Guerra Civil China

La Guerra Civil China fue uno de los conflictos más violentos de Asia en el siglo XX. Librada entre 1927 y 1961 por el Kuomintang y el Partido Comunista Chino, aunque interrumpida desde 1937 a 1945 por la Segunda Guerra Sino-Japonesa y la Segunda Guerra Mundial, episodios como la “Larga Marcha” y la invasión de Japón, convirtieron lo que iba a ser una clara victoria de la República Nacionalista al frente de Chiang Kai-Shek, en un inesperado triunfo de Mao Tse-Tung con la proclamación de la República Popular de China.

República de China

Hasta comienzos del siglo XX el Imperio Chino de la Dinastía Qing se encontraba en una situación de absoluta decadencia y a punto de sumergirse en el abismo. Los factores que llevaron a este contexto de crisis se resumieron básicamente por los siguientes motivos: en la incapacidad de las autoridades para modernizar el país, en la corrupción de la clase funcionarial imperante, en las hambrunas sobre el ámbito rural y en las habituales revueltas de los campesinos y minorías; así como en las constantes derrotas frente al exterior como sucedió en las Guerras del Opio de 1840 a 1860 que habían supuesto la pérdida de Hong Kong en favor de Gran Bretaña, la Guerra Sino-Japonesa de 1894 a 1895 que implicó la cesión de la Isla de Formosa a Japón y la Guerra de los Bóxers de 1900 a 1901 que terminó con la mayor parte de las potencias del mundo ocupando la capital de Pekín. A todos estos problemas de extrema gravedad, hubo que añadir la cuestión sucesoria tras la muerte del Emperador Guangxu que acabó con la entronización del Emperador Pu-Yi, por aquel entonces sólo un niño, lo que menoscabó todavía más al poder de la Dinastía Qing, una familia de origen manchú a la que la mayor parte de los chinos de etnia “han” consideraba extranjera y culpable de todos sus males.

Banderas del Imperio Qing, Kuomintang y el Partido Comunista Chino.

En 1911 estalló la Revolución China sobre la ciudad de Wuchang que pronto se extendió por la provincia de Hubei y el Río Yang-Tse hasta alcanzar la capital de Pekín y acabar con el derrocamiento de la Dinastía Qing y la proclamación de la República de China. El nuevo régimen que estuvo sustentado por el Partido Nacionalista del Kuomintang, estableció su capital en Nakíng y extendió su soberanía al sur de China debido a que el resto del país quedó bajo dominio de los “señores de la guerra”. A pesar de que las autoridades desarticularon el golpe de Estado del Presidente Yuan Shikai tras un intento de entronarse “Emperador” en 1916, la debilidad de la República de China fue tan patente que tuvo que solicitar reconocimiento internacional entrando brevemente en la Primera Guerra Mundial junto a Gran Bretaña y Francia en 1917, además de verse las autoridades obligadas a abandonar Nankíng y a fijar una segunda capital mediante la creación del Gobierno Provisional de Cantón.

Era de los Señores de la Guerra

El ascenso al poder del Presidente Sun Yat-Sen como Jefe del Estado de la República de China en 1920, modificó la situación porque todas las fuerzas políticas que incluían liberales, conservadores, republicanos y socialistas fueron concentradas en torno al nuevo Gobierno de Guangzhou que el Kuomintang estableció en Guangdong con la única finalidad de consolidar un estado sólido y democrático. Estos cambios que estuvieron acompañados por una serie de reformas dentro del Ejército Republicano (Chung-kuo Lu-chün), facilitaron al Kuomintang una serie de victorias dentro de un proceso conocido como la “Era de los Señores de la Guerra”. Así fue como las tropas nacionalistas aplastaron a los diversos bandidos, sectas y grupos paramilitares de los gobiernos locales, como hicieron con el Ejército “Chihli Clique” del general Wu Pei-Fu en Manchuria y con el Ejército “Anhui” del general Li Yuanhong en Beiyang. De especial ayuda resultó el reconocimiento de la Unión Soviética durante este período y la fundación en 1922 de la Academia Militar de Whampoa dirigida por asesores rusos al frente del general Vasily Blyukher. Gracias a todas estas mejoras cualitativas y técnicas, la República de China fue progresivamente disolviendo desde 1923 a diversos señores de la guerra como Chang Ts’ung-Ch’ang en Shangtung, a la partida de bandidos de Yen Hsi-Shan en Shansi, a los guardianes de Sun Ch’uan-Fang en Fengtian y a los cristianos radicales de la secta de Feng Yu-Shiang en Zhili.

“Generalísimo” Chiang Kai-Shek.

