El destino de Rumanía

 

Toda Rumanía fue traicionada por su propio monarca, el Rey Mihail I, en 1944. La causa fue el egoísmo del soberano al temer perder el poder una vez los comunistas del Ejército Rojo que venían desde la URSS a manos de Iósif Stalin se hicieran con Rumanía. Por esa razón, sólo pensando en beneficio propio, engañó a su propio ejército asegurando que se había firmado un armisticio, cosa que no era cierto. Ante esa noticia todos los soldados y oficiales rumanos fueron hechos prisioneros por los rusos y deportados a campos de concentración. Tras ese vil acto de cobardía, ofrecer a todos sus soldados en bandeja de plata a los soviéticos; Mihail ganó un trato más aceptable de los comunistas que le permitiría seguir siendo Rey. Sin embargo los embajadores que marcharon a Moscú fueron humillados y se les hizo esperar varias semanas, un preludio de lo que iba a ser la amistad soviética. Cuando por fin dicho armisticio se formalizó lo hizo bajo la supervisión de una comisión por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña. Los principales puntos exigían: total libertad de movimiento del Ejército Rojo por Rumanía, la declaración de guerra rumana al Eje y el control de la administración por los soviéticos.

Después de la traición…

El 12 de Septiembre de 1944 el Armisticio se dió por finalizado. El Ejército Rojo ocupó toda Rumanía al completo a la vez que la 1ª División Rumana “Tudor Vladimirescu” compuesta por voluntarios comunistas rumanos entraba en Bucarest bajo la atenta mirada de Mihail I. Al mismo tiempo Rumanía traicionó a sus antiguos aliados declarando la guerra a Alemania, Hungría, Italia, Eslovaquia, Croacia, Sebia, Montenegro y Japón.

Una nueva situación implicaba la necesidad de nuevo Gobierno, por eso Mihail I reformó el Parlamento sin consultar al pueblo colocando en el poder al Bloque Nacional Democrático compuesto por el Partido Liberal Nacional, el Partido Campesino Cristiano Democrático, el Partido Social Democráta y el Partido Comunista Rumano, por entonces inexistente y encumbrado en el poder por el Rey sólo para contentar a los ocupantes rusos. La mayoría de la población estaba en contra del nuevo Gobierno, incluyendo el resto de partidos, pero en cuanto empezaron las represalias contra aquellos que levantaron la voz, dejó de haber opiniones en contra. El general Constantin Sanatescu del antiguo IV Ejército Rumano fue elegido Primer Ministro.

Inmediatamente empezaron a cumplirse todas las cláusulas del Armisticio. Los territorios rumanos de Bukovina y Besaravia fueron entregados a la Unión Soviética, mientras que a la República de Bulgaria, nueva aliada de la URSS, hubo que devolverla la Dobrudja. Todos los prisioneros durante el Gobierno de Ion Antonescu fueron liberados por el Rey como muestra de cortesía ante la nueva falsa democracia, por supuesto dicha medida no se aplicó a los legionarios de la Guardia de Hierro que continuaron en las cárceles, pues no atraían a los intereses de la original monarquía amiga de los bolcheviques. Por último se estableció una ocupación militar de 80.000 soldados soviéticos que pronto se cuatriplicaría a los 500.000.

Tropas rumanas combatiendo en Budapest, capital de Hungría. Con el cambio de bando los rumanos se enfrentaron a los húngaros, sus eternos rivales.

Desde el exilio el Reino de Rumanía se encontró con una espina clavada en el pie: Horia Sima en Viena había fundado el Gobierno Nacional Rumano (GNE) en el exilio con la Guardia de Hierro y otras fuerzas políticas democráticas unidas que lanzaban una intensa propaganda contra el monarca, la cual afectaba de sobremanera a la clase política rumana. Además algunos grupos de partisanos y guerrilleros anticomunistas empezaron a dejarse ver por todos los bosques y montañas del país. Gracias a este Gobierno Nacional Rumano, se consiguió un gran número de deserciones y disidencias que complicaron las cosas al Rey y a los comunistas. Sus mayores éxitos fueron lograr la deserción de una división entera para pasarse al lado del Eje, fue el caso de la 44ª División de Infantería Rumana que comandaba Platón Chirnoaga.

