Pacto de Acero

El Pacto de Acero fue uno de los acuerdos bilaterales más trascendentales en la Europa del siglo XX. Suscrito por la Alemania Nacionalsocialista y la Italia Fascista, ambas formarían el bloque de las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial.

Origen

Históricamente las relaciones entre Alemania e Italia en el siglo XX habían sido muy tensas. Por ejemplo durante la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918, el Reino de Italia rompió la Triple Alianza con el Segundo Reich y el Imperio Austro-Húngaro para cambiarse al bando de los Aliados conformado por Gran Bretaña, Francia y Rusia. Aquel gesto de traición que contribuyó a la derrota de los Imperios Centrales, implicó además que en el Tratado de Saint-Germain firmado con Austria, ésta tuviese que ceder los territorios del Alto Adiggio, Trento, Trieste y Bolzano a Italia que en aquellos instantes estaban habitados por más de 300.000 ciudadanos alemanes.

Tampoco la amistad cambió entre la Italia Fascista de Benito Mussolini y la Alemania Nacionalsocialista de Adolf Hitler porque el régimen de la primera, consideraba al régimen de la segunda una “mala copia” según palabras del Duce e incluso una competencia ideológica entre dos maneras de entender el fascismo. Ni siquiera el trato personal entre los dos fue inicialmente amable porque tras el primer encuentro el 14 de Junio de 1934, Hitler acudió a Venecia vestido de paisano y Mussolini con un ostentoso uniforme militar, algo que hizo sentirse incómodo al Führer que notó estar en inferioridad respecto de su interlocutor, quién no dudó en llevar las riendas de la conversación rechazando la oferta de Hitler de reconocer al Alto Adiggio como parte de Italia a cambio de apoyar la expansión alemana hacia de Austria y mucho menos de formar una alianza defensiva contra Gran Bretaña y Francia. De hecho, cuando el Tercer Reich intentó al mes siguiente, en Julio de 1934, anexionarse Austria tras el asesinato por las SS del Canciller Engelbert Dollfuss durante el “Putsch de Viena”, el Ejército Italiano se presentó en la frontera del Paso del Brennero para ayudar al Ejército Austríaco en caso de producirse una agresión alemana, lo que frustró por el momento los planes hitlerianos de expandirse hacia los Alpes.

Curiosamente Adolf Hitler en su libro de Mi Lucha (Mein Kampf) había estudiado la posibilidad de un entendimiento entre el pueblo germánico y latino renunciando a los territorios del Alto Adiggio y Trento, para obtener el apoyo de los italianos o por lo menos la no intervención, en la búsqueda de un nuevo “espacio vital” alemán o “Lebensraum” en Europa Oriental a costa de los eslavos y Rusia. A pesar de que Benito Mussolini consideraba tonterías todas las cuestiones raciales alemanas y ficción su política expansionista, cuando durante la Guerra Ítalo-Etíope de 1935 a 1936 que culminó en la conquista de Etiopía y la creación del África Oriental Italiana, tanto Gran Bretaña como Francia sancionaron al Gobierno de Roma (que hasta ese momento había sido un socio de ellos frente al Tercer Reich), el fascismo italiano rompió relaciones con las democracias occidentales y desde entonces buscó acercar posturas con el nacionalsocialismo alemán.

