Batalla de Montecassino

 

Italia se había rendido el 8 de Septiembre de 1943 con la consecuente ocupación militar de la bota italiana entre el Tercer Reich y los Aliados. Desde el principio numerosos problemas habían encontrado los anglo-americanos: El V Ejército Estadounidense del general Mark Clark fue detenido durante una semana en el Batalla de Salerno y no salió de esa trampa mortal hasta que el VIII Ejército Británico del general Bernard Montgomery le sacó al acudir en su socorro. A continuación ambos ejércitos fueron paralizados por unos pocos alemanes en la provincia de Nápoles, para en Octubre avanzar gracias a la Insurrección Napolitana de sus ciudadanos en la retaguardia que sorprendió a los alemanes. Después, prácticamente hasta finales de 1943, una vez más quedaron atascados en el Río Volturno, aguas que tardaron semanas en cruzar. Hasta ese momento, tanto los norteamericanos como los británicos habían perdido un tiempo precioso con unas bajas altísimas, mientras tanto los alemanes habían estado tranquilamente durante cuatro meses construyendo la fortificación más inexpugnable de Italia, la Línea Gustav, muralla con la que tendrían que chocar sus enemigos. Justo en el punto más accesible a Italia Central, concretamente Montecassino y su monasterio, tendría lugar una pesadilla que se convertiría en la batalla más sangrienta para los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Plan del Eje

Nadie en 1944, excepto los alemanes, sabían que la Línea Gustav entre el Mar Mediterráneo y el Mar Adriático era un obstáculo impasable, especialmente si alguien se atrevía a cruzarla por el área de Montecassino, tal y como tenían previsto los Aliados. Lo más fuertemente defendido era la zona comprendida entre los 35 y 17 kilómetros del Valle del Río Liri, en el que vertían el Río Garellano sobre el Golfo de Gaeta, coronado por los Montes Aurunci, siendo entre estos el más alto el Monte Castelforte de 940 metros; el Río Milfa sobre los Abruzzos con la cuenca natural de Atina; y por último el Río Rápido que descendía de los Apeninos pasado a pocos cientos de metros de la ciudad de Cassino, una localidad que conectaba con la carretera número 6 y una línea ferroviaria. Precisamente sobre la llanura de Cassino, coronada por Montecassino, se levantaban la Rocca Janícula (conocida también como Colina del Castello) de 90 metros con un castillo medieval en la cima, a contunación estaba la Collina del Boia (Colina del Verdugo), a 7 kilómetros el Monte Cairo de 1.669 metros y la Colina del Belvedere, esta última de 720 metros que unía la carretera de Sant’ Elia con Belmonte. Fuera del sector de Cassino, desde el centro a la costa adriática se alzaban el Monte Cifalco con el Castel di Sangro y el Macizo de la Maiella.

Con este paisaje mediterráneo la estratégia a utilizar por los alemanes iba a ser la más lógica y sencilla. Como era evidente renunciarían a sus clásicas maniobras móviles con los Panzer, típicas de la Guerra Relámpago (Blitzkrieg), para esconderse en la barrera natural de la Línea Gustav y esperar a que el enemigo se desangrase. Prácticamente toda la Línea Gustav se componía de serpenteantes ríos que se entrecuzaban, formando alturas repletas de riscos, vegetación mediterránea, cavidades, grietas, etcétera, imposibles de alcanzar por las bombas o cañones. Prácticamente la infantería y la artillería llevaría el peso de la batalla, empleándose únicamente los tanques en llanos muy concretos o enterrados en el suelo como posición fija. Albrecht Kesselring, mariscal en Italia, convenció a Adolf Hitler de que esta era la manera de clavar a sus enemigos en Italia.

