El Deporte

 

Una de las principales formas para la difusión de la cultura fascista fue mediante actividades y eventos deportivos que se convirtieron en un instrumento de unificación social.

Tanto la escuela como las organizaciones juveniles dieron la mayor de las importancias a la educación física y actividades deportivas. Los Balilla italianos, niños y adolescentes del país a los que se adoctrinó siguiendo una preparación física muy minuciosa, junto a los Grupos Universitarios Fascistas (GUF), fueron encuadrados en las Lictorales del Deporte, aparato deportivo en el cual el cuerpo masculino adoptaba mediante ejercicios una manifestación de la virilidad.

Comienzo de la final del mundial de fútbol de Brasil en 1934. Jugaron Italia y Checoslovaquia. La copa del mundo se la llevó la Italia Fascista.

Benito Mussolini fue la personalidad del fascismo que más predicó con el ejemplo, pues era un fanático deportista y quería que los italianos lo imitasen, por ello mostraba su vida deportiva diaria mediante la prensa y la radio. El Duce se levantaba a las 7:00 de la mañana, se bañaba en agua fría, bebía un vaso de leche y hacía una hora de equitación, luego practicaba otros deportes como la natación, la esgrima, montaba a caballo, conducía por las carreteras que el mismo inauguraba coches de carreras, motocicletas o pilotaba aeroplanos. Las revistas lo mostraban siempre como un el “primer deportista de Italia”, haciendo gala del torso desnudo y sus músculos conseguidos a base de ejercicio físico. El propio Duce también obligó a todos los cargos del Partido Nacional Fascista a practicar un deporte para predicasen ejemplo al igual que él, siendo los más valorados el salto al potro y ejercicios con aros de gimnasia.

Las competiciones deportivas cobraron una impotancia política y social enorme. Para difundir esa cultura deportiva apareció en 1928 la revista Lo Sport Fascista. La comparación de los vencedores fascistas en el deporte sobre otras disciplinas dió la razón al fascismo, pues eso hizo ver que aquella ideología aportaba al mundo mejores hombres que otros. El deporte se convirtió en un evento nacional y en el exterior Italia alcanzó también un elevado prestigio internacional.

Gino Bartali, italiano y ganador del Tour de Francia en 1940. Otra victoria deportiva del fascismo.

El fascismo hizo ver la superioridad del pueblo italiano en la gran mayoría de los deportes que se practicaban alrededor del mundo. Italia venció los mundiales de fútbol de 1934 y 1938 que magnificó la prensa radiofónica gracias al entrenamiento fascista cuidadosamente estudiado por su entrenador Vottorio Pozzo y sus jugadores. Gino Bartali fue ganador del premio ciclista del Tour de Francia de 1940. En el ámbito del boxeo de los pesos pesados el italiano Primo Carnera ganó el título mundial en 1933.

Todos los acontecimientos deportivos fueron seguidos por el pueblo italiano con gran interés. Los ciudadanos cada vez tenía más ganas de practicar deporte y convertirse en un auténticos atletas romanos. Por toda Italia se levantaron estadios de todo clase de deportes, especialmente de fútbol por los que había gran afición, el propio Benito Mussolini era un fanático del equipo del Lazzio. El estadio arquitéctonico más monumental y famoso fue el de Florencia. Pero no sólamente se levantaron estadios de fútbol, sino también circos romanos o lugares de juegos deportivos de la Antigua Roma.

Propaganda fascista del extinguido deporte del Calcio. El fascismo recuperó esta tradición.

Hubo una reaparición histórica de deportes nacionales extinguidos como el “calcio”, que es le antecedente del fútbol, el “volata” o el “rigore”. El deporte del calcio volvió a hacerse tan popular en Italia como lo había sido en la época de los Medici en Florencia. Consistía en un juego de 27 jugadores de equipo sobre una plaza pública, en la que 22 jugadores y 5 porteros tenían la misión de meter goles con una pelota en la portería contraria con el tamaño de una inmensa pared.

Pero sin duda la manifestación deportiva internacional más grande a la que se sometió Italia fueron las Olimpiadas. En los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1932, Estados Unidos, Italia quedó en segundo puesto con 36 medallas, entre estas 12 de oro, 12 de plata y 12 de bronce. Cuatro años después en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, tanto el nacionalsocialismo alemán como el fascismo italiano hicieron buena gala de sus dotes físicas ante el mundo al quedar Italia en tercer puesto por detrás de Alemania y Estados Unidos, ganando 22 medallas, entre las cuales 8 eran de oro, 9 de plata y 5 bronce.

 

Bibliografía:

Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo. “El Deporte y el culto a la Fuerza Física”, Susaeta, (2003), p.106-108
Xavier Valls Torner, El culto al Duce, Revista Historia y Vida Nº528 (2012), p.74-75