Relaciones Ítalo-Alemanas

Los primeros contactos entre Alemania e Italia tuvieron lugar en Septiembre de 1937 cuando los intereses de ambas coincidieron por su rechazo a la Sociedad de Naciones y la cuestión de la Guerra Civil Española debido a que tanto Berlín como Roma apoyaban la causa de la España Nacional del “Generalísimo” Francisco Franco en contra del comunismo de la Segunda República. Fue así como Benito Mussolini viajó a Berlín para ser recibido por Hitler en una ostentosa ceremonia que dejó totalmente hipnotizado al Duce porque fue agasajado a lo largo de una avenida entre la Calle Brandenburger Tor y la Calle Westend por grandes bustos de Emperadores del Imperio Romano, columnatas con guirnaldas y haces de lictores, estandartes con águilas del Tercer Reich y unos pilones blancos con la simbología de los dos regímenes, todo ello precedido por un juego de luces nocturnas con los colores rojo, blanco y verde de la bandera italiana. Acabada aquella recepción, Mussolini expresó al Führer: “mañana Europa será fascista”. Acto seguido y aunque nuevamente el Duce reclinó una alianza militar, no intervino en Marzo de 1938 tras producirse la anexión de Austria al Tercer Reich durante el llamado “Anschluss”, un gesto que Hitler le agradeció diciendo: “No lo olvidaré jamás”.

En Mayo de 1938, el Ministro de Asuntos Exteriores del Tercer Reich, Joachim Von Ribbentrop, consiguió que Adolf Hitler viajase a Roma para entrevistarse personalmente con Benito Mussolini. Durante la reunión, el Ministro de Asuntos Exteriores, Galeazzo Ciano, se mostró contrario a la propuesta de los alemanes porque tras una conferencia en el Palacio Chigi, alegó acertadamente que el Tercer Reich emprendería aventuras militares sin consultar con nadie. No opinaba así el Duce que intentó impresionar al Führer mediante un desfile en la “Ciudad Eterna” a la que acudió el mismo Rey Víctor Manuel III sobre una avenida adornada de lictores y cruces gamadas, antes de partir a la Bahía de Napolés para vislumbrar unas maniobras en las que un centenar de submarinos se sumergieron al unísono bajo el agua. Una vez concluidas estas festividades de siete días sobre Florencia, Toscana y Umbría, y después de un banquete en el Palacio Venezia de Roma, Mussolini estrechó la mano de Hitler con la siguiente frase: “Ahora ya nada puede separarnos”. Sorprendentemente el Duce cumplió su palabra porque su papel fue esencial respecto a la firma de los Pactos de Munich junto al Primer Ministro Neville Chamberlein del Reino Unido y del Presidente Eduoard Daladier de Francia mediante los que se cedió la provincia de los Sudetes a Alemania a costa de Checoslovaquia. A raíz de todos estos sucesos y pese a que la posibilidad de una alianza ítalo-germana volvió a ser rechazada por Galeazzo Ciano cuando Joachim Von Ribbentrop se presentó en Roma los días 27 al 29 de Octubre de 1938, todo parecía apuntar a una colaboración militar en un cercano futuro.

Reunión entre Adolf Hitler y el Ministro de Asuntos Exteriores Galeazzo Ciano durante el Pacto de Acero.

Inesperadamente Francia reclamó algunas zonas de los Alpes Italianos a finales de 1938, lo que sumado a las aspiraciones de Italia por arrebatar sobre dicha área de influencia las provincias de Niza y Saboya, junto a la colonia de Djibuti en África, llevaron al Gobierno de Roma a estudiar la posibilidad de una coalición defensiva con Alemania. Curiosamente y aunque las exigencias del Gobierno Francés nunca fueron en serio, la torpeza de la diplomacia gala facilitó que el embajador italiano en Berlín, Bernardo Attolico, presentase una carta en el Ministerio de Exteriores del Reich para pactar una alianza contra los anglo-franceses con la condición de que se respetase el Alto Adiggio como un territorio italiano (e incluso el Gobierno de Roma se ofreció a financiar la evacuación de aquellos habitantes alemanes en la zona que quisieran regresar a Alemania). Sólo la invasión del Ejército Alemán a Chequia el 15 de Marzo de 1939 estuvo a punto de interrumpir las negociaciones (debido a que jamás se avisó con antelación al Duce), de no ser porque Hitler a toda prisa declaró oficialmente que jamás se opondría a los deseos italianos de expandirse por el Mar Mediterráneo y Croacia a costa de Yugoslavia. Incluso Japón manifestó su deseo de sumarse a esta coalición a través del Primer Ministro Hiranuma Kiichirô, siempre que se incluyera como enemigo a la Unión Soviética, algo que por el momento tanto Berlín como Roma declinaron debido a que Hitler estaba pactando en secreto con Iósif Stalin un reparto de Polonia (aunque no descartó atraer al Imperio Japonés en el futuro ante el temor de una intervención de Estados Unidos).

