Guerra Civil China

La Guerra Civil China fue uno de los conflictos más violentos de Asia en el siglo XX. Librada entre 1927 y 1961 por el Kuomintang y el Partido Comunista Chino, aunque interrumpida desde 1937 a 1945 por la Segunda Guerra Sino-Japonesa y la Segunda Guerra Mundial, episodios como la “Larga Marcha” y la invasión de Japón, convirtieron lo que iba a ser una clara victoria de la República Nacionalista al frente de Chiang Kai-Shek, en un inesperado triunfo de Mao Tse-Tung con la proclamación de la República Popular de China.

República de China

Hasta comienzos del siglo XX el Imperio Chino de la Dinastía Qing se encontraba en una situación de absoluta decadencia y a punto de sumergirse en el abismo. Los factores que llevaron a este contexto de crisis se resumieron básicamente por los siguientes motivos: en la incapacidad de las autoridades para modernizar el país, en la corrupción de la clase funcionarial imperante, en las hambrunas sobre el ámbito rural y en las habituales revueltas de los campesinos y minorías; así como en las constantes derrotas frente al exterior como sucedió en las Guerras del Opio de 1840 a 1860 que habían supuesto la pérdida de Hong Kong en favor de Gran Bretaña, la Guerra Sino-Japonesa de 1894 a 1895 que implicó la cesión de la Isla de Formosa a Japón y la Guerra de los Bóxers de 1900 a 1901 que terminó con la mayor parte de las potencias del mundo ocupando la capital de Pekín. A todos estos problemas de extrema gravedad, hubo que añadir la cuestión sucesoria tras la muerte del Emperador Guangxu que acabó con la entronización del Emperador Pu-Yi, por aquel entonces sólo un niño, lo que menoscabó todavía más al poder de la Dinastía Qing, una familia de origen manchú a la que la mayor parte de los chinos de etnia “han” consideraba extranjera y culpable de todos sus males.

Banderas del Imperio Qing, Kuomintang y el Partido Comunista Chino.

En 1911 estalló la Revolución China sobre la ciudad de Wuchang que pronto se extendió por la provincia de Hubei y el Río Yang-Tse hasta alcanzar la capital de Pekín y acabar con el derrocamiento de la Dinastía Qing y la proclamación de la República de China. El nuevo régimen que estuvo sustentado por el Partido Nacionalista del Kuomintang, estableció su capital en Nakíng y extendió su soberanía al sur de China debido a que el resto del país quedó bajo dominio de los “señores de la guerra”. A pesar de que las autoridades desarticularon el golpe de Estado del Presidente Yuan Shikai tras un intento de entronarse “Emperador” en 1916, la debilidad de la República de China fue tan patente que tuvo que solicitar reconocimiento internacional entrando brevemente en la Primera Guerra Mundial junto a Gran Bretaña y Francia en 1917, además de verse las autoridades obligadas a abandonar Nankíng y a fijar una segunda capital mediante la creación del Gobierno Provisional de Cantón.

Era de los Señores de la Guerra

El ascenso al poder del Presidente Sun Yat-Sen como Jefe del Estado de la República de China en 1920, modificó la situación porque todas las fuerzas políticas que incluían liberales, conservadores, republicanos y socialistas fueron concentradas en torno al nuevo Gobierno de Guangzhou que el Kuomintang estableció en Guangdong con la única finalidad de consolidar un estado sólido y democrático. Estos cambios que estuvieron acompañados por una serie de reformas dentro del Ejército Republicano (Chung-kuo Lu-chün), facilitaron al Kuomintang una serie de victorias dentro de un proceso conocido como la “Era de los Señores de la Guerra”. Así fue como las tropas nacionalistas aplastaron a los diversos bandidos, sectas y grupos paramilitares de los gobiernos locales, como hicieron con el Ejército “Chihli Clique” del general Wu Pei-Fu en Manchuria y con el Ejército “Anhui” del general Li Yuanhong en Beiyang. De especial ayuda resultó el reconocimiento de la Unión Soviética durante este período y la fundación en 1922 de la Academia Militar de Whampoa dirigida por asesores rusos al frente del general Vasily Blyukher. Gracias a todas estas mejoras cualitativas y técnicas, la República de China fue progresivamente disolviendo desde 1923 a diversos señores de la guerra como Chang Ts’ung-Ch’ang en Shangtung, a la partida de bandidos de Yen Hsi-Shan en Shansi, a los guardianes de Sun Ch’uan-Fang en Fengtian y a los cristianos radicales de la secta de Feng Yu-Shiang en Zhili.

“Generalísimo” Chiang Kai-Shek.

Simultáneamente a la “Era de los Señores de la Guerra”, dentro de la República de China nació el Partido Comunista Chino (PPCh) a imitación del Partido Comunista Soviético (PCUS). Al mando del político Chen Duxiu, el objetivo de esta organización, que poco a poco comenzó a crecer con decenas de miles de miembros, entre ellos un carismático orador llamado Mao Tse-Tung, era exportar la “Revolución Bolchevique” siguiendo el modelo de Rusia. De hecho y a pesar de que el Partido Comunista Chino se integró en el Kuomintang en 1923 por iniciativa conjunta de Chen Duxiu y Sun Yat-Sen tras la lectura de un manifiesto en el Río Yang-Tse, desde Moscú la Unión Soviética intentó controlarlo desde la distancia enviando una gran cantidad de comisarios y una agencia bautizada “Comisión para China” que coordinaba las acciones entre el movimiento y las autoridades del Kremlin.

La muerte del Presidente Sun Yat-Set en 1925, implicó el ascenso al poder del “Generalísimo” Chiang Kai-Shek que adoptó este título por estar tanto al frente de la Presidencia de la República de China, como también del Ejército Republicano que igualmente rebautizó como Ejército Nacional Revolucionario. La nueva administración significó la total ruptura con la anterior porque tras abolirse la bandera republicana de cinco barras, se oficializó el “Sol Blanco” que hasta ese momento había sido el símbolo del Kuomintang; mientras que una gran parte de los opositores políticos fueron removidos de sus puestos o simplemente desaparecieron después de ser asesinados. Mucho peor le fueron las cosas al Partido Comunista Chino que en 1926 tuvo separarse del Kuomintang y todos sus miembros ocultarse en la clandestinidad, además de resultar expulsados los asesores soviéticos de la Academia Militar de Wamphoa. Sin embargo y salvo por estas tensiones con los comunistas, el carácter autoritario de Chiang Kai-Shek fue un éxito en otros ámbitos porque al mando de 250.000 soldados venció a más de 2 millones de “señores de la guerra” durante la “Expedición del Norte” que supuso la total derrota de los bandidos y las sectas locales, así como la conquista territorial de Wuhan, Nanchang, Nankíng y Shangai que en Marzo de 1927 concluyó con la unificación absoluta de la República de China.

Levantamiento de la Cosecha de Otoño

La Matanza de Shangai que tuvo lugar en Abril de 1927 cuando el Ejército Nacional Revolucionario del “Generalísimo” Chiang Kai-Shek disparó contra una manifestación del Partido Comunista Chino que dejó un saldo de miles de muertos, alentó una reacción contra el Kuomintang en numerosas regiones del sur de China que derivaría en una rebelión a nivel nacional. Así fue como la 24ª División de Infantería del general Zhu De que por aquel entonces estaba adscrita al XI Ejército, se amotinó el 1 de Agosto de 1927 en Nachang y expulsó a las tropas nacionalistas de la región hasta hacerse con el control total de la zona. Aprovechando el desconcierto de esta sublevación, el líder del Partido Comunista Chino en la provincia de Hunan, concretamente el carismático orador Mao Tse-Tung, agitó a las masas de campesinos y proletarios contra sus dueños tras la publicación de su libro Informe sobre una investigación del movimiento campesino en Hunan. Inmediatamente a este pronunciamiento al que se unieron unos centenares de bandidos en busca de botín, se produjeron una serie de disturbios contra las granjas y ataques de los trabajadores contra sus propias haciendas en un episodio que sería conocido como el “Levantamiento de la Cosecha de Otoño” y que propició el comienzo de la Guerra Civil China.

Matanza de Shangai que desencadenó la Guerra Civil China.