Simultáneamente a la “Era de los Señores de la Guerra”, dentro de la República de China nació el Partido Comunista Chino (PPCh) a imitación del Partido Comunista Soviético (PCUS). Al mando del político Chen Duxiu, el objetivo de esta organización, que poco a poco comenzó a crecer con decenas de miles de miembros, entre ellos un carismático orador llamado Mao Tse-Tung, era exportar la “Revolución Bolchevique” siguiendo el modelo de Rusia. De hecho y a pesar de que el Partido Comunista Chino se integró en el Kuomintang en 1923 por iniciativa conjunta de Chen Duxiu y Sun Yat-Sen tras la lectura de un manifiesto en el Río Yang-Tse, desde Moscú la Unión Soviética intentó controlarlo desde la distancia enviando una gran cantidad de comisarios y una agencia bautizada “Comisión para China” que coordinaba las acciones entre el movimiento y las autoridades del Kremlin.

La muerte del Presidente Sun Yat-Set en 1925, implicó el ascenso al poder del “Generalísimo” Chiang Kai-Shek que adoptó este título por estar tanto al frente de la Presidencia de la República de China, como también del Ejército Republicano que igualmente rebautizó como Ejército Nacional Revolucionario. La nueva administración significó la total ruptura con la anterior porque tras abolirse la bandera republicana de cinco barras, se oficializó el “Sol Blanco” que hasta ese momento había sido el símbolo del Kuomintang; mientras que una gran parte de los opositores políticos fueron removidos de sus puestos o simplemente desaparecieron después de ser asesinados. Mucho peor le fueron las cosas al Partido Comunista Chino que en 1926 tuvo separarse del Kuomintang y todos sus miembros ocultarse en la clandestinidad, además de resultar expulsados los asesores soviéticos de la Academia Militar de Wamphoa. Sin embargo y salvo por estas tensiones con los comunistas, el carácter autoritario de Chiang Kai-Shek fue un éxito en otros ámbitos porque al mando de 250.000 soldados venció a más de 2 millones de “señores de la guerra” durante la “Expedición del Norte” que supuso la total derrota de los bandidos y las sectas locales, así como la conquista territorial de Wuhan, Nanchang, Nankíng y Shangai que en Marzo de 1927 concluyó con la unificación absoluta de la República de China.

Levantamiento de la Cosecha de Otoño

La Matanza de Shangai que tuvo lugar en Abril de 1927 cuando el Ejército Nacional Revolucionario del “Generalísimo” Chiang Kai-Shek disparó contra una manifestación del Partido Comunista Chino que dejó un saldo de miles de muertos, alentó una reacción contra el Kuomintang en numerosas regiones del sur de China que derivaría en una rebelión a nivel nacional. Así fue como la 24ª División de Infantería del general Zhu De que por aquel entonces estaba adscrita al XI Ejército, se amotinó el 1 de Agosto de 1927 en Nachang y expulsó a las tropas nacionalistas de la región hasta hacerse con el control total de la zona. Aprovechando el desconcierto de esta sublevación, el líder del Partido Comunista Chino en la provincia de Hunan, concretamente el carismático orador Mao Tse-Tung, agitó a las masas de campesinos y proletarios contra sus dueños tras la publicación de su libro Informe sobre una investigación del movimiento campesino en Hunan. Inmediatamente a este pronunciamiento se produjeron una serie de disturbios contra las granjas y ataques de los trabajadores contra sus propias haciendas en un episodio que sería conocido como el “Levantamiento de la Cosecha de Otoño” y que propició el comienzo de la Guerra Civil China.

Matanza de Shangai que desencadenó la Guerra Civil China.

El “Levantamiento de la Cosecha de Otoño” en Hunan terminó siendo disuelto finalmente por la intervención de los soldados del Ejército Nacional Revolucionario del Presidente Chiang Kai-Shek, siendo los cabecillas de la rebelión y el propio Mao Tse-Tung capturados, aunque este último consiguió escapar justo antes de ser fusilado durante una audaz fuga hacia las montañas de los alrededores. Simultáneamente la 24ª División de Infantería en Nanchang también fue víctima de una ofensiva por parte del Kuomintang y empujada a lo largo de la costa del Mar de China Meridional durante un tortuoso trayecto de 600 kilómetros que costó la muerte a millares de soldados por enfermar de malaria o por las heridas recibidas durante las escaramuzas. Ni siquiera las breves insurrecciones en las zonas de Beijing, Guangzhou y Baise ayudaron a aliviar el hostigamiento de los combatientes comunistas en otros sectores porque las tres fueron duramente reprimidas por el Kuomintang.

