Colaboracionismo del Cáucaso

Las montañas del Cáucaso constituyeron un campo de batalla durante la Segunda Guerra Mundial cuando el Ejército Alemán irrumpió en la región a mediados de 1942 después de poner en marcha la “Operación Edelweiss”. Aunque el objetivo del Tercer Reich era apoderarse de los campos petrolíferos de Bakú, Maikop y Grozny con la única finalidad de equilibrar la balanza económica a su favor y privar de tales yacimientos a la Unión Soviética, al no poseer ninguna intención colonizadora en el lugar se apoyó activamente en el nacionalismo local y el anticomunismo imperante de las etnias caucásicas como las de Chechenia o Ingusetia, así como en los movimientos independentistas de Georgia, Armenia y Azerbayán.

Preludio

Geográficamente el Cáucaso estaba enclavado entre el Mar Negro y el Mar Caspio, colindando al norte con Rusia y al sur con Oriente Medio sobre la denominada “placa euroasiática” que separaba ambos continentes mediante un término conocido como la “Eurasia”. A los dos lados de la cordillera, cuya montaña más alta era el Monte Elbrus con 5.642 metros de altura, la región septentrional articulada en la Ciscaucasia incluía a las provincias de Chechenia, Ingusetia, Karachai, Kabardia, Balkaria, Daguesthán, Calmucia, Nogai, Osetia del Norte, Chekesia, Circasia, Adigheya y Kubán, mientras que la región meridional organizada en la Transcaucasia incluía a Georgia, Armenia, Azerbayán, Abjasia, Adjaria y Osetia del Sur.

El Cáucaso fue uno de los “avisperos” de la Eurasia al estar habitado por 20 nacionalidades distintas y hablarse 70 lenguas diferentes, sin contar las diferentes confesiones religiosas que iban de musulmanes sunís y chiís, a cristianos ortodoxos y armenios, e incluso budistas de la rama tibetana. Los principales pueblos indígenas eran los georgianos, adygués, abjasios, chechenos, ingusetios, circasianos, ubyjs, bats, lezguis, ávaros, andilaks, darwas, archis, aghuls, tsahurs, lazs, megrelios, svans, ghodoberis, abazos, meljesitios y tats; seguidos por los habitantes de origen altaico o turco-asiático como los calmucos, azerís, daghestanos, kumykos, karachis, kabardos, cherkeses, balkares, nogais y turcos; así como los de origen iranio contando armenios, osetios, kurdos, kurmandys, domaris, talysh y persas; los colonizadores eslavos de procedencia rusa, ucraniana, bielorrusa y siberiana; y los inmigrantes alemanes, griegos, búlgaros y judíos.

Mapa de los pueblos y etnias del Cáucaso.

Históricamente el Cáucaso había sido disputado desde la Antigüedad por grandes civilizaciones como el Imperio Aqueménida, el Imperio Macedonio o el Imperio Romano, llegando a existir en la Edad Media estados muy poderosos y de considerable peso en el exterior como fue el caso del viejo Reino de Armenia o posteriormente el Reino de Georgia. A partir de la Edad Moderna el Imperio Otomano ejerció su influencia y también en menor medida el Imperio Persa, por lo menos hasta que en los siglos XVIII y XIX se apropió de la cordillera el Imperio Ruso tras sus sucesivas victorias en las Guerras Ruso-Persas y las Guerras Ruso-Turcas. Una vez la Eurasia pasó a estar en manos de Rusia, el régimen zarista llevó a cabo una política de colonización librando continuas guerras contra los caucásicos, sobretodo contra guerrilleros chechenos e inguches, desplazando a sus habitantes y estableciendo inmigrantes eslavos de origen ruso y ucraniano, algo que desgraciadamente a largo plazo generó una tensión interétnica que acabaría explotando en el siglo XX.

La Primera Guerra Mundial de 1914 y la Revolución Bolchevique de 1917 derivó en la desintegración del Imperio Ruso sobre el Cáucaso, proliferando infinidad de movimientos separatistas que se alzaron en armas contra la Rusia Bolchevique y la Rusia Blanca que en aquellos momentos libraran la Guerra Civil Rusa, e incluso adhiriéndose a los Imperios Centrales para obtener el reconocimiento de dos potencias importantes como Alemania y Turquía, tal y como hicieron al declarar su independencia en 1918 la República de Georgia, la República de Azerbayán y la República Montañesa del Cáucaso Norte (básicamente Chechenia, Ingusetia, Daghestán…), así como también la República de Armenia que se unió al bando de los Aliados conformado por Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. Lamentablemente entre los años 1920 y 1921, nada más materializarse el triunfo de la Rusia Soviética contra el Ejército Blanco, las tropas del Ejército Rojo invadieron el Cáucaso sometiendo primero a la Ciscaucasia y luego a la Transcaucasia, donde instauraron regímenes comunistas en las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Georgia, Armenia y Azerbayán que pasaron a quedar bajo la órbita de la URSS, con las consiguientes represiones llevadas a cabo por Iósif Stalin durante las décadas de 1920 y 1930.

