Masacre de Lídice

La ocupación del Tercer Reich a Checoslovaquia desde el año 1938 había sido pacífica durante las fases iniciales de la Segunda Guerra Mundial. Sólo el atentado contra uno de los grandes líderes de las SS que acabó con la muerte de Reinhard Heydrich a manos de la Resistencia Checa, propició una brutal represión de las fuerzas germanas que acabó en la tristemente célebre Masacre de Lídice.

Atentado a Heydrich

Bajo el nombre de “Operación Antropoide”, el Primer Ministro del Reino Unido, Winston Churchill, tomó la decisión de potenciar las acciones de la Resistencia Checa en Europa porque desde el año 1938 había sido prácticamente inexistente gracias al buen trato que el Ejército Alemán dispensaba a la población de Chequia, rebautizada como Protectorado de Bohemia-Moravia. Así fue como el Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE) con base en Inglaterra planeó asesinar al gobernador “reichsprotektor” del país, concretamente el general u “SS-Obergruppenführer” Reinhard Heydrich, quién también era el segundo jefe de las SS por detrás del “Reichsführer” Heinrich Himmler y el líder de la Policía de Seguridad (SD). Los ejecutores de la misión serían miembros del Gobierno Checo exiliado en Londres y antiguos veteranos del Ejército Checoslovaco que conformaron un equipo compuesto por tres individuos: Josef Gabcik, Josef Valcik y Karel Svoboda, aunque este último como se lesionó en un salto de instrucción con el paracaídas fue sustituido por Jan Kubis.

A las 22:00 horas del 28 de Diciembre de 1941, un bombardero Halifax de la Fuerza Aérea Real Británica (Royal Air Force o RAF) despegó del Aeródromo de Tangmere en Inglaterra y sobrevoló Francia a través de Le Crotoy y Alemania sobre Dramstadt, donde a punto estuvo de ser derribado por cazas de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) a los que el piloto consiguió despistar cuando el aparato alcanzó Checoslovaquia. Lamentablemente y a causa de una tormenta de nieve, los tres paracaidistas tuvieron que abandonar el avión antes de lo previsto y saltar cerca de la aldea de Nehvizdy, en cuyas inmediaciones fueron recogidos por miembros de la Resistencia Checa que durante varias semanas los ocultaron en Pilsen. Una vez retomada la misión en Praga, los comandos estudiaron los movimientos del coche de Reinhard Heydrich e incluso llevaron a cabo un intento de asesinato colocando un cordón de acero en un bosque por el que solía circular (aunque para su desgracia aquel día no apareció).

Alrededor de las 10:00 de la mañana del 27 de Mayo de 1942, los tres comandos de la Resistencia Checa se apostaron en una curva de la carretera que pasaba por la Calle Kirchmayerova, en donde el “reichsprotektor” Reinhard Heydrich viajaba a diario desde Praga al Castillo de Hradcany, normalmente a bordo de un coche Mercedes Benz con la capota bajada y que siempre reducía la velocidad al girar sobre aquel punto. Según el despliegue de los paracaidistas, su colocación táctica fue la siguiente: Josef Valcik se situó a lo lejos para hacer señales al divisar el vehículo, mientras que Josef Gabcik y Jan Kubis aguardarían a su objetivo, el primero con una metralleta Sten y el segundo con una granada de mano. Así fue como la “Operación Antropoide” se puso en marcha porque en cuanto apareció el coche con Reinhard Heydrich, Josef Gabcik salió de su escondite y apretó el gatillo del subfusil que para su mala fortuna se encasquilló. Acto seguido Jan Kubis arrojó su granada que explosionó cerca de la rueda trasera junto al guardabarros, aunque aparentemente sin daños porque tanto Reinhard Haydrich como el conductor Johannes Klein descendieron del vehículo, sacaron sus pistolas y dispararon contra los comandos. Durante el breve tiroteo el mismo Johannes Klein fue herido levemente por la Sten de Josef Gabcik, lo que permitió a este último huir entre la vegetación junto a Josef Valcik y a Jan Kunis escapar en bicicleta remontando la Calle Kirchmayerova.

Izquierda: Aspecto del coche de Reinhard Heydrich tras el atentado en la Calle Kirchmayerova. Derecha: Fotografía de Reinhard Heydrich.