Asedio a la Gran Cordillera de Jinnggangshan

La Gran Cordillera de Jinnggangshan fue el lugar elegido por los últimos 1.500 soldados del Partido Comunista Chino de Mao Tse-Tung para organizar una guerrilla contra el Kuomintang entre las provincias de Hunan y Changsa desde 1928. Esta barrera natural que estaba compuesta de montañas, bosques de pinos, cañas de bambú y arrozales, se convirtió en una auténtica pesadilla para los soldados del Ejército Nacional Revolucionario porque debían penetrar a través de frondosas junglas donde eran emboscados y a continuación puestos en retirada sin dejar de ser acosados desde la retaguardia mientras los trenes de bagajes eran abandonados y los partisanos se autoabastecían de suministros y municiones. Esta táctica que Mao Tse-Tung copió del general alemán Carl Von Clausewitz del siglo XIX y que desarrolló con ciertos añadidos propios en un manual que tituló De la Guerra, logró poner en práctica las siguientes tesis: “El ejército avanza, me retiro. El ejército descansa, hostigo. El enemigo está cansado, ataco. El enemigo se retira, lo persigo”.

Mao Tse-Tung durante los “Levantamientos de la Cosecha de Otoño”.

A mediados de 1928 el Ejército Rojo Chino que Mao Tse-Tung acababa de fundar en la Gran Cordillera de Jinnggangshan amplió enormemente sus efectivos con la llegada de los miles de supervivientes de la 24ª División de Infantería del general Zhu De que unió sus fuerzas a los guerrilleros. A esta unidad se añadió una guarnición de Wuhan que se sublevó contra el Kuomintang y se sumó al Partido Comunista Chino, además de la 115ª División de Infantería del general Lin Bao que desertó del Ejército Nacional Revolucionario para adherirse a la causa marxista. Gracias a estas nuevas adquisiciones y que los partisanos se apoderaron del puerto de Shantou desde donde comenzaron a recibir armamento y alimentos de la Unión Soviética, el Ejército Rojo Chino incrementó sus filas a 11.000 soldados que además de consolidar posiciones en Hunan y Changsa, también extendieron sus dominios a la vecina provincia de Jiangxi.

Desde 1929 la Gran Cordillera de Jinnggangshan comenzó a sufrir el asedio del Kuomintang porque el cerco en torno la cadena montañosa generó una carestía de alimentos que derivó en hambruna, un problema que todavía se agravó mucho más como consecuencia de las requisas del Partido Comunista Chino a los campesinos de la zona que alcanzaron el 35% de las cosechas. A raíz de dichos riesgos y a que el Kuomintang acababa de recibir apoyo internacional en forma de armamento por parte de Francia, Estados Unidos y la Alemania de la República de Weimar; el Ejército Rojo Chino, aconsejado por el espía soviético Richard Sorge que había descifrado las transmisiones de los planes del Ejército Nacional Revolucionario, inició la evacuación definitiva de la Gran Cordillera de Jinnggangshan.

República Soviética de China

La República Soviética de China que el Partido Comunista Chino con Mao Tse-Tung como “Gran Timonel” estableció entre Jiangxi y Fujian, fue el lugar escogido por el Ejército Rojo Chino para continuar la guerrilla contra el Kuomintang. Sobre esta nueva zona en la que se impuso un régimen totalitario de carácter sovietizante y colectivizaciones de tipo agrario, los grupos partisanos sentaron una base muy sólida desde la que extender su poder a otras regiones del centro-sur de China como hicieron en Hubei, Henan, Anhui y Honghu.

Guerrilleros del Partido Comunista Chino.

A comienzos de 1930 el Kuomintang comenzó una serie de incursiones contra la República Soviética de China que acabaron en desastre porque en cuanto los soldados penetraban en amplios espacios y eran divididos como consecuencia de las partidas de hostigamiento, entonces el grueso de la guerrilla se lanzaba al asalto para ir eliminando a las tropas embolsadas por separado. De nada sirvieron las privaciones de hambre, ni tampoco una serie de infiltrados denominados Grupos Antibolcheviques (AB) que cometieron actos de sabotaje en la retaguardia comunista. De hecho la primera gran ofensiva del Kuomintang terminó en un completo desastre con la destrucción de la 5ª División de Infantería y la segunda ofensiva desencadenada poco después con la aniquilación de todo el V Ejército Nacionalista y la puesta en fuga de la 53ª División de Infantería tras un saldo de más de 30.000 bajas.

