abdel Nasser. Las numerosas afiliaciones a Mir-al-Fatah preocuparon a los británicos, los cuales veían en estos una quinta columna una vez que Italia desde Libia intentase liberar Egipto. Entre los miembros del Partido Nacional Socialista Egipcio se encontraba el mismo Jefe del Estado Mayor del Ejército Egipcio, el general Aziz Alí al-Masri, que tenía contacto con el Servicio Secreto Alemán (Abwehr) de Wilhelm Canaris. En el mismo momento que empezó la Segunda Guerra Mundial, los aventureros de Mir-al-Fatah tenían claro que la revolución egipcia debía tener lugar cuanto antes.

Arabia Saudita

Arabia Saudita era por excelencia el país que contenía los principales iconos religiosos del Islam sagrados para los musulmanes: La Meca y Medina. El Reino de Arabia Saudita surgió por la unión en 1750 de un jefe tribal llamado Mohammed Ibn-Saud y un líder religioso fundamentalista conocido como Abd-al-Wahab. El Reino Saudita rápidamente se hizo presente en el contexto internacional, afectando a las políticas exteriores de Turquía y Egipto, lo que permitió a la nación obtener un lugar en el mundo. El artíficie fue el último monarca Abdul Aziz Ibn Saud que durante una guerra desde principios del siglo XX hasta 1926 consiguió unir a la mayor parte de las tribus de la Península Arábiga, y no sólo eso, sino que hizo que Gran Bretaña se olvidara de sus pretensiones en la zona con el Tratado de Jedda el 20 de Mayo de 1927.

Por culpa de la existencia de petróleo, el temor hacia el Reino Unido hizo surgir los primeros nacionalismos en la nación, pero curiosamente a diferencia de otros países, esto no se daría en movimientos ni partidos, sino en la propia monarquía de Abdul Aziz Ibn Saud. El Rey vió la única posibilidad de salvar a su país, rodeado de colonias ingleses, en contactar con Alemania e Italia. La Italia Fascista fue la primera en contestar a la llamada de los árabes sauditas, una de las razones fue que Arabia Saudita fue el primer país en reconocer la anexión italiana de Etiopía en 1936, por tanto en agradecimiento los italianos enviaron a la Península Arábiga armamento moderno, pilotos para construir una fuerza aérea y asesores militares de instrucción. En noviembre de 1937 Abdul Aziz Ibn Saud ordenó a su secretario Yussuf Yassin a ponerse en contacto con el embajador alemán en Bagdad, pero no fueron contestados, por lo que el Gobierno de Arabia Saudí siguió insistiendo en 1938 enviando al consejero Khalid al-Hud-al-Qarqani a Berlín con el mismo resultado. La última oportunidad la tuvieron ese año cuando el Ministro de Asuntos Exteriores, Fuad Hazme, habló con el Servicio Secreto Alemán (Abwehr), entonces por primera vez los alemanes escucharon las demandas de los sauditas que exigían ayuda militar, apertura de relacioes y ayuda para Palestina que estaba siendo colonizada ilegalmente por los judíos. Fritz Grobba, el embajador alemán en Irak, sería el encargado de llevar a cabo todas las relaciones con Arabia Saudita y protagonista de numerosas entrevistas con Abdul Aziz Ibn Saud y Yussuf Yassin. En Junio de 1939, el consejero Khalid al-Hud-al-Qarqani se reunió con Adolf Hitler y el Ministro de Exteriores alemán Joachim Von Ribbentrop, el motivo de la entrevista era el comienzo de la instrucción del Ejército Saudí para combatir en el futuro a un mismo enemigo: Inglaterra. Pero el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Septiembre de 1939 hizo que Alemania cancelara los acuerdos con Arabia Saudita debido a las nuevas exigencias bélicas en Europa.

Yemen

Yeman era una de las civilizaciones más antiguas de Oriente Medio. En el I Milenio a.C. ya fue objeto de numerosos pueblos que habían cruzado la Península Arábiga, estableciéndose un importante puesto de comercio para especias y un punto estratégico entre África y la India. Yemen se constituyó como el Reino de Saba, con capital en Ma’rib, nación que tuvo una larga vida de casi 1.000 años hasta que cayó en manos de la influencia de Persia en el 572 d.C. Poco después, en el año 630, a Yemen llegó el recién inaugurado Islam por Mahoma, que pasó a ser inmediatamente un califato de Damasco. Fue entonces, con la puesta en marcha del califato, cuando surgió por vez primera un movimiento nacionalista yemení, el Zaidita, que combatió a los continuos invasores que llegaron a Yemen durante en los siglos siguientes como Turquía, el Califato de Egipto y Portugal. La primera potencia europea en ocupar Yemen fue Portugal, quién le otorgó el nombre de Adén y construyó uno de los más importantes puertos en el Mar Arábigo. La ocupación portuguesa duró poco para pasar a manos de Arabia y a Egipto en siglo XIX. En todo este contexto surgieron modernos grupos nacionalistas, como los gobernadores Imán Yahya, que lucharon contra Arabia y el Imperio Británico para impedir que impusieran su presencia en el país. Yemen tenía un récord en ser invadido incontables veces, pero lo peor llegaría en 1839 cuando Gran Bretaña se anexionara la nación y estableciera un férreo control militar.

