El Eje desintegra Rumanía

 

Era 1 de Septiembre de 1939, cuando en Polonia aullaron los gritos de los Stuka, el traqueteo de los Panzer y el tronar de los cañones. El Rey Carol II se levantó ese día como otro culquiera en el Palacio Real de Bucarest, momento en el que recibió la noticia. Entonces, con todos los presentes allí delante y contemplándole, no pudo ocultar el escalofrío de terror que acababa de recorrerle por su cuerpo.

Desde antes de la Segunda Guerra Mundial, Rumanía se mantenía y sustentaba en el marco internacional gracias al apoyo de las democracias de Gran Bretaña y Francia. El resto de países se mostraban más hostiles al absolutismo de Carol II por el recorte de libertades que eso había supuesto. Rumanía tenía muchos enemigos, el principal de todos era la Unión Soviética que ambicionaba los territorios orientales del país; seguido por Hungría que deseaba parte de Transilvania; y Bulgaria el territorio de la Dobrudja. Pero haberse ganado antes del conflicto la enemistad con el Tercer Reich fue lo peor que pudo sucederle a la monarquía absoluta rumana.

Mucho antes de la campaña de Polonia, el Frente del Renacimiento Nacional, el único partido de Rumanía al servicio del Rey, había mantenido contactos con el Tercer Reich. A los alemanes no les hacía gracia que Carol II hubiese hecho toda aquella persecución contra la Guardia de Hierro entre 1938 y 1939, pues consideraban a los legionarios hermanos ideológicos del Nuevo Orden Europeo que estaba por llegar, sin embargo tampoco deseaban que Rumanía estuviese constantemente desbordada por las revoluciones. Por tanto, cuando Hermann Goering se reunió con el embajador rumano en Berlín, Petrescu Comnen, le expuso que el Tercer Reich no intervendría en los asuntos internos de Rumanía y garantizaría sus fronteras a cambio de que el Rey dejase de codearse con Inglaterra y Francia, suministrándoles por supuesto petróleo. Carol II aceptó la oferta de suministrar petróleo al Reich, pero se negó a que los alemanes les garantizaran sus fronteras, ya que ellos preferían que lo hicieran Inglaterra y Francia al ser grandes imperios coloniales.

Cuando el Rey comunicó su decisión al Reich, a él no se le había pasado por la cabeza de que en caso de una guerra en Europa los alemanes pudieran vencer a los anglo-franceses, y menos aún, que la Unión Soviética se aliara temporalmente con Alemania. Así fue cuando el 23 de Agosto de 1939, Iósif Stalin firmó el Pacto de No Agresión Germano-Soviético con Adolf Hitler. Ningún rumano se imaginó en aquellos instantes que Alemania había pactado con la URSS un acta secreta que daba vía libre a Stalin para poder incorporarse los territorios reclamados de Rumanía, además de los de Polonia, Letonia, Lituania, Estonia, Finlandia y Mongolia.

El Rey se encontraba totalmente despistado con el inicio de la guerra, Alemania y la Unión Soviética habían atacado Polonia, mientras que Gran Bretaña, Francia, Australia, Nueva Zelanda, India, Canadá y Sudáfrica sólo habían declarado la guerra al Reich y a Eslovaquia. Carol II no sabía de qué iba el juego y a quién debía apoyar, pues nadie tenía claro los bandos y quién era quién. Finalmente optó por mantenerse fiel a Gran Bretaña y a Francia que le habían garantizado sus fronteras, por lo que les ofreció el apoyo moral, aunque declarándose neutral y sin arriesgarse a entrar en la guerra. Con esa decisión firmó la sentencia de su trono.

Mientras todo eso ocurría, la Guardia de Hierro liderada por el joven Horia Sima se mantenía oculta en las montañas de los Cárpatos, en la clandestinidad o bien algunos exiliados residían en Alemania. Sin dudarlo un momento aquellos nacionalistas rumanos decidieron tomar parte aquel Septiembre de 1939. El mismo día de la invasión polaca, legionarios de la Guardia de Hierro se reunieron en Dinamarca con representantes de la Gestapo alemana y fascistas de Italia, además de con el embajador rumano de Copenhaguen, Mihail Sturdza. Allí recibieron financiazión para cometer un atentado contra el propio Rey; siendo los legionarios encargados de hacer la operación el abogado Miti Dumitrescu, más los estudiantes Cezar Popescu, Traian Popescu, Ion Moldoveanu, Ion Ionescu e Ion Vasiliu, los cuales formaron el Escuadrón de la Muerte.

