Colaboracionismo Germano-Árabe en la II Guerra Mundial

La relación entre las potencias del Eje y el nacionalismo árabe fue de una activa colaboración por ambas partes durante la Segunda Guerra Mundial. Desde los inicios de la contienda en 1939 hasta el mismo final en 1945, miles de musulmanes procedentes de Oriente Medio, el Norte de África y los Balcanes combatirían al lado del Tercer Reich contra el enemigo común que eran los Aliados Occidentales y la Unión Soviética, básicamente para librarse del yugo del colonialismo que les oprimía, ya fuese adhiriéndose a la causa del nacionalsocialismo o el fascismo, formando gobierno afines o alistándose en el Ejército Alemán y las Waffen-SS.

Los Árabes y la “Blitzkrieg”, 1939-1940

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Alemania a Polonia el 1 de Septiembre de 1939 y la declaración de hostilidades al Tercer Reich por parte de Gran Bretaña, Francia y la Commonwealth, los Gobiernos de Londres y París presionaron para que el Reino de Irak rompiese relaciones comerciales con los alemanes y expulsara al embajador Fritz Grobba, lo mismo que hicieron el 5 con Egipto que bajo presión echó al embajador Wilhelm Melchers e Irán al embajador Erwin Ettel. Respecto a otros países árabes como Arabia Saudí, Yemen y Omán lograron mantenerse estrictamente neutrales por miedo al bloqueo naval del Mar Rojo y el Mar Arábigo que podía ejercer la Marina Real Británica (Royal Navy), mientras que Transjordania que era pro-inglesa se unió al bando de los Aliados por iniciativa del Emir Abdullah I, a la vez en que Turquía se postuló al margen del conflicto con una actitud mucho más germanófila porque el Presidente Ismet Inönü permitió quedarse en Ankara al embajador alemán Franz Von Pappen.

Simultáneamente en las colonias de los Aliados Occidentales se emprendió una violenta persecución contra el nacionalismo árabe ante el temor que pudiese actuar como una “quinta columna” en favor de Alemania. Por ejemplo en Siria los franceses ilegalizaron la Liga de Acción Nacional, el Partido Socialista Nacional Sirio y el Club Árabe, siendo muchos sirios encarcelados o enviados a campos de concentración en el Desierto de Mesopotamia. También en Argelia el Partido del Progreso Argelino fue disuelto y su líder Messali Hadj detenido el 26 de Septiembre, algo que provocó la solidaridad del Tercer Reich porque denunció el arresto a través de Radio Berlín la jornada del 4 de Octubre.

Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini con Adolf Hitler para debatir la cuestión sobre Palestina.

Durante la denominada “Guerra Falsa” entre finales de 1939 y principios de 1940, las emisoras árabes que operaban en Alemania desde Radio Berlín, Radio Sttutgart, Radio Frankfurt, Radio Munich y Radio Saarbrucken incitaron a la sublevación en el Oriente Medio y sobretodo en el Magreb, ya que en esta última los locutores de Radio Zessen y Radio Sttutgart que hablaban en dialectos bereberes lograron ganarse en Argelia el apoyo moral de la Asociación de los Ulemas e incluso que el Comité de Acción Revolucionaria Norteafricana (CARNA) organizase una serie de partidas armadas en el Norte de África que hostigaron a las autoridades galas en la Cordillera del Atlas. De hecho la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) también arrojó miles de panfletos sobre Francia para incitar a la deserción de las tropas coloniales marroquís y argelinas que servían en las filas del Ejército Francés.

Al producirse la caída de Francia, Bélgica y Holanda tras ser conquistadas por el Ejército Alemán en el verano de 1940, junto a la retirada de Cuerpo Expedicionario Británico de Dunkerque, la alegría se desató por todo el mundo musulmán porque en Argelia se echaron a las calles cientos de personas para celebrar la victoria germana, entre ellos muchos miembros del Partido del Progreso Argelino; en Marruecos se izaron esvásticas y se quemaron banderas francesas; en Egipto la presión de la población forzó al Rey Faruk I a cesar al Primer Ministro Mohammed Mahmud (pro-británico) para poner en su lugar al Primer Ministro Alí Maher Paschá y al Ministro de Defensa Salam Harb (ambos pro-alemanes); y en Túnez se organizaron marchas demostrativas en las ciudades de Ksar-Hellal, Djerid y Degache. Precisamente en este último país las tropas francesas fusilaron como represalia a once nacionalistas tunecinos, uno de los cuales antes de morir exclamó: “Podéis condenarme, pero a vosotros franceses, os queda ya poco tiempo.”

Ocupada Francia por el Tercer Reich, la Radio Colonial de París que durante años había linchado mediáticamente a los musulmanes fue reconvertida por los alemanes en Radio París Mundial y dotada de un espacio para los nacionalistas árabes que emitían en lenguas magrebís y bereberes. También se creó la Oficina de Propaganda Árabe (Werbestelle fur Araber o WESTA) al frente del carismático predicador islámico Abd-al-Rahman Bel Hajj Hamed “Yassin” y se editaron dos revistas tituladas Al-Dunia Al-Djadida y Lissan al-Assier. De hecho la Italia Fascista que se acababa de unir a la contienda junto a Alemania, prestó a los nacionalistas árabes una emisora en Radio Bari y comenzó a publicar la revista bimensual Mondo Arabe. Este tipo de campañas propagandísticas fueron efectivas, pues influidos por sus compatriotas en el exilio, el reclutamiento del Ejército Británico en el Mandato de Palestina fue un fracaso porque sólo se presentaron 400 árabes en contraste con los colonos judíos que fueron 1.700.