Comenzada la Segunda Guerra Mundial, el Cáucaso nunca formó parte del “espacio vital” o “Lebensraum” defendido por el pensamiento nacionalsocialista de Adolf Hitler, aunque el Führer sí consideraba que la región tenía que entrar dentro de su esfera de influencia diplomática y económica, básicamente por su ubicación estratégica y sobretodo por los campos petrolíferos de Maikop, Grozny, Bakú y el Mar Caspio. Así fue como a diferencia de otros países sometidos al comunismo como Rusia, Bielorrusia o Ucrania, donde las tropas alemanas se comportarían de una manera brutal y no fueron capaces de reconocer a los fuertes movimientos secesionistas existentes que podían haber luchado del lado del Eje, en el caso de Cordillera Caucásica optaron por llevar a cabo una política completamente distinta y presentarse como los libertadores de la odiada Unión Soviética.

Relaciones Germano-Caucásicas

Al comenzar la “Operación Barbarroja” contra la URSS en 1941, el plan elaborado por el Ministro de los Territorios Ocupados del Este, Alfred Rosenberg, fijó que en cuanto las tropas alemanas irrumpiesen en el Cáucaso debían comportarse de manera correcta contra la población civil, mayoritariamente musulmana y de razas no eslavas, a diferencia de en otras zonas conquistadas como por ejemplo el oeste de Rusia, donde se aplicó una política de colonización según los cánones del “Lebensraum”. A raíz de esta serie de directrices las autoridades alemanas ya establecieron aquel año 1941 infinidad de contactos con las élites locales sureñas de la Transcaucasia como Georgia, Armenia y Azerbayán, así como de las norteñas de Ciscaucasia entre las que estaban provincias como Karachai, Kabardia, Balkaria, Daguesthán, Calmucia, Nogai, Osetia, Chekesia y Adigheya.

Georgia era el país más pro-alemán del Cáucaso después de su alianza con el Segundo Reich del Káiser Guillermo II durante la Primera Guerra Mundial en el año 1918. Aquel histórico “Eje Berlín-Tblisi” favoreció la colaboración de los georgianos en el exilio a través de la Liga Prometeo que operaba en Polonia, pero también del Partido de los Nacional Demócratas que encabezaba el general Giorgi Kvinitadze en Berlín y más tarde de Alexander Nikuradze que desde Munich poseía muy buenas relaciones con las altas esferas del Partido Nacionalsocialista Alemán (NSDAP) e incluso con Karl Haushofer, el orientalista favorito del Führer.

Bandera de Georgia (izquierda), Armenia (centro) y Azerbayán (derecha) al momento de su independencia durante la Primera Guerra Mundial.

Azerbayán era la otra gran apuesta del Tercer Reich porque también durante la Gran Guerra los germanos fueron socios el Gobierno de Bakú en su lucha contra los Aliados. El movimiento independentista del Partido Mussavat que se encontraba exiliado en Turquía, precisamente otro país muy cercano al Gobierno de Berlín por su alianza contra Inglaterra entre 1914 y 1918, fue el que entabló un fructífero diálogo con el régimen nacionalsocialista a través del embajador Franz Von Papen, ya que los azerís descendientes de los turcos y seguidores de la ideología ultranacionalista del Presidente Mustafá Kemal Atatürk, prometieron su apoyo a la “cruzada antibolchevique” contra la URSS e incluso movilizaron a sus ciudadanos residentes en suelo germano como por ejemplo al escritor Mirza Bala que escribió un libro en alemán titulado Historia de la Nación Azerí (Milli Azerbayçan Hareketi), pero también adeptos en otros países como la comunidad de Trabriz en Irán.

Armenia era la nación más difícil para colaborar con Alemania como consecuencia de sus tratos con Turquía, un país que Adolf Hitler quería atraer al Eje, precisamente cuando en la Primera Guerra Mundial los turcos había sido artífices del Genocidio Armenio que dejó más de un millón de muertos. A pesar de las dificultades para entablar relaciones con los armenios, lo cierto fue que al final se produjeron primero con algunos nacionalistas del Partido “Dachnak” que viajaron desde su exilio en Egipto y luego con la comunidad de inmigrantes en el Tercer Reich que se articulaban en la Sociedad Germano-Armenia al frente del profesor Paul Rohrbach. Gracias a estos contactos pronto se sumaron numerosos residentes en Bulgaria del Movimiento Asatamartakan dirigido general Ter-Charutjunjan “Nejdeh”, e incluso el Servicio de Información Alemán (Abwehr) reclutó en sus filas al famoso general Dramastamat Kanajan, alias “Dro”.