Según el resultado de la “Operación Antropoide”, Reinhard Heydrich creyó salir ileso del atentado hasta que de repente sintió un fuerte dolor en la espalda cuando descubrió que una esquirla de la granada arrojada por Jan Kubis se le había incrustado en la columna vertebral. Inmediatamente fue trasladado al Hospital Bulovka de Praga y sometido a Rayos X que diagnosticaron la presencia de saturación en su pulmón izquierdo, la rotura de la punta de la undécima costilla y detectaron restos de metralla y tapicería del coche junto al bazo. A raíz de este cuadro clínico fue ingresado de urgencia por septicemia y todo el Hospital Bulovka rodeado por guardias de las SS, quienes prohibieron a los médicos checos atender al herido (por miedo a que trabajasen para la Resistencia Checa), por lo que hubieron de traerse a especialistas alemanes, incluyendo el doctor personal de Heinrich Himmler. Curiosamente y a pesar que durante los días siguientes el “reichsprotektor” mejoró porque se sentaba en la cama e ingería alimentos, de manera inesperada entró en coma irreversible, hasta que ocho días más tarde, a las 4:30 horas del 4 de Junio de 1942, la vida de Reinhard Heydrich se apagó para siempre.

Búsqueda de Culpables

Inmediatamente a la muerte de Reinhard Haydrich, las SS, la Gestapo y la Policía Checa movilizaron hasta un total de 5.000 efectivos en Praga para buscar a los culpables mientras se decretaba el toque de queda, se registraban domicilios sin autorización judicial y se pegaban carteles en los que se anunciaban 10.000 coronas como recompensa para todo aquel que aportase alguna información sobre los asesinos. Afortunadamente, tanto Josef Gabcik como Josef Valcik y Jan Kubis se habían ocultado muy bien en la Cripta de la Iglesia de San Cirilio y San Metodio que se ubicaba en la Calle Resslova de Praga, a los que muy pronto se unieron otros cuatro paracaidistas procedentes de Inglaterra llamados Adolf Opálka, Josef Bublíc, Jan Hrubý y Jaroslav Svarc. No obstante y contra todo lo esperado, un octavo comando que acababa de aterrizar desde Bretaña, el sargento Karel Curda, se sintió tan atraído por el dinero ofertado por los alemanes, que acudió a la Gestapo y proporcionó el nombre de todos los implicados, de las personas que les habían ayudado y las direcciones de los principales responsables de la Resistencia Checa.

Consumada la traición del sargento Karel Curda, un total de 800 tropas de las SS al mando del capitán Karl Von Trenenfeldt, se presentaron en la Iglesia de San Cirilio y San Metodio, en donde detuvieron al sacerdote Vladimir Petrek (quién sería posteriormente ejecutado) y levantaron un cordón policial en torno al edificio; mientras Jan Kubis, Adolf Opálka y Josef Bublík se atrincheraban en la galería superior del coro, y Josef Gabcik, Josef Valcik, Jan Hrubý y Jaroslav Svarc hacían lo propio bajo el suelo de la cripta. De este modo, en cuanto los alemanes irrumpieron en el recinto volando la cerradura de la verja que daba a la escalera de caracol, los checos respondieron disparando y haciendo rebotar una granada que dificultó mucho las cosas a los asaltantes, ya que a continuación se desató un tiroteo de dos horas que costó la muerte a Jan Kubis y Josef Bublík, así como a Adolf Opálka que se suicidó ingiriendo veneno. Curiosamente y aunque los germanos desconocían la existencia del grupo de la cripta, una prenda de ropa olvidada les delató, por lo que acto seguido los guardias de las SS descendieron por la escalera de bajada para ser fácilmente repelidos por las armas automáticas de los checos. A partir de entonces se entabló una negociación en la que se ofreció a los resistentes ser considerados como prisioneros de guerra según la Convención de Ginebra, algo que por supuesto rechazaron, lo que obligó a los germanos a emplear métodos más crueles. En primer lugar, se convocó al Cuerpo de Bomberos de Praga que inundó con mangueras de agua una sección de la cripta, al mismo tiempo en que los alemanes arrojaban granadas de gases lacrimógenos para asfixiarlos (sin éxito porque los checos dispararon a través de los respiraderos). Al cabo de unos minutos, también se recurrió a unos artificieros que volaron con explosivos un boquete en la pared, a cuyo interior fue imposible acceder porque las SS recibieron una lluvia de balas procedentes de la oscuridad. Sin embargo y pese a la heroicidad de los defensores, la resistencia estaba condenada al fracaso, pues en cuanto se agotaron las últimas municiones, los alemanes finalmente tomaron la cripta para encontrar en su interior los cuerpos sin vida de Josef Gabcik, Josef Valcik, Jan Hrubý y Jaroslav Svarc (que previamente se habían suicidado de un tiro en la cabeza).

