Crisis de Fiume

La Crisis de Fiume que tuvo lugar en los Balcanes al término de la Primera Guerra Mundial fue uno de los primeros conflictos derivados como consecuencia del mal reparto de las fronteras por parte de los vencedores en las Conferencias de Paz de París. A pesar de que esta zona situada en la costa dálmata de Croacia había sido asignada a Italia, en último término Gran Bretaña y Francia se la entregaron al Reino de Yugoslavia, lo que desató una respuesta por parte de los nacionalistas italianos que no tuvieron más remedio que intervenir invadiendo el enclave, tal y como hicieron las tropas de choque “Arditi” del poeta y oficial vanguardista Gabriele D’Annunzio.

Causas

Bandera del Estado Libre de Fiume.

Italia fue uno de los países vencedores de la Primera Guerra Mundial sobre los Imperios Centrales, pero que los Aliados ningunearon al acabar el conflicto cuando durante el Tratado de Saint-Germain que implicaba la disolución de Austria-Hungría, no concedieron lo prometido a los italianos en los pactos secretos que los Gobiernos de Londres y París habían suscrito con el Gobierno de Roma a cambio de entrar en la contienda del lado de la Entente. La razón de tal falta de compromiso se tradujo en que los “territorios irredentos” habitados por población latina en Croacia y Eslovenia, la mayoría situados en las costas de Dalmacia junto al Mar Adriático como por ejemplo Fiume, Zara, Istria o la Isla de Susak, fueron entregados al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos que posteriormente se federaría en Yugoslavia.

Fiume o Rijeka en idioma croata, era una ciudad de Dalmacia situada en el Golfo de Carnaro que estaba habitada mayoritariamente por italianos y que contó con un estatus diferente al término de la Primera Guerra Mundial, ya que tras ser designada como Estado Libre de Fiume, pasó a estar tutelada por la Sociedad de Naciones (SDN) para determinar si en el futuro el enclave sería agenciado a Italia o al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. A pesar de que en un plebiscito la población rechazó por amplia mayoría pertenecer a Yugoslavia e incluso desafió a la Entente creando un Consejo Nacional Italiano, los Aliados Occidentales y sobretodo Estados Unidos que deseaban evitar un desestabilizamiento político en los Balcanes, no tuvieron más remedio que enviar tropas de ocupación para garantizar el orden en Fiume.

Ocupada Fiume por un contingente mixto de tropas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e incluso de la propia Italia (para salvaguardar sus intereses), el Presidente Woodrow Wilson de Norteamérica erigió el 23 de Abril de 1919 la denominada “Línea Wilson” que separó la región del siguiente modo: el sur de Istria para los italianos y el norte para los croatas. No obstante las reacciones en contra no tardaron en producirse porque como respuesta el Reino de Italia abandonó las Conferencias de Paz de París y en Fiume se desató una oleada de violencia contra las fuerzas occidentales, sobretodo contra los soldados franceses después de saberse de que el Estado Francés había votado a favor de Yugoslavia. Así fue como se sucedieron protestas y manifestaciones sobre las calles que dejaron un total de nueve muertos y catorce heridos, sumando a italianos y galos.

Gabriele D’Annunzio en Fiume.

En el verano de 1919 la tensión en Fiume parecía insostenible hasta que el político André Tardieu acordó en nombre de Francia la entrega al Reino de Italia de Istria, Zara, Sebenik y las Islas Cícladas, a cambio de renunciar a Fiume. Aunque el Gobierno de Roma no puso ninguna objeción e incluso se avino a romper el Tratado de Londres de 1915, cuyo contenido prometía la cesión de Fiume como compensación por su alineamiento con los Aliados en la Gran Guerra, los ciudadanos latinos del enclave croata se movilizaron en contra y convocaron grandes manifestaciones. De hecho al marcharse las tropas de los Granaderos de Cerdeña (Granatieri di Sardegna) de vuelta a Italia, todos ellos despedidos entre los vítores de miles de compatriotas, prometieron a la población italiana regresar lo más pronto posible a Fiume.