Poco duró el primer Gobierno, pues al mes de legalizarse el Partido Comunista, este lanzó la propuesta de sustituir al Bloque Nacional Democrático por el Frente Nacional Democrático, un proyecto que sólamente tuvo el apoyo del Partido Social Demócrata, mientras que el Partido Campsino Cristiano Democrático y el Partido Liberal Nacional se opusieron rotundamente. Ante la negativa de liberales y campesinos se rompió el Gobierno el 18 de Octubre de 1944 provocando la crisis. La solución de Sanatescu fue expulsar de la administración a militares y algunos tradicionalistas para ampliar las carteras de socialistas y comunistas que pasaron a ocupar antidemocráticamente un 25% de los asientos en el Parlamento. Iuliu Maniu encabezó una resistencia en el Gobierno contra los privilegios que el Rey y los militares estaban dando a la izquierda, una idología que la gente ni siquiera votaba y sólo ampliaba su poder por la generosidad de la familia real. Este cúmulo de problemas hizo que las relaciones entre unos y otros fueran cada vez más tensas.

La guerra presentaba esta vez nuevos frentes para el Ejército Real Rumano como la Europa Central, el único lugar que los soldados rumanos querían evitar, pues no deseaban luchar contra los alemanes, aquellos que habían sido sus aliados y compañeros durante la guerra. Enfrentarse a Alemania era un verdadero trauma para la mayor parte del Ejército Real Rumano, pero ese no era el único problema, la mayoría de la tropa se encontraba prisionera en la URSS y los soviéticos todavía no deseaban liberarles, algo que hizo que las fuerzas armadas se quedaran sólamente con sólo 12 divisiones. A diferencia de los alemanes, los soviéticos no prestaron ningún arma acorazada, por no decir ni de municiones al Ejército Real Rumano, todo lo contrario, confiscaron a los rumanos el 60% del armamento, el 35% de vehículos y el 35% de los artilugios de ingeniería. Las únicas unidades beneficiadas fueron las fuerzas del Ejército Rojo compuestas por rumanos comunistas como la División “Tudor Vladimerecu” y la División “Horia Closca si Clisan”. También las purgas que constantemente hacía el Ejército Rojo sobre el Ejército Real Rumano, sobretodo de oficiales sin contar con el Rey, empezaron a convertirse en una rutina. El caso más famoso de purga fue el del general Gheorgue Avmarescu que intentó pasar a todo el IV Ejército Rumano al bando alemán para unirse al Gobierno Nacional Rumano en el exilio de Horia Sima; pero para desgracia de dicho militar fue descuierto y ejecutado en Braila. Un total de 500.000 rumanos combatieron al Eje, la mayoría obligados, pues consideraban a los alemanes sus amigos. Esta cifra de medio millón convirtió al Ejército Real Rumano en el cuarto ejército de los Aliados que más tropas tuvo en el frente, más incluso que la popia Francia, y eso que ni siquiera le habían reconocido como país cobeligerante. Las campañas en las cuales participó el Ejército Real Rumano fueron las de Transilvania, Hungría y Checoslovaquia, en la mayoría de casos utilizados como carne de cañón por los soviéticos que se quedaban tras las líneas viendo como los rumanos se mataban inútilmente. Al final de la contienda un total de 167.500 soldados rumanos sufrieron baja entre muertos, heridos y desaparecidos contra el Eje.

El 7 de Diciembre de 1944, la desastrosa política llevada a cabo por el dividido Parlamento provocó la caída de Sanatescu. Nicolae Radescu, jefe del Estado Mayor del Ejército, fue nombrado Primer Ministro en su lugar. El nuevo nombramiento sólo hizo más que empeorar las cosas, pues la izquierda marxista no quería a un militar del Estado Mayor en el poder, así que el 24 de Febrero de 1945 el Partido Comunista con su Frente Nacional Democrático en el que se encontraban los miembros del Partido Social Demócrata, realizaron una gran manifestación en Bucarest que la Gendarmería intentó disolver inútilmente. En cuanto Stalin se enteró del empleo de la fuerza por parte del Rey contra los comunistas obligó a las tropas del Ejército Rojo desalojar de alcaldes 52 de las 58 provincias rumanas para poner en su lugar a prefectos comunistas. Desde Moscú se amenazó a Mihail I de que disolviera el Gobierno y formara uno compuesto únicamente por comunistas. Sorprendentemente una vez más y sin contar con la opinión en contra de gran parte del país, el Rey obedeció a Stalin y nombró Primer Ministro a Petru Groza el 6 de Marzo de 1945, con el Partido Comunista a la cabeza de Rumanía.