Montecassino y su abadía fueron fundadas por San Benito en el año 529 sobre las piedras de un viejo templo de Apolo. Situado sobre una alta montaña muy rocosa y cortante de 516 metros de altura, se ubicada a 120 kilómetros de la capital, Roma. Por su geografía como saltaba a la vista era un lugar de observación estratégico al controlar los valles circundantes de entrada a Italia Central e Italia del Sur, de hecho en el norte se desprendía un vertical barranco y en los lados únicamente se subía por una pendiente muy empinada, característica que le aportaba un valor militar incalculabre. En el pasado la historia del monasterio ya estaba marcada por la destrucción a causa de posición privilegiada en tiempos de guerra, por ejemplo en el año 581 fue destruido por los longobardos, siendo reconstruido en el 717 hasta que volvió a ser derruido por los sarracenos en el 883. Por suerte en el siglo X, época conocida como la “Edad de Oro de Montecassino” el edificio se renovó, convirtiéndose el lugar en un centro cultural de la Cristiandad en donde se tradujeron obras latinas tan fundamentales como Varrón, Cicerón, Horacio, Ovidio, Virgilio, Sénaca, etc. Sin embargo en 1349 un terremoto volvió a echar abajo el monasterio, para ser de nuevo construido sin más sobresaltos, a excepción de un suceso aislado ocurrido cuando España envió al general Gonzalo de Córdaba para reducir los muros de Montecassino, algo que no ocurrió gracias a un sueño en el que se le apareció San Benito advirtiéndole que no lo hiciera. Desde ese instante, partiendo del Renacimiento, Montecassino se hizo famoso en todo el mundo cristiano por albergar las tumbas de San Benito y Santa Escolástica, además de otras obras artísticas importantes de Tintoretto, Ghirlandio, Brueghel o la Leda de Leonado Da Vinci, pero lo más destacado era el precioso fresco barroco de Luca Giordini.

Tanto Montecassino, la ciudad, como sus alrededores habían sido ocupadas por las tropas del X Ejército Alemán de Heinrich Vietinghoff, aunque del monasterio se tenían que alejar 350 metros según lo pactado con el Vaticano. La mayoría de fuerzas pertenecían al XIV Cuerpo Panzer liderado por el general Fidolin Von Senger und Etterling, el cual curiosamente pertenecía la Tercera Orden Benedictida, la misma del monasterio. La fuerza principal era la 1ª División Paracaidista Fallschirmjäger al mando de Richard Heidrich, esta llevaría casi todo el peso de la batalla al situarse apostada alrededor de la abadía. El resto de unidades eran la 1ª División Panzergrenadier, la 71ª División de Infantería y la 90ª División Panzergrenadier. Entre las fuerzas no alemanas estaban algunas milicias fascistas italianas de la República de Saló y la 2ª Brigada Técnica Eslovaca del general Rudolf Pilfousek.

Apróximadamente el Eje disponía de unos 30.000 soldados. Los más numerosos eran los alemanes con 25.000 tropas más o menos y 400 cañones. El resto se trataba de algunos milicianos fascistas italianos aislados y 4.345 soldados eslovacos (169 oficiales y 4.176 soldados).

X Ejército Alemán (General Heinrich Vietinghoff):
XVI Cuerpo Panzer (General Fridolin Von Senger und Etterling)
-1ª División Paracaidista “Fallschirmjäger”
-1ª División Panzergrenadier
-71ª División de Infantería
-90ª División Panzergrenadier
-Milicias Fascistas Italianas
-2ª Brigada Técnica Eslovaca

Plan Aliado

Harold Alexander, general al mando de las operaciones en Italia del Sur, previó un plan de ataque con el V Ejército Estadounidense del general Mark Clark, contra la Línea Gustav a través fundamentalmente de Cassino y el famoso monasterio. Frontalmente contra la Línea Gustav marcharían el II Cuerpo Estadounidense constituido por las 34ª, 36ª y 45ª Divisiónes de Infantería, aunque más tarde para el final de la batalla se unirían las 85ª y 88ª Divisiones de Infantería; y el X Cuerpo Británico con las 5ª, 46ª y 56ª Divisiones de Infantería. Por el este del principal ataque avanzaría el Cuerpo Expedicionario Francés Libre del general Alphonse Juin con la 1ª División Motorizada Francesa Libre, la 3ª División de Argelia y las 2ª y 4ª Divisiones de Marruecos. Justo en reserva fueron estacionados el Cuerpo Neozelandés del general Bernard Freyberg con la 2ª División Neozelandesa y la 4ª División India, esta última con voluntarios de las tribus Punjab, Sikh, Mahratta y Rajput, más el Batallón Gurkha de Nepal; el Cuerpo Polaco Libre del general Wladyslaw Anders con las 3ª y 5ª Divisiones de Infantería; el I Cuerpo Canadiense con las 1ª y 5ª Divisiones de Infantería; y el XIII Cuerpo Británico al mando del general Sidney Kirkman con las 6ª División Blindada, 6ª División de Infantería, la 8ª División India y la 1ª División Sudafricana. Todo ello se coordinaría con un desembarco en otro punto de Italia, concretamente en Anzio (Operación Shingle), donde ser organizaría una batalla para distraer importantes fuerzas alemanas y de paso probarían suerte en conquistar Roma.