La muerte de los siete comandos de la Resistencia Checa en la Iglesia de San Cirilio y San Metodio no significó el final de las represalias por el asesinato de Reinhard Heydrich. Casualmente, entre los objetos de uno de los detenidos tras las delaciones del sargento Karel Curda, concretamente del paracaidista Josef Horak, apareció una carta dedicada a su familia que residía en el pueblecito de Lídice. Como el documento no tenía nada de sospechoso por tratarse de un mero escrito personal, los agentes alemanes solamente tomaron la precaución de arrestar e interrogar a la familia de Josef Horak por si existía alguna conexión, aunque como no se pudo sacar ninguna información relevante, en seguida todos sus miembros fueron liberados. Fue entonces cuando la situación se complicó después de que Frantisek Pàla, un dueño de un taller que actuaba de informador para el Eje, descubrió en una de sus operarias, Andulska Marusczakova, una nota que relacionó con los asesinos de Heydrich porque reflejaba una frase que decía: “Saludos de Pepik” (una forma de comunicarse entre los paracaidistas). Así fue como Frantisek Pàla entregó el papel a la Policía Checa, cuyos agentes se la pasaron al funcionario Oskar Felk de la Gestapo y éste al coronel Otto Geschke que se encargaba del distrito de Praga. Según la investigación posterior, la nota iba dirigida un obrero llamado Vaclav Riha que vivía en la región de Kladno, quién fue detenido y fusilado sin justificación alguna junto a la operaria Andulska Marusczakova. Desgraciadamente, la represión no terminó ahí porque se fue fraguando una supuesta conspiración e insostenible interpretación acerca de que la localidad de Lídice era “colectivamente culpable” por haber amparado a la Resistencia Checa.

Cuando Adolf Hitler desde Berlín tuvo noticias sobre la posible conexión de Lídice con el asesinato de Reinhard Heydrich, el Führer sufrió un arrebato de ira a la hora de culpar a los habitantes de aquella comarca rural por lo sucedido. De la misma opinión fue Karl Hermann Franck, el sucesor de Reinhard Heydrich como nuevo “reichsprotektor” del Protectorado de Bohemia-Moravia, quién también deseaba aplicar una dura represalia contra este pueblo, que finalmente se materializaría en una de las más horribles matanzas de la Segunda Guerra Mundial.

Masacre de Lídice

Lídice era un pueblo a 16 kilómetros al noroeste de Praga que se situaba en el distrito minero de Kladno. A pesar de su reducido tamaño, la aldea disponía de un importante trazado urbano y también de una alta variedad de edificios como la Iglesia de San Martino, un club deportivo, una escuela con dos clases, una filial del Banco Kampeliska, un molino, un taller, un círculo de lectores, un cuerpo de bomberos, tres alquerías y cien viviendas. Respecto a su población, el censo se calculaba en 483 habitantes de los que 192 eran hombres, 196 mujeres y 95 niños, cuyas profesiones por sexo eran las siguientes: entre los varones un total de cuarenta y siete trabajaban en los complejos metalúrgicos y mineros, veintiocho eran artesanos, viente propietarios de renta, diecinueve agricultores, doce jubilados, diez negociantes, cinco aprendices, dos taxistas, dos guardias municipales, dos sastres, el alcalde, el párroco, el sacristán y un profesor; mientras que entre las mujeres ciento diez eran amas de casa, cuatro merceras, dos estudiantes y una cartera.