Ejecución de Ion Antonescu. Él mismo dirigió a los soldados para que disparasen, ya que era tan querido entre estos que de lo contrario se hubiesen negado.

Los fusiles de los soldados soviéticos eran quienes realmente mandaban en Rumanía, todas las fuerzas políticas habían sido disueltas del Gobierno por el Rey ante la amenaza comunista de echarle del poder. Un total de 615.000 soldados soviéticos ocupaban toda Rumanía, además de las divisiones rumano-comunistas “Tudor Vladimerescu” y “Horia Closca si Clisan”, las cuales empezaron a detener personas y a enviarlas a los gulags de Siberia. Ion Antonescu fue fusilado el 1 de Junio de 1946, curiosamente su ejecución fue toda una demostración de honor, pues hasta los soldados de la División “Tudor Vladimerescu” se negaron a disparar, por lo que tuvieron que hacerlo los guardias de la prisión de Jilava, a los que curiosamente dirigió en todo el proceso de fusilamiento el propio Antonescu dando las órdenes para matarse a él mismo, una de sus últimas frases fue “la Historia me juzgará”.

Las últimas esperanzas de la oposición aún legal en el país dirigida por Iuliu Maniu se pusieron en manos de los Aliados Occidentales, especialmente en el Primer Ministro Winston Churchill. Pero a Gran Bretaña y a Estados Unidos, que tenían sólo un 10% de influencia en la nación contra el 90% de la URSS, les daba igual lo que pudiera pasarle a Rumanía, pues su atención se fijaba en esos momentos sobre la Europa Central y el Océano Pacífico.

El 30 de Diciembre de 1947, tras una monarquía virtual en manos del Partido Comunista Rumano, el Rey Mihail I se vió obligado a abdicar y a huír del Palacio a Londres. A partir de ese momento Rumanía quedaba adherida al Pacto de Varsovia como una República Socialista Soviética más. Lo que siempre había advertido la Guardia de Hierro durante más de 20 años de haber sido perseguida y sus dirigentes insultados de locos ocurrió, y lo peor de todo es que ni los soviéticos ni Stalin habían tenido la culpa, simplemente se habían aprovechado de una monarquía corrupta tras otra y Gobiernos de partidos inútiles que habían llevado al país al mismísimo abismo.

Exilio y vuelta

Varios fueron los gobiernos rumanos que se crearon en el exilio una vez empezada la Guerra Fría. El más famoso siguió siendo sin duda el Gobierno Nacional Rumano (GNR) de Horia Sima, el cual trasladó esta vez su sede a Madrid, España, donde la Guardia de Hierro y los legionarios pudieron continuar trabajando. Otro muy conocido fue el Gobierno Nacional Exiliado del antiguo jefe del Estado Mayor y ex-Primer ministro Nicoae Radescu, que abrió sede en los Estados Unidos junto a otro menos importante llamado Consejo Nacional Rumano de Constantin Visoianu.

Manifestación de comunistas en Bucarest.

La Guardia de Hierro se asentó además de España, en Alemania, Austria, Estados Unidos, Argentina y Australia, aunque en Madrid tenía su sede principal. Horia Sima siguió siendo el sustituto de Corneliu Zelea Codreanu como líder de la Guardia de Hierro y los legionarios. Gracias a quedar libre de cargos tras el Tribunal de Nuremberg, los legionarios pudieron por primera vez en décadas hacer sus actos sin ser perseguidos por nadie en España ni los otros países de acogida. Durante el resto de su vida pudieron vivir sin la tensión de morir, por ejemplo en España residieron el propio Horia Sima y los incansales Mihail Sturdza y Vasile Iasinchi. Por otro lado, el resto de miembros del Gobierno Nacional Rumano, no tan acostumbrados a huír como los legionarios, también tuvieron que marchar a otros países, por ejemplo el general Platon Chirnoaga vivió en Stuttgart, Alemania, hasta su fallecimiento en 1974.