El “Levantamiento de la Cosecha de Otoño” en Hunan terminó siendo disuelto finalmente por la intervención de los soldados del Ejército Nacional Revolucionario del Presidente Chiang Kai-Shek, siendo los cabecillas de la rebelión y el propio Mao Tse-Tung capturados, aunque este último consiguió escapar justo antes de ser fusilado durante una audaz fuga hacia las montañas de los alrededores. Simultáneamente la 24ª División de Infantería en Nanchang también fue víctima de una ofensiva por parte del Kuomintang y empujada a lo largo de la costa del Mar de China Meridional durante un tortuoso trayecto de 600 kilómetros que costó la muerte a millares de soldados por enfermar de malaria o por las heridas recibidas durante las escaramuzas. Ni siquiera las breves insurrecciones en las zonas de Beijing, Guangzhou y Baise ayudaron a aliviar el hostigamiento de los combatientes comunistas en otros sectores porque las tres fueron duramente reprimidas por el Kuomintang.

Asedio a la Gran Cordillera de Jinnggangshan

La Gran Cordillera de Jinnggangshan fue el lugar elegido por los últimos 1.500 soldados del Partido Comunista Chino de Mao Tse-Tung para organizar una guerrilla contra el Kuomintang en la provincia de Hunan desde 1928. Esta barrera natural que estaba compuesta de montañas, bosques de pinos, cañas de bambú y arrozales, se convirtió en una auténtica pesadilla para los soldados del Ejército Nacional Revolucionario porque debían penetrar a través de frondosas junglas donde eran emboscados y a continuación puestos en retirada sin dejar de ser acosados desde la retaguardia mientras los trenes de bagajes eran abandonados y los partisanos se autoabastecían de suministros y municiones. Esta táctica que Mao Tse-Tung copió del general alemán Carl Von Clausewitz del siglo XIX y que desarrolló con ciertos añadidos propios en un manual que tituló De la Guerra, logró poner en práctica las siguientes tesis: “El ejército avanza, me retiro. El ejército descansa, hostigo. El enemigo está cansado, ataco. El enemigo se retira, lo persigo”.

Mao Tse-Tung durante los “Levantamientos de la Cosecha de Otoño”.

A mediados de 1928 el Ejército Rojo Chino que Mao Tse-Tung acababa de fundar en la Gran Cordillera de Jinnggangshan amplió enormemente sus efectivos con la llegada de los miles de supervivientes de la 24ª División de Infantería del general Zhu De que unió sus fuerzas a los guerrilleros. A esta unidad se añadió una guarnición de Wuhan que se sublevó contra el Kuomintang y se sumó al Partido Comunista Chino, además de la 115ª División de Infantería del general Lin Bao que desertó del Ejército Nacional Revolucionario para adherirse a la causa marxista. Gracias a estas nuevas adquisiciones y que los partisanos se apoderaron del puerto de Shantou desde donde comenzaron a recibir armamento y alimentos de la Unión Soviética, el Ejército Rojo Chino incrementó sus filas a 11.000 soldados que además de consolidar posiciones en Hunan y Changsha, también extendieron sus dominios a la vecina provincia de Jiangxi.

Changsha, capital de Hunan, constitiyó el primer éxito ofensivo del Ejército Rojo Chino porque el 25 de Julio de 1928, guerrilleros comunistas al mando del general Peng Dehuai arremetieron por sorpresa contra los suburbios y expulsaron a los nacionalistas de la ciudad. A pesar del triunfo, mantener la posición resultó imposible porque los maoístas cometieron la torpeza de disparar contra la cañonera estadounidense USS Guam que estaba anclada en unos muelles próximos al Río Xiang, matando al marinero Samuel Elkin (quién se convirtió en el primer norteamericano que perdió la vida contra los comunistas chinos). Como consecuencia de esta provocación a Occidente que deseaba proteger sus intereses comerciales en el Río Yang-Tsé, una escuadra de cuatro cañoneras de varias nacionalidades, entre estas la estadounidense USS Palos, bombardearon el puerto fluvial y proporcionaron cobertura a un contraataque desde tierra del Kuomintang que el 6 de Agosto puso en fuga a los partisanos y recuperó el control de Changsha.

Desde 1929 la Gran Cordillera de Jinnggangshan comenzó a sufrir el asedio del Kuomintang porque el cerco en torno la cadena montañosa generó una carestía de alimentos que derivó en hambruna, un problema que todavía se agravó mucho más como consecuencia de las requisas del Partido Comunista Chino a los campesinos de la zona que alcanzaron el 35% de las cosechas. A raíz de dichos riesgos y a que el Kuomintang acababa de recibir apoyo internacional en forma de armamento por parte de Francia, Estados Unidos y la Alemania de la República de Weimar; el Ejército Rojo Chino, aconsejado por el espía soviético Richard Sorge que había descifrado las transmisiones de los planes del Ejército Nacional Revolucionario, inició la evacuación definitiva de la Gran Cordillera de Jinnggangshan.

República Soviética de China

El 7 de Noviembre de 1931, fue proclamada la República Soviética de China, también conocida como República Soviética de Jiangxi, que el Partido Comunista Chino estableció con Mao Tse-Tung como “Zhuxi” o “Presidente”. Sobre esta zona en la que se impuso un régimen totalitario con capital en Ruijin y colectivizaciones de tipo agrario en las comarcas rurales, los grupos partisanos sentaron una base muy sólida en el centro-sur de China porque su “estado” abarcó 160.000 kilómetros cuadrados con un total de 10 millones de habitantes, incluyendo toda la provincia de Jiangxi y ciertas ramificaciones en las de Fujian, Hubei, Henan, Anhui y Zhejiang, además de poseer los mayores yacimientos de tungsteno del mundo con los que alimentaron su economía y comercio de armas vendiendo el mineral a los Señores de la Guerra de Cantón.

La existencia de la República Soviética de Jiangxi distó de ser pacífica porque junto al bloqueo del Kuomintang y a los bombardeos de la Fuerza Aérea China, se sumaron las represalias del Ejército Rojo Chino contra la población rural. El “terror rojo” pronto se extendió a todas las capas de la sociedad, desde ricos terratenientes que eran humillados y asesinados en público, a miles de granjeros pobres, agricultores y ganaderos que eran ejecutados en masa por negarse a las requisas abusivas de grano o defender sus propiedades del saqueo. Según los registros más de 186.000 personas murieron a manos de los revolucionarios, lo que curiosamente generó una “guerrilla dentro de la guerrilla” organizada por campesinos furiosos armados con cuchillos y lanzas que atacaban la retaguardia de los comunistas y en muchos casos colaboraban con el Kuomintang.

Guerrilleros del Partido Comunista Chino.

A comienzos de 1930 el Kuomintang comenzó una serie de incursiones contra la República Soviética de Jiangxi que acabaron en desastre porque en cuanto los soldados penetraban en amplios espacios y eran divididos como consecuencia de las partidas de hostigamiento, entonces el grueso de la guerrilla se lanzaba al asalto para ir eliminando a las tropas embolsadas por separado. Eso mismo le sucedió a una columna de 9.000 nacionalistas el 30 de Diciembre cuando fueron aislados en unos montes cubiertos de niebla y bosques de arces hasta que no tuvieron más remedio que tirar las armas y capitular, entre ellos su general que fue capturado y decapitado.

De nada sirvieron las privaciones de hambre impulsadas por el Kuomintang contra la República Soviética de Jiangxi, ni tampoco una serie de infiltrados denominados Grupos Antibolcheviques (AB) que cometieron actos de sabotaje en la retaguardia enemiga porque lo único que lograron fueron consolidar el poder de Mao Tse-Tung después de proporcionar a su líder una excusa para llevar a cabo una purga que dejó un saldo de 6.352 rivales ejecutados después de haber sido acusados de “contrarrevolucionarios”. De hecho la primera gran ofensiva del Kuomintang lanzada en 1931 terminó en un completo desastre con la destrucción de la 5ª División de Infantería; mientras que la segunda ofensiva desencadenada poco después concluyó con la aniquilación de todo el V Ejército Nacionalista y la puesta en fuga de la 53ª División de Infantería tras un saldo de más de 30.000 bajas.