El atentado se produjo el día 21 de Septiembre, sin embargo el Rey Carol II no murió,falleciendo en su lugar el Ministro del Interior y Defensa, Armand Calinescu, antiguo enemigo de la Guardia de Hierro. La respuesta de la monarquía fue atroz, pues cientos de los legionarios que estaban presos fueron fusilados en masa y colgados de las farolas por las calles por Bucarest. Tan macabra fue la contestación del Rey, que obligó a niños, estudiantes y colegiales a desfilar delante de los cadáveres de los legionarios ahorcados.

Ante la violenta respuesta de Carol II a la Guardia de Hierro y la victoriosa campaña de Alemania y la URSS en Polonia; los países vecinos de Rumanía pronto empezaron a tener hambre de los territorios que los rumanos les habían arrebatado en la Primera Guerra Mundial. Hungría, Bulgaria y la URSS reclamaron y amenzaron al Rey que les devolviera las tierras, poniéndose Alemania a favor de estos después de que Rumanía rechazara su oferta de alinearse con esta. Por si fuera poco Francia fue conquistada en 1940 por los alemanes e Inglaterra quedó bloqueada, por tanto aquellos que habían prometido ayuda a los rumanos, los dejaron abandonados a su suerte. Carol II había escogido mal y había salido perdiendo.

El Ejército Rojo arrebata Besarabia a Rumanía que pasa a ser territorio de la Unión Soviética. En la fotografía los comunistas celebran la llegada de los soviéticos.

La campaña de Francia con una rotunda victoria de Alemania e Italia había dejado estupefacta a Rumanía. No sólo habían perdido a Francia para que les garantizase sus fronteras, sino que la única nación que podía protegerles, Inglaterra, estaba aislada del mundo y había perdido toda su capacidad combativa. Nadie podía proteger a Rumanía de sus enemigos. Entonces por primera vez el Rey Carol II acudió a Hitler suplicándole que le protegiera, pero el Führer no iba a ceder ante aquel que una y otra vez se había declarado abiertamente anglo-francés después de ofrecerle incontables oportunidades; además Alemania mantenía una alianza con la Unión Soviética, por lo que la prioridad era su aliado del Este.

Stalin exigió a Rumanía el 26 de Junio de 1940 que le cediese la región de Besaravia y Bukovina, esta última jamás había pertenecido al Imperio Ruso, pero la mayoría de la población era eslava de origen ucraniano que deseaba incorporar a la República Socialista Soviética de Ucrania. El plazo fue sólo de cuatro días, por lo que Rumanía incapaz de enfrentarse al país más grande del Planeta Tierra tuvo que evacuar de manera caótica a toda la población rumana de esas regiones. El espectáculo fue lamentable, cientos de miles de rumanos se echaron a los caminos abandonando sus hogares y pertenencias centenarias que tanto les había costado conseguir, su destino fueron los lugares de acogida que improvisadamente había levantado el Gobierno; detrás de ellos llegó el Ejército Rojo, que se asentó en el territorio conquistado poblándolo con ciudadanos soviéticos y eliminando a todo aquel disidente pro-rumano. De este modo fue como se creó la República Socialista Soviética de Moldavia.

La Guardia de Hierro junto al resto de partidos, habían vuelto a ser legalizados después de que Alemania fuera ganando la guerra en Europa. La razón de esto fue para dar una buena imagen ante los claros vencedores que ideológicamente estaban muy ligados al movimiento legionario. Por primera vez en la Historia de la Guardia de Hierro, un dirigente, Horia Sima, se reunió con el Rey Carol II. En la tensa entrevista, Sima suplicó a Carol II que no cediese los territorios que húngaros y búlgaros estaban reclamando como ya había hecho con la Unión Soviética, de hecho, el propio líder legionario se ofreció intervenir en las negocaciones porque que él sabía entenderse con alemanes e italianos, pero el Rey, temeroso de que la negociación fuera para que los ítalo-germanos ayudaran a la Guardia de Hierro a subir al poder, se negó. Su decisión como muchas otras veces fue equivocada, el Rey había sentenciado su país a manos de Hungría y Bulgaria.

