Genocidio en Indonesia

 

Indonesia, conocida en el siglo XX con el nombre de las Indias Orientales Holandesas, fue invadida por Japón entre Diciembre de 1941 y Abril de 1942, causando a los ejércitos de Holanda, Estados Unidos y Gran Bretaña una humillante derrota. El premio fueron las islas de Java, Sumatra, Borneo, Célebes, Molucas y todas las decenas de islotes circundantes. A pesar de la ignorancia del conflicto por los nativos, en Indonesia se cometería uno de los mayores crímenes contra la Humanidad de la Segunda Guerra Mundial.

Masacres

A lo largo de la ocupación japonesa, Indonesia fue víctima de numerosas masacres perpetradas por los japoneses contra la población civil por diversos motivos. Entre las víctimas se contabilizaron muchas de las distintas etnias del archipiélago: indonesios, malayos, chinos, europeos, holandeses, euroasiáticos, javaneses, amboneses, timorenses, sondaneses, madureses, papúes, austronesios, bruneanos…

Una de las primeras respuestas violentas japonesas tuvo lugar en 1943 a raíz del descubrimiento de un plan de sublevación contra el poder de Tokyo. La contestación fue exageradamente brutal porque se ejecutaron a 25.000 indonesios en todo el archipiélago.

La Masacre del Complot de Haga entre Mayo y Diciembre de 1943 se caracterizó por una serie de ejecuciones realizadas en esa misma localidad debido a los rumores de un posible levantamiento armado tras haber encontrado los japoneses un depósito de armas clandestino. Murieron 1.534 personas entre las que había 903 chinos, 577 indonesios, 36 europeos y 18 asiáticos de otros países.

Entre Octubre de 1943 y Enero de 1944 tuvo lugar el Incidente de Pontianak, un largo proceso de arrestos y posteriores ejecuciones que duró meses ante las sospechas de los japoneses a la comunidad china, a la negativa de muchos Sultanatos de someterse a Japón y otros problemas con la población local indonesia. Murieron 2.000 personas, entre ellos 20 Sultanes, incluyendo el poderoso Sultán Syarif Mohamad Adkadrie de Pontianak. La ejecución se produjo en unas fosas comunes entre las proximadades del inconcluso aeródromo de Ulin y la localidad de Mandor.

Hubo otra serie de asesinatos en la llamada “Conspiración China”. Según las fuentes japonesas los habitantes chinos a costa de los indonesios estaban planeando una sublevación para constituir la República de Borneo Occidental, la cual se convertiría en una provincia de la China del Kuomintang. Aunque la acusación era totalmente absurda, fueron ejecutados por ello 1.340 ciudadanos chinos.

Para Febrero de 1944, a los musulmanes de la región de Singaparna les tocó el turno de sufrir la violencia del Imperio Japonés. Todo ocurrió cuando un grupo de rebeldes liderados por Zainal Mustafá, se sublevaron a causa de la recluta forzosa de trabajadores y mataron a tres policías japoneses. Como represalia 22 personas fueron ejecutadas, entre ellas Mustafá, además de ser otras 79 encerradas en prisión de las cuales murieron 2 más.

En mucha menor medida se represalió a algunos crisitanos. La masacre más conocida fue la matanza de misioneros en las Islas Molucas. En Borneo fueron ejecutados dos sacerdotes, uno chino y otro indonesio. En Java el cura Damianus Hardjasuwanda fue enviado a un campo de trabajo en el que murió por contraer la tuberculosis. Por último, en el caso de los cristianos menonitas, fue fusilado Stefanus Simopjaref en la parte indonesia de Nueva Guinea.

Otros casos de crímenes fueron el aislamiento forzoso de 637 indonesios en Sarmi, Nueva Guinea, de los cuales morirían 480 por enfermedad; la ejecución de 200 civiles en Bajarmasin a manos de los marineros 22º Base Naval Especial; la muerte de 17 personas en Lombok tras ser contagiadas intencionadamente por armas biológicas de tétano; o la violación de mujeres en Riau.

Colaboracionismo

A pesar de todo el terror desplegado por Japón en Indonesia, el nacionalismo en esas tierras respecto a Holanda fue en aumento gracias a las políticas niponas de fomento para el independientismo indonesio.