Paralelamente a lo que ocurría en Jiangxi, en los otros teatros de operaciones el Ejército Rojo Chino también obtuvo éxitos notables como cuando 17.000 tropas nacionalistas al mando del general Ji Zhentong se amotinaron en Ningdu y se pasaron a las filas del Partido Comunista Chino. Al mismo tiempo en el sector centro-occidental del país, el general Zhang Guotao consiguió sublevar a 45.000 soldados del Kuomintang y fundar la Base Revolucionaria de Eyuwan, un territorio de 40.000 kilómetros cuadrados y 3 millones y medio de habitantes que se situaba justo en la confluencia entre las provincias de Hubei, Henan y Anhui. A pesar de que este “micro-estado” acabó siendo suprimido por el Ejército Chino y los comunistas forzados a retirarse, el general Zhang Guotao que era un gran visionario, huyó con sus hombres a la vecina provincia de Sichuán, donde aprovechándose del descontento de los campesinos con los nacionalistas, rebeló vastos espacios en los que estableció una segunda base revolucionaria y creó el IV Ejército de Ruta con 80.000 hombres.

Reorganización

Cuando el 18 de Septiembre de 1931 se produjo el Incidente de Mukden que continuó con la invasión de Japón a Manchuria, el Kuomintang abandonó la lucha con el Partido Comunista Chino para atender la nueva amenaza procedente del exterior. La “guerra no declarada” que la China Nacionalista libró tanto junto a la frontera nororiental y también en algunos puntos de la costa tras el Incidente de Shangai, acabó en 1932 con una rotunda victoria militar del Imperio Japonés que ocupó toda Manchuria y estableció un “estado títere” bautizado como Manchukuo al frente del Emperador Pu-Yi.

La interrupción de la Guerra Civil China como consecuencia de la derrota del Kuomintang en Manchuria contra Japón, facilitó a los guerrilleros del Partido Comunista Chino reorganizarse y al Ejército Rojo Chino reponerse de las bajas sufridas con nuevos efectivos que conformaron el VIII Ejército de Ruta. También la Unión Soviética incrementó las ayudas enviando una gran cantidad de asesores rusos y voluntarios de la Internacional Comunista (Komintern) como el oficial alemán Otto Braun que fue encargado de dirigir las operaciones en torno a Jiangxi, el oficial austro-húngaro Manfred Stern que ostentó la labor de adiestrar a las tropas chinas o el francés Jacques Doriot en calidad de consejero. Gracias a este salto cualitativo de sus hombres, Mao Tse-Tung estableció una estrategia dual consistente en desgastar con sus guerrilleros al Kuomintang lanzando incursiones desde los bosques y montañas, mientras el VIII Ejército de Ruta protagonizaba ataques a campo abierto sobre algunos de los accesos a la provincia de Jiangxi. Entre sus éxitos estuvo la conquista del puerto de Zhangzhou el 20 de Abril de 1932 que permitió a los comunistas disponer de unos mulles de carga en las costas del Mar de China desde donde recibir barcos cargados de suministro vía marítima desde Vladivostok en la URSS. Lamentablemente para los revolucionarios, también se produjeron algunos fracasos graves como la derrota en Boca de Agua después de que los maoístas sufriesen grandes bajas después de cometer la locura de cargar frontalmente espadas en mano contra las ametralladoras del Kuomintang.

Soldados del Kuomintang con equipamiento del Ejército Alemán.

Igualmente el Ejército Nacional Revolucionario del Presidente Chiang Kai-Shek tuvo que replantearse toda la estrategia llevada a cabo hasta la fecha porque solamente le había proporcionado fracasos ante el Ejército Rojo Chino y encima también contra Japón. Fue así como en 1933, el Kuomintang solicitó ayuda internacional que fue respondida por la Alemania Nacionalsocialista de Adolf Hitler, quién nada más haber sido proclamado Führer del Tercer Reich, atendió la solicitud del Gobierno Chino prometiendo el envío de una serie de técnicos y considerables cantidades de materiales procedentes del Ejército Alemán (Wehrmacht). Al mando del general Alexander Von Falkenhausen y luego del general Hans Von Skeet, decenas de asesores alemanes se hicieron con el control de numerosas unidades del Kuomintang a las que instruyeron siguiendo las modernas doctrinas militares y también equiparon con armamento de mano, uniformidad y cascos, piezas de artillería y tanques de última generación como el Panzer I, además de mejorar el poderío de la Fuerza Aérea China con aviones de alta calidad como el bombardero Heinkel He 111 que les vendió la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe). A raíz de todos estos cambios, un total de siete entidades del Ejército Nacional Revolucionario fueron “germanizadas”, concretamente las 3ª, 6ª, 9ª, 14ª 36ª, 87ª y 88ª Divisiones de Infantería; mientras que otras once lo fueron parcialmente, exactamente las 2ª, 4ª, 10ª, 11ª, 25ª, 27ª, 57ª, 67ª, 80ª, 83ª y 89ª Divisiones de Infantería. A pesar de que el “Plan 80” previsto por Chiang Kai-Shek apostaba por ochenta divisiones de este tipo, las existentes fueron suficientes para hacer frente y derrotar al Partido Comunista Chino.

La “Larga Marcha”

“Operación Muralla Feroz” fue el nombre que el Kuomintang otorgó a la ofensiva que el Ejército Nacional Revolucionario desencadenó con más de 1 millón de hombres contra el VIII Ejército de Ruta que defendía la República Soviética de China en Jiangxi. Sorprendentemente y a diferencia de en ocasiones anteriores, los soldados del Kuomintang eran mucho más profesionales y estaban dirigidos por oficiales alemanes, por lo que rápidamente penetraron a través de la provincia arrollando a los comunistas. De hecho y gracias a que previamente los ingenieros del bando nacionalista bloquearon las principales rutas de suministros mediante una amplia red de fortificaciones, trincheras, blocaos y zonas barridas por el fuego de la artillería, se impidió tanto la entrada como salida de alimentos y municiones, lo que sumado a las prácticas de “tierra quemada” en los campos de arroz y a las revueltas de campesinos armados que atacaban a los maoístas rezagados, los defensores quedaron al borde de la inanición y a punto de sufrir un colapso militar. Esta pesadilla como consecuencia de la carestía de comida y las más de 40.000 bajas sufridas por el VIII Ejército de Ruta (sin obviar la muerte hasta entonces de 700.000 civiles desde la fundación de la República Soviética de Jiangxi), llevó a Mao Tse-Tung a tomar la decisión de abandonar la República Soviética de China y emprender una huida hacia el norte que sería conocida como la “Larga Marcha”.

La “Larga Marcha” fue la mayor epopeya de la Guerra Civil China cuando el 16 de Octubre de 1934 más de 90.000 efectivos del VIII Ejército de Ruta de Mao Tse-Tung entre los que había 75.000 soldados, 15.000 auxiliares y 35 mujeres, partieron de Jiangxi hacia el norte de China para unirse a los nuevos focos de guerrilla que estaba organizando el Partido Comunista Chino. La expedición que comenzó con la evacuación ordenada de la disuelta República Soviética de China y el cruce de las líneas del Kuomintang sobre el sector de Yudu, estuvo magistralmente dirigida por el Consejo Revolucionario Militar Central al mando del general Zhu De y representando por los generales Liu Po Cheng, Zhou Enlai y Wang Chia-Siang, así como por el consejero alemán Otto Braum y los generales Lin Biao y Peng Dehuai liderando las vanguardias. Frente a ellos se encontraban 300.000 tropas nacionalistas del Presidente Chiang Kai-Shek que estuvieron al mando de los generales Bai Chongxi y Xue Yue, más el asesor alemán Hans Von Skeet.

En su fase inicial la “Larga Marcha” transcurrió con relativa tranquilidad porque los oponentes del VIII Ejército de Ruta eran bandidos cantoneses de los Señores de la Guerra a los que los maoístas pagaron un soborno para que les dejaran pasar sobre la confluencia entre las provincias de Jiangxi, Cantón y Hunan. Superado este obstáculo, también entregaron dinero a un contingente nacionalista al mando del general He Jian que no les atacó, lo mismo que ocurrió poco después en una tercera línea defensiva enemiga que se abrió sin pegar un sólo tiro. Las cosas cambiaron en el Río Xiang porque después de desviarse más de 30 kilómetros durante cuatro días para encontrar un paso vadeable, las tropas del Kuomintang que estaban esperando a los revolucionarios, les bombardearon con artillería y les asaltaron, provocando una matanza en la que murieron 3.000 comunistas y fueron capturados más de 10.000, hasta que por lo menos el resto de los evadidos consiguieron atravesar el cauce fluvial y proseguir con la huida hacia el norte de Guangxi.

