Expediciones de las SS al Tíbet

 

Místicas y espirituales fueron las altas cumbres del Tíbet a lo largo de la Historia. Cuna de importantes civilizaciones y origen de las primeras manifestaciones indo-europeas, las SS se interesaron desde el principio por este país y no dudaron en organizar apasionantes expediciones.

Las SS fueron algo más que una simple milicia al servicio del Partido Nacionalsocialista Alemán (NSDAP). Realmente fueron la base de una nueva concepción del mundo cuyo fin era la construcción de una élite racial y cultural germánica con un pensamiento pagano y esotérico centrado en el amor a la Naturaleza. Esta idea espiritual del “Nuevo Hombre” tenía una fuerte inspiración en la filosofía del Asia Oriental y más en concreto en antiguas civilizaciones del Himalaya, lo que llevó al Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler, a organizar una serie de expediciones destinadas a encontrar el origen del pueblo ario.

1ª Expedición

La primera misión expedicionaria al Tíbet comenzó el 21 de Abril de 1938 en el puerto de Génova, Italia, cuando cinco aventureros al mando del zoólogo Ernst Schäfer que se encontraba acompañado por el arqueólogo Bruno Beger, el geógrafo Karl Wienert, el botánico Ernst Krause y el etmólogo Edmund Geer, partieron en barco hacia la India, por aquel entonces una colonia del Reino Unido. Al Himalaya llegaron el 21 de Junio tras cruzar el Río Teesta, donde capturaron numerosas aves e insectos para ser estudiados y realizaron numerosas mediciones faciales antropométricas a los nativos en los alrededores de la comarca de Sikkim.

A finales de 1938 la expedición SS de Ernst Schäfer atravesó el Paso de Nathu a 4.265 metros de altitud e irrumpió en el Valle del Río Chumbi hasta penetrar en el Tíbet. Acompañados por guías nativos, el 19 de Enero de 1939 llegaron a la capital de Lasha, donde permanecieron tres meses tomando muestras y estudiando la cultura tibetana. Por fin el 20 de Marzo dejaron atrás aquella ciudad que constituía el “Techo del Mundo” y continuaron su trayecto visitando Gyantse, las ruinas de Jalung Phodrang y la antigua Shigatse de los “Panchen Lama”. De nuevo en la India, tuvieron que superar difíciles trámites burocráticos con las autoridades inglesas hasta que se les autorizó marcharse a mediados de 1939 antes de volver a Alemania el 4 de Agosto para ser recibidos triunfalmente en Munich por el mismo Himmler.

Hasta la conclusión de aquella primera expedición al Tíbet, el material obtenido fue muy valioso. En total se realizaron más de 42.000 fotografías, se filmaron 18.000 metros de película en 16 milímetros, se fabricaron 400 moldes antropométricos de yeso en distintas personas tibetanas (cara, manos y pies), se recogieron 2.000 objetos etnográficos y se recopilaron infinidad de muestras vegetales y animales para la investigación científica.

2ª Expedición

Heinrich Harrer, un alpinista austríaco que se había hecho famoso por destacar entre la élite deportiva de las SS y escalar la cumbre del Monte Eiger en Suiza (una hazaña que le valió ser felicitado personalmente por el mismo Adolf Hitler), fue el candidato elegido por el Instituto Anherbe dirigido por el propio Himmler para liderar la segunda expedición al Himalaya. La aventura la protagonizarían 26 expertos, entre ellos el mismo Harrer con seis alpinistas y veinte voluntarios de las SS, encargados de encontrar los antepasados arios en el Tíbet y de paso buscar un supuesto objeto de poder ilimitado perteneciente a la Thule Hiperbórea.

Oficialmente la segunda expedición de las SS al Tíbet tuvo lugar en Agosto de 1939 cuando los hombres de Heinrich Harrer realizaron una serie de investigaciones en los alrededores de Nanga Parbat. Según las filmaciones y documentos, los expertos estudiaron los orígenes de la raza nórdica mediante la revisión de cráneos tibetanos, runas de origen histórico sobre ruinas o manifestaciones arias antiguas, entre otras cosas. Precisamente estos soldados e investigadores se llevaron decenas de objetos antropológicos y tecnológicos que enviaron a Berlín, siendo el principal descubrimiento un documento llamado Tantra de Kalachakra que recogía los orígenes de un pueblo guerrero de rama budista muy ligado a la cultura aria nórdico-germana.

Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial en Septiembre de 1939, las expediciones de las SS al Tíbet quedaron frustradas porque las tropas anglo-indias arrestaron a todos los investigadores, incluyendo al propio Heinrich Harrer que encarcelaron en un campo de concentración en la India. Sin embargo en 1942, Harrer consiguió escapar de su cautividad y escapar hacia el Tíbet en donde fue admitido como refugiado y nombrado consejero del mismo Dalai Lama, un niño por aquel entonces llamado Tenzyn Gyatso. Curiosamente Harrer residió siete años en el Tíbet hasta que tropas comunistas de la República Popular de China ocuparon el país en 1950, por lo que Harrer y el Dalai Lama se vieron forzados a exiliarse, el primero en Alemania y el segundo en la India.

Heinrich Harrer con el Dálai Lama décadas después de la Segunda Guerra Mundial.

Durante toda la vida, tanto Harrer como el Dalai Lama Gyatso mantuvieron una gran amistad. Tan increíble fueron las vivencias de estos dos personajes que en 1997 se realizó un film sobre el alpinista de las SS y el Dalai Lama con el nombre de Siete Años en el Tíbet, en donde el actor Brad Pitt dio vida a Harrer.

 

Bibliografía:

Julián López, Así transcurrieron los verdaderos siete años en el Tíbet, Más Allá Monográfico (2001), p.60-61
David Rodríguez Luján, Expedición de las SS al Tíbet, WW2GP Magazine (2015), p.12-13