Lamentablemente para los norteafricanos pronto el Tercer Reich se desentendió del nacionalismo en el Magreb para centrarse exclusivamente en invocar a los secesionistas del Oriente Medio. Las razones de Alemania fueron tres; primero no quería deteriorar su alianza con Italia que poseía la colonia de Libia, segundo pretendía estrechar la colaboración con la Francia de Vichy que mantenía los protectorados de Marruecos, Argelia y Túnez, y tercero estaba intentando atraerse a España a las potencias del Eje que casualmente controlaba el dominio del Rif. A raíz de esta errónea decisión política los esfuerzos se orientaron hacia el rector del islam suní, el Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini, quién después de trasladarse a Bagdad y hacerse con el mando de la Organización Hizb-al-Umma-al-Arabiya que aglutinaba a panarabistas de Irak, Palestina, Siria, Arabia Saudí y Transjordania, negoció con los alemanes garantías de soberanía para todo el Próximo Oriente, la promesa de que ningún territorio más sería entregado al Imperio Italiano, el freno de la emigración judía y la entrega de armas para combatir al Imperio Británico.

Insurrección de Oriente Medio, 1941

La presencia de la Organización Hizb-al-Umma-al-Arabiya del Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini en Irak, fue suficiente para hacer caer al Primer Ministro Nuri Al-Said que era proclive al Gobierno de Londres, para instaurarse en el poder por primera vez un movimiento fascista llamado Plaza Dorada (Golden Square) al frente del Primer Ministro Raschid Alí Al-Gaylani, quién en seguida organizó un gabinete pro-germano con el general Taha Al-Haschimi en el Ministerio de Defensa y Naji Scewhat en el Ministerio de Justicia. Desgraciadamente el Imperio Británico amenazó al país enviando a sus fronteras dos divisiones y Estados Unidos protestando debido a que los empresarios norteamericanos poseían el 25% del capital de la Compañía Petrolífera Irakí (Iraqui Petroleum Company), por lo que de manera inevitable el 31 de Enero de 1941, la administración cayó nuevamente en favor del general Taha al-Haschimi, quién a través del depuesto Primer Ministro Raschid Alí Al-Gaylani al que todavía era leal desde la sombra, envió una carta a Berlín que entregó ante el mismo Adolf Hitler el emisario Osmán Kemal Hadad. Gracias al apoyo de Alemania y a las promesas del Führer acerca de que muy pronto el Afrika Korps del general Erwin Rommel irrumpiría en el Oriente Medio desde sus bases en Libia y Egipto, los oficiales del Ejército Irakí llevaron a cabo un golpe de Estado el 1 de Abril de 1941 que devolvió el mando al Primer Ministro Raschid Alí Al-Gaylani, así como al partido fascista Plaza Dorada y a todo su anterior equipo, además de ser nombrado Regente de la Corona el Emir Mohammed Serif. Inmediatamente a este acontecimiento que alineó a Irak con las potencias del Eje, el Reino Unido se encontró atrapado en “dos frentes” con los irakís a sus espaldas en Mesopotamia y las tropas ítalo-germanas en el Desierto del Sáhara, razón por la cual no tuvo más remedio que intervenir desatando la Guerra Anglo-Irakí.

La Guerra Anglo-Irakí comenzó con un Ejército Real Irakí de 60.000 efectivos que superaban en diez a uno a las tropas de la Commonwealth calculadas en unos 6.000 soldados anglo-indios, aunque éstos contaban con la ventaja de poseer el control marítimo del Golfo Pérsico, de rodear geográficamente a Irak desde todas sus fronteras en Kuwait, Transjordania y Palestina, e incluso contar con la iniciativa porque el Gobierno de la Plaza Dorada se había precipitado a la hora de sumarse a las potencias del Eje debido a que por el momento la distancia hacía casi imposible recibir ayuda de Alemania o Italia. De hecho desde el mismo inicio de las hostilidades la Marina Real Británica (Royal Navy) desembarcó en el puerto de Bassora, librando una dura lucha hasta que los indios se hicieron con el control de la urbe y la vecina Shaibah. Simultáneamente en el corazón del país existía una diminuta guarnición inglesa de 2.200 hombres sitiada en el Aeródromo de Habbaniya, la cual resistió heroicamente un asedio ante fuerzas muy superiores en número durante varios días, mientras desde Transjordania salía una expedición de socorro conformada por la Columna “Habforce” y la Legión Árabe integrada por transjornados que se abrieron paso sobre el Desierto de Mesopotamia derrotando a los irakís en el Oais de Rutba y la Fortaleza de Rutbath Wells, además de soportar varios ataques de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) que rápidamente acudió en ayuda de la Fuerza Aérea Irakí estableciendo 128 aparatos en las bases de Bagdad y Mossul, exactamente igual que hicieron otros 20 cazas de la Fuerza Aérea Real Italiana (Regia Aeronautica).