La ocupación británica fue menos dura que en otros sitios, ya que los yemenís fueron bastante neutrales respecto a los británicos, de hecho Inglaterra concedió la independencia a Yemen al acabar la Primera Guerra Mundial. Sin embargo no fue una independencia al cien por cien, pues Gran Bretaña sólo concedió la autodeterminación a Yemen del Norte; al sur, es decir, el Adén, siguió ocupado militarmente. Como el engaño había sido claro, Yemen del Norte vió en los fascismos que estaban haciendo furor en Europa una solución para recuperar su total independencia, por lo que en 1926 firmó el Taratado de Amistad Ítalo-Yemení con la Italia Fascista. A partir de entonces las cosas se pusieron difíciles, pues Arabia Saudita también comenzó a reclamar pretensiones sobre el Yemen, mientras Gran Bretaña endureció su ocupación. En 1937 Inglaterra convirtió el Adén en colonia británica y estableció dos protectorados: Yemen Oriental y Occidental. La respuesta del Yemen del Norte fue la renovación del Tratado de Amistad con Italia y el envío de oficiales yemenís a Roma y a las colonias italianas para su adiestramiento. Al empezar la Segunda Guerra Mundial, Yemen era la nación árabe junto con Túnez que mejores relaciones tenía con Italia.

Omán

Omán, desde tiempos remotos fue territorio indiscutible del Imperio de Persia durante dos milenios. Portugal fue el primer Imperio de Europa que se hizo con el país arábigo en el 1508, allí emplearon Mascate como su principal puerto comercial con la India. Tras irse los portugueses, el Imperio Otomano pasó a controlar la región. Justo a partir del dominio otomano empezó a surgir el nacionalismo en Omán, el cual se extendió por toda la población hasta materializarse en lucha armada y liberarse del yugo turco. Fue entonces cuando Omán pasó a covertirse en un Sultanato que llegaría a controlar un Imperio, gracias en parte al Sultán Ahmed ibn Said, que expandió los territorios bajo poder de los omaneses entre el siglo XVIII y principios del XIX desde Pakistán hasta el África Oriental, incluyendo la Isla de Zaníbar. Sin embargo el Sultanato tuvo que dividirse en principados a causa de lo que costaba mantenerlo unido, error que aprovechó Gran Bretaña en 1891 para invadir el territorio y convirtir Omán en un protectorado.

Recién llegado el siglo XX, en 1913 Omán se dividió en dos facciones dentro de la ocupación británica: los que apoyan a los ingleses y al sultán títere de Londres, más los nacionalistas. Un año después de empezar la Primera Guerra Mundial, Alemania junto a Turquía dieron su apoyo a la revuelta omanesa que llevó a cabo una pequeña guerrilla en los desiertos. Al finalizar la contienda en 1918 los combates continuarían hasta 1920, momento en que Inglaterra intervino para divididir el país en dos partes como se había hecho en Yemen, otorgando a los nacionalistas la región de Mascate y al Sultanato el resto de las tierras. Esta división consigió pacificar Omán, pero a pesar de todo con el auge del fascismo en Italia y el nacionalsocialismo en Alemania, la zona de Mascate sería proclieve a rebelarse contra los ingleses si uno de esos dos países interviniera en su ayuda en caso de guerra.

Siria

Siria, Imperio que se extendió por gran parte de Oriente Medio desde el 3.000 al 2.400 a.C. , es una de las naciones más antiguas del mundo. Una vez finalizado el poderío del Imperio de Siria, el Reino de Canaán se lo anexionó seguido por Fenicia y el establecimiento de numerosas colonias judías. Egipto, Asiria, Babilonia, Persia fueron sus dueños, después la región pasó a formar parte del inmenso Imperio de Macedonia unificado por Alejandro Magno. Tras sucederse la fragmentación de Macedonia, el Imperio Romano conquistó Siria, convirtiéndose siglos después en parte del Imperio Bizantino. Siria estuvo muy influenciada por el Islam del Profeta Mahoma al ser conquistada por los árabes en el siglo VII d.C. Fue objeto de las Cruzadas Cristianas de Europa y en el siglo XV Siria fue saqueada por Mongolia. Finalmente en el siglo XVI pasó a formar parte de Turquía. A lo largo del mandato turco, este permitió en dos ocasiones que Francia ocupara parte de sus tierras: la primera ocurrió durante el Reinado de Luis XIV “El Delfín” que invadió la costa para proteger a las minorías cristianas y greco-ortodoxas de los musulamnes; la segunda tuvo lugar en 1860 por la misma razón hasta que las tierras fueron devueltas al Imperio Otomano cuando se constituyó el Estatuto de Autonomía del Monte Líbano”. Durante todos estos siglos Siria se había convertido en un país multiétnico y de varias religiones, siendo los sunitas la población mayoritaria con un 70%, pero había también numerosos chiitas, alwaitas, drusos, ismailitas, maronitas, kurdos, armenios, circasianos, caldeos, católicos, protestantes y greco-ortodoxos, un gran conjunto que hacía difícil un nacionalismo común.