Los líderes nacionslistas Ahmed Sukarno y Mohamad Hatta se mostraron dispuestos a colaborar con el Eje cuando en un acuerdo pactado entre Japón, Alemania y el Gran Muftí de Jerusalem Amín al-Husseini, rector del mundo musulmán, se aprobó la decisión de independizar Indonesia para el año 1945. Sin embargo, en los puntos sobre la cuestión independientista hubo discrepancias, pues los japoneses prácticamente consumirían todos los recursos indonesios, con lo cual la resistencia armada aumentó por un lado y la colaboración de los más fervientes nacionalistas por el otro.

Uno de los primeros focos de violencia en los que influyeron los japoneses a los indonesios fue en su odio contra los inmigrantes chinos, ya que a lo largo de la ocupación numerosas tiendas y comercios chinos serían asaltados y saqueados por el escuadrismo nacionalista indonesio. También mataron decenas de compatriotas del Partido Comunista Indonesio en la guerrilla, además de abusar contra las minorías holandesas y crisitanas. Tampoco faltó su brutalidad en los campos de concentración japoneses actuando como auxiliares de las milicias “heiho”. Las matanzas más famosas a manos de los nacionalistas indonesios contra aquellos que no se quisieron someterse ocurrieron en las aldeas de Kaplogan, Sindang, Lohbener y Bugis, en esta última ametrallaron a 200 personas.

Los “Rômusha”

Desde Enero de 1944 la escasez de alimentos se empezó a notar y le gente empezó a desfallecer. Básicamente las víctimas de esta política deficitaria fueron los llamados “rômusha”, trabajadores forzosos extuanados por las insoportables condiciones inhumanas.

Al principio el seleccionamiento de los rômusha” fue bastante suave, por eso mismo los japoneses iniciaron una campaña propagandística prometiendo buenos sueldos y estabilidad laboral en todas las islas de Indonesia. Poco a poco las maneras cambiaron a la coacción, sobretodo por parte de los Sultanatos locales proclives a colaborar con Japón. Normalmente se elegía a gente en dos grupos de 12 a 19 años y de 20 a 30 años, a los que alojaban durante 9 o 10 días en barracones a la espera de superar las pruebas médicas. Si se era elegido, entonces se le proporcionaba un billete de tren para que partiesen a sus respectivas áreas de trabajo.

Trabajadores forzosos indonesios “romushâ” trabajando en un ferrocarril.

Yogyakarta fue uno de los sitios más duros para el trabajo esclavo, zona que se dividía en los siguientes departamentos: aeródromo de Maguwo junto a la aldea de Badug, la costa de Merangi y el Canal de Mataram en el Estrecho de Surakarta. En el caso del aeródromo de Maguwo se construían refugios para tropas, aviones o armas, se cavaban túneles, se talaban árboles y se cultivaban vegetales, tarea que duraba desde las 7:00 de la mañana hasta las 16:00 de la tarde con un turno para comer a las 12:00. En la costa de Merangi se excavaban cuevas y se recogía arena del Río Opak. Por último en el Canal de Mataram, obra iniciada por el Sultán Hamengku Buwono IX, se trabajaba picando piedra desde las 7:00 de la mañana hasta el atardecer también con un tiempo libre para comer a las 12:00, normalmente con un menú escaso de arroz con verduras; a pesar de estas condiciones tan difíciles, la obra se concluyó con un pasillo abierto de 18′ 7 kilómetros de largo y 560 metros de largo.

Java fue sin duda el sitio más cruel en cuanto a la vida diaria de un rômusha. Rápidamente el hambre se extendió por este colectivo de la isla acompañado de enfermedades como cólera, malaria, disenterías o úlceras tropicales. Tampoco faltaban las palizas de los japoneses y a veces ejecuciones por negativas a trabajar, siendo cómplices y participantes de todo ello soldados colaboracionistas indonesios de una milicia llamada PETA durante las obras en torno a la muralla del Monte Malabar. De los 270.000 rômusha iniciales en Java perecieron 200.000.