Cazabombardero Messerschmitt Bf 110 de la Fuerza Aérea Irakí vendido por el Tercer Reich durante la Guerra Anglo-Irakí.

Coincidiendo con la Guerra Anglo-Irakí, el Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini proclamó ante todo el mundo árabe la “Guerra Santa” o “Yihad” contra el Imperio Británico el 9 de Mayo de 1941. A pesar del simbolismo de esta declaración, a corto plazo el llamamiento no sirvió de mucho porque los acontecimientos se precipitaron al ser liberada la guarnición sitiada de Habbaniya, antes de que los británicos, transjordanos e indios irrumpiesen en Mesopotamia sobre los valles del Río Tigris y el Río Eúfrates, derrotando de manera decisiva al Ejército Irakí en la Batalla de Fallujah. La ayuda del Eje apenas contribuyó a aliviar la situación militar de las tropas irakís cuando éstos recibieron de la Francia de Vichy a través de Siria un cargamento de 8 cañones, 354 pistolas y 30.000 granadas, e incluso de Alemania que les entregó desde Turquía un lote 4 piezas de artillería, 200 ametralladoras y 15.000 fusiles.

La Batalla de Bagdad constituyó el enfrentamiento final entre las tropas de la Commonwealth y el Ejército Irakí, librando un cruento enfrentamiento en las calles de la capital que costó elevadas bajas a ambos bandos, además de desatarse una explosión de odio antisemita por parte de los ciudadanos musulmanes que asesinaron en linchamientos públicos a 100 judíos en lo que fue conocido como el Pogromo de Bagdad. Irremediablemente las fuerzas anglo-indias y transjordanas fueron penetrando en la ciudad, por lo que tanto el Gobierno de Plaza Dorada con el Primer Ministo Raschid Alí Al-Gailani, como el Gran Muftí de Jerusalem Amín A-Husseini, huyeron del país el primero hacia Turquía y el segundo hacia Irán, cediendo el control a los invasores de Bagdad y por ende de toda Irak el 30 de Mayo de 1941, fecha del fin de la Guerra Anglo-Irakí.

Curiosamente la lucha en Irak no acabó hasta Junio de 1941 cuando las fuerzas de la Commonwealth se hicieron con el norte del país, aunque todavía tendrían que combatir brevemente a una guerrilla en el Kurdistán. Mientras tanto en la vecina Transjordania que formaba parte de los Aliados, tuvo lugar una insurrección pro-germana protagonizada por un grupo de beduinos armados al mando del líder tribal Fawas Sciaban, la mitad de ellos sirios y la otra mitad jordanos, quienes después de generar una serie de problemas en la retaguardia, finalmente fueron reducidos por unidades del Ejército Británico.

Al comenzar la invasión de los Aliados a Siria y Líbano en Junio de 1941, junto a los 35.000 hombres del Ejército Francés del Gobierno de Vichy, operaba en Aleppo la Agencia F (Sonderstab F) con 40 voluntarios alemanes al mando del oficial Hellmuth Felby, quienes trataban de crear una insurrección de los nacionalistas del Bloque Nacional Sirio del líder guerrillero Shukri al-Quwwalti a los que agruparon en la Fuerza Expedicionaria Siria (Verbindungstab Syrien). De igual manera se pudo aprovechar el reciente Tratado de Amistad Germano-Turco firmado por Alemania y Turquía para que el embajador Rudolf Rahn en Damasco pudiesen traer material y enlaces desde la frontera turca para coordinarse con otra de las guerrillas sirias, en concreto la comandada por el mítico partisano árabe Fawzi Al-Kaukji.

La campaña de Siria condujo a la “Verbindungstab Syrien” a librar combates contra las tropas de la Commonwealth en diversos escenarios como Jezzine, Kissoué y el Río Litani. Durante estas refriegas el guerrillero Fawzi Al-Kaukji resultó herido y a punto estuvo de ser capturado por los ingleses de no ser porque un avión de la Fuerza Aérea Alemana lo recogió y lo evacuó hacia Europa. No obstante y pese a las dificultades, en Julio de 1941 la “Verbindungstab Syrien” evolucionó hasta convertirse en la Legión Siria compuesta por 500 voluntarios sirios y algunos libaneses al mando de siete oficiales alemanes, los cuales destacaron especialmente en la Batalla de Raqqa por frenar el avance del Ejército Británico. Lamentablemente como el Mariscal Philippe Pétain desde el territorio metropolitano de la Francia de Vichy firmó a través del general Henri Dentz el Armisticio de San Juan de Acre que cedió el control de Siria y Líbano a los Aliados, el 12 de Julio los 350 nacionalistas restantes tuvieron que ser sacados de Siria por la neutral Turquía para refugiarse en el Tercer Reich.

Guerrilleros árabes de Fawzi Al-Kaukji en Siria.