El primer acercamiento entre Siria y Alemania llegó en 1898 cuando el Káiser Guillermo II fue a Damasco en persona para visitar la tumba del líder musulmán kurdo Salahed-Din “Saladino”, héroe que en 1187 expulsó a los cristianos de Jerusalén. Asombrosamente para los sirios, el Káiser aportó dinero para reconstruir el semiderruido mausoleo, gesto que atrajo de sobremanera a todos los árabes al lado alemán. Sin embargo numerosos fueron los sirios que empezaron a alejarse del Imperio Otomano con la turquización de Siria llevada a cabo por el creciente nacionalismo en Turquía. El primer movimiento nacionalista fue la Liga de la Patria Árabe, fundado por sirios residentes en París, aunque el más importante no apareció hasta casi una década después en 1911, llamado La Juvetud (Al-Fatah), de posturas independientistas sirias más radicales.

La amable donación de Alemania a los sirios del Imperio Otomano en 1898 con la tumba de “Saladino”, hizo que muchos se prestaran voluntarios en la Primera Guerra Mundial, pero también otra gran parte se unió a la revolución árabe incitada por Gran Bretaña y Francia. Desde el principio la organización Al-Fatah apoyó a los británicos desde Siria con propaganda antiturca y como fuentes de información. Mientras los británicos firmaban con los rebeldes árabes la Declaración de Mc Mahon en Octubre de 1915, en la cual se otorgaría a los musulmanes la independencia al acabar la guerra; el 3 de Enero de 1916 firmaban con Francia el Pacto Sykes-Picot, en el que ambas potencias acordaban repartirse Oriente Medio engañando a los árabes. El destino de Siria sería volverse francesa.

Al terminar la guerra los sirios se alzarían en armas al ver como sustituían el Imperio Otomano por Francia. En este caso se sentían más que traicionados, pues por lo menos con Turquía eran musulmanes, con los franceses no. Así se creó el Consejo Nacional Sirio en 1919 con el fin de reclamar la indepencia prometida, un organismo muy nacionalista que además defendía la “Gran Siria”, es decir, Palestina, Líbano y Mesopotamia Occidental. Gracias al Consejo Nacional Sirio el príncipe Faysal Ibn Husayn fue nombrado Rey de Siria en Marzo de 1920, algo que molestó de sobremanera a sus antiguos aliados franceses, que le declararon la guerra inmediatamente. Siria junto con los árabes de Irak y Palestina protestaron en la Sociedad de Naciones por la agresión, pero no fueron escuchados, pues la Conferencia de San Remo en Abril de 1920 confirmó los mandatos occidentales sobre dichos territorios. El 20 de Julio de 1920 los sirios y su caballería fueron derrotados en la Batalla de Meyssalun, muriendo en el encuentro el general Yusuf al-Azma que fue declarado primer héroe nacional sirio. Un día después, el 21, los franceses entraron en Damasco. Las consecuencias de esto fueron el exilio para el Rey Faysal, la disolución del Consejo Nacional Sirio, la proclamación de la República de Siria con un Gobierno pro-francés, la creación de la Legión Siria de voluntarios y el inicio de autonomía para la región del Líbano.

Caballería siria en la Gran Revuelta contra la ocupación francesa.

La humillación que había sufrido Siria no sería perdonada. La Sociedad del Puño de Hierro fundada por Abd-al-Rahman Shahbandar fue el primer movimiento nacionalista; poco después apareció el Partido Istiqlal, procedente del extinguido Al-Fatah; y por último el Consejo Sirio-Palestino formado por exiliados en El Cairo, Egipto, y con delegación en Ginebra, Suiza, que dirigía Shakib Arslan. A la vez que surgían los nacionalismos entre 1921 y 1924 tuvieron lugar revueltas de campesinos contra los franceses por toda Siria, pero en 1925 se dió la primera guerrilla partisana fuertemente armada conocida como la “Gran Revuelta”. A lo largo de dos años la “Gran Revuelta” provocó severas derrotas a los franceses, sobretodo gracias a sus generales provenientes del antiguo Ejército Turco de la Primera Guerra Mundial, Yahya al-Hayat y Fawzi al-Kaukji. La independencia del Líbano que Francia proclamó en 1926 separándolo de Siria agravó aún más la crisis, sobretodo en el Valle de la Bekaa donde la población era mayoritariamente siria y no deseaba ser libanesa. Finalmente la “Gran Revuelta” fue aplastada en la primavera de 1927, muriendo en el transcurso de esta 6.000 sirios y otros 100.000 quedando sin hogar. Las consecuencias de toda la rebelión fueron la imposición de un Gobierno sirio más pro-francés que el anterior y el establecimiento de la Constitución Siria y la Asamblea Legislativa Siria en 1930 y 1932 respectivamente.

