El Santo Grial y las SS

 

El Santo Grial, la misma copa que Jesús de Nazaret repartió a sus discípulos para tomar el cáliz en la última cena y que originó el mito sobre la vida eterna a quién lo poseyera, obsesionó al propio Rechisführer de las SS, Heinrich Himmler, y al mismísimo Führer Adolf Hitler.

Otto Rahn.

Un personaje llamado Otto Rahn especializado en el catarismo y la literatura medieval, había investigado en 1924 el posible paradero del Santo Grial en el Languedoc de Francia, así como otras regiones de Suiza, Italia y España. Por esa razón Himmler se interesó en dicha personalidad y le hizo llamar. En Marzo de 1936 Otto Rahn entró a formar parte de las SS en el Departamento de Weisthor como especialista en ariosofía y ocultismo, aunque no pudo obtener un certificado de pureza racial. Pero aquella carencia genética aria no impidió que se le encomendase la misión más legendaria: encontrar el Santo Grial de Jesucristo.

Según Otto Rahn comunicó a Himmler, el Santo Grial no era una copa, sino un conjunto de tablillas sagradas de piedra o madera que se encontraban escritas en carácteres rúnicos y que tenían la totalidad de todos los conocimientos mágicos y esotéricos. Himmler escuchó con atención la teoría de Rahn sobre el Santo Grial, pero él seguía estando convencido de que era una copa que daría un poder absoluto a la raza aria y al Tercer Reich, idea que sacó fruto de sus creencias paganas y su afición por las manifestaciones solsticiales y equinociales.

Construcciones cátaras de Languedoc, Francia.

Otto Rahn viajó hasta Francia, exactamente a Languedoc, junto a la fortaleza cátara de Montsegur, alojándose en Lavalent. La tradicción según Rahn y la Historia aseguraba que los cátaros tras diez meses de asedio en 1244 se rindieron ante las fuerzas de la Iglesia Católica. Aunque los conquistadores de Montsegur habían creído que el Santo Grial se hallaba allí, se llevaron una desagradable sorpresa al no poder encontrarlo. Tras el asedio más de 200 cátaros fueron quemados vivos por la Santa Inquisición en la llamada “prat dels cremats (prado de los quemados)”, manifestando uno de los supervivientes de la matanza, Imbert de Salas, que el Santo Grial había sido llevado a un lugar seguro la noche antes de la caída de la fortaleza por cuatro prefectos que descendieron en la oscuridad por la cara norte del pico transportando consigo el cáliz de Cristo, los libros secretos de la Iglesia Católica y el tesoro con el fin de ocultarlos en cuevas por los alrededores. El propio Rahn quedó sorprendido cuando unos documentos que encontró de la misma Iglesia coincidían con la versión de Imbert de Salas, pues precisamente cuatro personas habían descendido del castillo aquella noche del Domingo de Ramos. Los estudios de Rahn llegaron a afirmar que los cuatro evadidos de Montsegur en 1244, tras cruzar el Río Lasset, entregaron el Santo Grial al señor de Verdún, Pons Arnol, en Pic du Saint Barthelemy, localidad de Sabarthes. Las fuentes confirmaron que el tesoro posteriormente se lo apropió Pons Arnos, pero tanto el Santo Grial como los documentos de la Iglesia se escondieron en cavernas.

Los trabajos e investigaciones de Rahn fueron excelentes, sobretodo en el estudio detallado de la geografía sagrada del sur de Francia. Los progresos en orientaciones astronómicas y la relación de otros sitios sagrados le convenció de encontrar el Santo Grial precisamente allí, donde muchos otros hombres habían fracasado en el intento. El éxito víno cuando Rahn encontró los pasajes y túneles secretos donde supuestamente estaba el Santo Grial, exactamente una zona junto a Ornolac conocida como la cueva de Bethleém. El descubrimiento fue espectacular, consistía en un montón de galarías con runas, cruces, báculos y esquemas gravados en paredes. Curiosamente en un sector había un enorme bloque de piedra a modo de altar y pasillos con símbolos de la Lanza Longinos y el propio Santo Grial, incluso en una pared se encontraron gotas de sangre. A pesar de Otto Rahn haber dado con aquel patrimonio cultural de la Humanidad, realizar muchas fotografías y tomar dibujos; el Santo Grial no se hallaba allí, pues alguien se había adelantado, probablemente siglos atrás y lo había transportado a otro sitio.

Cueva cátara estudiada por Otto Rahn en Languedoc, Francia.

Rahn siguió la búsqueda en la frontera de Francia con España tras ser ascendido al rango de Oberstrumführer. Primeramente se estableció en Marronniers, junto a las cuevas de Lombrives entre Montsegur y Tarascon. En esa misma época Rahn creó un círculo dentro de las SS de creencias cátaras, algo que molestó a algunos nacionalsocialistas. Las investigaciones continuaron progresando en los lugares visitados. Rahn pidió más tiempo y confianza a Himmler que se la concedió. El siguiente viaje lo efectuó a Islandia acompañado de importantes oficiales y mandos de las SS, transportando el barco con el que navegó una esvástica de color azul como símbolo cátaro. Sin embargo en la fría Islandia las SS no encontraron nada de interés. En 1937 Rahn regresó a Montsegur encontrando esta vez varios objetos de valor pagano y cristiano que envió a Berlín, aunque algunos dijeron que encontró realmente el Santo Grial, es seguro que no.

El fin de Rahn llegó en 1938 cuando expuso un punto de vista diferente al nacionalsocialismo, pues Rahn pretendía formar una Europa cátara, algo con que los nacionalsocialistas estaban en contra totalmente, lo que le costó su enemistad. Misteriosamente el 13 de Marzo de 1939, Otto Rahn desapareció para siempre en el glaciar de Söll, perteneciente al Tirol de Austria. Según la información más creíble es probable que se suicidara al más puro estilo cátaro, mientras que otras menos fiables fue que murió al caer por un glaciar en una tormente de nieve o que fue asesinado por las SS.

Nunca todos los misterios en torno a Otto Rahn fueron resueltos. Quizá se llevara a la tumba el secreto más grande sobre el Santo Grial de la última cena de Jesucristo.

 

Bibliografía:

Otto Rahn, La Corte de Lucifer, Reditar Libros (2006), p. 25-282
Josep Guijarro, Otto Rahn y la búsqueda del Grial, Más Allá Monográfico (2001), p.52-55