Crisis de Fiume

 

Italia había salido victoriosa de la Primera Guerra Mundial contra los Imperios Centrales. No obstante y a pesar del triunfo, los Aliados trataron a Roma como si fuese uno de los países vencidos. De hecho el ninguneo al que fue sometida Italia se tradujo en no entregar todos los territorios que se habían prometido a los italianos en los Balcanes (Susak, Dalmacia, Fiume y Valona), ni siquiera compensaciones económicas que reparasen la ruina industrial y económica a la que había sido sometida la nación por ayudar a Gran Bretaña y Francia. Por si fuera poco estas potencias no sólo no cumplieron con lo pactado, sino que además cedieron todos los territorios prometidos a los italianos al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia). Aquella traición generó un fuerte revanchismo en Italia que derivaría en un conflicto étnico-social por la región conocido como la Crisis de Fiume.

Causas

Fiume, también conocida como Rijeka en idioma croata, era una ciudad de Dalmacia (Croacia) situada en el Golfo de Carnaro que estaba habitada mayoritariamente por italianos a pesar de ubicarse en un territorio eslavo. Dicha urbe que teóricamente se había prometido ceder a Italia al término de la Primera Guerra Mundial, fue catalogada de manera provisional por la Sociedad de Naciones (SDN) como Estado Libre de Fiume para evitar fricciones entre los italianos y los eslavos de la zona. Sin embargo el alto coste que supuso la Gran Guerra para Italia, despertó el odio de los italianos que cada vez más durante los años inmediatos a la postguerra se mostraron altamente belicistas respecto a la cuestión de Fiume. Aquella situación obligó a la Sociedad de Naciones a celebrar un plebiscito en el que los ciudadanos fiumanos rechazaron por amplia mayoría formar parte del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, aunque por recomendación de Estados Unidos que deseaba evitar un desequilibrio de fuerzas en el Mar Adriático, no se les consultó si preferían la opción italiana que era realmente lo que ellos perseguían. Por esta negativa la población fiumana creó el Consejo Nacional Italiano de Fiume, retando de esta manera a las potencias aliadas. Tal demostración de fuerza terminó por una ocupación militar por parte de tropas de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y la propia Italia (fue obligada por la Sociedad de Naciones) para disolver el consejo y mantener el orden.

El general Gabriele D’Annunzio se reune con sus oficiales a las afueras de Fiume mientras convoyes enteros de Arditi italianos en camiones marchan a ocupar las principales zonas estratégicas de la península yugoslava.

Ocupada Fiume por los Aliados, el Presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, tuvo la idea de levantar la llamada “Línea Wilson” el 23 de Abril de 1919 que dividiría Fiume en dos partes: el sur de Istria para Italia y el norte de Istria para el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. No obstante las reacciones no se hicieron esperar porque Italia a modo de protesta abandonó las Conferéncias de Paz de Versalles, lo que provocó una ruptura temporal de las negociaciones entre vencidos y vencedores. Casi al mismo tiempo dentro de la propia Fiume brotó la violencia por parte de la población italiana contra las tropas de ocupación aliadas, especialmente contra los franceses, debido a que Francia había votado a favor de que la ciudad fuese entregada al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. De hecho tan violentas fueron las manifestaciones entre las dos partes que en una de estas llegaron a morir 9 personas y otras 14 resultaron heridos sumando italianos y franceses.

Para el verano de 1919 la tensión acumulada en Fiume parecía insostenible hasta que el político André Tardieu, acordó con los italianos aceptar que se anexionasen Istria, Zara, Sebenik y las Islas Cícladas, a cambio de renunciar a Fiume. Roma no puso ninguna objeción a la promesa y por tanto rompió el Tratado de Londres de 1915 (cuyo contenido prometía entregar Fiume a Italia a cambio de alinearse con los Aliados en la Gran Guerra), siendo sustituido por las nuevas cláusulas fijadas en el Tratado de Saint-Germain que estipularon la ampliación del territorio italiano a costa de otras zonas en los Balcanes. No obstante no todos los italianos, sobretodo los militares presentes en Fiume, se tomaron bien la noticia acusando a los firmantes del acuerdo de traidores.