A las 21:00 horas de la noche del 9 de Junio de 1942, un total de 300 efectivos del Eje entre 200 soldados alemanes de las SS adscritos a la Guarnición de Slany y 100 checos colaboracionistas de la Policía Checa, se dividieron en varios destacamentos y rodearon el pueblo de Lídice, estableciendo su cuartel general en un henil, una base avanzada en una escuela vacía y una unidad de reserva que se desplegó en la cercana localidad de Càbarna. Sobre dichos puntos esperaron hasta las 00:00 horas de la madrugada, cuando la misión se dio a conocer entre los hombres con la siguiente frase: “Orden del Führer. Lídice será arrasado hasta el suelo y la población masculina fusilada (Führerbefehl: Lidz wird mit derm Erdboden gleichgemacht und die Bevölkerung erchossen)”.

Al amanecer del miércoles 10 de Junio de 1942, soldados alemanes en grupos de cinco hombres armados entraron escandalosamente en el pueblo de Lídice llamando a las puertas y ventanas de las plantas bajas de las viviendas. En cuanto los vecinos les preguntaron qué sucedía, los guardias solamente les ordenaron que se vistiesen y saliesen al exterior llevando mantas y objetos de valor, aunque un buen puñado de aldeanos fueron sacados de sus casas a empujones y arrastrados a la calle. Durante este proceso en que decenas de familias atravesaron el pueblo, numerosos perros y mascotas, sin saber qué ocurría, siguieron fielmente a sus dueños correteando alrededor de ellos, hasta que repentinamente los soldados germanos dispararon contra los animales y les mataron a casi todos, lo que hizo llorar a muchos de los niños tras ver morir a sus perritos y gatos. Una vez reunida la ciudadanía en la plaza principal, un pelotón de tropas irrumpió en el ayuntamiento y obligó al alcalde a abrir tanto la caja municipal como el banco, para acto seguido y pese a las quejas, ser todo el dinero incautado por las SS.

A las 8:00 horas de la mañana, los varones mayores de 16 años de Lídice fueron separados de las mujeres (cuatro de ellas embarazadas) y los niños a los que se alojó en una escuela vacía a la que cerraron puertas y ventanas para que no viesen lo que sucedía en el exterior. Mientras tanto los hombres, fueron alineados delante de un muro protegido por colchones (para evitar que las balas rebotasen) y fusilados de manera sistemática, primero de cinco en cinco y luego de diez en diez para acelerar el proceso. Según el recuento del crimen, un total de 171 varones fueron ejecutados, una cifra alejada del censo original de 192 porque había 21 en paradero desconocido. Sin embargo aquello no fue un obstáculo para las SS porque los alemanes encontraron a 8 individuos en la Prisión de Kladno que fueron trasladados a Praga y asesinados, así como a otros 11 que capturaron en los campos alrededores al pueblo y también eliminaros. Respecto a los dos últimos desaparecidos, prefirieron suicidarse antes que entregarse, como fue el caso del molinero que se ahorcó en su molinillo y un operario metalúrgico que se cortó las venas, lo que elevó el número de víctimas mortales a 192.

Izquierda: Checos fusilados por las SS en Lídice. Derecha: Cadáveres de checos frente a una pared con colchones para evitar el efecto rebote de las balas.

A media mañana, las mujeres y los niños que en la escuela de Lídice había escuchado los disparos con los que habían matado a sus maridos y padres, fueron sacados de la instalaciones y subidos una serie de camiones que abandonaron el pueblo. Acto seguido, en torno a las 11:30 horas, las SS prendieron fuego a todo la aldea, demoliendo todos los edificios y viviendas, incluyendo la Iglesia de San Martino (a la que antes desvalijaron sus objetos de oro y obras artísticas). Simultáneamente se ocultaron los cadáveres de los hombres, a los que arrojaron en una fosa común excavada por esclavos judíos traídos del campo de concentración de Theresienstadt, quienes echaron grandes porciones de hierba sobre los enterramientos para borrar las huellas. Una vez vacía la localidad, los soldados alemanes y los colaboracionistas checos lo celebraron organizado un banquete, sobretodo para festejar el inmenso patrimonio robado a sus habitantes que se cuantificó en 716.934 coronas y 85 céntimos extraídas de la caja municipal y el banco, además de 28 relojes (2 de oro, 10 de plata y 16 de níquel), 45 anillos (40 de oro y 5 de plata), 9 cadenitas de oro (8 de oro y una de plata), 4 collares (3 de oro y una de plata), 6 brazaletes (3 de oro y 3 de níquel), 13 pares de pendientes, 2 medallones de plata y una dentadura de oro.