Con el fracaso de “la Gran Revuelta” el nacionalismo sirio padeció una doble división: la primera la encabezó Abd-al-Rahman Shahbandar con la idea de aliarse con los ingleses desde Irak; mientras que la segunda la controló Shakib Arslan con una línea antibritánica y antifrancesa; también surgió una tercera alternativa llamada Bloque Nacional liderada por Hashim al-Atasi, pero sus métodos eran demasiado pacifistas para llegar al poder. Como ninguna de las tres opciones convencieron, nació la Liga de Acción Nacional representada por Abd-al-Razzaq al-Dandashi en 1933, el primer movimiento sirio con tintes fascistas. Pero el verdadero en toda su estructura primer movimiento fascista sirio no vió la luz hasta 1936 en la llamada Juventud Nacionalista, una organización que disimuladamente se vinculaba al Bloque Nacional, la cual había adoptado diversos aspectos del fascismo italiano como las escuadras de jóvenes Camisas de Hierro comandados por Fakhri al-Burundi. Un año despues, en 1937, surgió un movimiento nacionalsocialista sirio llamado Partido Socialista Nacional Sirio (PSNS) al mando del profesor Anton Saade, que evocaba todos los ideales y apariencias externas venidas de Alemania como la creación de un espacio vital en Siria con Palestina, Líbano y Transjordania, juventudes de uniforme, saludo romano con el brazo derecho en alto, un símbolo con una esvástica dentro de cuatro pétalos de rosa y un manual ideológico llamado El Nacimiento de las Naciones parecido al Mein Kampf (Mi Lucha) de Hitler pero con rasgos arabistas. Pero el movimiento más germanófilo fue el Club Árabe, una organización formada por intelectuales sirios que tenían contacto en Berlín a través de un miembro llamado Daid al-Fattah Iman, el cual operaba junto a la embajada alemana en Damasco, de hecho en una ocasión el diplomático alemán Baldur Von Schirach concedió 70 becas a estudiantes sirios para estudiar en Alemania e ingresar en las Juventudes Hitlerianas.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, a principios de 1939, surgieron nuevos enfrentamientos enfre Siria y Francia a causa de la concesión que habían hecho los galos del Golfo de Iskanderum, más conocido como Alejandreta, a Turquía con motivo de atraerla hacia su lado una vez se iniciara el conflicto. El resultado fue un auténtico fracaso, pues provocó la dimisión de todo el Gobierno sirio, de la administración y del propio Presidente Al-Atasi Bey. Por si fuera poco Turquía no quiso aliarse con Francia en su guerra contra Alemania. Un comisariado francés llamado Gabriel Puaux tuvo que hacerse cargo del Gobierno, por lo que Siria perdió cualquier representación por parte de sus ciudadanos para ser completamente dominada por Francia. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en Septiembre de 1939, los franceses prohibieron cualquier tipo de nacionalismo disolviendo por la fuerza organizaciones como la Liga de Acción Nacional, el Partido Socialista Nacional Sirio y el Club Árabe. Los muchos sirios que se resistieron fueron encarcelados o encerrados en campos de concentración y se arrestó a todo aquel que escuchase o tuviese propaganda alemana. A Siria no le quedaba más que una victoria del Eje.

Líbano

Líbano puede considerarse el único territorio heredero étnicamente de la antigua Fenicia. En el siglo XVI Turquía se anexionó la región arrebatándosela a Siria. Durante 400 años el Imperio Otomano sería su dueño hasta el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918. A lo largo de todo ese período habían convivido maronistas, chiitas, católicos, greco-ortodoxos y drusos sobre el territorio. Tras haber engañado los franceses a Siria con el Pacto de Sykes-Picot, con la cual se la anexionaron, en el caso del Líbano, que teóricamente debía haber pertenecido a los sirios, tuvieron un plan diferente. Aprovechando la mezcla de cristianos y musulmanes decidieron poner en marcha un proceso de autonomía para recuperar la antigua Fenicia y aliarla a la causa francesa como un Estado Satélite. Gracias al Tratado de San Remo en Abril de 1920, en el que la Sociedad de Naciones dió la razón a franceses e ingleses sobre su soberanía en Oriente Medio, Francia anunció al mundo su intención sobre el Líbano. En 1926 Líbano obtuvo su independencia como Estado Satélite de Francia, Beirut fue su capital. Pero en esta partición de Siria la población local había sufrido recortes étnicos, pues a los cristianos se los colocó en la región privilegiada costera del llamado Monte Líbano, mientras que el resto de minorías, sobretodo los chiitas, se los incluyó en las zonas del interior sobre el Valle de la Bekaa, lo que provocó matanzas y revueltas que fueron aplastadas en 1927 por parte del Ejército Francés. La cristianización del Líbano continúo durante los años 30 del siglo XX. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial eran bastantes numerosos los líbaneses que se hubieran unido a la causa alemana, pero la falta de movimientos coordinados a diferencia de otros países árabes frenaría culquier intecto de contacto o acuerdo con Alemania o Italia.