Irán fue el siguiente objetivo de los Aliados, un país que por ser la antigua Persia, no entraba en el mundo árabe, pero sí dentro del espacio islámico junto con algunos de sus bordes en el Oriente Medio . La razón de la agresión fue la necesidad del Reino Unido de establecer un cordón de avituallamiento entre sus dominios en Mesopotamia y la Unión Soviética para suministrar a esta última todo el material necesario de la Ley de Préstamos y Arriendos y por tanto evitar su colapso en el Frente Oriental después de los duros golpes encajados en la “Operación Barbarroja”. Así fue como aprovechándose de las buenas relaciones entre el Sha Rezâ Pahlavi y Adolf Hitler, el Gobierno de Londres y el Kremlin declararon la guerra al neutral Irán que no tuvo más remedio que echarse en manos de las potencias del Eje.

La invasión a Irán estuvo protagonizada el 25 de Agosto de 1941 por 200.000 soldados entre 150.000 tropas del Ejército Rojo y 50.000 soldados anglo-indios de la Commonwealth que arrollaron con facilidad a los 200.000 efectivos del Ejército Iraní, la mayoría aplastados por las fuerzas occidentales en los desiertos de Kuzhestán o por comandos anglo-australianos que desembarcaron en el puerto de Khorrämshähr hasta ocupar las refinerías de Bändar Shapur, sin contar los que fueron vencidos por los soviéticos en el Azerbayán Persa después de una operación anfibia en el Mar Caspio y cruentas luchas en Makú, Täbriz y Urmia, en esta última enfrentándose a ciudadanos alemanes armados con rifles que se unieron a los defensores iranís. A pesar de que los persas protagonizaron algunas acciones heroicas como por ejemplo en Kermanshah, la mecanización de sus oponentes y a veces el terror empleado como por ejemplo un bombardeo de la aviación soviética en Resht que mató a cien personas, terminaron por hacer colapsar a las divisiones del Ejército Iraní. Al cabo de de cuatro días de batallas, las unidades británicas y rusas cortaron la nación en dos después de unir sus vanguardias a afueras de las ciudades de Sanandaj y Qazvin, una noticia que forzó la huida y posterior captura del Sha Rezâ Pahlavi, así como la entrada de los invasores en la capital de Teherán y la completa conquista de Irán que se rindió el 17 de Septiembre.

Colaboración Germano-Árabe, 1942-1945

A la caída de Irán que fue repartida por el Imperio Británico y la Unión Soviética, ambos países procedieron a perseguir a la disidencia, incluyendo al exiliado Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini que se ocultó en la neutral embajada de Japón. Gracias a la gestión de los diplomáticos nipones pudieron hacer que se escapara sin ser visto hasta la Isla de Rodas, por aquel entonces un enclave en manos de Italia, y de ahí hasta Roma para posteriormente viajar hasta Berlín. Precisamente en la capital del Tercer Reich se reunión con el ex-Primer Ministro de Irak, Raschid Alí Al-Gaylani, así como el líder guerrillero árabe Fawzi al-Kaukji, el representante nacionalista sirio Adel Arslan, el nacionalista libanés Ab Al-Karim Sebawi, el nacionalista tunecino Habib Thammer, el nacionalista transjordano Abu Ghanima y dos jefes del nacionalismo egipcio que fueron el Príncipe Mansur Daud y su subalterno Mustafá Wakil, jefe de la milicia fascista egipcia de los Camisas Verdes. Una vez agrupados todos los árabes en una causa común, el Gran Muftí Amín Al-Husseini firmó el 27 de Noviembre de 1941 con Benito Mussolini el denominado Proyecto de Declaración de Independencia Árabe que prevería la soberanía de los dominios musulmanes invadidos por el Reino Unido, la creación de una Confederación Árabe y la abolición del Estado Nacional Judío en Palestina, una iniciativa a la que se sumaron al día siguiente, el 28, Adolf Hitler y el “Conducator” Ion Antonescu en representación de Rumanía.

En 1942 fue fundada la Legión Árabe (Deutsche Arabische Lehr Abteilung o DAL) compuesta por voluntarios y exiliados procedentes de Egipto, Palestina, Irak, Siria, Líbano, Marruecos, Argelia, Túnez y Arabia Saudí que se integraron en el Ejército Alemán y fueron desplegados en el Cabo Sunion de Grecia; al mismo tiempo en que en Italia nacía el Grupo de Unidades Especiales (Raggruppamento Reparti Speciali) de los Flechas Rojas que incluyó a otros tantos voluntarios de Oriente Medio y el Sudán. El nacimiento de estas unidades se produjo en un momento muy favorable para el Eje porque Japón se expandió sobre el Sudeste Asiático contando con la ayuda de musulmanes regionales que ayudaron al Ejército Imperial Japonés a apoderarse de Indonesia a costa de Holanda y de ciertas porciones de la frontera nororiental de la India Británica desde Birmania; sin obviar con las Fuerzas Armadas Alemanas entraron en el Cáucaso durante la “Operación Edelweiss” invocando a la insurrección de las comunidades islámicas de Chechenia, Ingusetia o Daghestán con las miras puestas en Azerbayán y Persia; a la vez en que las tropas ítalo-germanas del Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel derrotaban a los Aliados en Tobruk y comenzaban la liberación de Egipto en dirección al Río Nilo y el Próximo Oriente.

Soldado de la Legión Árabe.