El destino de las 196 mujeres y los 95 niños de Lídice fue su retención provisional en el Liceo de Klandno. Al cabo de tres días, el 12 de Junio, las familias fueron conducidas hasta la Estación de Kladno, donde violentamente separaron a las madres de sus pequeños a base de golpes y empujones. A continuación, un tren se llevó a las mujeres al campo de concentración de Ravesbrück en Alemania, en cuyo interior perderían la vida 53 tras ser sometidas a trabajos forzados; mientras que 83 niños fueron transportados al campo de exterminio de Chelmno para ser asfixiados en la parte trasera de camiones herméticos a los que se gaseó con monóxido de carbono (ninguno de los pequeños sobrevivió a la contienda). Respecto a los 12 menores de edad que no fueron deportados debido a que superaron un riguroso control racial por parte de las SS, nueve fueron dados en adopción a familias alemanas y otros tres (dos niños y una niña) se les alistó como “niños soldados” en el Ejército Popular “Volkssturmm”.

Después…

Cometido el crimen de la Masacre de Lídice, las SS se encargaron de borrar el pueblo del mapa geográfico de Europa porque echaron tierra sobre las baldosas de la localidad y pasaron un arado para cultivar sobre la superficie (incluso se pensó en construir una villa para la viuda de Reinhard Heydrich, aunque al final la idea se desestimó). Afortunadamente, lo sucedido en Lídice no caería en el olvido porque testigos oculares consiguieron viajar a Inglaterra y hablar de la matanza, tal y como recogió el diario británico Daily-Telegraph, antes de que la noticia fuese anunciada públicamente en todos los medios de comunicación de Estados Unidos, Iberoamérica y la Commonwealth. De hecho muy pronto los titulares de todo el mundo amanecieron con el siguiente rótulo: “Una cosa tan horrenda no había ocurrido desde la Edad Media”.

Restos de Lídice, aunque no puede apreciarse ninguna infraestructura porque las SS echaron tierra y la araron para ocultar el crimen aquel año 1942.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, las tropas de la Unión Soviética entraron en lo que antes había sido Lídice y encontraron la fosa común de los varones ejecutados en 1942. A partir de entonces comenzó una larga tarea por reconstruir en pueblo, al que curiosamente volvieron algunas de las pocas mujeres supervivientes. Gracias a la ayuda de otros países que donaron dinero para restaurar la localidad, el censo de la población alcanzó los 454 habitantes en 1967, los mismos que en los momentos previos a la matanza. Curiosamente a la caída del comunismo en 1991, el nuevo régimen democrático construyó un parque-monumento en honor a las víctimas con estatuas de los niños deportados; mientras que en el 2011 se estrenó una película titulada Lídice.

Jamás el Tercer Reich consiguió su objetivo de borrar Lídice del mapa de Europa porque la brutalidad de la matanza generó el efecto contrario en todo el mundo. Por ejemplo en Brasil la ciudad de Vila fue rebautizada con el nombre de Lídice, lo mismo que San Jerónimo en México, que Esperanza Valparaíso en Chile, que Stern Park en Estados Unidos y que Kfar en Israel, además de dos pueblos rurales en Venezuela y Panamá. También numerosos monumentos en honor a las víctimas se erigieron en Norteamérica como los levantados en Dakota de Sur, Tabor y Price, así como el construido en la capital de La Habana en Cuba y Montevideo en Uruguay. De igual forma en Iberoamérica la palabra “Lídice” fue convertida en un nombre de niña; mientras que en Azerbayán hermanaron el pueblo de Khojali con la localidad checa. Ante tales ejemplos, el episodio de la Masacre de Lídice quedaría por siempre asociado en la mentalidad colectiva como uno los crímenes más terribles y atroces de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Jesús Hernández, Las 50 Grandes Masacres de la Historia. Lídice, la gran venganza de Hitler, Tempus (2011), p.203-211
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Historia de un pueblo llamado Lídice, S.A.R.P.E. (1978), p.820-827
-Redacción Serga, Operación “Anthropoid”. Objetivo: eliminar a Heydrich, Revista Serga Nº78 (2012), p.8-17
-http://en.wikipedia.org/wiki/Lidice
-http://www.zchor.org/lidice1.htm