Rumanía en la Segunda Guerra Mundial

El 22 de Junio de 1941, comenzó la “Operación Barbarroja” contra la Unión Soviética cuando las fuerzas del Eje invadieron Rusia. El Reino de Rumanía que encabezaba el Rey Miguel I y el Conducator Ion Antonescu bajo un régimen de tendencia fascista, constituyó el más fiel socio del Tercer Reich con la esperanza de acabar con la amenaza del comunismo sobre Europa, recuperar la Besarabia y Bukovina en Moldavia y ampliar el “espacio vital” rumano sobre las tierras occidentales de Ucrania.

Bajo el control del Grupo de Ejércitos “Antonescu” que fue encuadrado en el Grupo de Ejércitos Sur del Eje, las Fuerzas Armadas Rumanas que estaban al mando directo del mariscal y Conducator Ion Antonescu, reunieron un total de 250.000 soldados y aviones que se desplegaron en Moldavia como parte de los III y IV Ejércitos. En retaguardia permanecieron el II Ejército como fuerza de guarnición en Bucarest y el I Ejército junto a la frontera con Hungría en Transilvania, algo que lógicamente causó protestas en el Gobierno de Budapest cuando ambos países formaban parte de la misma coalición frente a la URSS.

La mañana del 22 de Junio de 1941, el Ejército Rumano cruzó la frontera con la Unión Soviética arrollando a las primeras posiciones defensivas enemigas y tomando a numerosos prisioneros del Ejército Rojo. Contando con el apoyo del IX Ejército Alemán, las tropas rumanas liberaron las dos provincias de Besarabia y Bukovina a un coste escaso de 21.000 bajas entre 4.000 muertos, 12.000 heridos y 5.000 desaparecidos, provocando pérdidas mucho mayores a los soviéticos, algo que sin duda vengó la humillación de la anexión forzosa de estos dos territorios en 1940.

Soldados rumanos salen del puerto de Constanza rumbo a la Unión Soviética durante la “Operación Barbarroja”.

Con la recuperación de Besarabia y Bukovina, el Ejército Rumano puso en marcha el proyecto nacionalista de la “Gran Rumanía” que reclamaba ciertas porciones de Ucrania Occidental habitadas por minorías rumanas en convivencia con las eslavas. Así pues, los III y IV Ejércitos Rumanos entraron en Transnistria y doblaron hacia las costas del Mar Negro para poner bajo asedio el puerto Odessa el 8 de Agosto. A partir de entonces, tendría lugar un largo sitio de tres meses que se saldaría con las bajas de 40.000 soviéticos y 90.000 rumanas, aunque al final el sacrificio no fue en vano porque las tropas rumanas conquistaron Odessa y se anexionaron la enorme provincia de Transnistria.

La “Operación Barbarroja” prosiguió sobre Ucrania mediante un imparable avance del III Ejército Rumano que ocupó el Istmo de Perekop y entró en la Península de Crimea, además de tomar parte en la conquista del sur del país siguiendo las costas del Mar de Azov y liquidar un gran número de tropas soviéticas en la Estepa del Nogai, sin obviar su papel en el embolsamiento de Kíev y en la aproximación a Rostov junto a la frontera con Rusia. Tales triunfos despertaron como era lógico la curiosidad del Ejército Rojo, pues entendiendo que el Ejército Rumano era un conglomerado viejo y con material anticuado, a veces de la Primera Guerra Mundial, los rusos llegaron a terminar admirando a su enemigo que pese a sus limitaciones, obtuvo grandes victorias y jugó un papel esencial en el Frente Oriental.