La Ciscaucasia a diferencia de los tres países de la Transcaucasia no tenía representantes ni en el Tercer Reich ni en ningún otra parte de Europa, aunque lo cierto era que ya existía un movimiento insurgente previo desde el estallido de la Guerra de Invierno entre la URSS y Finlandia en 1940 que operaba al norte del Cáucaso promoviendo la llamada “Guerra de Liberación de los Ingusetios y Chechenos” al frente del líder partisano Khasan Israilov. Esta rebelión armada que básicamente se concentró en las cordilleras montañosas de Chechenia e Ingusetia, llegó a oídos de los alemanes a través de los prisioneros musulmanes capturados en las primeras fases de la “Operación Barbarroja”.

Errores de 1941

Con el inicio de la “Operación Barbarroja” en Junio de 1941, el Ejército Alemán comenzó los preparativos para poner en marcha la “Operación Tamara” consistente en propiciar levantamientos armados en el Cáucaso y sobretodo en Georgia. Así nació la Organización Tamara compuesta por 100 georgianos residentes en Rumanía que muy pronto se encuadró en la 800ª Compañía de Instrucción y Construcción Especial “Brandenburgo”, dividiéndose en el Grupo Tamara I con 16 voluntarios y en el Grupo Tamara II con otros 80. No obstante y contra todo lo previsto por los invasores, la misión tuvo que ser abortada cuando al cabo de cinco semanas de su formación, en Agosto, las tropas alemanas seguían operando en Ucrania y por tanto en un teatro muy distante de las fronteras del Cáucaso.

La actitud del Ejército Alemán durante el inicio de la “Operación Barbarroja” fue determinante para que los nacionalistas del Cáucaso interrumpiesen en el futuro muchos de los tratos que previamente habían contraído con el Tercer Reich. La razón de tal fracaso fue que de los más 3 millones de prisioneros hechos al Ejército Rojo en el año 1941, la mayoría perecerían en terribles “marchas de la muerte” en dirección a Alemania o bien en campos de concentración. Curiosamente entre las víctimas mortales hubo medio millón de combatientes caucásicos, incluyendo con éstos 100.000 azerís, quienes al vestir uniforme soviético fueron tratados como eslavos, básicamente por mera negligencia al no separárseles de los demás o simplemente por el caos vivido al principio de la invasión a URSS.

El Ejército Alemán continuó persistiendo en su error hasta el 14 de Octubre de 1941 cuando el doctor Theodor Oberländer, un profesor especialista en el estudio de los pueblos bajo el yugo soviético que había sido consejero agrícola en las relaciones ruso-germanas durante la República de Weimar, puso el grito en el cielo acerca de lo que estaba pasando con los cautivos e informó de la grave equivocación al Estado Mayor Alemán. Fue entonces cuando por fin las autoridades tomaron cartas en el asunto y se segregó de los eslavos a los caucásicos para darles un trato mucho más humano e incluso en algunos casos ponerles directamente en libertad. De tal cometido se encargó el general Ernst-August Köstring buscando voluntarios entre los campos de prisioneros e incluso entre los residentes en países europeos como Francia. Sin embargo y pese a los esfuerzos, ya era demasiado tarde para enmendar lo ocurrido porque a raíz de la traumática experiencia vivida a manos de los invasores, muchos de los 300.000 ciscaucásicos, georgianos, azerís y armenios que estaban en campos de prisioneros del Eje se negaron a apoyar la causa de Alemania.

Como medida para resolver muchos de los errores cometidos en la “Operación Barbarroja” de cara a la futura campaña en el Cáucaso, el doctor Theodor Oberländer redactó el Memorándum de Alemania y el Cáucaso que proponía tres puntos fundamentales: primero, una administración autónoma dirigida por líderes autóctonos de cada etnia caucásica; segundo, suprimir las comunas agrícolas soviéticas de los “koljozes” y reordenar a cada etnia con una agricultura y ganadería propias; y tercero, conceder a los nativos libertad cultural y religiosa. A estos tres puntos se le añadió un anexo consistente en que no se considerase a Georgia o Azerbayán como las naciones predominantes en la región como se había hecho en la Primera Guerra Mundial, sino también reconociendo con el mismo estatus a Armenia y las demás nacionalidades de la Ciscaucasia.