La indignación por el abandono de Fiume fue tal que el 31 de Agosto de 1919 fue convocada una reunión en Montefalcone que estuvo presidida por el poeta vanguardista y comandante Gabriele D’Annunzio, a la cual asistieron numerosos oficiales y políticos italianos, entre ellos sindicalistas como Alcesre De Ambris o futuros fascistas como Giovanni Giuratti. Según pactaron los presentes se organizaría una expedición a espaldas al Rey Víctor Manuel III conformada por un total de 2.600 voluntarios contando a soldados del Ejército Real Italiano, tropas de choque “Arditi” e incluso algunos escuadristas de los Fasces de Combate (Fasci di Combatimmento) para concentrarse en Ronchi y Venecia, antes de partir el 11 de Septiembre a bordo de una flotilla naval con la intención de desembarcar y ocupar Fiume.

Ocupación de Fiume

A las 11:45 horas del 12 de Septiembre de 1919 el contingente de 2.600 voluntarios al mando del comandante Gabrile D’Annuzio desembarcó en Fiume y los soldados entraron en la ciudad a bordo de camiones mientras eran recibidos por una eufórica población latina que acobardó a las escasas tropas estadounidenses, británicas y francesas, las cuales optaron por embarcar a bordo de sus naves y alejarse a una distancia prudencial en el Mar Adriático. Una vez los expedicionarios desfilaron victoriosos por la Avenida XVII de Noviembre, siendo vitoreados y aclamados por los ciudadanos latinos, D’Annunzio subió a un balcón y anunció: «¡Italianos de Fiume! En el mundo loco y vil, Fiume es hoy el signo de la libertad; en el mundo loco y vil hay una sola cosa pura: Fiume; allí hay una sola verdad: y éste es Fiume; allí existe un solo amor: y éste es Fiume. Fiume es como un faro luminoso que resplandece en un mar de vileza. Yo soldado, yo voluntario, yo mutilado de guerra, creo interpretar la voluntad de todo el sano pueblo de Italia, proclamando la anexión de Fiume».

Al caer la noche del 12 al 13 de Septiembre de 1919, la euforia del contingente expedicionario de Gabriele D’Annunzio se vino abajo primero porque la Flota Aliada bloqueó las costas de Dalmacia desde el Mar Adriático y segundo porque el Rey Víctor Manuel III desaprobó la aventura en Fiume, posicionándose en favor de los acuerdos internacionales para sorpresa de muchos compatriotas italianos. De hecho entre las primeras medidas del Gobierno de Roma estuvo el envío de un segundo contingente de tropas reales al mando del general Pietro Badoglio que se desplegaron como fuerza disuasoria a las afueras de Fiume.

Las tropas de choque italianas “Arditi” italianos ocupan Fiume en Yugoslavia.

Como consecuencia de la reacción de Italia, la Crisis de Fiume se alargó hasta 1920 con el consiguiente desgaste político del Parlamento Italiano y tensas negociaciones que se fueron alargando en la Sociedad de Naciones. Mientras tanto Gabriele D’Annunzio desobedeció al Gobierno de Roma y prosiguió con sus planes de italianización, rebautizando Fiume con el nombre de Regencia Italiana del Carnaro y elaborando leyes y normas jurídicas para la ciudadanía que se recogieron en la Constitución de Fiume. Precisamente pronto se instauró un Estado de Corporaciones (siguiendo el futuro modelo de la Italia Fascista) a través del cual trabajadores y empresarios se agruparon por sectores en torno a la industria, agricultura, pesca, empelo, administración, enseñanza, leyes, servicios civiles y cooperativas; al tiempo en que se nombraba un Cuerpo Ejecutivo para asuntos exteriores, tesoro, educación, policía, defensa, trabajo y economía pública; así como un Cuerpo Judicial con una Corte Suprema encargada de regular todas aquellas cuestiones laborales, criminales y civiles. Todo este entramado estatal sería elegido por sufragio universal en un organismo conocido como Consejo de los Mejores, cuyos representantes elegirían cada tres años a un concejal por cada 3 habitantes.