Otros lugares en donde trabajaron rômusha fue en las minas de carbón de Bayah, en las cuales habían de tender una línea ferroviaria de 100 kilómetros por la jungla hacia la estación de Tegalombo y construir una carretera para carros tirados por caballos de 40 kilómetros, labor de mucho riesgo que duraba desde las 7:00 hasta las 15:00 horas con un turno para el almuerzo desde las 12:00 a las 13:00 y una paga diaria de 22 centímos para un hombre y 15 para una mujer. Entre las grandes islas Sumatra albergó a rômusha en las fábricas de dinamita y refinerías de petróleo, así como a lo largo de los terribles 220 kilómetros de tendido ferroviario que atravesaba la isla de este a oeste, alimentados más variadamente con algo de arroz, pescado, judías, maíz, patatas dulces, boniato y plátanos. En Borneo la vida fue más cómoda, ya que los rômusha trabajaron en los puertos y en la extracción de crudo con una dieta de tres comidas diarias consistente en arroz, verdura y pescado. Sin embargo en la Residencia de Banyumas las condiciones eran muy distintas, ya que al fracasar la cosecha que dejó muertas 16.000 hectáreas de cultivo, murieron 60.000 rômusha y otros 300.000 enfermaron de malaria. Hubo incluso rômusha en las minas de diamantes de Banjarmasin, en donde los trabajadores picaban para extraer el mineral precioso que la mayoría de las veces acababa en mercados negros.

Uno de los aspectos más negros de los rômusha fue la mano de obra infantil utilizada en la Segunda Guerra Mundial. El ejemplo más triste de ello ocurrió con los 1.693 niños entre los 7 y los 8 años que trabajaron en el recinto obrero de Tabanan, vigilados en muchos cosas por sus mismos profesores de escuela que los hacían cantar para mantener la moral mientras cargaban mercancías entre los 5 y 30 kilogramos. Otras tareas a las que dedicaron a los pequeños fue a recolectar en la jungla un vegetal llamado “lengua del diablo”, muy útil para fabricar los Globos Fugos, unos artefactos voladores para bombardear Estados Unidos.

Algunas grandes empresas se encargaron directamente de las áreas de trabajo de los rômusha, como hizo Mitsui con las minas de carbón de Ombilin, Sumatra, junto al pueblo de Sawahlunto, una de las mayores del archipiélago. Un total de 2.878 rômusha excavaron en dicha mina sin ver la luz del Sol durante a veces días enteros. Las enfermedades eran frecuentes, de hecho hubo una epidemia de malaria y tifus debido a la pésima nutricción. También fueron comunes accidentes laborales, se contaron 66 de los cuales 10 fueron muertos, 21 heridos graves y 33 con heridas medias o de menor consideración.

Hubo un total de 69.000 rômusha todavía menos afortundados que sus compañeros, los cuales fueron sacados de Indonesia y deportados a Birmania, Thailandia, Indochina o Malasia, de los cuales muchos jamás regresarían a su patria. A otros rômusha simplemente se los trasladó para aliviar la población de una isla con más habitantes hacia otra, especialmente indonesios de Java a Sumatra, como por ejemplo como ocurrió en Marzo de 1944 con 1.000 ciudadanos de Sukadana.

A veces los lugares habitados por los rômusha demostraron ser un auténtico infierno en cuanto a los habitáculos para vivir. Por ejemplo en Tanjungkaran vivían 7.000 rômusha dentro de una misma nave separada interiormente en bloques de 30 trabajores; en Sulawesi se introdujo a 4.000 personas en un mismo macrobarracón; aunque más suerte tuvieron los 500 inquilinos por barracón de Surabaya, normalmente durmiendo con gente enferma y a veces con los muertos. Tampoco solía haber hospitales salvo escasas excepciones, por eso las enfermedades se transmitían rápidamente como ocurrió en Palembang, pues allí de 3.000 contagiados de disentería fallecieron 2.300.

Por fin cuando el contrato expiraba los rômusha podían abandonar los campos de trabajo y regresar a sus hogares a las 9:00 de la mañana del día siguiente de haber concluido. No obstante muchos lograron escapar de aquel infierno y optaron por escaparse, usualmente comprando billetes de tren nada más evadirse y marchándose; otros simplemente no regresaron tras el período vacacional. Hubo un caso de una fuga masiva de 150 rômusha en Gresik y otro de un trabajador que regresó a su casa tras caminar 27 días seguidos alimentándose de la fruta que encontraba por el camino. Normalmente los japoneses no tomaban represalias, simplemente si los rômusha escapaban se los sustituía por otros en redadas masivas de las aldeas, pagando muchos inocentes la evasión de sus compatriotas.

Apróximadamente en el momento culminante de mayor número de trabajadores forzados, llegó a haber un total de 10 millones de rômusha.

Matanza de Isla Babar

A finales de 1944 tuvo lugar uno de los crímenes más sorprendentes en Indonesia, no por su magnitud, pues otros lo superaron en crueldad, sino por el motivo, en esta ocasión a causa de una discusión por tacabo. Se trató de la Masacre de Isla Babar.