Irak

Irak nació de la antigua Sumeria en la rica zona de Mesopotamia, entre los Ríos Tigris y Eúfrates. Con el surgimiento del Islam, los sumerios sometidos seguían orgullosos de su pasado, de hecho se autodenominaban irakís, ya que Irak era el área que abarcaba todo el recorrido del Eufrátes y el Tigris. Tras la caída de los Califatos árabes, el Imperio Otomano se hizo con Irak, convirtiendo en puntos estratégicos la ciudad de Bagdad y el puerto de Bassora.

Al empezar la Primera Guerra Mundial una buena parte de los irakís se oponían a Turquía y veían positivamente la Rebelión Árabe en Oriente Medio apoyada por Inglaterra y Thomas Edward Lawrence “Lawrence de Arabia”. El 6 de Noviembre de 1914 los británicos desembarcaron en Bassora haciendo que muchos irakís se levataran contra Turquía. La campaña militar contra el Imperio Otomano fue avanzando con éxito. El 11 de Marzo de 1917 los ingleses entraron en Bagdad y el 30 de Noviembre de 1918 ocuparon Mossul. Una vez finalizada la Gran Guerra, los irakís al igual que los sirios fueron engañados con el Tratado de Sykes-Picot, por lo que Inglaterra ocupó militarmente el país estableciendo el Mandato de Mesopotamia.

Con el Mandato de Mesopotamia, Irak estalló en una oleada de violencia; eso no sirvió para que la Conferencia de San Remo en Abril de 1920 reconociera la independencia del país, por lo que la rebelión duró 10 meses hasta que fue aplastada por el Ejército Británico. Gran Bretaña comprendió en seguida que iba a ser difícil dominar Irak, por lo que otorgó al ex-monarca de Siria expulsado por los franceses, Faysal Ibn Husayn, la Corona del nuevo Reino Irakí.

Conferéncia de San Remo (1920).

Irak por fin fue independizado en 1922, pero la nacionalidad tenía un precio, el Tratado Anglo-Irakí, el cual permitía a Inglaterra tener tropas en el país y un permiso de paso indefinido. Dos años después, en 1924, se fundó la primera Asamblea Constituyente y la Carta Magna, además de ser construido el Ejército Irakí y puesto al mando del general Nuri-as-Said. A pesar de todo con el paso de los años los irakís no se sentieron contentos al ver tantas tropas británicas en su suelo, por lo que en 1930 el Rey Faysal consiguió que el Tratado Anglo-Irakí fuera minimizado en un permiso de paso con un previa comunicación a las autoridades del país y una reducción de la cantidad de tropas a simples bases aéreas como Habbaniya y fuertes en el puerto de Bassora. Para 1932 la propia Sociedad de Naciones reconoció a Irak como un miembro más de la organización.

Faysal murió en 1933 y su hijo, el Rey Gazi I, le sucedió. El nuevo monarca se caracterizó por abrir la primera embajada alemana en Bagdad, que presidía el diplomático germano Fritz Grobba. Mientras las relaciones mejoraban con Alemania, empeoraban con Inglaterra. El mismo año de la apertura de la embajada alemana, los británicos interceptaron en Irak un suministro de armas ilegal enviado a los nacionalistas sirios que luchaban por liberarse de Francia, siendo el arquitecto de ello el propio Primer Ministro irakí Yassin Paschá al-Haschimi. Pocos años después, en 1937, tenía lugar una nueva crisis cuando el general Bakr Sidki dió un golpe de Estado que triunfó, imponiendo un Gobierno antibritánico dirigido por Hikmet Suleyman que tomó la decisión de comprar material militar a Italia y Alemania, sobretodo a la compañía Rheinmetall. Pero Bakr Sidki no tuvo tiempo de confirmar su pedido a los alemanes porque murió asesinado por un nacionalista kurdo en Agosto de 1937, apuntando muchas fuentes a que el asesino fue pagado por Gran Bretaña.

El siguiente Gabinete presidido por Djemal al-Midfai tras la caída de Hikmet Suleyman decidió al igual que sus antecesores arriesgarse en continuar la compra de material bélico a Alemania. El Rey Gazi I apoyó la compra de dicho material, incluso protestó ante la Sociedad de Naciones ante el proyecto británico de fundar el Estado de Israel en Palestina para expulsar a los árabes y permitió a los nacionalistas sirios emplear Radio Bagdad para denunciar el abuso de los occidentales. Aquello dió razones a Londres para eliminarle. Curiosamente murió en un accidente de coche la noche del 3 al 4 de Abril de 1939. La mayoría del pueblo irakí opinó que fue un asesinato planeado por Inglaterra, por eso salieron con pancartas a la calle que decían “el Rey ha muerto, lo han matado los ingleses”.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Irak cortó relaciones casi en su totalidad con Inglaterra y empezó a negociar a partir de 1940 la entrada en el conflicto del pueblo irakí al lado del Eje. En Mayo de 1941 Irak se aliaría al Eje y declararía la guerra a los Aliados.