España fue el núcleo central de los legionarios desperdigados por el mundo, todos los inmigrantes rumanos fueron acogidos por el Gobierno español del Generalísimo Francisco Franco y apadrinados bajo la protección del general Ricardo Villalba Rubio. En Madrid se creó el Archivo Histórico de la Guardia de Hierro, concretamente en la localidad de Aravaca. Al mismo tiempo se levantó en Majadahonda el monumento a Ion Mota y Vasile Marin, los dos legionarios de la Guardia de Hierro que murieron en la Guerra Civil Española, donde cada 13 de Enero los exiliados rumanos se reunían en el lugar para rendirles homenaje. Falange Española, movimiento que se decía amigo de la Guardia de Hierro colaboró durante y después del Franquismo con los legionarios rumanos; los cuales, mostrándose entusiastas con los falangistas y su fallecido José Antonio Primo de Rivera, no eran muy simpatizantes de Franco, pues en su ideología no concebían un Estado dirigido por militares y nobles, aunque a pesar de todo, las relaciones con las autoridades franquistas y del Ejército Español fueron siempre buenas.

Nicolae Ceacescu, el dirigente comunista rumano que más éxito económico tuvo, pero que luego acabó con el país marchándosele de las manos.

Si era buena la vida de los rumanos en el exilio que no podían volver a su país, la vida en Rumanía no podía decirse que fuera envidiable. Una vez cayera el Rey en 1947, un nuevo dirigente del Partido Comunista llegó al poder, Gheorghe Gheorghiu, que eliminó a lo poco que quedaba de la oposición. Un total de 6.000 oficiales que habían ayudado a la URSS a combatir contra Alemania fueron purgados, todos los partidos políticos se prohibieron y sus miembros detenidos a excepción de los del Partido Comunista Rumano. También se hicieron deportaciones en masa a Siberia y millares de personas fueron ejecutadas, incluido el opositor Iuliu Maniu y curiosamente también los socialdemocrátas. En 1965, tras la muerte de Georghiu, llegaría al poder en Rumania un nuevo comunista llamado Nicolae Ceaucescu que gobernó junto a su mujer Elena Ceaucescu durante más de 20 años. Bajo el Gobierno de Ceacescu, morirían cerca de 1 millón de ciudadanos rumanos debido a las hambrunas que asolaron el país y a la represión más sangrienta vivida hasta la fecha.

Monumento a Ion Mota y Vasile Marín, construido en Majadahonda, España, durante la Era Franquista.

Con la muerte de Ceaucescu en 1989 tras una rebelión popular del pueblo rumano y del propio ejército, Rumanía se encaminó a la democracia. La nueva democracia rumana implantada en los años 90 del siglo XX, a diferencia de las anteriores, aceptó a todas las fuerzas políticas sin perseguirlas. Así es como volvió la Guardia de Hierro a Rumanía, aunque esta vez bajo el nombre de Noua Dreapta. Por fin Horia Sima pudo ver cumplido su sueño y el del difunto Codreanu de una Rumanía libre de monarcas y comunistas. Lleno de felicidad, el anciano Sima murió el 25 de Mayo de 1993.

Ion Antonescu había dicho “la Historia me juzgará” y así fué, declarado criminal de guerra por su golpe de Estado contra los legionarios y las matanzas llevadas a cabo contra judíos y eslavos durante la guerra; el Rey Carol II se llevó la peor impresión histórica por parte de sus ciudadanos; su hijo Mihal I quedó como el mayor traidor nacional; y el comunista Nicolae Ceaucescu, el más grande criminal contra los derechos humanos en la vida de Rumanía, se convirtió en la figura más odiada de la civilización rumana. Sólamente la Guardia de Hierro quedó libre de cualquier acusación, libre como sus legionarios, ayudando siempre a su pueblo, ya fuera desde el interior de los bosques y colinas rumanas o desde el exilio, junto a otros valientes ciudadanos de todo tipo de ideologías que jamás callaron el grito de ” ¡Viva Rumanía!”.

 

Bibliografía:

Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano. “La tragedia de Rumania, la tragedia del exilio”, García Hispán Editor (1997), p.253-256