Al producirse la entrada del VIII Ejército de Ruta en la provincia de Guizhou, las bajas por enfermedades, el frío y el hambre habían sido cuantiosas entre finales de 1934 e inicios de 1935, sin obviar los más de 28.000 soldados que fueron hechos prisioneros por el Kuomintang y en muchos casos fusilados. Sin embargo y contra todo pronóstico, el Presidente Chiang Kai-Shek no estaba por la labor de esforzarse por destruir a sus oponentes debido a que tenía sus propios planes para ellos. La idea del “Generalísimo” era ir debilitando a los comunistas sin llegar a aniquilarlos para de esa forma empujarles hacia la provincia de Sichuán, por aquel entonces muy rica en recursos pero que estaba bajo el control de los Señores de la Guerra, con la intención de amedrentar a los líderes de los bandidos y forzarles a aceptar la autoridad política y militar del Kuomintang. Una vez hecho esto, los supervivientes serían por segunda vez empujados hacia las montañas de la provinca de Shaanxi, donde se toleraría la existencia de un “estado micro-comunista” muy cerca de la futura zona de expansión del Imperio Japonés en el norte de China, a sabiendas de que muy pronto una guerra con Japón iba a ser inevitable (de ese modo los maoístas se encontrarían en el centro de la tormenta y podrían ser utilizados como “carne de cañón” e incluso como elemento negociador con la Unión Soviética).

Cuando el VIII Ejército de Ruta cometió la temeridad de cargar contra el Kuomintang en Tucheng, la “Larga Marcha” sufrió un inesperado giro después de encajar los comunistas una grave derrota que dejó más de 1.000 muertos y obligó al resto a dar media vuelta cruzando las peligrosas aguas del Río Rojo bajo una lluvia torrencial que inundaba todos los alrededores. Justo después de perder toda su artillería pesada que fue abandonada en el cauce fluvial, el contingente guerrillero modificó la ruta sobre Guizhou y conquistó la ciudad de Zunyi el 27 de Febrero, rechazando milagrosamente un contraataque de dos divisiones nacionalistas. Al mes siguiente, en Marzo, los partisanos intentaron desatascar la situación abriéndose paso hasta Maotai sin éxito porque las ametralladoras del Kuomintang ocultas en los montes mataron a 1.000 maoístas y forzaron a los supervivientes a cruzar otra vez el Río Rojo, esta vez hacia la provincia de Sichuán (tal y como había previsto el Presidente Chiang Kai-Shek).

La “Larga Marcha” del Partido Comunista Chino.

La presencia del VIII Ejército de Ruta en Sichuán significó la entrada del Kuomintang en la provincia y la sumisión de los Señores de la Guerra, quienes no tuvieron más remedio que ponerse bajo el mando del “Generalísimo” Chiang Kai-Shek. No obstante y contra todas las predicciones, Mao Tse-Tung optó por no seguir penetrando en la región para evitar unirse a un contingente guerrillero al frente de Zhang Guotao (que hubiese sido lo más lógico para aumentar su número de efectivos), ya que su intención era mantener la cohesión del mando del Partido Comunista Chino y no deseaba ver comprometida su autoridad con este general que también ambicionaba hacerse cargo del movimiento. Así fue como los maoístas hicieron caso omiso a los escasos soldados nacionalistas que había en Sichuán y volvieron sobre sus pasos para regresar a Guizhou (solo 2.000 hombres del IX Cuerpo Comunista siguieron adelante hasta que se reunieron sin incidentes con la columna de Zhang Guotao). Curiosamente aquella decisión de Mao Tse-Tung estuvo a punto de acabar en una escisión del Partido Comunista Chino porque después de dar un rodeo inmenso sobre la provincia más meridional de Yunnan y repeler durante siete días las incursiones de los bandidos en el Río de las Arenas Doradas, los partisanos volvieron hacia el norte, no sin antes pelear contra los nacionalistas frente a una muralla medieval del siglo XV ubicada en Huili, de donde tuvieron que retirarse nuevamente hacia Sichuán a través de Anshunchang tras haber sufrido durante la campaña más de 30.000 bajas.

La frontera entre Sichuán y el neutral Tíbet comprendió la siguiente fase de la “Larga Marcha” cuando el 29 de Mayo de1935 los revolucionarios alcanzaron las afueras del pueblo de Luding y la orilla meridional del Río Dadu. Sobre este sector, un grupo de 22 partisanos al mando del oficial Tang Chengwu cargaron contra el Puente Dadu, una vieja infraestructura colgante de 101 metros de largo y 3 metros de ancho con tablas de madera de 30 centímetros y 24 cadenas de hierro (13 de sujeción y 9 en la base). Defendía la orilla opuesta una ametralladora nacionalista que no dudó en disparar contra las cadenas humanas que se amarraron al puente (previamente habían quitado la mitad de las tablas para entorpecer el paso), matando a tres comunistas hasta que uno de los guerrilleros arrojó una granada y silenció la automática, facilitando el cruce del resto que muy pronto consolidó una cabeza en la orilla norte y ocupó la aldea de Luding. Al cabo de dos días de este episodio, el 31 de Mayo, Mao Tse-Tung y sus generales atravesaron el Puente Dadu, siendo desde entonces rememorado el episodio (y exagerado posteriormente por la propaganda comunista) como uno de los momentos más épicos de la “Larga Marcha”.

Con la “Larga Marcha” avanzando de forma paralela al Tíbet, los autóctonos tibetanos que fueron víctimas del saqueo del VIII Ejército de Ruta a sus campos de cebada, organizaron partidas armadas de caballería con las que lanzaron incursiones y eliminaron a numerosos comunistas rezagados. A este problema en la retaguardia también se sumó la escalada del Monte Kansu, conocido como el “Gran Nevado” por sus 3.000 metros de altitud, cuyas ventiscas de nieve y bajas temperaturas se cobraron las vidas de decenas de maoístas, hasta que finalmente los revolucionarios superaron la montaña, a veces descalzos y sin ropa invernal, para reunirse durante el descenso en la aldea de Fubian con el contingente de Zhang Guotao que acababa de desplazarse desde el interior de Sichuán. De este modo, una vez suplidas las bajas con las tropas frescas de Zhang Guotao (a quién la cúpula del Partido Comunista Chino privó de sus aspiraciones concediéndole una cargo secundario) y después de haber ocupado el pueblo de Zhuokeyi, tan sólo quedaba la etapa de dirigirse hacia el norte de China.

El 6 de Agosto de 1935, el VIII Ejército de Ruta continuó la “Larga Marcha” hacia el norte de Sichuán en dos alas: la columna de la derecha al frente de Mao Tse-Tung en dirección Banyou y la columna izquierda de Zhang Guotao en dirección Aba (aunque esta última dio media vuelta el día 15 para tomar el rumbo de la columna derecha, lo que propició un motín que tuvo que ser sofocado). Lamentablemente, esta parte del trayecto fue la peor de todas porque los guerrilleros avanzaron sobre una meseta de 3.000 metros de altitud cubierta de niebla, lluvias de granizo y una ciénega pantanosa de varios kilómetros, en donde el barro y las arenas movedizas se tragaron a numerosos partisanos que murieron ahogados. De hecho pronto los maoístas se quedaron sin comida y fueron víctimas de enfermedades como el tifus y la malaria que se cobraron muchas víctimas (por ejemplo en el cuerpo del general Lin Biao hubo 400 fallecidos, el 15% de su plantilla). Afortunadamente y después de muchas calamidades, sin obviar el acoso desde el aire de la Fuerza Aérea China del Kuomintang, el VIII Ejército de Ruta salió de Sichuán y entró en la provincia de Gansu.

Gansu fue un “paraíso” en comparación a Sichuán porque los supervivientes de la “Larga Marcha” prosiguieron por campos de espigas, cultivos de cereales y pastos de ovejas que les proporcionaron alimentos. Afortunadamente los soldados del Kuomintang no les molestaron (debido a que el Presidente Chiang Kai-Shek quería empujarlos hacia la provincia de Shaanxi), ya que tras cruzar el Paso de Lazikou los únicos enemigos que encontraron fueron los bandidos musulmanes de la región que defendieron sus granjas mediante ataques esporádicos a su retaguardia, a quienes fácilmente desarticularon y repelieron. Así fue como los comunistas avanzaron 1.000 kilómetros prácticamente sin oposición, salvo por el molesto calor de los desiertos de Ningxia que mató a algunos hombres por insolación y ciertos problemas a la hora de escalar la “Vieja Montaña” situada en la Cordillera de Yuencheng.