Kuwait

Kuwait, territorio de la antigua Sumeria claramente perteneciente a Irak, con la misma población y costumbres, no tenía ninguna diferencia con los irakís, pues eran igual nación. Cuando el Imperio Otomano se hizo con el control de Irak, Gran Bretaña vió un peligro en sus intereses dentro del Golfo Pérsico, sobretodo desde que Turquía comenzó a construir el ferrocarril Estambul-Bassora. Como Kuwait era muy rico en el cultivo de perlas y más tarde en petróleo, Gran Bretaña llegó a un acuerdo con Turquía para convertirlo en su Protectorado en 1899 gracias. A los kuwaitís no les gustó nada la ocupación inglesa, pues a pesar de que también deseaban separarse de Turquía, su mayor ambición era formar parte de Irak una vez se independizase. A partir del siglo XX los kuwaitís tuvieron un gran crecimiento económico, por lo que la buena marcha del protectorado no causó un firme sentimiento nacionalista pro-irakí. Sin embargo Irak en vísperas de la Segunda Guerra Mundial tenía la intención de hacer la guerra a Gran Bretaña al lado de Alemania e Italia y por supuesto de recuperar el territorio de Kuwait y sus súbditos.

Palestina

Palestina por excelencia ha sido uno de los lugares más conflictivos de Próximo Oriente desde que tribus indoeuropeas, semíticas y pueblos de Arabia la poblaran 2.000 años a.C. Palestina ocupaba un lugar privilegiado en Oriente Medio con salida al Mar Mediterráneo; Fenicia y Grecia ocuparon sus puertos y Babilonia fue el primer Imperio en anexionársela. Con la llegada de Persia el territorio de Palestina se dividió en varios reinos, entre estos uno dominado por los judíos llamado Israel. La Macedonia de Alejandro Magno la conquistó a los persas para después pasar a formar parte del Imperio Romano, lugar que vió nacer el Cristianismo y a Jesucristo de Nazaret. A partir de la época musulmana, que tuvo un gran impacto en Oriente Medio, Palestina se convirtió en un crisol de religiones, el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam. Cuando Palestina se convirtió en Califato los cristianos desde Europa y apoyados por el Vaticano lanzaron las Cruzadas ante el peligro que suponía el perder Tierra Santa. Gracias a los cristianos se creó el Reino de Jerusalen, que perduró casi un siglo hasta su caída en 1187 por parte de Salahed-Din “Saladino”. A partir de entoces árabes, judíos y cristianos pasarían a estar dominados por el Imperio Otomano hasta el siglo XX.

El sionismo, nacionalismo judío más radical, hizo pública por vez primera su intención de fundar el Estado de Israel sobre Palestina en 1880 con la creación de la Asociación Colonialista Judía de Palestina (Palestina Jewish Colonisation Association), fundada por el hebreo Maurice de Hirsch y el Varón Edmond James de Rotschild. Poco tiempo después el tema cobró más significación cuando en 1896 el hebreo húngaro Theodor Herztl escribió la obra internacional El Estado Judío (Der Judenstaat), libro que explicaba la necesidad de colonizar Palestina sin contar con que previamente estaba poblada por árabes a los cuales tendrían que desplazar. Al año siguiente, 1897, todo el judaísmo internacional obtuvo autorepresentación entre las comunidades judías del mundo en el llamado I Congreso Sionista. Nadie paró los pies a los sionistas que en 1899 mediante la organización Verdad Colonia Judía (Jewish Colonial Trust), comenzaron a enviar emigrantes judíos en grandes contingentes hacia Palestina, donde se establecieron entre las pocas poblaciones que ya tenían judíos. Gracias al VI Congreso Sionista celebrado en 1903 y que reclamaba un “Hogar Nacional Judío”, el sionismo fue reconocido por Francia, Alemania, Rusia y la propia Turquía, por aquel entonces dueña de Palestina. Desde principios del siglo XX los palestinos se opusieron a la inmigración judía, pues los nuevos hebros emigrados, con mucho poder económico compraban toda las tierras de los árabes y se las quedaban ellos dejando a los musulmanes en la más absoluta miseria.

Con la Primera Guerra Mundial y la declaración de la “Guerra Santa” por parte del Sultán Mehmed V de Turquía se dió esperanzas a los palestinos, que se unieron al Imperio Otomano y Alemania lanzándose a una guerra sin cuartel contra Inglaterra y Francia. Los palestinos fueron los únicos árabes de Oriente Medio que mostraron total y completa lealtad por los turcos y los alemanes. Por otro lado en el Ejército Británico luchó únicamente un cuerpo judío antipalestino llamado los “Acemileros de Sión” que participó en la Batalla de Gallípoli. El dinero de los judíos en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia permitió la fundación de un Comité Judeo-Americano al mando de Chaim Weizmann para obtener el permiso de la colonización de Palestina una vez acabara la guerra, cosa que se consiguió el 7 de Febrero de 1917 cuando los británicos ocuparon el territorio palestino creando el Comité Palestino Británico (British Palestine Commitee) que investigó esta posibilidad. La propuesta del Estado Judío fue aprobada por Gran Bretaña y Francia el 2 de Noviembre de 1917 con la Declaración Balfour, decreto también autorizado por el presidente Woodrow Wilson de Estados Unidos el 16 de ese mismo mes, todo eso sin contar con la opinión de los que verdaderamente importaban, los palestinos.