Bajo el nombre de “Plan Orient” las potencias del Eje atacaron desde el Norte de África, el Cáucaso y la frontera de Birmania con la India a mediados de 1942 con vistas a expulsar a los Aliados de Egipto, Oriente Medio, Persia y el Subcontinente Indio, además de animar a entrar en la contienda de su parte a Turquía. Durante esta ambiciosa operación el Tercer Reich ostentó el patrocinio del nacionalismo árabe al contar con el rector del islam, el Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini, quién tras entrevistarse con el Rey Víctor Manuel III de la Corona Saboya el 7 de Mayo de 1942, dejó a la Italia Fascista en un segundo plano diplomático respecto al panarabismo debido a su presencia en Libia y sus aspiraciones en Túnez, exactamente igual que sucedió con Japón al centrarse en trabajar exclusivamente con el movimiento islámico del jefe secesionista Ahmed Sukarno. De hecho el Gobierno de Berlín también llevó a la iniciativa a la hora de encontrar apoyo en los independentistas de Pakistán que se englobaban dentro del Gobierno de la India Libre del carismático orador Chandra Bose, pero de igual manera en los del Cáucaso como por ejemplo la formación militar de la Legión Norcaucásica del oficial Alí Khan o la Legión Azerí del general Abo Fatalibeyli que estaban representadas por la Unión Musulmana de Mohammed Al-Gazani, así como en los Balcanes a la hora de admitir bosnios en la 13ª División SS de Montaña Croata “Handschar” y reconocer un gobierno provisional en el Asia Central para Kazakhistán, Uzbekistán, Kirguizistán, Turkmenistán y Tayikistán agrupado en torno al Comité Nacional Turkestano que pretendía la creación de un Gran Turkestán o “Gran Estado Turco-Asiático”.

La coordinación del nacionalismo árabe en el Eje la desempeñó la Oficina Árabe (“Al-Maktab Al-Arabi” en árabe y “Buro des Grossmufti” en alemán) que se dividió con dos gobiernos provisionales, cada una al frente de un destacamento de la Legión Árabe, el primero al mando del Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini sobre el Cabo Sunion en Grecia y el segundo al mando del general Raschid Alí Al-Galani sobre Stalino en la Unión Soviética. Como rama exterior la institución contó con la Agencia “Kriegsorganization Naher Osten” dirigida por el comandante Paul Leverkuhen que abrió dos sedes de enganche en la neutral Turquía, una en Ankara y otra en Estambul, además de última en París donde el diplomático Fritz Grobba recibió de los inmigrantes argelinos un donativo de 100.000 francos para la Cruz Roja Alemana. Incluso aquel entramado político dispuso de su propio aparato de propaganda radiofónico con tres emisoras operando desde Italia que fueron las siguientes: Radio Nación Árabe que gestionaba el Gran Muftí Amín Al-Husseini; Radio Egipto Independiente que encabezaba el Príncipe Mansur Daud, hijo del Rey Faruk I; y Radio Joven Túnez que era propiedad de Habib Thammer, jefe del Partido Destour. Ni tan siquiera faltaron esfuerzos en el campo de la cultura porque surgieron una serie de publicaciones sobre el panarabismo en Alemania como por ejemplo la biografía Amín al-Husseini, Grossmufti Von Palestina del autor alemán Kurt Fisher-Weth y un primer estudio serio sobre el problema de Palestina bajo el título de Die Britische: Palestina. Politik. Dokumente zur Zeitgeschichte del escritor árabe Mamrin Al-Hamui. Curiosamente toda esta gigantesca organización adquiriría una base legal y reconocimiento internacional en cuanto las tropas del Ejército Alemán alcanzasen la capital de Tblisi en Georgia, según prometió a los árabes el propio Adolf Hitler.

El 4 de Julio de 1942 los Gobiernos de Berlín, Roma y Tokyo anunciaron la Declaración Oficial del Eje que reconoció la independencia del Egipto en cuanto el Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel se adentró desde sus fronteras occidentales del Desierto del Sáhara tomando Mersa Matruh. Los contactos con los nacionalistas egipcios se llevaron a cabo con el piloto Ahmed Saudi de la Fuerza Aérea Egipcia, quién tras ser derribado por error a manos de los mismos alemanes la jornada del 6, al día siguiente, el 7, fue sustituido por el aviador Muhammed Radwan que comunicó al “Zorro del Desierto” una insurrección del Ejército Egipcio contra las fuerzas de la Commonwealth en cuanto las tropas germanas alcanzasen las orillas del Río Nilo. Sin embargo los ingleses que sospecharon acerca de la jugada, rodearon con soldados el Palacio del Rey Faruk y arrestaron a 6.000 independentistas egipcios, incluyendo a Ahmed Hussein que lideraba el movimiento fascista Mirs-al-Fatah. A pesar de todo, justo después de la Primera Batalla de El-Alamein en la que participó la Legión Árabe y la posterior retirada humillante del Ejército Británico, la población egipcia desafió a los ocupantes organizando festejos y desfiles de la victoria, insultando a los colonos e izando banderas de Alemania e Italia, algo que provocó un pánico generalizado porque los ingleses comenzaron a quemar papeles y documentos secretos que cubrieron de humo las ciudades de Alejandría y El Cairo, un síntoma que condujo al Rey Faruk I a comunicar mediante su representante en Turquía que muy pronto empezaría la rebelión contra los Aliados.