A medida que transucurrió la larga Batalla de Montecassino, no sólamente participaron estadounidenses y británicos. Además de los clásicos canadienses, neozelandades e indios, los Aliados pusieron sobre el terreno de combate a polacos, marroquís, argelinos, tunecinos, sudafricanos, australianos, sirios, brasileños, senegaleses, libaneses, chipriotas, srilankeses, palestinos, mauritanos, yugoslavos, swazilis y basutos. Tribus y pueblos sin nación como los maoris de Nueva Zelanda o los ghurkas de la India y Nepal también participaron con entusiasmo en la batalla. Paralelamente se creó la Brigada Motorizada Italiana Cobeligerante de voluntarios italianos contra el fascismo al mando del general Umberto Utini. Otra curiosidad fue el Regimiento Japonés-Americano con japoneses libres a favor de los Estados Unidos a pesar de que Japón perteneciese al Eje. En total 26 tipos de soldados de nacionalidades diferentes tomaron parte en este duelo, Montecassino, que llegaría a convertirse en un enfrentaminto de múltiples banderas.

Con una superioridad numérica enorme los Aliados disponían de 100.000 soldados de infantería, 1.625 cañones, 2.000 tanques y 3.000 aviones.

V Ejército Estadounidense (General Mark Clark):
II Cuerpo Estadounidense (General Mark Clark)
-34ª División de Infantería Estadounidense
-36ª División de Infantería “Texas” Estadounidense
-45ª División de Infantería Estadounidense
-85ª División de Infantería
-88ª División de Infantería
X Cuerpo Británico (General Richar McCreery)
-5ª División de Infantería Británica
-46ª División de Infantería Británica
-56ª División de Infantería Británica
Cuerpo Expedicionario Francés Libre (General Alphonse Juin)
-1ª División Motorizada Francesa Libre
-2ª División de Infantería Marroquí
-3ª División de Infantería Argelina
-4ª División de Montaña Marroquí
Cuerpo Neozelandés (General Bernard Freyberg)
-2ª División de Infantería Neozelandesa
-4ª División de Infantería India
-Batallón Gurkha Nepalí
II Cuerpo Polaco Libre (General Wladyslaw Anders)
-3ª División de Infantería Polaca Libre
-5ª División de Infantería Polaca Libre
I Cuerpo Canadiense (General Eedson Louis Burns)
-1ª División de Infantería Canadiense
-5ª División de Infantería Canadiense
XIII Cuerpo Británico (General Sidney Kirkman)
-4ª División de Infantería Británica
-6ª División Blindada Británica
-78ª División de Infantería Británica
-8ª División de Infantería India
-1ª División de Infantería Sudafricana
·Brigada Motorizada Italiana Cobeligerante (General Umberto Utini)

1ª Batalla de Montecassino

A 8 kilómetros lejos de Cassino, el 17 de Enero de 1944, comenzó el ataque frontal contra la Línea Gustav encabezado por el II Cuerpo Estadounidense, escoltado al oeste por el X Cuerpo Británico y al este por el Cuerpo Expedicionario Francés Libre.

Nada más atacar el II Cuerpo Estadounidense, sus hombres fueron contrarrestados por las defensas alemanas. Algo muy similar sucedió en la izquierda con los ingleses y a la derecha con los franceses libres, aunque estos últimos lograron algún progreso hacia el interior.