Al terminar la Primera Guerra Mundial Palestina se convirtió en un Mandato Británico, una especie de protectorado que nada gustó a los palestinos. En Abril de 1918, Chaim Weizmann, líder del Comité Judeo-Americano, visitó Palestina y a su población hebrea, por aquel entonces de 100.000 personas. Weizmann obtuvo temporalmente sólo el apoyo de la tribu hachemita y de Faysal Ibn Husayn, pero en seguida le retiraron su aprobación para ayudar a los palestinos. Desde Siria también se encontraron con una fuerte oposición, de hecho el Congreso Nacional Sirio llevó a cabo una enérgica campaña antisionista en la Sociedad de Naciones. Poco a poco con complicidad de Gran Bretaña los inmigrantes judíos fueron llegando a Palestina, los cuales expropiaban las tierras a los palestinos y se las quedaban ellos. Por si fuera poco se creó una milicia judía llamada Haganah, de la que más tarde nacería un grupo terrorista hebreo conocido como Chish. El primer ataque contra asentamientos judíos lo realizaron unos nacionalsitas sirios en la Alta Galilea el 1 de Marzo de 1920. Sin embargo la situación llegaría a ser tan problemática que el Domingo de Pascua de 1920 estalló una rebelión general en toda Palestina, instigada en parte por el predicador Amín al-Husseini. Las revueltas fueron apagadas, pero se extendieron a otros sitios como al puerto de Jaffa en el año 1921. Como el Ejército Británico estaba sufriendo serias bajas contra los judíos tuvo que tomar medidas y ceder a algunas demandas de los palestinos, por ejemplo la disolución de los “Acemileros de Sión” y la revisión de la Declaración Balfour. Estas dos medidas fueron un éxito en parte, pues en 1922 las revueltas árabes terminaron, justo en el mismo instante en que Amín al-Husseini se convertía en Gran Muftí de Jerusalem.

Durante el período de paz los árabes intentaron a lo largo de seis años negociar con los británicos la cuestión palestina, pero las garantías poco a poco se fueron desvaneciendo. Por tanto en Julio de 1928 estalló una revuelta que causó 25 muertos y 82 heridos hasta que fue aplastada. Pero a los británicos la situación se les iba de las manos. Lo peor sucedió en Agosto de 1929 en el llamado Progrom de Hebrón, cuando una rebelión muy violenta se reprodujo por todo el país, en la cual se llegó a cercar Tel-Aviv y que se saldó con 155 judíos muertos y 116 árabes, aunque en los juicios posteriores se ejecutó a otros 12 árabes y un judío. Aquela revuelta sirvió para que Gran Bretaña comprendiera que la creación de un Estado Judío era imposible en aquellos momentos, pues los hebreos eran una diminuta mayoría en comparación con los palestinos. A partir de entonces se hizo público a través de la llamada Comisión Shaw que se limitaba la inmigración judía y de que no había intención de fundar un Estado Judío.

A la victoria temporal frente a la colonización judía, los palestinos aún tenían que ser libres de otros colonizadores, los británicos. En 1931 se inició una guerrilla contra los tropas británicas encabezada por el Jeque Izz al-Din al-Qassim, un sirio que la instigaba desde Haifa. La guerrila se convirtió en un dolor de cabeza para los ingleses hasta que finalizó en 1935 después de cuatro largos años con la muerte en combate del propio Izz al-Din al-Qassim. Pero sólo un año después, en Abril de 1936, una simple revuelta que empezó en Nablus se acabó convirtiendo en una guerra a gran escala por todo el país. El Gran Muftí de Jerusalem, Amín al-Husseini, fue encarclado, por lo que la rebelión quedó sin mando, constituyéndose en su ausencia un Alto Comité Árabe para organizar la resistencia militar en un mando único liderado por Fawzi al-Kaukji. El conflicto se convirtió en una auténica sangría. Los británicos tuvieron tantos problemas que necesitaron desviar tropas de otros territorios del Imperio como Egipto, Chipre y Malta hasta sumar los 20.000 soldados para aplastar a la oposición árabe. Finalmente la guerra terminó a finales de 1936, el Gran Muftí fue liberado, pero más de 40.000 palestinos fueron detenidos y unas 30.000 familias árabes expropiadas por los británicos y los judíos.

Guerrilleros palestinos combatiendo en la rebelión de 1936 a 1939.

