Desintegración del Cáucaso

 

La postguerra al finalizar la Segunda Guerra Mundial había dejado al Cáucaso sumido en una de las mayores crisis de su Historia. Los pueblos en la Ciscaucásia de Karachai, Kabardia, Balkaria, Cherkesia, Chechenia e Ingusetia habían sido deportados a campos de concentración y gulags en Siberia; por otro lado la Transcaucasia sufrió también la deportación como las etnias de los mesjetianos de Georgia, los khemchils de Armenia y los karapapaks en Azerbayán; por último inmigrantes aislados en la región procedentes de Alemania, Grecia y Bulgaria, así como algunos judíos, tuvieron mismo destino. Apróximadamente casi 600.000 caucásicos de todas las etnias murieron en el conflicto, eso sin contar los deportados, los cuales ascendieron a entre los 800.000 y 1 millón.

Guerra Fría

A pesar del triste final del Cáucaso en la Segunda Guerra Mundial, como muchos pueblos habían sido deportados y colonizados por personas de origen ruso o eslavo, se mantuvo una cierta tranquilidad al no haber problemas multiétnicos en la Ciscaucasia con motivo del traslado de sus razas a Siberia. Esta tranquilidad duró bastantes años hasta 1953 con la muerte de Iósif Stalin y el ascenso al poder de Nikita Kruschov.

Aprovechando la muerte de Stalin, un personaje al que todos los cuacásicos odiaban, protagonizaron en 1956 una manifestación de reivindicación nacional y cultural en la capital de Georgia, Tblisi, a la que se repelió por medio de cargas policiales y detenciones. Pero no fue en vano porque Jruschov en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética denunció las deportaciones que había hecho su antecesor Stalin entre 1943 y 1944. Gracias a ello ese año se otorgaría el perdón a todas los chechenos, ingusetios, balkares, kabardos, karachais y calmucos. Así fue como todos estos pueblos retornaron al Cáucaso, aunque en muy menor número debido al genocidio padecido. Coincidiendo con el perdón se restituyó la República Socialista Autónoma de los Kabardinos y los Balkares, la República Socialista Autónoma de los Chechenos y los Ingusetios, la Región Autónoma de los Karachais y la Región Autónoma de los Cherkeses. Sin embargo jamás se otorgó la amnistía a los inmigrantes alemanes, ni tártaros de Crimea residentes en el Cáucaso, ni tampoco a la etnia de los mesjetianos, de todos estos sólo regresaron algunos pocos supervivientes en 1959 liberados por lástima.

Con la vuelta de los deportados se iniciaría un nuevo problema nuevo al estar la región habitada por los nuevos colonos eslavos que Stalin estableció en su día. Esto provocó un nuevo conflicto étnico y cultural de los muchos que ya había. En 1968 se produjo una gran manifestación de la población armenia del Nagorno-Karabaj perteneciente a la República Socialista Soviética de Azerbayán exigiendo que se retornase esa región a Armenia. Las protestas se contagiaron a Georgia, así que el Ejército Rojo hubo de intervenir disolviéndolas a la fuerza. Diez años más tarde, en 1978, Georgia se levantó en protestas violentas por la supresión del georgiano como lengua oficial por la República Socialista Federativa Soviética Rusa. Armenia se unió a los georgianos sublevándose también, al igual que lo hizo la vecina Abjasia. Todos fueron aplastados.

Artillería azerí en la Guerra del Nagorno-Karabaj entre Armenia y Azerbayán durante el periodo de la “Perestroika”.

Mijaíl Gorbachov llegó a presidir la Unión Soviética en 1985 e iniciar la Perestroika. Pero este líder soviético pro-ruso apenas conocía el problema del Cáucaso, por lo que una de sus primeras palabras agravó el conflicto ya latente en la región al calificar de “repúblicas parásitos” a las distintas nacionalidades de la URSS. Las consecuencias no tardaron en llegar, pues en Diciembre de 1986 la etnia de los kazakos de Kazahkstán en Alma-Ata estalló en protestas, siendo la punta de lanza de la rebelión que se contagiaría posteriormente al Cáucaso. Por fin, en Febrero de 1988, la región del Alto Karabaj en Azerbayán se levantó en armas contra el poder soviético en Armenia, desestabilizando la paz en la zona. El Ejército Rojo no pudo hacer nada por impedirlo, pues la República Socialista Soviética de Azerbayán y la República Socialista Soviética de Armenia se desangraron en conflicto civil que duró bastante tiempo, ambas con el afán de controlar el Alto Karabaj, acontecimiento conocido como la Guerra Armenio-Azerí. A la vez que peleaban entre sí tanto Armenia como Azerbayán, ambas echaron la culpa al poder central de Moscú de alimentar el odio entre los dos pueblos con tal de manetener cohesionada la URSS. Georgia se sumó a la protesta con el levantamiento de Tblisi en Abril de 1989 que acabó reprimido, poco depsués, en Enero de 1990, Bakú padeció el mismo destino. Rusia no podía seguir ignorando el problema del Cáucaso que juntamente con la secesión de Lituania, Letonia y Estonia en los países del Mar Báltico acabó con la desintegración de la Unión Soviética y la independencia de Georgia, Armenia y Azerbayán.

Guerras de continuación

Independizadas las tres naciones más grandes de la Transcaucasia, no se frenó el odio entre armenios y azerbyanos que continuaron enfrascados en su guerra particular por el Alto Karabaj. Por otro lado, la nueva Georgia, liderada por el Presidente Zviad Gamsajurdia, inició una guerra en 1991 contra el territorio étnicamente diferente y secesionista de Osetia del Sur, dividida de Osetia del Norte que pasó a manos de Rusia. Los métodos de Georgia contra Osetia del Sur fueron brutales, al igual que los empleados al año siguiente en 1992 por el nuevo Presidente Edvard Shevardnadze contra Abjasia, también ávida de independencia. Tanto Abjasia como Osetia del Sur recibieron apoyo militar de Rusia para vencer a Georgia, cosa que consiguieron, aunque para ello realizaron una limpieza étnica contra la población georgiana local. El resultado definitivo de este conflicto fue una casi total autonomía de Abjasia y Osetia del Sur por parte de Georgia, aunque dentro de su territorio.