Turquía también se sumó a las tesis del doctor Theodor Oberländer desde la máxima discreción de su neutralidad porque pese a que el “kemalismo” había abandonado las tesis pantúrquicas de crear un “Gran Turkestán” en Oriente Medio y Asia Central, si al final los alemanes se acababan apoderando de la Eurasia y extendía su influencia a repúblicas soviéticas como Kazakhistán, Uzbekistán, Kirguizistán, Turkmenistán y Tayikistán, de repente 40 millones de personas de raza turca quedarían bajo la órbita del Tercer Reich. Así fue como en Ankara se reunió el Comité Panturco al frente del diputado nacionalista Sükrü Yenibache, el profesor de historia Zeki Velidi Togan, el diplomático Sevkek Esendal que era embajador en Afganistán y Nuri Pachá quién era hermano del difunto Enver Pachá que había sido responsable del Genocidio Armenio. Fruto de esta conferencia se envió una delegación conformada por el estudioso Hussein Erliket y Ali Fuad Erden, ex-jefe de la Academia del Estado Mayor del Ejército Turco, los cuales se reunieron con Adolf Hitler en Berlín y posteriormente hicieron una visita de inspección al Frente Oriental, para a continuación regresar a su país y llegar a la conclusión de que en caso de materializarse la desintegración de la URSS las tropas turcas debían tomar parte en la campaña para asegurarse su parte del pastel apoderándose de las antiguas zonas otomanas de la Transcaucasia, Crimea y el este del Mar Caspio.

Colaboración, 1941-1942

Superados los obstáculos respecto al Memorándum de Alemania y el Cáucaso, el 18 de Octubre de 1941 se fundó Organización Tiger B (Abwehr Unternehmen Tiger B) mediante la cual nacieron las “Legiones Orientales del Este” al mando del comandante Mayer Mader, uno de los asesores del Presidente Chiang Kai-Shek en la China Nacionalista de la década de 1930, quién dentro de la estructura creó la Legión de Voluntarios Musulmanes del Cáucaso y del Turkestán para enrolar a voluntarios de la Ciscaucasia, la Transcaucasia, Asia Central y Turquía. Gracias a esta iniciativa se sentaron las bases para el surgimiento de la Legión Azerí, la Legión Georgiana, la Legión Armenia y la Legión Norcaucásica que con un equipo de 30 a 50 supervisores alemanes, sus componentes comenzaron a ser adistradas por el general orientalista Oskar Ritter Von Niedermayer en el Centro de Instrucción de Rembertow en Polonia adscrito a la 162ª División de Infantería. De hecho y de forma paralela se levantó contingente de comandos y saboteadores dentro de la llamada Unidad Especial “Bergmann”; además de organizarse con posterioridad el Cuerpo de Caballería Calmuco con budistas tibetanos de Calmucia e incluso el Escuadrón de Caballería Cosaco del Terek, más otras formaciones que en total sumaron los 90.000 caucásicos en 1942.

A nivel político en Abril de 1942 se celebró en el Tercer Reich la Gran Cumbre de todos los Pueblos sometidos por Rusia. A la reunión acudió el Conde Fritz-Dietlof Von der Schulenburg como representante de Alemania, Said Chamyl como representante de Chechenia (quién era nieto del histórico héroe checheno Imán Chamyl del siglo XIX), Emin Resulzade y el doctor Vekili Sultanov como representantes del Partido Mussavat de Azerbayán, el Príncipe Irakli Bagration como representante de Georgia y Girei Dzabagi como representante de Ingusetia. Según lo acordado en la conferencia, en cuanto las divisiones Panzer del Ejército Alemán entraran en el Cáucaso como se tenía previsto aquel año 1942, se otorgaría la independencia a todos los pueblos de la cordillera desde las costas del Mar Negro al Mar Caspio.

Soldados de la Legión Georgiana.

Simultáneamente en el interior el Cáucaso se contó con la importante ayuda de la insurgencia presente en Chechenia e Ingusetia que encabezaban los líderes musulmanes Khasan Israilov y Mairbek Sheripov. Esta formación guerrillera con más de 5.000 partisanos en sus filas se convirtió en un auténtico incordio para el Ejército Rojo debido a que los islámicos lograron expulsar a las tropas soviéticas y arrebatarlas la de ciudad chechena Barjoz, lo que obligó a la URSS a movilizar a los soldados de la 24ª División de Fusileros y a los cadetes de la Escuela de Infantería de Grozny, los cuales sin apenas experiencia en combate retomaron la localidad a costa de muchas bajas. Lamentablemente para los rusos, como la invasión alemana era inminente los guerrilleros se multiplicaron a 25.000 y se extendieron a Balkaria, Kabardia, Cherkesia, Karachai y Daguestán, sin contar con que surgieron varias células armadas a las afueras de Tblisi en Georgia y de Bakú en Azerbayán, además de producirse pequeños levantamientos en determinadas comarcas rurales de Armenia y Abjasia.

