Limpieza de “Ausslandeutsche” en Polonia

Polonia fue uno de los casos más controvertidos en la persecución de las minorías alemanas “ausslandeutsche” al término de la Segunda Guerra Mundial. A la “polonización forzosa” de Danzig, Posnania o la Alta Silesia, siguió una expulsión de la población germana que terminó en una auténtica tragedia y a veces en un verdadero caso de limpieza étnica por parte del Ejército Polaco.

La Conferencia de Teherán entre el Presidente Franklin Delano Roosevelt de Estados Unidos, el Primer Ministro Winston Churchill de Gran Bretaña y el “Líder” Iósif Stalin de la Unión Soviética, fijó que Polonia sería despedazada de sus territorios orientales de Lvov, Volhynia, Grodno y Podolia en favor de las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Ucrania y Bielorrúsia, siendo sus fronteras compensadas con las provincias orientales de Alemania en Danzig, Posnania, Pomerania, Pomerelia, la Alta Silesia y Prusia Oriental, a cuya población se expulsaría de forma inhumana de sus hogares. A pesar de que en la Conferencia de Yalta se ratificó lo acordado, ni la URSS ni los Aliados tomaron ninguna medida para los más de 4 millones de habitantes germanos que había todavía en Polonia.

Durante las últimas fases de la Segunda Guerra Mundial, de los más de 8’5 millones de alemanes que vivían en las provincias occidentales de Polonia, aproximadamente 4’5 millones abandonaron sus hogares como refugiados y se afincaron en Alemania. Este éxodo que en algunos casos alcanzó al 90% de la población de algunas regiones, sumó cifras dramáticas como un 1.300.000 desplazados en Posen o 380.000 en Danzig que quedaron completamente vacías y desiertas. Aquella fuga masiva en muchos casos estuvo justificada porque de los 35.000 alemanes que vivían en las zonas del Gobierno General como por ejemplo en la capital Varsovia o la ciudad de Lodz (previamente se marcharon 365.000), los capturados por el Ejército Polaco fueron encerrados en prisiones o en el campo de concentración de Lamsdorf, donde muchos fallecieron de hambre como fue el caso de 600 de los 800 niños cautivos.

Terminada la Segunda Guerra Mundial sobre Europa en Mayo de 1945, todavía quedaban un total de 4 millones de ciudadanos alemanes en Polonia. A pesar de que la mayoría de los habitantes germanos pensaban que iba ser convertidos forzosamente a la nacionalidad polaca, fueron víctimas de una “polonización” obligatoria porque se prohibió el idioma alemán, se derribaron muchos monumentos históricos datados en siglos de antigüedad e incluso se modificó el nombre de las ciudades como Danzig que fue rebautizada como Gdansk, Breslau en Wroclaw, Posen en Poznan o Stettin en Szcecin. Respecto a aquellos ciudadanos que habían servido en el Ejército Alemán o colaborado con el Eje (aunque en la mayor parte de los casos eran civiles inocentes), un total de 250.000 fueron castigados a servir como esclavos en los campos de trabajo de Glatz, Mielecin, Gronów, Sikawa, Jaworzno, Potulice, Lambinowice y Zgoda, pereciendo alrededor de 60.000 reos.

Refugiados “ausslandeutsche” en Alemania procedentes de Polonia.