Tristemente las tropas italianas encuadradas en los Granaderos de Cerdeña abandonaron Fiume, siendo despedidas como victoriosas por parte de la población civil a la que prometieron retornar lo más pronto posible. Entre ellos estaba el comandante y héroe militar romántico de la Gran Guerra, Gabriele D’Annunzio, quién convencido por el resto de oficiales de los Granaderos de Cerdeña aceptó llevar a cabo una invasión de Fiume en secreto y sin el consentimiento del Rey Víctor Manuel III para luego anexionar la ciudad a Italia.

Oficialmente el plan de invadir Fiume se gestó el 31 de Agosto de 1919 en una reunión secreta celebrada en Montefalcone por numerosos oficiales y políticos italianos, entre estos sindicalistas como Alcesre De Ambris o futuros fascistas como Giovanni Giuratti. Durante la sesión se decidió que el comandante Grabriele D’Annunzio se haría con el control de una legión compuesta por 2.600 voluntarios, entre los que habría soldados del Ejército Real Italiano, milicianos nacionalistas “Arditi” e incluso algunos pocos escuadristas de los “Fasci di Combatimmento”. Dicha fuerza se concentraría discretamente en Ronchi, desde donde D’Annunzio tomaría el mando procedente de Venecia el 11 de Septiembre de 1919, para a continuación partir con una pequeña flotilla naval a ocupar Fiume.

Ocupación de Fiume

A las 11:45 horas del 12 de Septiembre de 1919, los 2.600 voluntarios del comandante Gabrile D’Annuzio entraron victoriosos en Fiume desfilando por la ciudad o a bordo de camiones tomando los principales enclaves. Las tropas estadounidenses, británicas y francesas presentes en la zona, viendo el clima eufórico nacionalista de los italianos, abandonaron Fiume y embarcaron en sus respectivas flotas por miedo a represalias. Cuando los libertadores llegaron a la Avenida XVII de Noviembre, la población civil les aclamó y vitoreó, saliendo D’Annunzio a uno de los Balcanes y anunció: «¡Italianos de Fiume! En el mundo loco y vil, Fiume es hoy el signo de la libertad; en el mundo loco y vil hay una sola cosa pura: Fiume; allí hay una sola verdad: y éste es Fiume; allí existe un sólo amor: y éste es Fiume. Fiume es como un faro luminoso que resplandece en un mar de vileza. Yo soldado, yo voluntario, yo mutilado de guerra, creo interpretar la voluntad de todo el sano pueblo de Italia, proclamando la anexión de Fiume».

Los Arditi italianos ocupan Fiume en Yugoslavia.

Todo parecía estar saliendo a la perfección para los italianos, hasta que al caer la noche los voluntarios de la aventura de D’Annuzio comprendieron que la situación era más complicada de lo que habían pensado. En primer lugar la flota de los Aliados bloqueó Fiume desde el Mar Adriático mostrándose hostil hacia los italianos. En segundo lugar el Rey Víctor Manuel III de Italia se puso de parte del Tratado de Londres y no aprobó la ocupación, considerando unos desobedientes a D’Annunzio y sus seguidores. De hecho una de las primeras medidas del monarca fue enviar tropas italianas leales al Gobierno bajo el mando del general Pietro Badoglio para asediar Fiume, decisión que dividió a Italia políticamente en dos mitades.

Desde entonces la Crisis de Fiume se alargó casi un año dando lugar a interminables debates en el Parlamento Italiano y en la Sociedad de Naciones. Mientras tanto D’Annunzio continuó con su aventura proclamando a Fiume de manera provisional con el título de Regencia Italiana del Carnaro hasta que se encontrase una salida a las negociaciones. Para ello se autonombró Jefe de Estado de Fiume y dotó a la ciudad de cierta autonomía con la Constitución del Carnaro que recogía una serie de leyes y normas jurídicas para mantener la paz ciudadana. En dicha Constitución se inauguró un Estado de Corporaciones (siendo precursor Fiume de la futura Italia Fascista), en el cual trabajadores y empresarios se agruparon por sectores en torno a la industria, agricultura, pesca, empelo, administración, enseñanza, leyes, servicios civiles y cooperativas. Simultáneamente se nombro un Cuerpo Ejecutivo para asuntos exteriores, tesoro, educación, policía y justicia, defensa, trabajo y economía pública, así como un Cuerpo Judicial con una Corte Suprema encargada de dirigir otras cortes laborales, criminales y civiles. Hubo incluso una novedosa legislación por sufragio universal llamada Consejo de los Mejores en el que se eligiría cada 3 años un concejal por cada 3 habitantes.