La invasión del Cáucaso prevista para el verano de 1942 fue denominada “Operación Edelweiss” y se incluyó dentro de la “Operación Azul” que el Grupo de Ejércitos Sur desencadenaría contra la cordillera y el sur de Rusia hacia Stalingrado. La misión estaría fundamentalmente encomendada al Grupo de Ejércitos A del mariscal Wilhelm List que con el I Ejercito Panzer avanzaría paralelo al Mar Caspio en dirección a los campos petrolíferos de Bakú y con el XVII Ejército en paralelo al Mar Negro para alcanzar la frontera con Turquía. A estas fuerzas las acompañarían los 90.000 caucásicos reclutados con anterioridad o durante el desarrollo de la batalla, más otras unidades del Eje procedentes de Rumanía, Eslovaquia y Finlandia, así como la Legión Turcomana con voluntarios turcos del Asia Central y la Legión Árabe con combatientes panarabistas de Oriente Medio, algo que sin duda otorgaría un carácter multinacional a la campaña para favorecer la insurrección de las etnias nativas y proseguir posteriormente hacia el sur con la intención de sumar a los turcos a la contienda e invadir en Próximo Oriente, esto último en conjunción con las divisiones del Afrika Korps que subirían desde Egipto y de un posible desembarco de Japón en el Golfo Pérsico dentro del marco del denominado “Plan Orient”.

A finales de Julio de 1942 se hicieron los preparativos finales para la “Operación Edelweiss” en los que participó activamente el general Oskar Ritter Von Niedermayer y Alfred Rosenberg en calidad de Ministro de los Territorios Ocupados del Este para gestionar todos los asuntos relacionados con las etnias locales del Cáucaso y propiciar los levantamientos armados dentro del seno del Ejército Rojo. Ambos establecieron que los alemanes no se harían cargo de la administración local en la Ciscaucasia para ceder el poder a las élites nativas de Chechenia, Ingusetia, etcétera; salvo en el caso de la Transcaucasia, donde trasladarían a los líderes georgianos, azerís o armenios exiliados para tomar las riendas del poder. De hecho y para evitar problemas se prohibió a los soldados germanos cualquier tipo de abuso hacia la población caucásica bajo la pena de muerte y se fijó que en todos los documentos oficiales figurase una semántica amistosa con los términos de “Libertad”, “Independencia” y “Colaboración”.

Campaña del Cáucaso, 1942-1943

El 1 de Agosto de 1942 comenzó la “Operación Edelweiss” cuando el Grupo de Ejércitos A de las potencias del Eje entró en el Cáucaso cruzando el Río Don, considerado por los alemanes como la frontera natural entre Asia y Europa. Acto seguido las divisiones Panzer irrumpieron en la Ciscaucasia para tomar la ciudad de Stavropol y al poco tiempo apoderarse de los pozos petrolíferos de Maikop que cayeron con ayuda de paracaidistas norcaucásicos, exactamente igual que los de Neftagorsk en Adygheya, estos últimos con las refinerías intactas gracias a un asalto conjunto de rebeldes balkares, kabardos, cherkeses, ingusetios, osetios, chechenos y karachais. A las dos semanas, el 12, los germanos entraron triunfales en la región de Calmucia, donde fueron recibidos jubilosamente por los calmucos de origen tibetano al liberar la ciudad de Elista. Al día siguiente, la jornada del 13, en la región cosaca del Kubán los hombres de la Wehrmacht ocuparon la capital de Krasnodar; antes de adentrarse en las altas cumbres nevadas de la Cordillera Caucásica, en cuyo avance sobre Chechenia un grupo de cazadores de montaña “gebirgsjäger” izó la bandera de la esvástica sobre el Monte Elbrus.

Soldados de la Legión Norcaucásica en la campaña del Cáucaso.

A medida que transcurría la “Guerra Relámpago” o “Blitzkrieg” sobre el Cáucaso, los voluntarios caucásicos que servían en el Ejército Alemán provocaron miles de deserciones al Ejército Rojo con tácticas como cantos corales o recitales del folklor popular que aprovechando el eco de las montañas podían ser escuchadas por sus compatriotas de la trinchera enemiga. Gracias a estos métodos y a los salvoconductos arrojados tras las líneas enemigas por los aviones de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe), los éxitos fueron espectaculares porque por ejemplo en el caso de los georgianos se cambiaron de bando en dos oleadas sucesivas un primer grupo de 800 hombres y luego una batería de artillería hasta contabilizarse 1.326 desertores; mientras que en el caso de los azerís un batallón entero de la 77ª División de Fusileros se unió al Eje. Como consecuencia de estas rebeliones el propio Iósif Stalin tuvo que retirar a las divisiones compuestas por caucásicos o directamente licenciarles, abriendo con ello importantes huecos sobre la línea de frente de la Ciscaucasia.

Con la conquista de los puertos de Novorossisyk y Tuapse en el Mar Negro el 11 de Septiembre de 1942, así como la expansión sobre el Río Terek en Chechenia, el Ejército Alemán alcanzó su máximo récord de avance en la Unión Soviética tras alcanzar el Paralelo 44º y las afueras de la Fortaleza de Vladikavkaz el día 25. A partir de entonces el Eje dominaba un territorio autónomo del Cáucaso que se extendía desde la Carretera Militar de Georgia sobre Abjasia al norte de la Transcaucasia, para extenderse de oeste a este por la Ciscaucasia sobre Osetia, Ingusetia, Chechenia, Daghestán y Calmucia, las cuales pasaron a integrarse provisionalmente dentro del Comisariado del Cáucaso (Reichkommissariat Kaukasus) al mando del general Arno Schickedanz.