El 20 de Octubre de 1935, los últimos 8.000 supervivientes del VIII Ejército de Ruta alcanzaron el “loess” o “tierra amarilla” de Shaanxi, donde el 20 de Octubre de 1935 entraron en la ciudad de Bao’an y se refugiaron en la comarca de Wuqi. Con este último suceso, se dio por concluida la “Larga Marcha” que hasta la fecha había costado la muerte a 82.000 guerrilleros (el 90% de la cifra original) después de un trayecto de 12.000 kilómetros a través de montes, junglas, arrozales, pantanos y desiertos sobre las provincias de Jiangxi, Hunan, Guangxi, Guizhou, Sichuán, Gansu, Ningxia y Shaanxi.

Base del Yenan

La llegada del Partido Comunista Chino a Shaanxi facilitó a los comunistas reconstruir una “China Soviética”. Aprovechando que la zona era un área muy despoblada y con tierra cultivable en abundancia, salvo por los desiertos y la fina arena del “loess”, así como muy fácilmente defendible gracias a las montañas y a los sistemas de cuevas, el Presidente Mao Tse-Tung pudo fortecer su régimen y sobretodo aumentar los efectivos del Ejército Rojo Chino a lo largo de 1936, primero a partir de los 8.000 supervivientes de la “Larga Marcha”, luego con los 5.000 ya presentes en Wuqi que lideraba el general Liu Zhidan y por último con los 20.000 rezagados del general Zhang Guotao que acababan de venir de Sichuán. Gracias a estos hombres y a los reclutamientos forzosos efectuados por el general Zhou Enlai, los maoístas pronto sumaron 80.000 hombres con los que nacieron los I y II Ejércitos Rojos, los cuales además de dominar la mitad de la provincia de Shaanxi, extendieron sus dominios dentro de algunas comarcas en Ningxia, Shanxi, y Suiyuán.

A mediados de 1936, la situación mejoró notablemente para el Partido Comunista Chino porque después de unificar el VIII Ejército de Ruta y los I y II Ejércitos Rojos, el Kuomintang fue incapaz de triunfar en todos sus intentos por desalojarlos como sucedió durante una ofensiva entre Shaanxi y Gansu que costó a los nacionalistas una retirada con 9.000 muertos sobre el terreno. Sin embargo y pese a ciertos éxitos, tampoco los comunistas fueron capaces de llevar a cabo campañas de gran calado porque durante una gran operación en dirección al Río Amarillo lanzada en Octubre de 1936, el Kuomintang tendió una emboscada a los partisanos en la que sufrieron millares de bajas.

Fuera de Shaanxi, el Ejército Rojo Chino intentó desencadenar una ofensiva hacia la provincia de Sinkiang, por aquel entonces bajo ocupación provisional de la Unión Soviética tras la Guerra de Xinjiang de 1931 a 1937, cuando 21.800 efectivos de la “Columna Occidental” al mando del general Zhang Guotang probaron suerte a enlazar con el Ejército Rojo para obtener suministros y armamento para la guerrilla. Por desgracia, el contingente comunista que se adentró en Gansu y el Desierto del Gobi fue rodeado por fuerzas de la caballería musulmana de la Camarilla de Ma que lideraba el Señor de la Guerra Ma Bufang, cuyos combatientes islámicos hicieron miles de prisioneros maoístas, de los cuales 1.000 serían enterrados vivos como castigo y 2.000 mujeres violadas o vendidas en los mercados de esclavos de la región. Como consecuencia de lo que fue uno de los peores reveses del Ejército Rojo Chino porque 21.400 soldados causaron baja (y encima 200 de los únicos 427 supervivientes fueron ejecutados por sus compañeros a su regreso a Shaanxi después de ser acusados de cobardía), el general Zhang Guotang que había discrepado de la operación con Mao Tse-Tung, decidió romper para siempre con la ideología comunista y desertar a las filas del Kuomintang.

La prolongación de la Guerra Civil China que para muchos ya se hacía interminable dentro del propio Kuomintang, dio lugar a un golpe de Estado a finales de 1936. Bautizado el suceso como el Incidente de Xian, la acción se desarrolló con el secuestro del Presidente Chiang Kai-Shek por parte de los generales Zhang Xueilang y Yang Hucheng. Lamentablemente para los maoístas que deseaban ver ejecutado al “Generalísmo”, los sediciosos se echaron atrás en cuanto se presentaron tropas leales al Gobierno de Nankíng, por lo que la insurrección acabó fracasando con la vuelta del Jefe del Estado. No obstante y contra todo pronóstico, la actitud de Chiang Kai-Shek cambió radicalmente porque ante la necesidad de contar con aliados de cara a la futura guerra que se estaba gestando contra Japón, consiguió pactar un alto el fuego provisional con Mao Tse-Tung a cambio de autorizar al Ejército Rojo Chino a extenderse en un área de 129.600 kilómetros cuadrados de Shaanxi, en donde el Partido Comunista Chino estableció la base fortificada del Yenan, capital de la nueva “República Soviética de China”.

Segunda Guerra Mundial

Al producirse el Incidente del Puente Marco Polo que el 7 de Julio de 1937 propició la invasión de Japón a China y el estallido de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, tanto el Kuomintang como el Partido Comunista Chino interrumpieron la Guerra Civil China. Fue entonces cuando el “Generalísimo” Chiang Kai-Shek y el “Gran Timonel” Mao Tse-Tung se entrevistaron y pusieron fin a las hostilidades para agrupar en una sola entidad al Ejército Nacional Revolucionario y al Ejército Rojo Chino en el llamado II Frente Unido (el I Frente Unido había tenido lugar durante la Expedición del Norte en la Era de los Señores de la Guerra) con la única finalidad de defender su patria del Imperio Japonés.

La Segunda Guerra Sino-Japonesa se desarrolló entre 1937 y 1938 muy positivamente para Japón porque conquistó las principales ciudades de Pekín, Tianjin, Shangai, Nankíng y Wuhan; se expandió sobre la franja centro-oriental de China con las provincias de Hebei, Shandong, Shanxi, Jiangsu, Anhui y la Isla de Hainan (y parte de las de Hubei, Henan, Juangxi, Zhejiang y Hunan); creó al norte un “estado satélite” en la Mongolia Interior; y provocó tremendas derrotas al Ejército Chino que sufrió millones de bajas, lo que obligó al Kuomintang a trasladar la capital hacia Chonqing en Sichuán, y al Partido Comunista Chino a atrincherarse en torno a la Base del Yenan en Shaanxi. A pesar de ciertas victorias nacionalistas como la Batalla de Taierzhuang o moaístas como la Batalla de Pingxingguan, los japoneses fueron imparables porque forzaron a los chinos a ceder terreno hasta apoderarse de toda la costa del sur de China con las provincias de Guangxi, Cantón y Fujian entre 1940 y 1941, propiciando en la retaguardia un movimiento contra el invasor que se articuló en la Resistencia China, en su mayor parte capitalizada por el Partido Comunista Chino.

A mediados de 1940 comenzaron a surgir fricciones en el II Frente Unido porque la falta de entendimiento entre nacionalistas y maoístas generaron ciertos choques que dejaron 6.000 muertos en diversas zonas de China. Sin embargo se trató de suscesos aislados, por lo menos hasta que el 30 de Septiembre tuvo lugar el Incidente de Anhui Sur, cuando después de arrebatar a los japoneses la localidad de Hunangqiao, las tropas del Kuomintang del LXXXIX Ejército Guerrillero y la 6ª Brigada Partisana, se pelearon por el control de esta localidad con los comunistas del IV Ejército Nuevo que acababan de cruzar el Río Long. Como consecuencia del enfrentamiento fatricida en los bosques y montes de alrededor, 5.000 nacionalistas perdieron la vida, entre ellos los generales Li Shouwei y Ong Da, además de ser capturados los generales Sun Qiren y Miao Ruilin, y un material de 3 cañones, 59 morteros, 189 ametralladoras y 3.800 pistolas. Lamentablemente la lucha solo benefició al Imperio Japonés, que aprovechando la pelea intestina entre los chinos, pudo atacarles por sorpresa y recuperar las aldeas de Huaian, Paoying y Hsinghua.