La retaguardia en Rumanía fue de un completo apoyo a la causa del Eje o en todo caso de indiferencia, ya que la mayor parte de la población no sentía ninguna afinidad por el comunismo. Respecto al movimiento fascista de la Guardia de Hierro que permanecía en el exilio (después de que tras la “Revolución Legionaria” el Gobierno de Berlín hubiese optado por la facción del Conducator Ion Antonescu), solicitó a las Waffen-SS lideradas por el Reichsführer Heinrich Himmler, su alistamiento como voluntarios para combatir al bolchevismo. Lamentablemente como Adolf Hitler prohibió cualquier iniciativa de este tipo, los legionarios negociaron con Filandia y el mariscal Carl Emil Gustav Von Mannerheim su enrolamiento en el Ejército Finlandés dentro del contexto de la Guerra de Continuación, algo que también fue vedado, lo mismo que sucedió cuando el líder fascista Horia Sima se escapó del campo de concentración de Sachsenhausen (llevaba preso desde el invierno de 1941) y probó suerte viajando a Italia para suplicar ante el mismo Benito Mussolini. A raíz de este último escándalo, la Gestapo volvió a arrestar a Horia Sima y lo devolvió a Sachsenhausen, además de encerrar a todos los mandos intermedios de la Guardia de Hierro en el campo de Dachau y a otros 400 más en Buchenwald, poniendo fin de este modo al sueño legionario de participar en la “cruzada contra el comunismo”.

Columna de tropas rumanas entrando en Odessa en el año 1941.

A comienzos de 1942, el Ejército Rumano desplegó a 380.000 soldados en el Frente Oriental, aproximadamente el equivalente a un 12% del total de las tropas del Eje. Entre las nuevas aventuras que participaron los rumanos estuvo la campaña de Crimea con la conquista de la Península de Kerch y posteriormente el sangriento asalto al puerto de Sevastapol, así como la invasión del este de Ucrania sobre Kharkov y el suroeste de Rusia en el Río Don. A inicios del verano, los III y IV Ejércitos Rumano accedieron al Cáucaso sobre la placa de la Eurasia, penetrando en un paisaje exótico de montañas elevadas y desiertos de camellos hasta la región de los bordes con la Transcaucasia, algo que sin duda comprendió el mayor avance de la Historia Militar de Rumanía.

La Batalla de Stalingrado constituyó el punto de inflexión de Rumanía en la Segunda Guerra Mundial. A mediados del verano de 1942, los III y IV Ejércitos Rumanos tomaron las orillas del Río Don al norte y el Río Volga al sur de la propia ciudad de Stalingrado, donde cubrieron la lucha del IV Ejército Alemán dentro de la metrópoli, estando apoyados en todo momento por el IV Ejército Panzer a la retaguardia y tanto el VIII Ejército Italiano como el II Ejército Húngaro al norte. No obstante y pese a rechazar la mayoría de los asaltos enemigos durante varios meses que debilitaron su perímetro defensivo al desviar recursos y hombres hacia la urbe sitiada, el 19 de Noviembre el Ejército Rojo desencadenó una gigantesca contraofensiva bautizada como “Operación Urano” que arrolló todas las defensas rumanas (aunque algunas unidades resistieron hasta la muerte como el V Cuerpo del general Mikhail Lascar). Una vez consumado el desastre que acabó con la destrucción de más del 60% de los efectivos rumanos y el embolsamiento de algunas divisiones junto al VI Ejército Alemán en Stalingrado, la situación se volvió una lucha desesperada por la supervivencia, como por ejemplo el intento de ruptura en la “Operación Tormenta de Invierno”. Lamentablemente todos los intentos fueron en vano porque el 2 de Febrero de 1942 la Batalla de Stalingrado se dio por concluida en lo que fue la mayor derrota militar de la nación que sufrió más de 200.000 bajas y la destrucción de los III y IV Ejércitos.

El revés de la Batalla de Stalingrado obligó a la retirada del Ejército Rumano del Cáucaso y a la defensa del perímetro de la llamada “Cabeza de Puente del Kubán”, donde las tropas integraban casi el 40% de los efectivos del Eje sobre la zona. De hecho, los rumanos se distinguieron rechazando un desembarco de los infantes navales soviéticos en el puerto de Novorossisk, así como repeliendo todos los asaltos del Ejército Rojo en la Península del Tamán hasta la exitosa evacuación en otoño de 1943 de más de 105.000 efectivos rumbo a Crimea y la propia Rumanía, salvo por algunas guarniciones que tomarían parte en la lucha antipartisana sobre Ucrania y el sur de Rusia.

Ametralladora rumana MG-42 en el Frente Oriental.