Oficialmente en el verano de 1945, comenzó al deportación de los millones de alemanes en Posnania, Pomerania, Pomerelia, la Alta Silesia, Danzig y Prusia Oriental cuando oficiales del Ejército Polaco se presentaron en las viviendas de los ciudadanos germanos y les informaron de que tenían media hora para hacer las maletas, reunir un mínimo de 500 marcos en dinero y marcharse (o en caso contrario arriesgarse a ser ejecutados). Así fue como cientos de familias, la mayoría mujeres, niños y ancianos con carretas y arrastrando sus pertenencias, se echaron a las calles y caminos en dirección hacia la frontera con Alemania. Tal y como era de esperarse, el calor veraniego acabó con la vida de cientos de personas porque muchos desfallecieron por el cansancio, la sed, el hambre o simplemente enfermos después de beber agua en mal estado de pozos, siendo la mayor parte de las víctimas los ancianos y bebés que no pudieron ser alimentados con leche. Todo este calvario fue soportado en medio de los insultos, abucheos, escupitajos y azotes que sufrieron a manos de los vecinos polacos cada vez que circulaban por un pueblo o ciudad. Mucho peor se comportaron los soldados del Ejército Polaco, a veces acompañados de civiles armados, que se divertían humillando a los refugiados, a los cuales golpeaban a menudo, robaban sus escasos objetos de valor, secuestraban a sus mujeres para violarlas en granjas cercanas o incluso en ocasiones fusilaban a los varones por simple entretenimiento. Sin embargo el sufrimiento no acabó con la llegada a la demarcación fronteriza con Alemania porque las autoridades del Ejército Rojo les denegaron el acceso al estar colapsadas todas las oficinas de inmigración. Ante este problema, muchos alemanes se arrojaron al Río Oder para colarse ilegalmente, mientras muchos de los que permanecieron atrapados entre un país que les expulsaba o otro que se negaba a acogerlos, murieron a millares por inanición epidemias o linchados por las bandas polacas.

A comienzos de 1946, las presiones ejercidas por los Aliados Occidentales para que se permitiese entrar en Alemania a los ciudadanos germanos expulsados de Polonia, facilitaron que las fronteras se abrieran, aunque de manera lenta y ordenada. De hecho, el Estado Polaco fletó una serie de trenes en que miles de alemanes fueron encerrados en vagones de ganado, a bordo de los cuales muchos fallecerían al ir apretujados con decenas de personas, así como por golpes de calor en verano, por hipotermia a causa de la lluvia que se filtraba a través del techo, o simplemente infectados por enfermedades al estar conviviendo sobre un suelo lleno de excrementos y orina (el trayecto era muy largo porque gradualmente la frontera se cerraba y los convoyes permanecían días parados en medio de la vía, por lo que prácticamente a diario los soldados polacos abrían las puertas para sacar los cadáveres que se pudrían).

En 1947 los Aliados y la Cruz Roja protestaron enérgicamente por la lentitud en que Polonia estaba llevando a cabo las deportaciones, por lo que finalmente el Ejército Polaco se vio obligado a mejorar las condiciones de los trenes, priorizando el traslado de la gente sana, para que a continuación viajasen de manera más cómoda los niños, bebés, mujeres embarazadas, lisiados o enfermos. Gracias a estas medidas, en 1949 la mayor parte de los habitantes germanos de Polonia habían sido transferidos a Alemania; salvo 250.000 a los que se permitió residir a cambio de renunciar a la nacionalidad y lengua alemana en favor de la polaca, así como por el hecho de existir matrimonios mixtos entre polaco-alemanes. Respecto a los refugiados que consiguieron ser admitidos en Alemania, fueron bastante mal recibidos por la población autóctona que los veía como extranjeros (muchos eran germanos de raza pero que ni siquiera hablaban el idioma porque se habían criado como polacos), por lo que muchos tuvieron que pasar años en campos de internamiento hasta su reeducación y redistribución por el país en la década de 1950.

Aproximadamente 4 millones de alemanes fueron expulsados de Polonia entre 1945 y 1949, de los que alrededor de 170.000 fallecieron durante el éxodo. Mientras tanto, los viejos territorios de Posnania, Pomerania, Pomerelia, Alta Silesia, Danzig y Prusia Oriental fueron entregados a Polonia y poblados con más de 3 millones de ciudadanos polacos que a su vez habían sido expulsados de las provincias orientales anexionadas por la Unión Soviética, lo que significó el mayor desplazamiento de seres humanos en la Historia de Europa.

 

Bibliografía:

-Jesús Hernández, Esto no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial, “Alemanes Expulsados: El Éxodo Ignorado”, Almuzara (2018), p.359-373
-https://en.wikipedia.org/wiki/Flight_and_expulsion_of_Germans_from_Poland_during_and_after_World_War_II