Fascistización del Arte

El arte fue el origen real del fascismo en Italia con todo el movimiento vanguardista y futurista que acompañó al nacionalismo imperante en el país durante y después de la Primera Guerra Mundial. Ante estos antecedentes no fue extraño que cuando Benito Mussolini se alzó en el poder al frente del Partido Nacional Fascista, las profesiones artísticas y la cultura el general se convirtieran en uno de los pilares fundamentales del régimen sobre todos los ámbitos, ya fuese en disciplinas como la pintura o la arquitectura, así como la escultura y la literatura que contribuyeron a la búsqueda del ansiado «Italiano Nuevo».

Desde el nacimiento de la Italia Fascista se ensalzó todo lo relacionado con el arte de las vanguardias y sobretodo con la corriente del futurismo defendido por los poetas Filippo Tommaso Marinetti y Gabriele D’Annunzio, este último el autor de la expedición de las tropas de choque «Arditi» a la Península de Fiume en Yugoslavia. A estas dos personalidades que fueron las más conocidas, también se adhrieron otros grandes de la cultura italiana como el novelista Mario Carli, el escultor Ferruchio Vecchi y el convencido futurista Giuseppe Bottai, quienes se convirtieron en punta de lanza para difundir el pensamiento de su movimiento artístico consistente en la exaltación de la juventud y la virilidad, la sensación de libertad, la ruptura con el pasado, la admiración por las máquinas y la tecnología, y la pasión por la aventura, el riesgo y la velocidad.

Arquitectura cultural de la Italia Fascista para el Foro Mussolini.

Oficialmente en 1931 la primera exposición de arte en la Italia Fascista se celebró con el nombre de la «Cuatrienal Romana» en el Palacio de Exposiciones de Roma, a la que siguió el 28 de Octubre de 1932 la Exposición de la Revolución Fascista que fue inaugurada por Benito Mussolini al mismo tiempo que las monumentales construcciones de estilo romano en la Vía del Imperio y el Foro Mussolini. Al año siguiente, en 1933, se celebró la Exposición Bienal de Venecia y la Exposición Trienal de Milán, así como los Premios Cremona presididos por el periodista Roberto Farinacci y los Premio Bérgamo organizados por Giuseppe Bottai.

A partir de 1934 el Partido Nacional Fascista realizó un gran esfuerzo por impulsar las representaciones artísticas en los ámbitos de la arquitectura, la fotografía, el fotomontaje, el mosaico y la pintura mural, siempre partiendo de unas bases modernas y futuristas mezcladas con racionalismo, novecentismo y cierto tradicionalismo, así como en algunas ocasiones también con algo de expresionismo y arte degenerado. Respecto a la literatura hubo una profunda renovación a través del denominado escuadrismo rural que ensalzaba la superioridad moral y estética del campo contra la ciudad, como por ejemplo hicieron obras como I giganti della montagna de Luigi Pirandello, Los indiferentes de Alberto Moravia o 900 de Massimo Bontempelli. Simultáneamente en la música se optó por las manifestaciones folklóricas dentro del ámbito familiar y campesino que hicieron ganar el Premio Nobel a Grazia Deladda, además de apostar el régimen por innumerables composiciones de carácter militar, heroico y patriótico como Facceta Nera que resaltaba a ojos de los soldados italianos la belleza de las mujeres negras africanas de Etiopía.

Escultura fascista en Roma.

Con la victoria de Italia sobre Etiopía en la Guerra Ítalo-Etíope de 1935 a 1936, el Duce decidió celebrar el segundo milenio del Emperador Octavio Augusto en el Foro Mussolini de Roma, aprovechando que el Rey Víctor Manuel III iba a ser proclamado Emperador del nuevo Imperio Italiano en África. Así fue como se expusieron al público nacional e incluso internacional una serie de obras arte y muestras de las formas augusteas, siendo uno de los invitados al evento Adolf Hitler que en Mayo de 1938 visitó el lugar mientras sonaba de fondo una pieza de su compositor favorito, Richard Wagner. De hecho se comenzó a excavar de la tierra el Mausoleo de Octavio Augusto enterrado en el centro de la capital bajo el Campo de Marte, aunque para ello hubo que derribar la cúpula y estructuras más recientes para restaurar el edificio.

Inicialmente había prevista una Exposición Universal en Roma para 1942 que nunca se celebró por culpa de la Segunda Guerra Mundial, por lo que antes de la contienda el industrial y comisario Vittorio Cini comenzó la construcción del Proyecto E42 consistente en levantar una serie de edificaciones que representasen a la civilización italiana a través de la Historia desde el Emperador Octavio Augusto hasta Benito Mussolini. También se erigió un templo dedicado a San Pedro y San Pablo, así como otros complejos gubernamentales que adoptaron las líneas fascistas, aunque sin duda la obra más majestuosa fue el Palacio de la Civilización Italiana de 68 metros de alto y decorado con seis filas de arcos (seis verticales por las letras de «Benito» y nueve horizontales por «Mussolini»).

Palacio de la Civilización Italiana de Roma (Diciembre de 2019).

 

Bibliografía:

-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, «Los literatos y el Régimen / El Arte al servicio del Poder», Susaeta, (2003), p.94-95/100-102/
-Antonio Fernández García, Historia del Arte, Artis, «El Futurismo», Vicens Vives (2007), p.404-405