Lamentablemente los italianos no pudieron convencer a la Sociedad de Naciones a pesar de todas las medidas tomadas por los d’annunzianos en Fiume. Fue entonces cuando el 12 de Noviembre de 1920, Italia y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos firmaron el Tratado de Rapallo que restituía el antiguo estatus de “Estado de Fiume Libre”, reconocía a Dalmacia, Zara, Lussin, Lagosta, Pelagosa y las Islas de Cherso como territorios eslavos y únicamente cedía a los italianos la región de Istria. Ese acuerdo tan desventajoso para Italia provocó la agitación tanto en la Península Italiana como en Fiume, llegando incluso el propio Benito Mussolini, por aquel entonces líder del Partido Nacional Fascista (PNF), a presentarse en Fiume para proponer a D’Annuzio protagonizar una revolución nacionalista que derrocase al Rey Víctor Manuel III, proclamase la República Italiana y arrebatase los territorios “irredentos” de los Balcanes a los eslavos. No obstante aquella propuesta estuvo condenada desde el principio porque la situación interna de Italia en aquellos instantes era caótica y los fascistas tenían otras responsabilidades que atender. Así pues, aislados en la ciudad y sin el apoyo de los “Fasci di Combatimmento” de Mussolini, los sublevados en Fiume se quedaron solos a la espera de ser atacados.

La noche del 28 al 29 de Diciembre de 1920, fecha que sería conocida en Italia como la “Navidad Sangrienta”, las tropas italianas del Rey Víctor Manuel III atacaron Fiume. En primer lugar la Marina Real Italiana bombardeó con sus buques el palacio donde se encontraba D’Annunzio provocando serios daños y causando la desmoralización entre los fiumanos. A continuación las tropas reales se enfrentaron a las tropas d’annunzianas por las calles de la ciudad en una serie de combates breves que terminaron con la rápida rendición de los defensores. Una finalizado y viendo que nada podía hacerse, D’Annunzio comunicó al Rey oficialmente su capitulación y ordenó el cese de los combates.

Terminada la ocupación realista de Fiume, un total de 54 italianos perdieron la vida en los combates (27 muertos sufrieron los d’annunzianos y otros 27 muertos los realistas).

Conclusión

Oficialmente la evacuación de Fiume comenzó el 31 de Diciembre de 1920 cuando las primeras tropas d’annunzianas abandonaron la ciudad, operación que se completó el 4 de Enero de 1921 cuando el último contingente al frente del propio D’Annunzio dejó el territorio. Acto seguido fue una vez más proclamado el Estado Libre de Fiume, a pesar de que en esta ocasión siguió ocupado por tropas realistas italianas para evitar otra aventura nacionalista y garantizar de ese modo la seguridad. De hecho la región se convirtió en un área sin definir, casi apátrida, gobernada por el Presidente Riccardo Zanella que únicamente obedecía los dictados de la Sociedad de Naciones. Por suerte para los fiumanos la situación cambió en 1922 cuando Benito Mussolini proclamó la Italia Fascista y las tropas realistas que ocupaban Fiume, fueron sustituidas por tropas fascistas (lo mismo que su Presidente por el fascista Giovanni Giuratti), mucho más favorables a la población fiumana que no la administración anterior.

Sería Benito Mussolini y no Gabriele D’Annunzio quién finalmente anexionaría Fiume a Italia. No obstante en aquella ocasión no hizo falta emplear la violencia, pues el buen carisma del Duce bastó para convencer a la Sociedad de Naciones y sobretodo a Yugoslavia de iniciar una nueva etapa aperturista de entendimiento entre ambos países, renunciando Italia a unos pocos territorios “irredentos” a cambio de ceder los yugoslavos la soberanía de Fiume; propuesta que a todos pareció muy buena y terminaron aceptando.

Finalmente, después de muchas aventuras y expediciones, el 27 de Enero de 1924, Fiume fue anexionado por la nueva Italia Fascista.

 

Bibliografía:

Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo. “El Banco de Prueba: Fiume”, (2003), p.27-28

Julio Gil Pecharromán, La I Guerra Mundial como nunca se la habían contado. Volumen 8. “La cuestión de Fiume”, Revista La Aventura de la Historia (2010), p.16
http://granguerra.crearforo.com/dannunzio-y-fiume-es329.html