Soldado magrebí de la Legión Árabe.

Al empezar la ofensiva del VIII Ejército Británico del general Bernard Montgomery en la que fue conocida como Segunda Batalla de El-Alamein, las tropas ítalo-germanas del Afrika Korps fueron vencidas y expulsadas de Egipto en el otoño de 1942, sufriendo enormes bajas las unidades de la Legión Árabe, muchos de cuyos soldados eran egipcios que tuvieron que ver con amargura como se retiraban de su patria para refugiarse en Libia. A este desastre hubo que sumar en Noviembre como las divisiones de Estados Unidos y Gran Bretaña desembarcaron en Marruecos y Argelia durante la “Operación Torch”, donde pese a la heroica resistencia de los defensores marroquís y argelinos al servicio de la Francia de Vichy que causaron elevadas bajas a los Aliados en Casablanca, Fedala, Argel, Orán y diversos puntos de la Cordillera del Atlas, al final el África Occidental Francesa se pasó al bando de los Aliados. Incluso en la Unión Soviética las cosas se torcieron porque después de la catástrofe en la Batalla de Stalingrado a principios de 1943, las unidades del Eje y con éstas los contingentes de la Legión Árabe que peleaban en la Estepa de los Calmucos se retiraron del Cáucaso hacia Crimea y Ucrania.

Túnez se convirtió en lugar de refugio del Afrika Korps y por tanto en seguida las fuerzas del Eje aprovecharon el fuerte nacionalismo imperante país para intentar atraerse a la población nativa siguiendo el criterio del Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini que fijó los siguientes cuatro puntos: el primero la independencia de Túnez, el segundo la creación con voluntarios locales de un Ejército de Liberación del Magreb, el tercero que se enviase a la Legión Árabe desde Europa y el cuarto que se incitasen a insurrecciones en las vecinas Argelia y Marruecos, e incluso se propuso un quinto que posteriormente fue descartado consistente en que se liberase mediante una operación de comandos al antiguo guerrillero rifeño Abd-el-Krim preso en la Isla de Reunión (vencedor de la Batalla de Annual contra España en 1921). Sin embargo cumplir con estos requisitos no fue nada fácil porque el Gobierno de Berlín no podía indisponerse con el Gobierno de Vichy y por tanto a través del cónsul Rudolph Rahn el Tercer Reich reconoció como gobernador al general francés Jean Pierre Esteva, aunque al mismo tiempo garantizó la Jefatura del Estado a un tunecino, el Bey Mohammed Al-Moncef. Como el reparto de funciones no contentó ni a franceses ni a los árabes, al final Adolf Hitler tuvo que decantarse por una de las partes y escogió a éstos últimos, ya que tras crear una Comisión Mixta dirigida conjuntamente por italianos, galos y tunecinos, los que de verdad llevaron las riendas de la gestión fueron los musulmanes, la mayoría adscritos a la Oficina Magrebí (Al-Makbat Al-Mogreb) o al movimiento secesionista del Partido Neo-Destour del dirigente Habib Burguiba, quienes además contaron con un excelente aparato de propaganda articulado en los diarios Ifriqiyya Al-Fatah y Al-Shaab.

La defensa del Eje a Túnez contó con la colaboración del denominado Mando de Tropas Germano-Árabes (Kommando Deustsch-Arabischer Truppen o KODAT) conformado por 6.000 árabes repartidos en dos batallones de soldados tunecinos, un batallón marroquí, un batallón argelino y un batallón con voluntarios de Oriente Medio entre los que había unos pocos palestinos, sirios, irakís y egipcios, estos últimos prestados por la Legión Árabe que fue trasladada al puerto de Palermo en Sicilia y algunos de sus componentes enviados al Norte de África. La presencia de aquellos musulmanes con uniforme del Afrika Korps que enarbolaban la bandera de la Revolución Árabe entusiasmó a la población local tunecina que los recibió con alegría y júbilo a medida que transitaban por las aldeas de la Cordillera del Atlas. El despliegue de tales unidades se efectuó entre el Cabo Bon y el Golfo de Hammamet, aunque no entraron en combate hasta mediados de Marzo de 1943 contras las tropas del Ejército Británico a las que fueron rechazando en las montañas antes de replegarse hacia el norte del país. Simultáneamente se erigió entre los más veteranos una compañía paracaidista de 100 árabes que desde aviones alemanes fueron lanzados en Argelia para unirse a los guerrilleros argelinos ya existentes con los cuales sabotearon algunas instalaciones y retrasaron el avance de las fuerzas anglo-norteamericanas. Lamentablemente en primavera la situación era tan desesperada que después de resistir los soldados del KODAT las embestidas del II Cuerpo Blindado Estadounidense del general George Patton a las afueras de Túnez capital, los supervivientes fueron trasladados al Cabo Bon y evacuados el 8 de Mayo hacia Porto Farina en Italia.

Tropas tunecinas al servicio del Afrika Korps en Túnez.