Inesperadamente el 6 de Enero de 1941, tuvo lugar el Incidente de Wannag después de que un contingente de 9.000 maoístas del IV Ejército Nuevo al mando del general Xiang Ying que venían desde su base en el Monte Haungshan situado entre las provincias de Jiangsu y Anhui, se internaran por error en una ruta dominada por 80.000 nacionalistas de la XXXIIº Agrupación Partisana y la 40ª División Partisana al frente del general Gu Zhutong. Creyendo los defensores que se trataba de un ataque, abrieron fuego desde las montañas contra los intrusos y provocaron una auténtica masacre, seguida de una persecución durante los días siguientes en la que mataron a 7.000 comunistas y forzaron a los 2.000 supervivientes a escapar (tanto el general Xiang Yang como su lugarteniente Zhou Zikun serían asesinados el 14 de Enero mientras dormían en una cueva del Monte Chikang por un traidor que se pasó al bando nacionalista a cambio de dinero). Fue entonces, como a raíz de este suceso, el II Frente Unido se resquebrajó porque desde ese instante tanto el Kuomintang como el Partido Comunista Chino liderarían por su propia cuenta la Segunda Guerra Mundial contra Japón.

Durante el resto de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, el Ejército Nacional Revolucionario del Kuomintang llevó a cabo la casi totalidad de la lucha contra el Imperio Japonés debido a que la actividad del Partido Comunista Chino se redujo exclusivamente al Yenan. A pesar de todo, los choques entre ambos bandos fueron frecuentes desde 1944 como en la “Operación Ichi-Go” que implicó algunas escaramuzas entre nacionalistas y comunistas, precisamente mientras ambos estaban siendo víctimas de una ofensiva por parte del Ejército Imperial Japonés. Al año siguiente, en Julio de 1945, tuvo lugar la Batalla de Yataishan que supuso la derrota del Kuomintang frente al Ejército Rojo Chino tras cosechar 500 muertos los primeros y 200 los segundos. Curiosamente acciones similares que acabaron en triunfos maoístas continuaron desarrollándose aquel verano sobre Baoying, Yongjiazhen, Tianmen, Pinyi, Linyi, Wudahao, Wuhe, Yinji, Huayin, Xinghua y Dazhongji, antes de decretarse oficialmente el final de la Segunda Guerra Mundial el 2 de Septiembre de 1945 con la victoria de China sobre Japón.

Reanudación

Sólo dos días después del final de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de Septiembre de 1945, el Ejército Rojo Chibo atacó por sorpresa al Ejército Nacional Revolucionario en un episodio conocido como la Batalla de Lingbi que concluyó con 1.328 bajas nacionalistas entre 104 muertos y 1.224 prisioneros, así como con la captura de un mortero, ocho ametralladoras y 1.355 fusiles. Este inesperado acontecimiento que enturbió la posterior cumbre en Chongqing que en Octubre mantuvieron el Presidente Chiang Kai-Shek y Mao Tse-Tung, rompió cualquier capacidad de diálogo o búsqueda de una solución pacífica entre el Kuomintang y el Partido Comunista Chino, lo que implicó la inmediata reanudación de la Guerra Civil China.

Infantes del Kuomintang en el borde con Manchuria en 1946.

La interrupción de la Guerra Civil China entre 1937 y 1945 por culpa de la invasión de Japón, cambió totalmente la situación de la conflagración vivida de 1927 a 1937 básicamente por tres razones. La primera que el Partido Comunista ya no sólo se extendía sobre el Yenan, Shaanxi, Ningxia y parte de Gansu, sino que la intervención de la Unión Soviética contra el Imperio Japonés en el Lejano Oriente había supuesto la cesión a los maoístas de Manchuria que en aquel momento se erigía como la región más industrializada y rica del país, lo que aportaba al Ejército Rojo Chino unos recursos económicos prácticamente ilimitados a diferencia de las zonas del Kuomintang que bien eran rurales, o bien habían sido devastadas por la guerra. La segunda razón era que el Ejército Rojo Chino había dejado de ser una guerrilla para convertirse en unas fuerzas armadas modernas de última generación gracias a las inagotables cantidades de material bélico que proporcionó el Ejército Rojo (más las armas abandonadas por el Ejército Imperial Japonés) y que facilitó a los comunistas levantar en cuestión de meses infinidad de divisiones muy bien pertrechadas, grandes masas de infantería debidamente equipadas, parques motorizados, baterías de artillería media y pesada, escuadrones constituidos por los poderosos tanques T-34 e incluso una modesta aviación. Finalmente el tercer y último motivo, fue que el Kuomintang había llevado el 90% del peso de la lucha contra Japón con un saldo de 10 millones de bajas (por sólo 580.000 del Partido Comunista Chino), lo que había supuesto la muerte de la mayor parte de la oficialidad profesional y un desgaste absoluto entre las filas y cuadros de tropas del Ejército Nacional Revolucionario, además de una desmoralización total que constantemente generaba un goteo de deserciones, en contraste con el Ejército Rojo Chino que disponía de una mayoría de hombres frescos, descansados y con la moral muy elevada (precisamente antes de la invasión de Japón los nacionalistas tenían una ventaja de 60 a 1 con los maoístas y tras la contienda únicamente de 3 a 1).

A nivel territorial, la Guerra Civil China que se reanudó en 1945 comenzó con una línea de frente en que el Partido Comunista Chino dominaba casi todo el norte de la nación con Gansu, Ningxia, Shaanxi, la Mongolia Interior y Manchuria (estas dos últimas bajo ocupación militar de la URSS); mientras que el Kuomintang controlaba el resto del país con Hebei, Jiangsu, Shandong, Anhui, Shanxi, Henan, Hubei, Hunan, Jiangxi, Zhejiang, Fujian, Cantón, Guangxi, Yunnan, Ghuizhou, la Isla de Hainan y la Isla de Taiwán (recientemente devuelta por Japón). Como hasta la fecha el VIII Ejército de Ruta no había salido apenas del Yenan, rápidamente Mao Tse-Tung ordenó a sus fuerzas desplazarse a Manchuria para defender la industria carbonífera, petrolera y minera de la región, tal y como hizo un contingente con 100.000 voluntarios y 154 cañones al mando del general Lin Biao que se asentó en la provincia hasta crear una poderosa fuerza de 300.000 hombres, entre ellos 200.000 veteranos del Ejército Imperial Manchú (del extinto estado títere pro-japonés del Manchukuo) que a cambio del perdón fueron incorporados en el Ejército Rojo Chino.

Fuera de Manchuria, los guerrilleros del Partido Comunista Chino tuvieron algo más de suerte a la hora de defender las bases partisanas que habían establecido en su lucha contra Japón durante la Segunda Guerra Mundial sobre las provincias de Hebei, Shandong, Anhui, Jiangsu o Hubei. Gracias a estas sólidas posiciones, escaramuzas como la de Pingdu se saldó con 5.000 bajas para los nacionalistas, Taixing con 6.000, Rugao con 3.000, Wuli con 6.000 o Nuanquan con 3.000, sin obviar los choques de Shangdan y Handan que acabaron con la capitulación de 35.000 soldados del Kuomintang por tan sólo 4.708 bajas de los comunistas. No obstante y pese a estos esfuerzos, el teatro principal iba a ser Manchuria cuando en el otoño de 1945 las divisiones más veteranas y mejor equipadas del Ejército Nacional Revolucionario que acababan de atravesar medio país desde la frontera con Birmania, muchas con armamento de Estados Unidos y del extinto Tercer Reich, se presentaron bajo las paredes de la Gran Muralla.

Artillería del Ejército de Liberación Popular en Manchuria.