Reorganización

Cuando el 18 de Septiembre de 1931 se produjo el Incidente de Mukden que continuó con la invasión de Japón a Manchuria, el Kuomintang abandonó la lucha con el Partido Comunista Chino para atender la nueva amenaza procedente del exterior. La “guerra no declarada” que la China Nacionalista libró tanto junto a la frontera nororiental y también en algunos puntos de la costa tras el Incidente de Shangai, acabó en 1932 con una rotunda victoria militar del Imperio Japonés que ocupó toda Manchuria y estableció un “estado títere” bautizado como Manchukuo al frente del Emperador Pu-Yi.

La interrupción de la Guerra Civil China como consecuencia de la derrota del Kuomintang en Manchuria contra Japón, facilitó a los guerrilleros del Partido Comunista Chino reorganizarse y al Ejército Rojo Chino reponerse de las bajas sufridas con nuevos efectivos que conformaron el VIII Ejército de Ruta. También la Unión Soviética incrementó las ayudas enviando una gran cantidad de asesores rusos y voluntarios de la Internacional Comunista (Komintern) como el oficial alemán Otto Brau que fue encargado de dirigir las operaciones en torno a Jiangxi, el oficial austro-húngaro Manfred Stern que ostentó la labor de adiestrar a las tropas chinas o el francés Jacques Doriot en calidad de consejero. Gracias a este salto cualitativo de sus hombres, Mao Tse-Tung estableció una estrategia dual consistente en desgastar con sus guerrilleros del Kuomintang lanzando incursiones desde los bosques y montañas, mientras el VIII Ejército de Ruta protagonizaba ataques a campo abierto sobre algunos de los accesos a la provincia de Jiangxi.

Soldados del Kuomintang con equipamiento del Ejército Alemán.

Igualmente el Ejército Nacional Revolucionario del Presidente Chiang Kai-Shek tuvo que replantearse toda la estrategia llevada a cabo hasta la fecha porque solamente le había proporcionado fracasos ante el Ejército Rojo Chino y encima también contra Japón. Fue así como en 1933, el Kuomintang solicitó ayuda internacional que fue respondida por la Alemania Nacionalsocialista de Adolf Hitler, quién nada más haber sido proclamado Führer del Tercer Reich, atendió la solicitud del Gobierno Chino prometiendo el envío de una serie de técnicos y considerables cantidades de materiales procedentes del Ejército Alemán (Wehrmacht). Al mando del general Alexander Von Falkenhausen y luego del general Hans Von Skeet, decenas de asesores alemanes se hicieron con el control de numerosas unidades del Kuomintang a las que instruyeron siguiendo las modernas doctrinas militares y también equiparon con armamento de mano, uniformidad y cascos, piezas de artillería y tanques de última generación como el Panzer I, además de mejorar el poderío de la Fuerza Aérea China con aviones de alta calidad como el bombardero Heinkel He 111 que les vendió la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe). A raíz de todos estos cambios, un total de siete entidades del Ejército Nacional Revolucionario fueron “germanizadas”, concretamente las 3ª, 6ª, 9ª, 14ª 36ª, 87ª y 88ª Divisiones de Infantería; mientras que otras once lo fueron parcialmente, exactamente las 2ª, 4ª, 10ª, 11ª, 25ª, 27ª, 57ª, 67ª, 80ª, 83ª y 89ª Divisiones de Infantería. A pesar de que el “Plan 80” previsto por Chiang Kai-Shek apostaba por ochenta divisiones de este tipo, las existentes fueron suficientes para hacer frente y derrotar al Partido Comunista Chino.

La “Larga Marcha”

“Operación Muralla Feroz” fue el nombre que el Kuomintang otorgó a la ofensiva que el Ejército Nacional Revolucionario desencadenó con más de 1 millón de hombres contra el VIII Ejército de Ruta que defendía la República Soviética de China en Jiangxi. Sorpredentemente y a diferencia de en ocasiones anteriores, los soldados del Kuomintang eran mucho más profesionales y estaban dirigidos por oficiales alemanes, por lo que rápidamente penetraron a través de la provincia arrollando a los comunistas. De hecho y gracias a que previamente los ingenieros del bando nacionalista bloquearon las principales rutas de suministros mediante una amplia red de fortificaciones, trincheras, blocaos y zonas barridas por el fuego de la artillería, se impidió tanto la entrada como salida de alimentos o munición, lo que sumado a las prácticas de “tierra quemada” en los campos de arroz, dejaron a los defensores al borde de la inanición. Esta pesadilla como consecuencia de la carestía de comida y las más de 40.000 bajas sufridas por el VIII Ejército de Ruta, llevó a Mao Tse-Tung a tomar la decisión de abandonar la República Soviética de China y emprender una huida hacia el norte que sería conocida como la “Larga Marcha”.