Poco después de acabado el conflicto armado en Palestina, se dierron a conocer los planes de los hebreos en los que se planteaba la división de Palestina en dos partes, una judía y otra árabe. Amín al-Husseini viajó para representar Palestina en la Conferencia Pan-Árabe en Bludan, Damasco, el 8 de Septiembre de 1937, en la que estaban reunidos 400 líderes árabes de Irak, Siria, Arabia Saudita, Jordania y Líbano, donde protestó ante la colonización judía que se había vuelto a reiniciar. Tres semanas después, el 26 de Septiembre, Palestina volvió a alzarse en armas contra sus enemigos. Pero esta vez los ingleses se adelantaron respondiendo con una violencia brutal, siendo lo primero disolver al Alto Comité Árabe y deportar a sus líderes a las Islas Seychelles. Al Gran Muftí se le ordenó la rendición, pero Amín se ocultó en la Mezquita de Omar, lugar sagrado al que un no musulmán tenía prohibida la entrada, así que el edificio tuvo que ser cercado, asedio del cual pudo escapar dos semanas más tarde para exiliarse en Beirut, Líbano. La represion británica se extendió por todo el país, se ejecutó a los rebeldes y se privaron de libertades a los palestinos, incluso quién tuviera alguna fotografía del Gran Muftí podía ser procesado. Los palestinos reaccionaron de forma muy violenta ante la represión británica, pues el 14 de Octubre de 1937 todos los barrios judíos de Jerusalén fueron incendiados, el aeropuerto de Lod destruido, se quemaron los oleoductos, se cortaron las líneas telefónicas, se rompieron los cables de alta tensión, se saboteron los ferrocarriles y las comisarias de policía fueron ocupadas. A Jerusalén le siguieron otras ciudades. Los británicos en cuanto aplastaban una revuelta se iniciaba otra, todo eran golpes de mano y represalias. En Octubre de 1938 los revolucionarios palestinos tomaron la Ciudad Vieja de Jerusalén y ondearon la bandera árabe sobre la Puerta de Damasco durante dos días. Ese mes los británicos vieron que no les quedaba más remedio que volver a negociar con los árabes y ceder a sus demandas, así que se retiró el plan de la partición de Palestina y la guerra después de dos años tocó a su fin.

Los sionistas judíos en todo el mundo no se alegraron de la noticia, pero Gran Bretaña no tenía intención de perder su Mandato en Palestina sólo para favorecer a los judíos. A partir de Octubre de 1938 Inglaterra envió la Comisión Woodhead para tender gestos de amistad al pueblo palestino, entre estos detalles nombraron Gran Muftí a un árabe pro-británico llamado Fakhri Bey Nashashibi, aunque al poco tuvo que dimitir y exiliarse en Egipto, pues nadie le quería ya que preferían a Amín al-Husseini que seguía exiliado. Otro de los gestos que también acabaron en fracaso fue el intento de convertir Palestina en un Estado independiente de Inglaterra, pero títere como lo era Transjordania, para ello el irakí pro-inglés Nuri-as-Said se entrevistó en Jerusalén con El Gran Muftí Amín al-Husseini, pero este se negó alegando que los palestinos tenían que ser libres 100% de toda influencia.

La cuestión judía volvió a ser objeto de debate el 7 de Febrero de 1939 en una Conferéncia Anlo-Árabe-Sionista acerca de Palestina, en la que asistieron delegaciones de Egipto, Arabia Saudita, Irak, Yemen y Transjordania, además de los exiliados del Alto Comité Árabe que vinieron de las Islas Seychelles. Pero como siempre todos los países árabes sin excepción se negaron a la creación de un Estado Judío. Los momentos posteriores a la conferéncia Inglaterra empezó a dejar de lado el problema palestino para fijarse en Alemania e Italia. Pocos británicos se habían percatado, pero cuando se inició la Segunda Guerra Mundial muchas eran las fotografías de Adolf Hitler y Benito Mussolini junto a las de Mahoma que los palestinos llevaban sobre las pancartas de las manifestaciones antisionistas.

Transjordania

Transjordania no fue más que un sentimiento nacional de un país inexistente y promovido por Gran Bretaña, pues realmente era una tierra perteneciente al territorio Palestino. Cuando los británicos se interesaron por la zona en la Primera Guerra Mundial la denominaron Transjordania, calificándola únicamente como un lugar de paso por el desierto por el que avanzar a través de Oriente Medio. Aprovechando la rebelión árabe en la Península Arábiga contra Turquía en la Gran Guerra, una de las tribus rebeldes dirigidas por el líder Abdullah I se coronó Rey de su pueblo y declaró su total apoyo a Inglaterra. Al finalizar el conflicto el Rey Abdullah I controlaba la Transjordania, la cual pasó a constituir una ruta anglo-francesa en Oriente Medio. A cambio de ser fieles a Inglaterra, los Aliados ofrecieron a Transjordania cierta autonomía a cambio de levantarse en armas en caso de una guerra. Este territorio casi independiente y títere de Reino Unido pronto pasó a conocerse como Jordania. Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial el Reino de Transjordania fue el único territorio árabe en el que no surgió un sentimiento nacionalista panarabista ni una simpatía a favor del Eje.

 

Bibliografía:

Carlos Caballero Jurado, La Espada del Islam, García Hispán Editor (1999), p.25-244
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