A mediados de Octubre de 1945, divisiones del Kuomintang a bordo de barcos de la VII Flota Estadounidense se aproximaron a las costas del sur de Manchuria, desde donde los guerrilleros del Partido Comunista Chino dispararon sus cañones y impactaron en la lancha del almirante Daniel Barbey, lo que obligó a los nacionalistas a desembarcar más lejos y asaltar el estratégico Paso de Shanhaikwan en la Gran Muralla. El ataque que se realizó la noche del 15 al 16 de Noviembre arrolló a los soldados maoístas que disolvieron sus fuerzas y huyeron despavoridos después de registrarse unas 32.500 deserciones, permitiendo al Ejército Nacional Revolucionario entrar en Manchuria y durante los meses siguientes ocupar las principales ciudades de la provincia ante la inacción del Ejército Soviético que el 3 de Marzo de 1946 se retiró de vuelta a su patria (por miedo a una intervención de Estados Unidos que por aquel entonces era el único país que poseía la bomba atómica). Así fue como el Ejército Rojo Chino quedó completamente acorralado en Harbin y la zona fronteriza junto a la URSS y Corea del Norte sobre una franja de 1.000 kilómetros de largo por 500 kilómetros de ancho, a la espera de un milagro que se materializaría gracias a Norteamérica.

Contra todo lo imaginado, el Partido Comunista Chino se salvó de la debacle gracias a la intervención política de Estados Unidos cuando el general George Marshall, quién previamente había sido engañado por Mao Tse-Tung tras una visita a la Base del Yenan, volvió a Chongqing convencido de que los maoístas pretendían alcanzar la paz para imponer una democracia al estilo norteamericano. Ante esta montaje que nadie creía, salvo el Presidente Harry Truman desde Washington, se impulsó un alto el fuego forzoso al Presidente Chiang Kai-Shek (a veces ante la amenaza de las armas), que facilitó a los comunistas reforzar sus líneas en Harbin y sobretodo ganar tiempo porque recuperarse de las bajas cosechadas hasta que la “Misión Marshall” se marchó de China a mediados de 1946.

La “Misión Marshall” fue el punto de inflexión de la Guerra Civil China porque de forma indirecta los Estados Unidos salvaron al Partido Comunista Chino y sobretodo cambiaron el curso de la contienda en detrimento del Kuomintang. Aquella tregua concedida desde Washington a Mao Tse-Tung aportó a los comunistas medio año de respiro para reclutar más de 400.000 efectivos extra, entre estos 200.000 nativos chinos y 200.000 voluntarios coreanos; además de adquirir de la URSS y su satélite de Corea del Norte, un total de un millón de toneladas de alimentos, cientos de asesores rusos y armamento soviético en grandes cantidades, así como equipo militar capturado al disuelto Ejército Alemán (Wehrmacht) y también al Ejército Imperial Japonés (de este último entregaron a los maoístas 2.000 vagones de armas de mano, 3.700 piezas de artillería, 12.000 ametralladoras, 700 tanques y 900 aviones). Ante tales cifras, la balanza se equilibró porque al reanudarse la Guerra Civil China tras la partida de la “Misión Marshall”, el Ejército Nacional Revolucionario disponía de 4.300.000 hombres y el Ejército Rojo Chino, recientemente bautizado como Ejército de Liberación Popular, de 1.270.000 efectivos (sin contar las guerrillas que ampliaban el número a más de 2 millones).

A finales de 1946, el Kuomintang reemprendió la ofensiva contra el noreste de Manchuria ocupando Zhangjiakou, pero fracasando ante la ciudad de Harbin como consecuencia de la férrea determinación de los maoístas y también a causa de las temperaturas heladas de -40º grados bajo cero procedentes de la vecina Siberia. Curiosamente y a pesar de que los comunistas encajaron unas 100.000 bajas frente a las mejores divisiones del Ejército Nacional Revolucionario, interrumpieron totalmente su progreso en Manchuria y obligaron al Presidente Chiang Kai-Shek a pasar por vez primera a la defensiva. A este fracaso, hubo que añadir que en otras provincias del norte y centro-oeste de China los nacionalistas fueron incapaces de reducir las bolsas partisanas maoístas porque fueron rechazados tras cruentos combates en Shaobo, Gaoyou, Tangtou, Goucun, Houma, Jinjiatun, Baoding, Niangziguan, Tang’erli y Menglianggu, siendo especialmente dolorosos los reveses en Datong con 22.000 bajas, Longhai con 16.000 y Hunagquia con 17.000.

Tropas del Ejército de Liberación Popular en Taiyuán.

Como el Kuomintang necesitaba urgentemente una victoria para relanzar el prestigio del “Generalísimo” Chiang Kai-Shek, en Marzo de 1947 más de 200.000 efectivos del Ejército Nacional Revolucionario al mando del general Hu Zongnan desencadenaron una ofensiva contra la Base del Yenan en la provincia de Shaanxi. Como en la zona los maoístas sólo disponían de 20.000 soldados, no tuvieron más remedio que abandonar su capital y proceder a la evacuación tanto del Presidente Mao Tse-Tung como de todo el Comité Central del Partido Comunista Chino y dirigirse hacia el oeste de la “tierra amarilla” o “loess” para establecer una nueva posición a 150 kilómetros de distancia en Xibaipo, lo que permitió a los nacionalistas ocupar la Base del Yenan el 19 de Marzo. Aunque este suceso fue sin duda un éxito extraordinario para el Kuomintang, lo cierto fue que mantener aquella región montañosa era un suicidio porque los guerrilleros conocían el terreno y eran capaces de tender trampas a sus oponentes, como ocurrió el 25 de Marzo a 30 kilómetros del Yenan cuando 2.900 intrusos fueron emboscados y aniquilados en el Valle de Qinghuabian. Algo similar ocurrió el 14 de Abril con la destrucción de una brigada nacionalista de 5.000 hombres en Yangmahe, el 4 de Mayo con la captura de un depósito de municiones en la retaguardia de Panlong y la eliminación en Febrero de 1938 de un contingente en Yichuan (con la consiguiente muerte siete generales, entre ellos Liu Kan que se suicidió para no caer prisionero). A raíz de tal sucesión de derrotas y después de haber sufrido más de 100.000 bajas el Kuomintang, sin obviar los 10.000 campesinos que murieron de hambre durante los enfrentamientos, el Ejército Nacional Revolucionario hubo de abandonar Shaanxi y la Base del Yenan que fueron recuperadas por el Partido Comunista Chino, incluso ciertas áreas de la vecina provincia de Shanxi como la ciudad de Taiyuán.

Resuelta la campaña en la Base del Yenan que desvió grandes recursos destinados al norte de China, entre finales de 1947 e inicios de 1948, el Ejército de Liberación Popular con medio millón de hombres al mando del general Lin Biao pudo pasar a la contraofensiva aprovechando la debilidad del Kuomintang en Manchuria con una serie de campañas denominadas “Ofensivas de Verano, Otoño e Invierno” que provocaron a los nacionalistas unas 307.000 bajas. A pesar de que tras esta hecatombe todavía los soldados del Kuomintang tuvieron la suficiente fuerza para rechazar a las tropas maoístas durante la Batalla de Siping después causar a sus oponentes unas 120.000 bajas; la contienda estaba ya sentenciada porque el Ejército de Liberación Popular aplastó a sus enemigos que volvieron a ser derrotados en la Batalla de Gongzhutun con 20.000 bajas propias por 10.000 comunistas, y en la Batalla de Linfen con otras 25.000 y 15.000 respectivamente.

El asedio de Changchun fue uno de los episodios más tristes de la guerra en Manchuria porque 500.000 habitantes quedaron sitiados en la ciudad por el Ejército de Liberación Popular, cuyos zapadores no dudaron en tender alambradas y centinelas cada 50 metros para impedir la entrada de alimentos, lo que desató una terrible hambruna que dejó más de 300.000 muertos por inanición y la rendición de los 95.000 soldados dirigidos por el general Zheng Dongguo. Lamentablemente el hambre sólo fue una de las herramientas de terror del Partido Comunista Chino porque los comisarios políticos se dedicaron a perpetrar masacres contra amplios sectores del campesinado que a lo largo de la contienda dejarían un saldo de 1 millón de ejecutados (sin contar los 172.400 desertores eliminados).