La “Larga Marcha” fue la mayor epopeya de la Guerra Civil China cuando el 16 de Octubre de 1934 más de 90.000 efectivos del VIII Ejército de Ruta de Mao Tse-Tung entre los que había 75.000 soldados, 15.000 auxiliares y 35 mujeres, partieron de Jiangxi hacia el norte de China para unirse a los nuevos focos de guerrilla que estaba organizando el Partido Comunista Chino. La expedición que comenzó con la evacuación ordenada de la disuelta República Soviética de China y el cruce de las líneas del Kuomintang sobre el sector de Yudu (gracias a una serie de sobornos en forma de pagos con los guardias nacionalistas), estuvo magistralmente dirigida por el Consejo Revolucionario Militar Central al mando del general Zhu De y representando por los generales Liu Po Cheng, Chou En-Lai y Wang Chia-Siang. Así fue como los comunistas fueron dejando atrás a sus perseguidores durante un tiempo hasta que transcurridas las semanas comenzaron a darles caza y a sufrir un elevado número de bajas por las enfermedades, el frío y el hambre, sin contar con los más de 28.000 soldados que fueron capturados por el Kuomintang y fusilados. Pese a estos retrasos, el resto de los fugitivos fueron los protagonistas de realizar auténticas proezas a lo largo de un trayecto de 12.000 kilómetros sobre las provincias de Guizhou, Sichuan y Luging que incluyeron escalar la “Vieja Montaña” situada en la Cordillera de Yuenhcheng, superar el cauce del Río de las Arenas Doradas, derrotar a los bandidos que les asaltaron entre Yunnan y Chang, cruzar el Puente de Luting, ascender la Gran Montaña de Nieve de Kansu y obtener una gran victoria en la Batalla del Río Xiang, además de efectuar una serie de cadenas humanas para sortear las aguas del Río Dadu. A partir de este punto del camino, el VIII Ejército de Ruta se dividió en dos columnas que continuaron su progreso del siguiente modo: una penetró a través de montes, densas junglas, húmedos arrozales y calurosos desiertos sobre las regiones de Qinghai, Gansu y Ningxia; mientras que la otra se dirigió hacia la frontera con la Unión Soviética hasta que se produjo un motín por parte del general Chang Kuo-Tao que fue desarticulado y entonces volvieron a cambiar el rumbo siguiendo a la primera columna. De esta manera y después de un año de padecer calamidades que costaron la vida a 82.000 guerrilleros (el 90% de la cifra original), el 20 de Octubre de 1935, un total de 8.000 supervivientes del VIII Ejército de Ruta alcanzaron finalmente su destino refugiándose en el perímetro defensivo de Wuqi que los recién creados I y II Ejércitos del Partido Comunista Chino acababan de levantar tras consolidar posiciones en la provincia de Bao’an.

La “Larga Marcha” del Partido Comunista Chino.

A principios de 1936 la situación mejoró notablemente para el Partido Comunista Chino porque los guerrilleros de Mao Tse-Tung se fortificaron en la base montañosa del Yenan, abarcando un área fácilmente defendible para los I y II Ejércitos Rojos, más el VIII Ejército de Ruta, recientemente unificados en el Ejército de Liberación Popular, que extendió sus dominios a zonas de Ningxia, Shanxi, Shaanxi y Suiyuán. De hecho el Kuomintang fue incapaz de triunfar en todos los intentos por desalojarlos como sucedió durante una ofensiva entre Shaanxi y Gansu que costó a los nacionalistas una retirada con más de 9.000 muertos sobre el terreno. Estos reveses y las críticas de muchos hacia el Presidente Chiang Kai-Shek, dio lugar a un golpe de Estado en 1937 que siguió con el secuestro del “Generalísimo” por parte de los generales Zhang Xueilang y Yang Hucheng, aunque los escasos apoyos de los sediciosos terminaron con el fracaso de la rebelión y con la vuelta del Jefe del Estado que reanudó la contienda contra el Partido Comunista Chino.

Segunda Guerra Mundial

Al producirse el Incidente del Puente Marco Polo que el 7 de Julio de 1937 propició la invasión de Japón a China y el estallido de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, tanto el Kuomintang como el Partido Comunista Chino interrumpieron la Guerra Civil China. Fue entonces cuando el “Generalísimo” Chiang Kai-Shek y el “Gran Timonel” Mao Tse-Tung se entrevistaron y pusieron fin a las hostilidades para agrupar en una sola entidad al Ejército Nacional Revolucionario y al Ejército de Liberación Popular en el llamado “Frente Unido” con la única finalidad de defender su patria del Imperio Japonés.