La anexión de Italia a Albania en Abril de 1939 se llevó a cabo con un éxito absoluto debido a que el apoyo internacional del Tercer Reich fue clave para evitar que ninguna nación se posicionase a favor del Gobierno de Tiranna. Al mes siguiente, el 4 de Mayo de 1939, Berlín y Roma ultimaron los retoques finales de la coalición por medio de los Ministros de Asuntos Exteriores Joachim Von Ribbentrop y Galeazzo Ciano. De esta reunión que se prolongó dos días hasta el 7 de Mayo, surgieron dos malentendidos que tendrían consecuencias en el futuro: primeramente que con el pacto los italianos creyeron apaciguar a los alemanes para que dejasen de reclamar territorios a la fuerza; y segundo, que los germanos se convencieron de que los italianos pronto entrarían en guerra contra los franceses cuando precisamente las relaciones entre Roma y París se estaban fortaleciendo. A estos inconvenientes diplomáticos de “letra pequeña”, además hubo que añadir que los italianos cometieron la torpeza de pensar que Alemania iba a consultarles antes de emprender cualquier operación militar, o que respetasen no entrar en ninguna guerra antes de tres años (debido a que el Ejército Italiano no estaría preparado para afrontar un conflicto hasta transcurrida esa fecha).

Pacto de Acero

Oficialmente el 22 de Mayo de 1939, Alemania e Italia forjaron su alianza con la firma del Pacto de Acero. La ceremonia que tuvo lugar en Berlín entre los Ministros de Asuntos Exteriores Joachim Von Ribbentrop y Galeazzo Ciano, a la que además acudió Adolf Hitler en calidad de mero observador, marcó el nacimiento del Eje y dibujó el mapa internacional de la Segunda Guerra Mundial.

Artículos:

1. Estipula que Alemania e Italia estarán en comunicación la una con la otra, en regla al “entendimiento de todos los intereses comunes o de la situación general europea”.
2. Obligación de Italia y Alemania a seguir una política exterior similar: por ejemplo, los dos países acuerdan en los eventos internacionales que sucedan a entrar en mutua conversación.
3. Promesa de soporte militar completo de los signatarios de ir a la guerra con otro país.
4. Sostenimiento de las intenciones del Artículo 3, en concordancia con el establecimiento de una gran cooperación en la esfera militar y en la esfera de economía de guerra. Este artículo también sostiene una gran comunicación entre Italia y Alemania en orden con los logros económicos y de cooperación militar.
5. Obligación de Italia y Alemania de acordar todos los futuros armisticios, fomentando el soporte del apoyo militar y la planificación entre los dos países.
6. Instamiento a la importancia de mantener relaciones con países que sean amigos tanto de Italia como de Alemania.
7. El Pacto de Amistad y Alianza entre Alemania e Italia tiene validez: esto estipula que el Pacto entra en vigor desde su firma y que deberá cumplirse hasta el final en 1949.

·Hubo dos cláusulas secretas que jamás se hicieron públicas. La primera consistía en una cooperación militar y económica. La segunda en un acuerdo para llevar a cabo una campaña de propaganda mutua entre las poblaciones de ambos países para justificar el Pacto Berlín-Roma.

 

Bibliografía:

-Mario Toscano, Así fue la Segunda Guerra Mundial. Volumen 3. “El Pacto de Acero”, Noguer (1972), p.58-61
-http://en.wikipedia.org/wiki/Pact_of_Steel