La negativa del Rey pasó factura, sobretodo cuando Hungría y Bulgaria, claras aliadas del III Reich en lo que unos meses más tarde sería el Eje junto con Italia y Japón, obtuvieron el apoyo de Hitler. Por todos los medios Carol II intentó negociar con Hitler, con Miklos Horthy, Almirante de Hungría, más el Zar búlgaro Boris III. Pero el Acuerdo de Viena celebrado ese Agosto de 1940, dictaminó que Rumanía debía ceder a Hungría la mitad de Transilvania y a Bulgaria la Dobrudja Meridional.

Tropas de caballería búlgaras entran triunfales en Dobrudja, la cual deja de ser territorio rumano para convertirse en parte de Bulgaria.

Hungría cruzó la frontera con Rumanía el 30 de Agosto de 1940 con permiso de Carol II. Las tropas húngaras en un solo día ocuparon todo el norte y centro de Transilvania y expulsaron a los miles de rumanos que allí vivían hacia su país. El acontecimiento fue la caída en picado de la popularidad del Rey, que por su mala política había conseguido que millones de personas vagaran por el país sin hogar después de haber sido expulsadas traumáticamente de sus hogares. Pero eso no era todo, todavía quedaba Bulgaria.

Sorprendentemente el 3 de Septiembre de 1940, tres días después de la cesión de Transilvania a Hungría, millares de personas junto a la Guardia de Hierro y otros partidos se echaron a las calles de Bucarest pidiendo la dimisión del Rey. Miles de legionarios desfilaron por la capital y otras ciudades del país llamando a la gente que se les fue unidendo a través de aldeas, bosques y montes, incluso el propio Ejército y los gendarmes no actuaron contra los manifestantes, con los cuales por una vez estaban de acuerdo. Carol II daba vueltas por el Palacio Real abochornado sin saber que hacer, los problemas aumentaban en el interior del país y por si fuera poco, al exterior de las fronteras las tropas búlgaras se concentraban en el sur.

La solución del Rey fue formar un nuevo Gobierno en el que estuvieran todas las fuerzas políticas, incluida por primera vez la Guardia de Hierro. Para superar la crisis nacional Carol II debía buscar para presidir el Gobierno a una persona de gran prestigio en el país. Ese fue el general Ion Antonescu, un sencillo militar veterano de la Primera Guerra Mundial que todos los rumanos consideraban héroe y que en esos momentos tan críticos se encontraba encarcelado por la purga de 1939. Lo que no se esperaba el Rey, era que Antonescu le odiaba, no sólo porque ahora le pedía ayuda y le sacaba de la cárcel para dirigir el país en tiempos de crisis dejándole a él los problemas, sino porque anteriormente en los gobiernos “de quita y pon ” que había establecido Carol durante la década de su mandato, había sido engañado una y otra vez, saliendo perjudicado por culpa del monarca. Así que Antonescu pidió al Rey su dimisión amenazándole en volver al Ejército contra él mediante un golpe de Estado. Carol II no se lo pensó dos veces y se rindió junto al Primer Ministro del Gobierno Ion Gigurtu.

Después de diez años de una férrea persecución a los elementos disidentes de la monarquía rumana, el Rey Carol II abdicó y cedió la jefatura del Estado al general Ion Antonescu el 6 de Septiembre de 1940. Un día después, aprovechando la abdicación del monarca, Bulgaria invadió la Dobrudja Meridional y expulsó a todos los habitantes rumanos de la región el 7 de Septiembre.

El espéctaculo en Rumanía después de la herencia que había dejado el Rey era lamentable: el país había sido repartido por la Unión Soviética, Hungría y Bulgaria; las fronteras reducidas de sobremanera y millones de personas vagabundeaban por todos los rincones de la nación al haber sido expulsadas humillantemente por los pueblos vecinos. Avergonzado y temiendo por su vida, Carol II abandonó el país junto a toda la familia real hacia el exilio, dejando atrás un país deshonrado y desintegrado.

 

Bibliografía:

Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano. “Corneliu Codreanu y la Legión de San Miguel Arcángel”, García Hispán Editor (1997), p.32-58
Jaques Pirenne, Historia Universal, “Rumanía, desmembrada en provecho de Hungría y Bulgaria”, Éxito (1961), p.288-289