Lamentablemente los “d’annunzianos” no lograron convencer a la Sociedad de Naciones porque el 12 de Noviembre de 1920 tanto Italia como el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos firmaron el Tratado de Rapallo que restituía al enclave el antiguo estatus de “Estado de Fiume Libre”, reconocía a Dalmacia, Zara, Lussin, Lagosta, Pelagosa y las Islas de Cherso como territorios yugoslavos y únicamente compensaba a los italianos con la región de la Península de Istria. A raíz de este acuerdo tan desventajoso estallaron protestas y agitaciones promovidas por miles de patriotas en toda la Península Italiana, acusando de traidor y vendido al Gobierno de Roma. De hecho Benito Mussolini, por aquel entonces el líder del Partido Nacional Fascista (PNF), viajó hasta Fiume para proponer a Gabriele D’Annuzio llevar a cabo una revolución nacionalista en toda Italia para derrocar al Rey Víctor Manuel III, instaurar una República Italiana y arrebatar los territorios “irredentos” de los Balcanes, algo a lo que los expedicionarios se negaron temiéndose una guerra civil en el país.

Inesperadamente la noche del 28 al 29 de Diciembre de 1920, fecha que sería conocida como la “Navidad Sangrienta”, las tropas italianas del Rey Víctor Manuel III atacaron Fiume mediante un bombardero preliminar de los buques de la Marina Real Italiana contra el palacio donde se alojaba Gabriele D’Annunzio. Acto seguido los cañonazos alcanzaron otros barrios de la ciudad, generando desperfectos en los edificios y hundiendo la moral de los fiumanos. Completado el castigo desde el Mar Adriático, las fuerzas reales irrumpieron en el puerto y se enfrentaron a los soldados “d’annunzianos” entre las calles hasta que estos últimos capitularon. Hasta entonces los combates dejaron un total de 54 italianos muertos, entre ellos 27 expedicionarios y 27 monárquicos.

La capituación de Gabriele D’Annuzio implicó la evacuación de Fiume el 31 de Diciembre de 1920 con la marcha de las tropas “d’annunzianas” que regresaron definitivamente a su patria el 4 de Enero de 1921. De forma inmediata se restituyó el Estado Libre de Fiume que pasó a estar tutelado por la Sociedad de Naciones y provisionalmente por tropas realistas italianas para garantizar su seguridad, siendo designado su gobernador el Presidente Riccardo Zanella, un títere que respondía a los intereses de los Gobiernos de Washington, Londres y París. No obstante y contra todo lo esperado, pronto la situación daría un giro radical al año siguiente, en 1922, cuando tuvo lugar la Marcha sobre Roma y Benito Mussolini se alzó en el poder en Italia, quién nada más hacerse con las riendas de la administración volvió a trasladar su atención a Fiume.

La nueva Italia Fascista no dudó en retirar al Ejército Real Italiano que ocupaba Fiume y sustituir a todas aquellas tropas por sus milicias leales de Camisas Negras, además de destituir al gobernador Riccardo Zanella por el prefecto fascista Giovanni Giuratti. Gracias a estos cambios y al carisma de Benito Mussolini dentro de la Sociedad de Naciones, al final ésta última emitió una resolución que obligó a Yugoslavia a renunciar finalmente a su enclave de Rijeka, el cual fue asignado al Reino de Italia, materializándose la anexión definitiva de Fiume el 27 de Enero de 1924.

Bibliografía:

-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo: El Banco de Prueba: Fiume, (2003), p.27-28
-Julio Gil Pecharromán, La I Guerra Mundial como nunca se la habían contado. Volumen 8: La cuestión de Fiume, Revista La Aventura de la Historia (2010), p.16
-https://www.eurasia1945.com/fascidicommbattimento.htm
-http://granguerra.crearforo.com/dannunzio-y-fiume-es329.html