Durante el otoño de 1942 el Frente Oriental se estancó en el Cáucaso debido a que las fuerzas del Eje relantizaron su avance sobre los puntos de penetración en Chechenia, Ingusetia y Georgia, aunque no por ello los caucásicos que servían bajo el pabellón de la esvástica dejaron de protagonizar increíbles gestas como la heroica defensa de Semgala por parte de la Legión Armenia y la Legión Azerí, la fiera lucha de la Legión Norcaucásica en el Canal de Lenin, los violentos combates de la Legión Georgiana en Chazydon o el asalto fallido de la Unidad Especial “Bergmann” contra Grozny. Obviamente también en la retaguardia se vertió sangre porque solamente en Azerbayán el régimen comunista deportó a 30.000 azerís a los gulags de Siberia y en la aldea de Verchnij Cegem un total de 100 habitantes ciscaucásicos, la mayoría mujeres y niños, fueron asesinados por el Ejército Rojo.

Fiesta organizada por miembros de la Legión Armenia.

Al producirse la derrota del Eje en la Batalla de Stalingrado en Febrero de 1942, el Estado Mayor Alemán (OKW) canceló la “Operación Edelweiss” y ordenó la retirada total del Grupo de Ejércitos A del Cáucaso. Aquel acontecimiento que implicó la huida de miles de soldados alemanes, rumanos o eslovacos, estuvo acompañado por un éxodo de cientos de miles de voluntarios y civiles caucásicos que emprendieron la huida de una más que seguras represalia por parte del Ejército Rojo. A pesar de que muchos georgianos, azerís, armenios y norcaucásicos todavía llevaron a cabo acciones defensivas de importancia, sobretodo en el Río Terek y en la denominada “Cabeza del Puente del Kubán”, la mayoría no tuvieron más remedio que refugiarse al sur de Ucrania o en la Península de Crimea. Respecto a la guerrilla de chechenos e ingusetios que había contado con la ayuda de 40 paracaidistas germanos, los musulmanes continuaron causando estragos entre las tropas soviéticas e incluso matando al general ruso Vasily Khomenko, hasta acosados por miles de enemigos en las montañas fueron completamente aniquilados por parte de las escuadras de la Policía Estatal Soviética (NKVD), contabilizándose entre las víctimas mortales los líderes Khasan Israilov y Mairbek Sheripov.

Estados Autónomos del Cáucaso, 1942-1943

El período en el que Cáucaso permaneció ocupado por las potencias del Eje bajo la tutela del Tercer Reich, surgieron una serie de administraciones locales basadas fundamentalmente en un determinado pueblo o etnia que no dudaron en proclamar su autonomía e independencia de la Unión Soviética con tal de ser reconocidos internacionalmente por Alemania. Las mas destacados entre los años 1942 y 1943 fueron las que se organizaron en Karachai, Kabardino-Balkaria, Cherkesia y Calmucia, entre otras más pequeñas en la Ciscaucasia e incluso en el norte de Georgia.

Karachai se sublevó inesperadamente en el otoño de 1942 por un grupo armado al mando del cabecilla nacionalista Madzhir Kochkarov, cuyos guerreros se apoderaron de la capital de Mikoyan-Shaskar y expulsaron a la guarnición del Ejército Rojo, estableciendo un gobierno provisional al frente del Comité Nacional Karachai que lideró el Presidente Kadi Bairamukov. Obviamente en cuanto el Ejército Alemán entró en la ciudad, los mandos germanos reconocieron la administración local y transfirieron los poderes de la gestión a los nativos el 8 de Noviembre durante una ceremonia en la que curiosamente fue aupado en hombros y vitoreado por la ciudadanía el general Ernst-August Köstring. Gracias a esta actitud por parte de las tropas del Eje, jamás existió ningún tipo de movimiento partisano o de hostilidad en aquella región del Cáucaso.

Kabardino-Balkaria fue liberada por el Ejército Alemán en Octubre de 1942 bajo una administración que unificó las dos nacionalidades de Kabardia y Balkaria siguiendo el ejemplo del Imperio Austro-Húngaro en el siglo XIX. Inmediatamente a esta independencia se proclamó un gobierno provisional en la capital de Nalchik que dirigió el Presidente Selim Shadov, quién contó con una voluminosa administración con sus carteras de, justicia, economía, cultura, etc. Oficialmente la adhesión de este diminuto “proyecto de Estado” al Eje se realizó el 18 de Diciembre de 1942 cuando Alemania lo reconoció como aliado y el mariscal Ewald Von Kleist regaló varios libros del Corán a los altos funcionarios kabardos y balkares. Desde entonces la región se mantuvo pacífica y tranquila durante los restantes 65 días de su existencia hasta que el Ejército Rojo la volvió a invadir a principios de 1943.