Emplawas, localidad de Isla Babar en la región de Maluku, era un pueblo famoso por la producción de tabaco, apróximadamente 6.000 kilogramos cada año. Los japoneses de una base naval cercana comerciaban con los habitantes a través de su líder Timerkas Salmon Watekukly que les vendía 400 kilogramos diarios. De manera infortuita el 27 de Octubre, a causa de una discusión entre Timerkas y el representante comercial japonés ante una supuesta estafa, el nipón japonés golpeó en la cara al líder indonesio. Los aldeanos al ver aquello se abalanzaron sobre el japonés con armas blancas y cuchillos, entonces le lincharon, le amputaron todos los dedos de manos y pies, le cortaron la lengua y le empalaron boca abajo por el ano en una caña de bambú hasta darle muerte. También tres indonesios colaboracionistas que acompañaban al comercial fueron asesinados.

Comprendiendo Timerkas el error que acababa de cometer, supo que en cuanto los japoneses se enteraran de los sucedido efecurían una represalia, por lo cual decidió adelantarse e intentar asaltar la base naval japonesa. Con sólo 60 civiles armados con machetes y cañas de bambú, Timerkas atacó la base naval. Sin embargo el asalto fue un fracaso, pues sólamente se pudo matar a un soldado japonés y a un colaborador indonesio, además de herir a un marinero nipón. A causa del fallido ataque, la mayoría de los habitantes de Emplawas huyeron a los montes y selvas.

Por supuesto los japoneses se sintieron insultados por lo sucedido y prepararon un castigo ejemplar. Para ello se internaron hacia el interior de la pequeña Isla de Babar con un destacamento compuesto de 105 hombres con 50 marineros, 46 soldados de infantería y 9 colaboradores indonesios.

Entre el 3 y 9 de Noviembre se desarrolló la primera expedición contra la aldea de Emplawas, matando los japoneses a 100 habitantes. Entre el 11 y el 21 del mismo mes se efectuó la segunda expedición en torno al área montañosa de Tanimbar, en donde un mensajero local logró convencer a la población que se había refugiado en los bosques a que se entregara, a cambio no sufrirían daños. Sin embargo en cuanto se rindieron, 12 hombres y 12 mujeres, entre ellos Timerkas, fueron asesinados en el acto. Otras 394 personas fueron conducidas a la orilla del Río Tiwi y ametralladas, quedando sobre las aguas decenas de cadáveres flotando en una lamentable visión. Sólo se salvaron 20 chicas jóvenes porque las convirtieron en sus prostitutas forzosas.

Finalizada la masacre, los japoneses destruyeron toda la aldea de Emplawas, incendiando sus edificios y arrasando sus cimientos. El pueblo al completo desapareció de la geografía, teniendo el crimen cierto paralelismo con la Masacre de Lídice cometida por el Tercer Reich en Checoslovaquia.

Sobrevivieron 90 habitantes de Emplawas escondidos en la selva gracias a que se alimentaron de cocos, plátanos y otras frutas silvestres, aunque a los pocos meses el grupo se redujo en 60 después de morir 30 por enfermedades tropicales. Al terminar la Segunda Guerra Mundial los 60 supervivientes regresaron a su antiguo pueblo y comenzaron a reconstruirlo. No fue hasta el año 1992 cuando recuperó su población inicial de 700 personas previa a la masacre.

Hambruna de las Islas Orientales Holandesas

De lo más trágico que sucedió en Indonesia durante la Segunda Guerra Mundial, eso fue sin duda la llamada Hambruna de las Indias Orientales Holandeses. Aunque los Aliados debido al asedio naval del archipiélago tuvieron su parte de culpa en ello, lo cierto fue que los japoneses fueron los que cometieron una irresponsable política de sobrexplotación económica para el esfuerzo bélico que arruinó al país y que abrió el camino hacia el desastre humano.

Primeramente en cuanto los japoneses se hicieron responsables de la economía de las Indias Orientales Holandesas incautaron la mayoría empresas, instalaciones petrolíferas, minas y otras industrias, decisión que incrementó enormemente la inflación. A continuación se requisaron la mayor parte de coches y camiones en todo el archipiélago para enviarlos hacia el Sudeste Asiático, lo que dejó al sector agrícola sin motorización. Irresponsablemente se plantaron 1.300.000 hectáreas de algodón en un país cuya estructura económica no vivía de eso, lo que derivó la caída de otros sectores como el de la fibra, lubricantes o aceites, básicos para un alimento tan fundamental como la sopa. Todas las refinerías de azúcar dejaron de producir para convertirse en factorías de butanol, sustancia extraída del mismo azúcar que servía de combustible para los aviones. Al igual que el azúcar se malgastaron las cinchonas, un árbol con propiedades para curar la malaria que sin embargo fue utilizado para construir defensas militares. La vestimenta también desapareció prácticamente del mercado.