Con la caída de Túnez el 12 de Mayo de 1943, la represión de los Aliados y sobretodo de las fuerzas de la Francia Libre del general Charles De Gaulle fue enorme porque por ejemplo en los barrios judíos y cristianos de la capital, la población hebrea y católica se echó a las calles para linchar y escupir entre la multitud a los ciudadanos árabes, además de derribar y humillar símbolos religiosos del islam. Acto seguido se disolvió la monarquía y se encarceló a toda la familia real, incluyendo al Bey Mohammed Al-Moncef que fallecería en prisión poco tiempo después, al tiempo en que se efectuaron redadas y detenciones contra los grupos nacionalistas, veteranos del KODAT o sospechosos de haber colaborado con el Afrika Korps, llegándose en ocasiones al extremo de arrestar a gente por cosas tan absurdas como tener una poema escrito al mariscal Erwin Rommel o un ejemplar del libro Mein Kampf (Mi Lucha) de Adolf Hitler. Afortunadamente algunos líderes consiguieron escapar hacia Europa como el Habib Burguiba del Partido Neo-Destour y el jefe de juventudes Raschid Idriss, sin obviar con que muchos ex-combatientes del KODAT y unos pocos soldados alemanes fueron ocultados por civiles tunecinos o beduinos en el desierto hasta lograr reunirse y crear una pequeña unidad guerrillera en la Cordillera del Atlas que operaría toda la Segunda Guerra Mundial.

El 17 de Mayo de 1943, cinco después de la expulsión del Afrika Korps de Túnez, la Italia Fascista reconoció la independencia de todo el Magreb y junto al Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini llamó a la insurrección contra los ocupantes del bando de los Aliados. Mientras tanto en Grecia, la Legión Árabe se reconvirtió en el 845º Batallón de Infantería Árabe con algo más de 1.300 efectivos que demostraron ser excelentes cazadores de partisanos debido a que redujeron a todos los guerrilleros helenos en el Monte Helicón, donde capturaron a un comandante griego y a su enlace británico, antes de ser enviada la unidad a luchar contra la insurgencia comunista en Macedonia y Montenegro. Al otro lado del continente en Francia, surgió la Legión Norteafricana integrada por 300 marroquís, argelinos y tunecinos que pelearon del lado del Ejército Alemán, logrando desarticular a los “maquis” de la Resistencia Francesa en Limoges. De hecho en el país galo, la “Organización Todt” del Ministro de Industria Albert Speer consiguió convencer a 18.000 residentes magrebís para trabajar como obreros en las industrias del Ruhr y contribuir al esfuerzo bélico del Tercer Reich. Simultáneamente en la vecina Italia que en Septiembre de 1943 capituló y traicionó a la coalición del Eje, un grupo de germano-árabes del Comando “Schacht” lograron convencer a un contingente libio del Ejército Italiano para romper con sus los latinos y permanecer fiel a Alemania.

Tropas de la Legión Árabe.

La “Guerra Santa” o “Yihad” que tiempo atrás había proclamado el Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini y que volvió a anunciar el 2 de Noviembre de 1943 para incendiar a todo el mundo árabe en el Norte de África y Oriente Medio, tuvo también un eco inesperado en los Balcanes para levantar a las minorías musulmanas de la disuelta Yugoslavia. Por ejemplo al poco de la rendición de Italia, el Reino de Albania que era un “estado títere” del Gobierno de Roma pasó a independizarse en la República de Albania que no tardó en sumarse a la coalición con Alemania y en reclutar milicias islámicas e incluso organizar una formación para las Waffen-SS con 6.500 voluntarios albaneses que constituyeron la 21ª División SS de Montaña Albanesa “Skandenberg”. También en el Estado Independiente de Croacia se levantó la 23ª División SS de Montaña Bosnia “Kama” compuesta por 4.000 musulmanes bosnios de la provincia de Bosnia-Herzegovina, en cuyas filas existió un pequeño Batallón Kosovar de la región de Kosovo situada al sur de Serbia. Curiosamente tanto albaneses como bosnios demostraron ser excelentes combatientes al servicio del Tercer Reich, a veces peleando al lado del 845º Batallón de Infantería Árabe enviado a Croacia, ya que eliminaron a una gran cantidad de partisanos yugoslavos y provocaron bajas muy graves a sus oponentes, motivo por el cual recibieron la visita del Reichsführer de las SS Heinrich Himmler y la bendición del Gran Muftí Amín Al-Husseini.

Justo después de tener lugar el desembarco de Normandía en Francia el 6 de Junio de 1944 y comenzar las tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña la invasión de Europa Occidental, el Tercer Reich se sumó a la última arenga del Gran Muftí de Jerusalem Amín Al-Husseini que en esta ocasión fue conocida como Declaración de Independencia del Magreb y el Mundo Musulmán. No obstante ya era demasiado tarde para iniciativas de este tipo porque las potencias del Eje estaban prácticamente en retirada sobre todos los escenarios del Frente Oriental y el Frente Occidental, incluyendo en los Balcanes donde en Septiembre de 1944 irrumpió el Ejército Rojo poniendo en fuga al 845º Batallón de Infantería Árabe y a otras formaciones musulmanas que se retiraron hacia las profundidades de Bosnia-Herzegovina, al tiempo en que los partisanos comunistas del revolucionario Enver Hoxa se hacían con el control de Albania, el único país islámico socio de Alemania. Sorprendentemente y pese a lo crítico de la situación todavía una compañía paracaidista de la Legión Árabe fue transportada a lo largo de una serie de vuelos de 3.000 kilómetros a bordo de aviones Junkers Ju 290 desde Austria hasta Oriente Medio, saltando sus comandos árabes en el Desierto de Mesopotamia para causar estragos en la retaguardia del Ejército Británico con la voladura de algunos oleoductos en Irak, el corte de vías férreas en Siria y la interrupción de la línea telefónica durante un tiempo entre Palestina y Transjordania.