Mapa militar y político del Cáucaso durante la Operación Edelweiss.

Cherkesia fue un caso particular porque al ser ocupada por el Ejército Alemán la población se hallaba racialmente dividida entre los musulmanes cherkeses y los eslavos traídos durante la política de colonización tanto de la Rusia Zarista como de la Unión Soviética. Fue así como los alemanes instauraron una administración dual dirigida por cherkeses en las zonas islámicas y por los rusos locales en las zonas eslavas, dándose la particularidad de que no existió ninguna guerrilla soviética en las regiones bajo control cherkés, peró sí en las que estuvieron bajo control ruso, posiblemente porque la minoría eslava no se fiaba de los germanos después de la brutal política que el Tercer Reich estaba aplicando en Ucrania y Bielorrusia.

Calmucia era la única provincia budista del Cáucaso con habitantes asiáticos procedentes del Tíbet que nada más ser liberada por los soldados del Ejército Alemán, éstos se sorprendieron de ver como cientos de personas con rasgos chinos salían de sus viviendas y pagodas a recibirles jubilosamente tras su triunfal entrada en la capital de Elista. Como apenas en Alemania se tenía constancia de la existencia de este pueblo, se tuvo que recurrir al único intérprete de tibetano en el Tercer Reich, el coronel Otto Doll, quién reconoció a las élites locales como representante del Gobierno de Berlín, devolvió las tierras arrebatadas por los rusos a sus legítimos dueños, autorizó a los lamas reabrir sus templos y contribuyó a la difusión del periódico local Kamyckij Boec (Soldado Calmuco). Al mismo tiempo se levantó el Cuerpo Caballería Calmuco compuesto por más de 5.000 jinetes y monturas que tuvieron una participación clave en la campaña de la Ciscaucasia porque aniquilaron a más de la mitad del movimiento partisano comunista en la región, pacificando de este modo la retaguardia a las fuerzas del Eje.

En mucha menor medida existieron otras zonas de la Ciscaucasia en las que también se fijaron políticas colaborativas con el Eje y se impusieron administraciones locales, pero de bastante menos peso porque nunca llegaron a ser liberadas del todo por el Ejército Alemán, como por ejemplo fue el caso de determinadas comarcas de Chechenia, Ingusetia, Osetia y Daghestán. Respecto a la Transcaucasia las tropas alemanas sólo alcanzaron determinadas porciones de Georgia y Abjasia, donde establecieron contacto con la población nativa y establecieron algunos comités de carácter provisional, incluyendo la formación de una alcaldía a las afueras de la ciudad de Sujumi.

Caucásicos en la II Guerra Mundial, 1943-1945

Con la expulsión de las fuerzas del Eje en el Cáucaso, Iósif Stalin ordenó llevar a cabo un castigo ejemplar contra las etnias autóctonas sin hacer distinciones independientemente de que los ciudadanos hubiesen colaborado o no con los alemanes, ya que declaró a todos los pueblos caucásicos en su conjunto como “poblaciones colectivamente culpables”. Así fue como se procedió al Genocidio Checheno, también conocido como “Aardakh”, porque 170.000 habitantes de Chechenia fueron asesinados, se deportó a campos de concentración a otros 400.000 y se quemó vivas a 700 personas en la Matanza de Kaibakh. Al mismo tiempo la represión se llevó al resto de nacionalidades porque en Ingusetia se mataron a 23.000 y se deportaron a 60.000, en Karachai a 19.000 y 60.000 respectivamente, en el Kurdistán Caucásico a 19.000 y 94.000, en Calmucia a 16.000 y 93.000, en Meljesetia a 15.000 y 115.000, y en Balkaria a 11.000 y 40.000, así como en menor medida a 2.000 individuos de Kabardia y numerosos miembros de las tribus de los lazes y jemshines, así como a un buen puñado de emigrantes de origen judío, griego o alemán.

El genocidio cometido por la Unión Soviética contra los pueblos del Cáucaso entre 1943 y 1944 provocó que todos aquellos que habían huido junto al Ejército Alemán hacia Crimea y el sur de Ucrania, fuesen reubicados en Europa para continuar librando de diferentes maneras su particular “cruzada contra el comunismo”. Así fue como muchos siguieron combatiendo al Ejército Rojo como la Legión Norcaucásica en las costas del Mar de Azov y el Río Dniéper, así como el Cuerpo de Caballería Calmuco que aniquiló a prácticamente todos los partisanos soviéticos del Bosque de Bilgoraj en Bielorrusia. También otras unidades se enfrentaron en diversos puntos de la geografía europea a las diferentes guerrillas marxistas como la Unidad Especial “Bergmann” en Grecia y Macedonia, o las fuerzas de los transcaucásicos a los “maquis” en Francia. De hecho al producirse el desembarco de Normandía, los voluntarios pelearon sobre territorio francés contra los Aliados Occidentales como la Legión Georgiana al Ejército Estadounidense en la Batalla de Cherburgo, la Legión Norcaucásica en el asedio de Brest o un destacamento de 180 fusileros de la Legión Armenia que después de atrincherarse en plena “Operación Dragoon” sobre Provenza en el Hotel Golf de Hières causaron bajas muy elevadas a los atacantes de la 1ª División Blindada Francesa Libre.

