Represión de los “Ausslandeutsche” en Hungría y Rumanía

Hungría y Rumanía habían sido aliadas de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Este estatus de “socios” a lo largo de la contienda y las buenas relaciones entre ambos pueblos, no evitaron que las nuevas autoridades comunistas impuestas por la Unión Soviética, reprimieran a las minorías étnicas de los “ausslandeutsche” y procedieran a su expulsión después de una convivencia pacífica que había perdurado siglos.

Caso de Hungría

En Hungría vivían un total de 477.000 alemanes cuando fue ocupada por la Unión Soviética, entre cuyo porcentaje se contabilizaban un 51% de mujeres, un 33% de niños o ancianos y sólo un 16% de varones adultos debido a que estos últimos habían sido reclutados por el Ejército Alemán o el Ejército Húngaro (y lógicamente se encontraban dispersos por toda Europa). Una vez consolidado el nuevo régimen magiar-soviético, las autoridades privaron a la minoría germana de su nacionalidad y derechos, además de prohibirse su lengua en las administraciones públicas, expropiarse sus pertenencias y desatarse una campaña propagandística xenófoba que despertó el odio de algunas comunidades rurales e incluso de los gitanos hacia todo lo alemán.

El Pogromo de Cernje fue el episodio más brutal porque 5.000 alemanes fueron linchados y apaleados por los comunistas húngaros, al mismo tiempo en que bandas de gitanos equipados con armas blancas, decapitaron a numerosas personas y violaron a centenares de mujeres. De hecho, el caso más famoso, sucedió cuando un grupo de miembros de la etnia gitana, destriparon en vivo al sacristán protestante Johann Joldscheck mientras contemplaba como violaban a su mujer y sus dos hijas, además de cortar la cabeza a su propio hijo.

Salvo por lo ocurrido en el Pogromo de Cernje y la muerte de 6.000 “ausslandeutsche” en campos de trabajo esclavo (el total de víctimas mortales en la represión sería de 11.000 fallecidos en todo el país), las vidas de los restantes alemanes se respetaron porque al fin y al cabo la población no había sido víctima del Tercer Reich y por tanto no existía ningún sentimiento de revancha. No obstante, la ausencia de racismo hacia lo germano, no impidió que el Gobierno del Partido Comunista Húngaro aprobase la expulsión de la ciudadanía alemana, que en más de dos tercios, fue transferida hacia Alemania Oriental y Austria.

Alrededor de 360.000 miembros de la minoría alemana fueron expulsados de Hungría entre 1945 y 1958, aunque se autorizó a permanecer a 117.000 porque causas diversas como por ejemplo la asimilación de la cultura húngara, su lealtad al régimen comunista o simplemente con el paso del tiempo la Segunda Guerra Mundial se fue olvidando. De hecho, al producirse la caída del bloque comunista en 1991, el Gobierno Húngaro pidió oficialmente perdón por lo ocurrido y restituyó la nacionalidad a todos los desplazados de la minoría alemana.

Caso de Rumanía

Al producirse la ocupación del Ejército Rojo en Rumanía gracias a la traición del Rey Miguel I a las potencias del Eje y su posterior posicionamiento del lado de la Unión Soviética, las nuevas autoridades del Gobierno de Bucarest comenzaron a aprobar ciertas medidas contra las minorías germanas. Así fue como los 461.000 habitantes alemanes de la nación, sufrirían un auténtico calvario en forma de expropiaciones, violencia y detenciones que se prolongaría más de una década.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, los alemanes fueron privados de la ciudadanía y sus derechos, especialmente los campesinos germanos denominados “chiaburi” que sufrieron una brutal persecución a manos de la población agraria rumana. De hecho, muchos de estos granjeros o trabajadores del campo fueron perseguidos, linchados y torturados, sufriendo en incontables ocasiones el escarnio público como por ejemplo les ocurrió a algunos propietarios que fueron desnudados, atados con los pies y las manos extendidas, y a continuación abiertos con cuchillos en canal para morir desangrados.

A finales de 1945 e inicios de 1946, comenzaron las deportaciones miles de “ausslandeutsche” hacia un total de 85 campos de trabajo esclavo diseminados por toda la geografía de Rumanía, aunque otros muchos fueron entregados a la Unión Soviética para acabar en los gulags de Siberia. De manera simultánea, también se procedió a la expulsión del resto de la población germana hacia Alemania, estando entre las víctimas 40.000 austríacos del Banato y 5.000 sajones de Transilvania.

Durante la Guerra Fría y después de fundarse la República Socialista de Rumanía, las redadas contra los “ausslandeutsche” se multiplicaron. Por ejemplo en 1951 decenas de miles fueron arrestados en Bârâgan y transferidos a otros lugares de Rumanía y Europa, aunque por suerte a partir de 1955, la radicalidad fue menguando y el Partido Comunista Rumano optó por detener las expulsiones. Gracias a estas medidas de rehabilitación, un total de 355.000 alemanes pudieron permanecer en Rumanía (aproximadamente dos de cada tres).

Hasta la cancelación de las deportaciones y el reconocimiento de la minoría germana por el Gobierno de Bucarest, las cifras se resumieron en 30.000 “ausslandeutsche” muertos y 76.000 deportados. Afortunadamente y a diferencia de otras comunidades alemanas de Europa Oriental que fueron complemente liquidadas, en Rumanía se acabó tolerando su presencia y por tanto la existencia de un pueblo que había habitado en aquellas tierras durante siglos.

 

Bibliografía:

-Joaquín Bochaca, Los Crímenes de los Buenos, “Ausslandeutsche”, Ediciones Sieghels (2009), p.352-353
-https://en.wikipedia.org/wiki/Flight_and_expulsion_of_Germans_(1944-50)