La Segunda Guerra Sino-Japonesa se desarrolló entre 1937 y 1938 con la conquista por parte de Japón de las principales ciudades de Pekín, Nankíng, Shangai; y también con una formidable expansión sobre la franja oriental de China, incluyendo la creación al norte de un “estado satélite” en Mongolia Interior, que acabó con las derrotas tanto del Ejército Nacional Revolucionario como del Ejército de Liberación Popular, lo que obligó al Kuomintang a trasladar la capital a Chonqing y al Partido Comunista Chino a atrincherarse en torno al Yenan. De hecho cuando la contienda empalmó con la Segunda Guerra Mundial en 1939, el Frente Unido volvió a perder terreno tras la ocupación del Ejército Imperial Japonés a la Indochina Francesa que facilitó a los nipones apoderarse de toda la costa del sur de China con las provincias de Guangxi, Guangdong y Fujian entre 1940 y 1941.

Inesperadamente el 7 de Enero de 1941 tuvo lugar el Incidente de Wannag cuando el VIII Ejército del Kuomintang al mando del general Shangguan Yunxiang y el IV Ejército Nuevo del Partido Comunista Chino al mando del general Ye Ting, se enzarzaron a causa de una mala interpretación de la situación bélica en una escaramuza al sur de Anhui que confrontó a miles de hombres de ambos bandos. El resultado de esta batalla que se libró entre la ciudad de Maolin y el Río Yang-Tse, concluyó con una victoria total del Kuomintang que destruyó en su totalidad al IV Ejército Ruta tras provocar a los comunistas 7.000 muertos y prisioneros, figurando entre los caídos el general Ziang Ying y entre los cautivos el general Ye Ting. Lamentablemente el coste político de la acción fue enorme porque el Frente Unido se resquebrajó y desde entonces tanto el Kuomintang como el Partido Comunista Chino llevarían a cabo la Segunda Guerra Mundial contra Japón por su propia cuenta.

Durante el resto de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, el Ejército Nacional Revolucionario del Kuomintang llevó a cabo la casi totalidad de la lucha contra el Imperio Japonés debido a que la actividad del Partido Comunista Chino se redujo exclusivamente al Yenan. A pesar de todo, los choques entre ambos bandos fueron frecuentes desde 1944 como en la “Operación Ichi-Go” que implicó algunas escaramuzas entre nacionalistas y comunistas, precisamente mientras ambos estaban siendo víctimas de una ofensiva por parte del Ejército Imperial Japonés. Al año siguiente, en Julio de 1945, tuvo lugar la Batalla de Yataishan que supuso la derrota del Kuomintang frente al Ejército de Liberación Popular tras cosechar 500 muertos los primeros y 200 los segundos. Curiosamente acciones similares que acabaron en triunfos maoístas continuaron desarrollándose aquel verano sobre Baoying, Yongjiazhen, Tianmen, Pinyi, Linyi, Wudahao, Wuhe, Yinji, Huayin, Xinghua y Dazhongji, antes de decretarse oficialmente el final de la Segunda Guerra Mundial el 2 de Septiembre de 1945 con la victoria de China sobre Japón.

Reanudación

Sólo dos días después del final de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de Septiembre de 1945, el Ejército de Liberación Popular atacó por sorpresa al Ejército Nacional Revolucionario en un episodio conocido como la Batalla de Lingbi que concluyó con 1.328 bajas nacionalistas entre 104 muertos y 1.224 prisioneros, así como con la captura de un mortero, ocho ametralladoras y 1.355 fusiles. Este inesperado acontecimiento que rompió cualquier capacidad de diálogo o búsqueda de una solución pacífica entre el Kuomintang de Chiang Kai-Shek y el Partido Comunista Chino de Mao Tse-Tung, implicó la inmediata reanudación de la Guerra Civil China.

Infantes del Kuomintang en el borde con Manchuria en 1946.