Soldado de la Legión Azerí.

Las Waffen-SS se hicieron con el dominio de los voluntarios del Cáucaso a partir de mediados de 1944 poco después de concluir la “Operación Bagration” con la que el Ejército Rojo destruyó al Grupo de Ejércitos Centro sobre Bielorrusia, incluyendo a la mitad del Cuerpo de Caballería Calmuco que se refugió en Polonia. Así fue como se disolvieron a las anteriores legiones para crearse el Grupo SS Georgiano y el Grupo SS Norcaucásico que llevaron a cabo operaciones antiguerrilleras contra los partisanos comunistas en Italia, el Grupo SS Armenio que hizo lo propio contra los insurrectos en Eslovenia y el Grupo SS Azerí, cuyos soldados se mostraron muy crueles contra la población civil en el Levantamiento de Varsovia debido a que ejecutaron a muchos de los resistentes polacos y violaron a numerosas mujeres, exactamente igual que hicieron en Cracovia y en Eslovaquia durante el Levantamiento Nacional Eslovaco.

A principios de 1945 era tan evidente que el Eje perdería la contienda que la Legión Georgiana protagonizó en Holanda el Motín de la Isla de Texel, donde los rebeldes se alzaron con la esperanza de contar con el favor del Ejército Canadiense y mataron a 812 soldados alemanes, aunque la negativa de los Aliados a intervenir conllevó al aplastamiento de la revuelta y a la consiguiente ejecución de 565 georgianos. Mientras tanto en las fronteras orientales de Alemania el Cuerpo de Caballería Calmuco libró feroces combates contra el Ejército Rojo en Kielce y Neuhammer hasta su completa aniquilación sobre Silesia, al mismo tiempo en que los últimos supervivientes del Grupo SS Azerí cayeron entre las ruinas de la capital durante la Batalla de Berlín. Respecto a la Unidad Especial “Bergmann” que se había retirado por Yugoslavia sin dejar de ser acosada por los partisanos del Mariscal Josip Tito, se refugió en Croacia para sumarse a las filas del Ejército Croata, siendo finalmente aplastada por los yugoslavos en Zagreb, tal y como les sucedió en Mayo al Grupo SS Armenio y al Grupo SS Norcaucásico que se rindieron a las tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña en el Río Elba y Austria.

Terminada la Segunda Guerra Mundial aquel 1945, continuó la pesadilla para las gentes del Cáucaso debido a las crueles represalias de los vencedores que se inauguraron con la ejecución de 800 caucásicos de la Unidad Especial “Bergmann” por parte de los partisanos comunistas en Yugoslavia. De igual manera los Aliados Occidentales que habían pactado con Iósif Stalin extraditarlos según la “Operación Keelhaul”, entregaron a los rusos a los primeros 80 captuados en Pisa y posteriormente a otras decenas de miles que hicieron prisioneros en Italia, Francia, Austria, Alemania u Holanda, siendo la mayoría de ellos fusilados o deportados a gulags de Siberia. Ni tan siquiera se salvaron 228 de supervivientes de la Legión Georgiana que se sublevaron en el Motín de la Isla de Texel, ya que fueron arrestados por las autoridades del Ejército Canadiense y cedidos en la frontera de Europa Oriental a las tropas de la Policía Estatal Soviética del NKVD, salvándose solamente unas pocas decenas que por suerte fueron escondidos en las casas de ex-combatientes de la Resistencia Holandesa.

El Cáucaso permaneció bajo el yunque de la Unión Soviética durante prácticamente cuatro décadas desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, aplicando el régimen estalinista trasvases de población eslava en detrimento de los musulmanes de las áreas norteñas, una política que remitió sólo con la muerte de Iósif Stalin en 1953. A partir de entonces la región volvió a repoblarse poco a poco con caucásicos hasta que tras la caída del comunismo y la disolución de la URSS en 1991, la Transcaucasia se separó completamente con la independencia de Georgia, Armenia y Azerbayán, mientras que la Ciscacasia continuó en manos de Rusia y por tanto con algunos conflictos armados como las Guerras de Chechenia y otras insurgencias que se prolongaron entre finales del siglo XX y principios del siglo XXI.

 

Bibliografía:

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-Carlos Caballero Jurado, Von Niedermayer y las Legiones Orientales de la Wehrmacht, Galland Books (2016), p.3-79
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