Durante la campaña en Manchuria fueron decisivos los llamados “topos rojos”, una serie de infiltrados del Partido Comunista Chino tanto en el generalato como en el Estado Mayor del Kuomintang, que traicionaron al Presidente Chiang Kai-Shek y rindieron sus divisiones sin combatir en cuanto se presentaban los soldados del Ejército de Liberación Popular (a veces directamente se cambiaban bando y abrian fuego contra sus antiguos compañeros). El caso más destacado de estas conspiraciones lo protagonizó el general Wei Liuhuang, quién al mando de 350.000 efectivos al sur de Manchuria, abrió sus líneas sin disparar un sólo tiro y dejó pasar a los maoístas que tomaron Jinzhou y Shenyang, embolsando y destruyendo durante el proceso a 472.000 efectivos nacionalistas (los comunistas solo sufrieron 70.000 bajas a la hora de dedicarse a reducir las unidades de generales que sí eran leales a Chiang Kai-Shek). Así fue como el Ejército Nacional Revolucionario quedó completamente aniquilado y toda la provincia de Manchuria pasó a quedar bajo control del Partido Comunista Chino.

Tanques Stuart del Ejército de Liberación Popular en la Batalla de Xuzhou.

La pérdida de Manchuria no fue la peor noticia para el Kuomintang porque los soldados del Ejército de Liberación Popular atravesaron al Gran Muralla sobre Rehe y accedieron a Shandong, en donde unieron sus fuerzas a las bolsas partisanas maoístas que estaban activas desde tiempos de la ocupación de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Gracias a esta fusión y dejando de lado la provincia de Hebei y la ciudad de Pekín que continuaron en manos nacionalistas, los comunistas entraron en Anhui y Henan con más de 600.000 hombres que se enfrentaron a 800.000 oponentes en la zona de Huaihuai. El encuentro que sería conocido como la Batalla de Xuzhou, se resolvió prácticamente en 48 horas porque dos “topos rojos” del Kuomintang que previamente habían engañado jurando lealtad al Presidente Chiang Kai-Shek, concretamente los generales Liu Fei y Guo Rugui, dejaron adredemente inmovilizadas a sus tropas y las hicieron maniobrar con movimientos erróneos, lo que permitió al Ejército de Liberación Popular hacerse con una fácil victoria en la que infligieron a sus enemigos 550.000 bajas entre 223.000 muertos o heridos y 327.000 prisioneros, además de abrir el paso definitivo a la capital histórica de Pekín.

Caída de Pekín y Shangai

La Batalla de Pekín comenzó en Enero de 1949 cuando más de 1 millón de efectivos del Ejército de Liberación Popular al frente del general Lin Bao desarrollaron una enorme ofensiva contra la capital de China que en aquellos momentos se hallaba defendida por 2.500.000 soldados del Ejército Nacional Revolucionario al mando del general Fu Zuoyi. A pesar de que los hombres del Kuomintang disfrutaban de una manifiesta superioridad numérica, la falta de suministros y la desmoralización habían llegado a unos límites tan extremos, que la mayoría se negaron a combatir e incluso se amotinaron contra sus jefes, especialmente tras la caída de Tianjin el 15 de Enero y después de que el general Fu Zuoyi fuese convencido por el propio Mao Tse-Tung de capitular. Gracias a este inesperada dejación de funciones por parte del enemigo, el Ejército de Liberación Popular avanzó sin encontrar apenas oposición mientras el Ejército Nacional Revolucionario se deshacía y las divisiones se disolvían. Bastaron solamente unas semanas para que las tropas del Partido Comunista Chino entrasen triunfales en la vieja capital de Pekín.

Tropas del Ejército de Liberación Popular entrando en Pekín.

A la inmediata caída de Pekín, el Ejército de Liberación Popular inició el 20 de Abril de 1949 su ofensiva hacia el sur y centro de China con una ofensiva de más de 1.200.000 hombres que oposición cruzaron el Río Yang-Tsé apenas sin oposición, bombardeando durante la operación a una escuadra fluvial de la Marina Real Británica (Royal Navy) que se saldó con el hundimiento de la cañonera HMS Amethyst y la muerte de 42 marineros ingleses, lo que generó protestas en Gran Bretaña e incluso que una multitud en Londres linchara a Harry Pollit, representante del Partido Comunista Británico. Superado esta barrera natural, los maoístas accedieron y se expandieron sobre la provincia de Jiangsu, tomando la capital republicana de Nankíng el día 23. Al mes siguiente, en Mayo, tuvo lugar la Batalla de Shangai que se desarrolló con una intensa lucha primero en la Ensenada de Suzhou y luego en las calles de la que por aquel entonces era la segunda ciudad más grande de Asia (sólo por detrás de Tokyo) hasta saldarse con un triunfo comunista porque 153.000 resultaron muertos a costa de sólo 34.000 atacantes.

La pérdida de Jiangsu significó el derrumbe definitivo del Kuomintang porque las divisiones se disolvieron y los soldados desertaron en masa mientras el Presidente Chiang Kai-Shek acudía a su ciudad natal de Xikou para llorar ante la tumba de sus antepasados (a los pocos días se tuvo que marchar porque los maoístas se hicieron con el enclave). Como la resistencia fue muy escasa, las tropas del Ejército de Liberación Popular avanzaron fugazmente conquistando la provincia de Hunan que cayó tras la Batalla de Baimaishan, la de Sichuán tras la Batalla de Chengdu y la de Gansu tras la Batalla de Lanzhou que costó a los nacionalistas unas 42.000 bajas por 11.000 comunistas. También con la misma rapidez fueron ocuadas la provincia de Guangxi que capituló con 40.000 hombres, la Guizhou con 32.000 hombres y la de Sinkiang con 700 efectivos que fueron derrotados en la Batalla de Yiwu. Igual de catastrófico fue lo ocurrido en la Isla de Hainan porque después de desembarcar a bordo de juncos, los maoístas que solo encajaron 4.500 muertos en las playas, se abrieron paso hacia el interior hasta masacrar a la guarnición entera compuesta por 33.000 nacionalistas. Incluso en el Desierto del Gobi, el Ejército de Liberación Popular se impuso a la veterana caballería de la Camarilla de Ma al frente del Señor de la Guerra Ma Dunjing porque aprovechando al superioridad en artillería y aviación, los comunistas se hicieron con el control de la provincia después de aniquilar a 40.000 guerreros musulmanes.

El 1 de Octubre de 1949, el Presidente Mao Tse-Tung anunció ante 100.000 espectadores en la Plaza de Tiananmen de Pekín la fundación de la República Popular de China. Hasta ese momento más de 8 millones de soldados nacionalistas se habían rendido al Ejército de Liberación Popular, lo que había supuesto la total desaparición del Ejército Nacional Revolucionario y por tanto una victoria militar absoluta del Partido Comunista Chino.

Final

En 1950 el “Generalísimo” Chiang Kai-Shek abandonó China y estableció el Kuomintang en la Isla de Formosa (Taiwán) que desde ese momento pasaría a ostentar el estatus de ser la República Nacionalista de China. Sin embargo y a pesar de haber sido evacuado el continente, los restos del Ejército Nacional Revolucionario todavía tuvieron que defender los distintos archipiélagos próximos a las costas de China, librando entre 1951 y 1952 una serie de choques sobre las Islas de Nanri, Nanpeng, Dalushan, Dongshan, Yijangshan y Dachen que finalmente hubieron de ser cedidas a la República Popular de China.

Rendición de soldados del Kuomintang a las afueras de Shangai.

Curiosamente el último enfrentamiento entre el Partido Comunista Chino y el Kuomintang tendría lugar en 1961 cuando 10.000 hombres del Ejército Nacional Revolucionario al mando del general Liu Yuanlin que se estacionaban en las selvas de Birmania (tras un pacto previo con este país), atravesaron la frontera de los Estados Shan que demarcaban con la República Popular de China para librar una intensa batalla sobre la jungla que dejó 741 nacionalistas muertos a costa de otros 1.000 soldados maoístas. Este acontecimiento que se saldó con la retirada del Kuomintang y su posterior disolución sobre Birmania el 9 de Febrero de 1961, marcó el final oficial de la Guerra Civil China.

La Guerra Civil China fue una de las mayores tragedias de Asia Oriental en el siglo XX porque costó al pueblo chino 13 millones de muertos y la destrucción de gran parte de su país. Esta contienda que además se prolongó casi tres décadas en el tiempo, desde 1927 hasta 1961, durante aproximadamente dos generaciones de padres e hijos, y que solamente fue interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, constituyó también todo un récord al ser una de las más largas de la Historia.

 

Bibliografía:

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