A principios de 1945 los Estados Unidos que lideraban la coalición de los Aliados Occidentales se convirtieron en un factor esencial para presionar a Francia a la hora de desprenderse de sus dominios coloniales en el Creciente Fértil y conceder la independencia a Siria y el Líbano. Al mismo tiempo el Reino Unido que deseaba ver debilitado al Imperio Francés y quería limitar el poder de Norteamérica en el Próximo Oriente, impulsó el 22 de Marzo el nacimiento de la Liga Árabe con Arabia Saudí, Egipto, Irak, Siria, Transjordania y Yemen, aunque eso no impidió que en secreto el Gobierno de Washington pactara una descolonización de Palestina que sería entregada a los hebreos para crear un “Estado Judío”, posteriormente conocido como Israel. De hecho y mientras todo eso sucedía, los anglo-norteamericanos que acababan de crear las Naciones Unidas (ONU) exigieron como requisito para ingresar declarar la guerra a Alemania y Japón, algo a lo que se vieron empujados Arabia Saudí, Siria, Irak, Líbano, Egipto, Turquía e Irán, aunque jamás ninguno de sus soldados empuñó arma alguna contra alemanes o japoneses a sabiendas de que todo se trató de un simple postureo diplomático, ya que incluso estos países ayudaron a esconderse a muchos refugiados de los países del Eje.

Mapa del mundo árabe e islámico durante la Segunda Guerra Mundial.

El nacionalismo árabe que colaboraba con el Tercer Reich vivió los momentos finales de la contienda sobre Europa en Abril de 1945 de la mano del 845º Batallón Árabe que se retiró a través de Croacia para ser completamente aniquilado junto a unidades del Ejército Croata en Zagreb; aunque también hubo algunos destacamentos árabes que pelearon con el Ejército Alemán sobre Pomerania y el Río Oder, cayendo los últimos en las calles de la capital germana durante la Batalla de Berlín. Una vez se rindió Alemania el 8 de Mayo de 1945, algunos nacionalistas que operaban en el Norte de África y todavía eran proclives a las potencias del Eje, azuzaron una serie de manifestaciones muy violentas en Argelia durante las cuales la población mostró cuadros de Adolf Hitler y Benito Mussolini, antes de atacar a la población occidental matando a 20 gendarmes y 103 civiles franceses, lo que a su vez propició la brutal respuesta del Ejército Francés que asesinó a la escalofriante cifra de 45.000 ciudadanos argelinos en un acontecimiento conocido como la Matanza de Setif. También en Siria sucedió algo similar porque las tropas francesas se negaron a abandonar Damasco y se produjeron sangrientos choques que terminaron con la muerte de centenares de ciudadanos sirios en otro episodio conocido como la Crisis del Levante. De este modo cuando Japón se rindió el 2 de Septiembre de 1945 y con éste los últimos nacionalistas que habían prestado servicio en las filas del Ejército Japonés en Birmania a cambio de la independencia de Pakistán, se desvanecieron todas las esperanzas del panarabismo tras haber sido derrotadas todas sus aspiraciones con la conclusión de la Segunda Guerra Mundial.

Terminada la Segunda Guerra Mundial el proceso de descolonización sería un hecho porque todos los movimientos nacionalistas árabes que habían apoyado al Tercer Reich, salvo por la excepción de Palestina que se convirtió en el “Estado Judío” de Israel, obtuvieron su plena soberanía a lo largo del siglo XX como fue el caso de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Siria, Líbano, Irak, etcétera. Como curiosidad en el testamento de despedida antes de suicidarse en el búnker bajo la Cancillería de Berlín, Adolf Hitler se lamentó no haber podido hacer mucho más por los árabes y les dedicó las siguientes palabras: “En todas partes tendría que haber apoyado la rebelión de los pueblos coloniales, el despertar de los pueblos reprimidos y explotados, instigar a la insurrección de los egipcios, los irakís, a todo el Próximo Oriente que había mostrado su júbilo por las victorias alemanas”.

 

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, La Espada del Islam, García Hispán Editor (1999), p.67-208
-Robert Lyman, Irak 1941 the battles of Basra, Habbaniya, Fallujah and Baghdad, Osprey Publishing (2006), p.18-93
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 1. El camino hacia el desastre, “XXI El último esfuerzo del general Wavell”, Planeta Deagostini (1959) p.490-494
-Jacques Pirenne, Historia Universal, “El Irak se subleva contra Inglaterra”, Exito (1961) p.270
-Joachim Fest, Hitler, una biografía II, “El Crepúsculo de los Dioses”, Planeta Deagostini (2005),p. 1.034