Junto al conflicto con la Unión Soviética, también Rumanía hubo de atender la guerra contra Estados Unidos y Gran Bretaña porque tanto la Fuerza Aérea Estadounidense (USAF) como la Fuerza Aérea Real Británica (RAF) lanzaron una serie de bombarderos contra el país como sucedió en las ciudades de Constanza, Teisani, Ciofliceni u Otopeni. Sorprendentemente y aunque era manifiesta la inferioridad de la Fuerza Aérea Rumana, los cazas obtuvieron una impresionante victoria en la defensa de los pozos petrolíferos de Ploiesti porque encajando unas pérdidas mínimas, abatieron hasta un total de 53 aviones norteamericanos B-24 Liberator. No obstante, en otras ocasiones muchas de estas incursiones dejaron una gran cantidad de víctimas como los B-17 estadounidenses y P-61 Black Widow británicos que causaron la muerte de más de 5.000 civiles en Bucarest.

El Mar Negro fue otro escenario de lucha a inicios de 1944, aunque ya desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial los submarinos y destructores de la Marina Real Rumana se habían destacado hundiendo cargueros y otras embarcaciones menores de la Marina Soviética. Sin embargo por aquellas fechas, la función de los buques rumanos fue la de evacuar a todos los 65.000 efectivos rumanos atrapados en la Península de Crimea cuando el Ejército Rojo avanzó en dos pinzas desde el Istmo de Perekop y la Península de Kerch. Así pues y gracias a la habilidad de los marinos rumanos, sólo 15.000 soldados cayeron frente a los soviéticos porque los 42.000 restantes fueron rescatados de Sevastapol y puestos a salvo en el puerto de Constanza.

A mediados de 1944 el Ejército Rojo se presentó a las puertas de Moldavia, justo en la frontera entre Rumanía y Ucrania sobre Transnistria. Como la superioridad enemiga en tropas y material era enorme, los rusos empujaron con facilidad a las fuerzas rumanas más allá del Río Bug y el Río Dniéster hasta resguardarse en las provincias de Besarabia y Bukovina. Sorprendentemente y contra todo lo esperado, el Ejército Rumano organizó una defensa desesperada con la que no sólo detuvo al Ejército Rojo, sino que con ayuda del Ejército Alemán lo envolvió por los flancos y causó a los soviéticos más de 150.000 bajas y la destrucción de 500 tanques en un episodio que sería conocido la Batalla de Târgu Frumos.

Cazas rumanos IAR-80 en el Frente de Este.

El 20 de Agosto de 1944, el Ejército Rojo con más de 1.300.000 hombres, 1.870 tanques, 16.000 cañones y 2.200 aviones, lanzó una gigantesca operación contra un 1 millón de tropas rumanas en Moldavia que sería conocida como la ofensiva Iasi-Chisinâu. La arremetida de la embestida que en primera instancia costó a los III y IV Ejércitos Rumanos 8.000 muertos y 25.000 heridos, acabó por romper el frente y embolsar a más de 170.000 tropas que no tuvieron más remedio que rendirse cuando desde Bucarest se anunció que Rumanía acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial.

Inesperadamente el 23 de Agosto de 1944, el Rey Miguel I propinó un golpe de Estado contra el Conducator Ion Antonescu con el que se derrocó al régimen filofascista e instauró un Gobierno pro-Aliado. Acto seguido, el monarca anunció un falso armisticio en el que se ordenaba al Ejército Rumano deponer las armas ante el Ejército Rojo e incluso desarmar a las unidades del Ejército Alemán que circulaban dentro del país. Lógicamente y como en Moscú no había constancia de ninguna negociación con el Gobierno de Bucarest (simplemente fue una sucia estratagema del Rey Miguel I para mantener la Corona), los generales y oficiales rumanos, confiando en el Jefe del Estado, rindieron divisiones enteras al Ejército Rojo para descubrir que su destino iba a ser la cautividad y los gulags de Siberia. El resultado de esta traición sería nefasto porque 305.000 soldados rumanos caerían prisioneros y encima la Unión Soviética invadiría el país apenas sin oposición, conquistando la capital de Bucarest el 30 de Agosto de 1944 y forzando la salida de Rumanía de las potencias del Eje durante le resto de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano. “El Ejército Rumano en la Campaña de Rusia”, García Hispán Editor (1997), p.71-94
Antony Beevor, Stalingrado. “La Operación Urano”, Planeta Deagostini (2006), p.219-241