Soldado checheno en plenos combates por el edificio gubernamental que han bombardeado los rusos en la Primera Guerra entre Rusia y Chechenia.

Las guerras se trasladaron a la Ciscaucásia en 1992. Nada más desaparecer la Unión Soviética las naciones de la Ciscaucásia se convirtieron en Repúblicas Autónomas de la Federación Rusa, siendo el caso de Chechenia, Ingusetia, Daghestán, Osetia del Norte, Karachai-Cherkesia, Kabardino-Balkaria y Adygheya, esta última la única en el que la población era mayoritariamente rusa. Cada una de dichas repúblicas aceptó la nueva Constitución de Rusia, pero Chechenia se negó a firmarla. Boris Yelstein, Presidente de la Federación Rusa, inició la Primera Guerra Chechena por parte del Ejército Ruso contra la Guerra Santa “Yihad “ proclamada por los chechenos.

En 1994 se solucionó finalmente el problema de la Guerra Armenio-Azerbayana con la cesión de un delgado pasillo para conectar Armenia con su población del Alto Karabaj a costa del 9% del territorio de Azerbayán. Lo más trágico de todo fue el coste en vidas humanas con 36.000 muertos y 1 millón de desplazados.

Mientras tanto la Primera Guerra Chechena continuaba con toda su violencia, abarcando los combates tanto territorio que se llegó incluso a pelear en Daghestán e Ingusetia. No fue hasta 1996 cuando se declaró el cese de las hostilidades por parte de los chechenos. Las muertes de Chechenia fueron de 73.000 y Rusia de 5.500. No obstante la alegría no duró mucho, pues con el Presidente ruso Vladimir Putin del sector nacionalista, se inició la Segunda Guerra Chechena en Agosto de 1999, ya que Rusia no podía renunciar a los oleoductos ni a las materias primas vitales en esa región. La victoria de aquel conflicto fue como era de esperar para Rusia con la captura de Grozny en Febrero de 2000, costando la campaña a los chechenos 50.000 vidas y a los rusos 22.000 bajas. Chechenia se convirtió definitivamente en República de la Federación Rusa. El nacionalismo checheno a partir de ese momento dejaría de ser una fuerza partisana para convertirse en células terroristas como las que provocaron los atentados de Znamenskoye con 59 muertos, Grozny con 80 muertos, el teatro Dubrovka de Moscú con 129 muertos o la Masacre del Colegio de Beslan con 370 muertos, 171 de ellos niños.

El conflicto regresó a la Transcaucasia en 2003 con la Revolución de las Rosas en Georgia, la cual acabó elevando en el poder al Presidente Mihail Saakashvili tras denunciar un fraude electoral de las fuerzas políticas pro-rusas en elecciones pasadas. Todo ello se producía en un panorama donde Georgia y Azarbayán habían forjado una alianza con Turquía y Estados Unidos, a la vez que Armenia lo hacía con Rusia, dibujándose así un crudo mapa en la Transcaucasia. Fue en este contexto de extrañas alianzas cuando por primera vez una nación del Cáucaso intervendría en un conflicto extranjero, fue el caso de Georgia que envió 2.000 soldados a la Segunda Guerra del Golfo en 2003 contra Irak para forjar asi su alianza con Estados Unidos, siendo de esta manera la quinta fuerza militar presente en la nación irakí.

La invasión de Rusia a Georgia en el verano de 2008 con una gran ofensiva de tanques acuediendo en apoyo de sus aliadas Osetia y Abjasia tras la agresión georgiana.

La presencia de Georgia en la guerra contra Irak tenía un claro trasfondo, el de conseguir el apoyo y protección de Estados Unidos y el Presidente George Bush para poder llevar a cabo el ansia imperialista de Saakashvili hacia las regiones protegidas por Rusia de Abjasia y Osetia del Sur. Así fue como el 7 de Agosto de 2008, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Pekín en China, momento en que la comunidad internacional estaba distraida, Georgia lanzó una potente ofensiva contra Osetia del Sur invadiéndola por tierra y realizando masacres de limpieza étnica contra la población civil. Rusia consideró aquello un acto de traición y declaró la guerra a Georgia a los pocos días para proteger a los ciudadanos. Abjasia en seguida se rebeló contra Georgia uniéndose a Osetia y a Rusia, mientras que Georgia sólo recibió ayuda de Azerbayán, no de Estados Unidos como esperaba, por lo que Saakashvili comprendió que tenía perdida la guerra. Las tropas del Ejército Ruso y la aviación destrozaron al Ejército Georgiano, mientras que desde el Mar Negro la Armada Rusa bloqueó las salidas a la mar. El 16 de Agosto de 2008 Rusia liberaba Osetia, Abajasia y ocupaba Poti, quedándose sólo a 75 kilómetros de la capital Tblisi, momento en el que se firmó un alto el fuego. La guerra logró la independencia definitiva de Abjasia y Osetia, mientras que Rusia se convertía en una potencia defensora de sus intereses ante los ojos del mundo, al cual lanzaba un aviso de que no se involucrara en sus asuntos.

 

Bibliografía:

Rosario de la Torre, Paz Soviética, Revista La Aventura de la Historia (2009), p.60-64
Mateo Ballester, El despertar del avispero, Revista La Aventura de la Historia (2009), p.66-72