La interrupción de la Guerra Civil China entre 1937 y 1945 por culpa de la invasión de Japón, cambió totalmente la situación de la conflagración vivida de 1927 a 1937 básicamente por tres razones. La primera que el Partido Comunista ya no sólo se extendía sobre el Yenan, Shaanxi y Ningxia, sino que la intervención de la Unión Soviética contra el Imperio Japonés en el Lejano Oriente había supuesto la cesión a los maoístas de Manchuria que en aquel momento se erigía como la región más industrializada y rica del país, lo que aportaba al Ejército de Liberación Popular unos recursos económicos prácticamente ilimitados a diferencia de las zonas del Kuomintang que bien eran rurales, o bien habían sido devastadas por la guerra. La segunda razón era que el Ejército de Liberación Popular había dejado de ser una guerrilla para convertirse en unas fuerzas armadas modernas de última generación gracias a las inagotables cantidades de material bélico que proporcionó el Ejército Rojo y que facilitó a los comunistas levantar un cuestión de meses infinidad de divisiones muy bien pertrechadas, grandes masas de infantería debidamente equipadas, parques motorizados, baterías de artillería media y pesada, escuadrones constituidos por los poderosos tanques T-34 e incluso una modesta aviación. Finalmente el tercer y último motivo, fue que el Kuomintang había llevado el 90% del peso de la lucha contra Japón con un saldo de 10 millones de bajas (por sólo 580.000 del Partido Comunista Chino), lo que había supuesto la muerte de la mayor parte de la oficialidad profesional y un desgaste absoluto entre las filas y cuadros de tropas del Ejército Nacional Revolucionario, además de una desmoralización total (que constantemente generaba un goteo de deserciones), en contraste con el Ejército de Liberación Popular que disponía de una mayoría de hombres frescos, descansados y con la moral muy elevada.

Manchuria comprendió el foco inicial de la reanudación de la Guerra Civil China con los diversos ataques protagonizados por el Ejército de Liberación Popular sobre las expuestas y aisladas guarniciones del Ejército Nacional Revolucionario situado al noreste del país que justo en aquellos instantes se extendía por una muy larga y vulnerable línea fronteriza. Bastaron una serie de pequeños envites para los soldados nacionalistas desertasen o se rindieran, además de ser miles de ellos aislados en núcleos que los maoístas fueron aniquilando uno a uno como sucedió en las escaramuzas sobre Pingdu con 5.000 muertos, Taixing con 6.000, Rugao con 3.000, Wuli con 6.000 o Nuanquan con 3.000, así como los choques de Shangdan y Handan que acabaron con la capitulación de 35.000 soldados del Kuomintang por tan sólo 4.708 bajas de los comunistas.

Tanques Stuart del Ejército de Liberación Popular en la Batalla de Xuzhou.

Estados Unidos intentó poner fin a la Guerra Civil China y evitar nuevas masacres en el Lejano Oriente enviando como mediador al general George Marshall, quién tras mantener entrevistas tanto con Chiang Kai-Shek como con Mao Tse-Tung, e instarles a que alcanzasen un alto el fuego y una solución pacífica, la iniciativa terminaría fracasando en 1946 ante la terquedad de ambos personajes. Mientras tanto, los éxitos del Ejército de Liberación Popular continuaron multiplicándose con nuevas victorias militares en Shaobo, Gaoyou, Tangtou, Goucun, Houma, Jinjiatun, Baoding, Niangziguan, Tang’erli y Menglianggu, siendo especialmente dolorosos los reveses de los nacionalistas en Datong con 22.000 bajas, Longhai con 16.000 y Hunagquia con 17.000. De hecho la única victoria del Kuomintang (y última de la Guerra Civil China) tuvo lugar en la Batalla de Siping cuando el Ejército Nacional Revolucionario rechazó tras una heroica resistencia al Ejército de Liberación Popular causándole 120.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros.

Caída de Pekín y Shangai

A inicios de 1947 el Partido Comunista Chino se encontró en disposición de abandonar Manchuria y el norte de China para descender hacia el centro-sur del país y sus principales núcleos urbanos. Así fue como el Ejército de Liberación Popular desencadenó la “Ofensiva de Verano” con medio millón de hombres al mando del general Lin Bao que apenas tardaron en arrollar al Kuomintang provocando a sus hombres 82.000 bajas; lo mismo que la “Ofensiva de Otoño” con otras 69.000 y la “Ofensiva de Invierno” con 156.000 más. Al año siguiente, en 1948, los nacionalistas volvieron a ser derrotados en la Batalla de Gongzhutun con 20.000 bajas propias por 10.000 maoístas; en la Batalla de Linfen con otras 25.000 y 15.000 respectivamente; y en el asedio de Changchun que implicó la capitulación de 95.000 soldados que se rindieron. Mucho peor fue el desastre durante la Batalla de Liaoshen que que concluyó con las bajas de 472.000 nacionalistas por sólo 70.000 comunistas; o la Batalla de Xuzhou que acabó con la destrucción parcial del grueso del Ejército Nacional Revolucionario después de que más de 600.000 tropas del Ejército de Liberación Popular le infligiesen 550.000 bajas entre 223.000 muertos o heridos y 327.000 prisioneros.