No sólamente las erróneas políticas japonesas llevaron a la hambruna, también el desastre medioambiental que supuso la excesiva explotación de los recursos insulares. La deforesteción alcanzó las 1.400.000 toneladas de árboles proporcionadores de caucho. Aquellas talas masivas erosionaron notablemente las montañas y valles, dando como resultado una sequía del suelo que impidió sembrar a muchos campesinos.

Indonesios famélicos afectados por la hambruna.

Todas las políticas abusivas y erróneas en 1944 llevaron a un empeoramiento de la situación. La gota que colmó el vaso fueron la movilización masiva de trabajadores forzosos y rômusha para contribuir mediante la construcción de defensas al esfuerzo defensivo ante el eventual desembarco aliado, algo que dejó desantendida a parte de la estructura económica de todo el archipiélago. Por culpa de aquello se fueron cerrando las factorías de alimentos, ya que de las 550 existentes al inicio de la ocupación, en 1944 quedaban sólo 347, lo que derivó en la caída de la producción de 1.985.000 toneladas en época de bonanza, al número de 1.341.000 toneladas en 1944 y a la catastrófica cifra de 66.958 toneladas en 1945.

Inevitablemente el hambre se extendió por todas las islas del archipiélago causando una terrible mortandad. Pasaron de morir cientos en los primeros días, a miles en las primeras semanas, después decenas de miles y a los pocos meses fallecían por centerales de miles, llegando incluso a sobrepasar el millón de muertos.

Poco hicieron los japoneses por evitar la tragedia, ya que cualquier brote de protesta o intento de los ciudadanos por obtener comida era castigado con represalias y ejecuciones. La corrupción en los sistemas logísitcos vitales para el suministro de alimentos también jugó un importante rol, por ejemplo en la Isla de Madura los barcos que debían llevar la comida a la población fueron desviados a otras tareas lucrativas. Tampoco se desviaron alimentos a los lugares de mal acceso geográfico como Sukabumi, una aldea situada a 600 metros de altitud en medio de la selva, en la cual la escasez fue tan grande que los habitantes recibían sólamente 250 gramos de comida diaria.

Más que el hambre, a veces fueron las enfermedades a causa de este los que llevaron a la muerte a millares de indonesios. Primeramente la malnutricción provocó enfermedades de piel y edemas. Poco a poco el organismo humano se fue corrompiendo hasta quedarse los habitantes esqueléticos. No tardó en venir la malaria, el tifus, fiebres tropicales, etcétera. A los enfermos para no contagiar a otros se les encerraba en sus casas, de los cuales muchos nunca saldrían. Tal fue el impacto de las enfermedades que en un recuento que se hizo sobre 1.960 habitantes en la aldea de Banyumas, 1.322 estaban enfermos, es decir, casi el 70%.

Sin duda 1945 fue uno de los años más negros en la Historia Indonesia. La hambruna dejó más de 3 millones de muertos por inanición en todo el archipiélago.

Conclusión

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los crímenes de Japón ascendieron en las Indias Orientales Holandesas a unos 4 millones de muertos. Sólamente el Imperio Japonés había superado esa crueldad en China.

Holanda, dueña colonial del archipiélago que volvió a tomar el control en 1945, fue la encargada de juzgar a los criminales de guerra japoneses. Tras varios juicios en veinte cortes distintas por todo el país, de 1.038 acusados fueron condenados a muerte 236, a cadena perpetua 28, a penas menores de prisión 705 e inocentes 55.

Indonesia se convirtió en el quinto país con más víctimas mortales a causa de actos criminales después de la Unión Soviética, China, Alemania y Polonia, otro triste récord de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

Jeroen Kemperman, The Encyclopedia of Indonesia in the Pacific War, “Prisioners of War (POWs)”, Brill (2010), p.174-179

Lawrence Rees, El Holocausto Asiático, Crítica (2009), p.104-123

http://en.wikipedia.org/wiki/Japanese_occupation_of_Indonesia#Millions_die