Tropas del Ejército de Liberación Popular entrando en Pekín.

La Batalla de Pekín comenzó en Enero de 1949 cuando más de 1 millón de efectivos del Ejército de Liberación Popular al frente del general Lin Bao desarrollaron una enorme ofensiva contra la capital de China que en aquellos momentos se hallaba defendida por 2.500.000 soldados del Ejército Nacional Revolucionario al mando del general Fu Zuoyi. A pesar de que los hombres del Kuomintang disfrutaban de una manifiesta superioridad numérica, la falta de suministros y la desmoralización habían llegado a unos límites tan extremos, que la mayoría se negaron a combatir e incluso se amotinaron contra sus jefes. Gracias a este inesperada rebelión en las filas del enemigo, el Ejército de Liberación Popular avanzó sin encontrar apenas oposición mientras el Ejército Nacional Revolucionario se deshacía y las divisiones se disolvían. Bastaron solamente unas semanas para que las tropas del Partido Comunista Chino entrasen triunfales el Pekín, donde el “Gran Timonel” Mao Tse-Tung anunció ante las masas el 31 de Enero de 1949 la proclamación de la República Popular de China.

A la inmediata caída de Pekín y fundación de la República Popular de China, el Ejército de Liberación Popular inició a comienzos de 1949 su ofensiva hacia el sur y centro de China con la misión de expulsar al Kuomintang del continente. Dentro de este contexto tendría lugar la Batalla de Shangai que después de una intensa lucha urbana en las calles de la ciudad, se saldó con una nueva derrota del Ejército Nacional Revolucionario que encajó 153.000 muertos a costa de tan sólo 34.000 los comunistas. Acto seguido y desde ese instante, las tropas del Ejército de Liberación Popular avanzarían fugazmente y encontrando una minúscula resistencia sobre el resto del país hasta apoderarse de las grandes regiones de Tianquan, Yiwu, Hunan, Hupei, Sichuyán, Mongolia Interior y la Isla de Hainan en las que cayeron o se rindieron más de 8 millones de soldados, lo que supuso la total desaparición del Ejército Nacional Revolucionario.

Final

En 1950 el “Generalísimo” Chiang Kai-Shek abandonó China y estableció el Kuomintang en la Isla de Formosa (Taiwán) que desde ese momento pasaría a ostentar el estatus de ser la República Nacionalista de China. Sin embargo y a pesar de haber sido evacuado el continente, los restos del Ejército Nacional Revolucionario todavía tuvieron que defender los distintos archipiélagos próximos a las costas de China, librando entre 1951 y 1952 una serie de choques sobre las Islas de Nanri, Nanpeng, Dalushan, Dongshan, Yijangshan y Dachen que finalmente hubieron de ser cedidas a la República Popular de China.

Rendición de soldados del Kuomintang a las afueras de Shangai.

Curiosamente el último enfrentamiento entre el Partido Comunista Chino y el Kuomintang tendría lugar en 1961 cuando 10.000 hombres del Ejército Nacional Revolucionario al mando del general Liu Yuanlin que se estacionaban en las selvas de Birmania (tras un pacto previo con este país), atravesaron la frontera de los Estados Shan que demarcaban con la República Popular de China para librar una intensa batalla sobre la jungla que dejó 741 nacionalistas muertos a costa de otros 1.000 soldados maoístas. Este acontecimiento que se saldó con la retirada del Kuomintang y su posterior disolución sobre Birmania el 9 de Febrero de 1961, marcó el final oficial de la Guerra Civil China.

La Guerra Civil China fue una de las mayores tragedias de Asia Oriental en el siglo XX porque costó al pueblo chino 13 millones de muertos y la destrucción de gran parte de su país. Esta contienda que además se prolongó casi tres décadas en el tiempo, desde 1927 hasta 1961, durante aproximadamente dos generaciones de padres e hijos, y que solamente fue interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, constituyó también todo un récord al ser una de las más largas de la Historia.

 

Bibliografía:

-Santiago Fuertes Bermúdez, La Guerra Civil China I Caída del Imperio, nacimiento de la Revolución, Revista Serga Nº48 (2007), p.14-24.
-Santiago Fuertes Bermúdez, La Guerra Civil China II Caída del Imperio, nacimiento de la Revolución, Revista Serga Nº49 (2007), p.15-24.
-José Martínez Carreras, El Polvorín Asiático, “La China del Kuomintang”, Ediciones Iberoamericanas Quorum (1986), p.12-29
-Mariano Fontrodona, Chu Teh el Hombre de la Larga Marcha, Revista Historia y Vida Nº13 (1976), p.87-93