Sant’ Angelo, pueblo ubicado sobre una colina y defendido por los alemanes que con su artillería barrían los Ríos Garellano y Rápido, fue la clave del desastre americano. En cuanto los estadounidenses de la 36ª División de Infantería “Texas” cruzaron el Río Garellano, desde Sant’ Angelo fueron sometidos a un incesante bombardeo de artillería que diezmó sus filas, siendo muchas de sus barcas hundidas. Caída la noche, la oscuridad les salvó provisionalmente, tiempo que aprovechó la 36ª División para dividirse en los 141º y 143º Regimientos, de los cuales sus zapadores construyeron puntes flotantes sobre el Río Rápido. Pero de poco sirvió porque al amanecer del 18 de Enero los cañones alemanes localizaron y hundieron todos los puentes y pasarelas, además dejar todas sus radios inutilizadas y matar a todos los comandantes norteamericanos. Sin aquellos puentes y sin mandos muchos hombres quedaron atrapados en la otra orilla, por lo que fue preciso organizar un plan para liberarlos, aunque muchos escaparon nadando.

Columna estadounidense con soldados y tanques avanza por la Línea Gustav hacia Cassino.

Mientras tanto en el sector del X Cuerpo Británico las cosas no marchaban mejor. Un campo de minas inmovilizó a los soldados ingleses de la 46ª División. A pesar de los intentos, llegó un momento en que los británicos se negaron a caminar, pues donde pisaban les saltaba una pierna o medio cuerpo por los aires. Apenas pudieron avanzar más allá de los campos minados, únicamente establecieron una pequeña cabeza de puente en el Río Garigliano a 3 kilómetros del punto de partida, pero después de eso quedaron detenidos por culpa de las intensas lluvias torrenciales, el lodo y terrenos helados del rudo invierno italiano.

Sin cesar en su empeño el día 19, los restos del 141º Regimiento perteneciente a la 36ª División lanzaron otro asalto al tiempo que construían otro puente, estructura terminada el 21 de Enero, momento en el que los pocos supervivientes atrapados en la orilla contraria escaparon. Sin embargo a las 12:00 del día 22, el 143º Regimiento fue prácticamente aniquilado en un asalto sobre la otra orilla. Los escasos hombres del 141º Regimiento construyeron un puente, pero cuando estaban evacuando a sus compañeros los cañones alemanes de 88 milímetros hundieron la construcción. Sin la 36ª División apenas existir y sin permiso del general Clark, los supervivientes huyeron y marcharon en retirada.

Aquella Primera Batalla de Montecassino acabó en un éxito alemán arrollador, pues habían destruido a la 36ª División Estadounidense “Texas”, muriendo 1.681 americanos y haciendo 875 prisioneros. Estados Unidos calificó aquel día como “peor que Pearl Harbor” y los veteranos que regresaron lograron hacer un juicio al general Clark por su incompetencia, aunque al final salió declarado inocente.

2ª Batalla de Montecassino (1ª Parte)

Por la mañana del 25 de Enero de 1944 la 34ª División de Infantería Estadounidense lanzó la segunda ofensiva hacia Montecassino a través de la carretera estatal 7 y el Río Rápido, mientras el Cuerpo Expedicionario Francés Libre lo hacía más al sur con sus cuatro divisiones galas, argelinas y marroquíes.

Desde el inicio de la ofensiva americana la 34ª División de Infantería fue detenida junto a las marismas de la carretera estatal 7 por un campo de minas, artefactos del tipo Teller en cajas de madera que eran imposibles de descubrir por el radar magnético, por lo que habían de ser desenterradas clavando las bayonetas en el suelo, trabajo aburridamente largo. Toda la división tuvo que esperar hasta la noche para moverse y cruzar con algunos destacamentos el Río Rápido en donde construyeron un puente. En la otra orilla los norteamericanos volvieron a quedar clavados bajo el fuego alemán, siendo los únicos 4 tanques Sherman que habían pasado al lado contrario destruidos.

Tropas coloniales indias de los Sikh con una ametralladora Bren.

Por otra parte los franceses libres cosecharon éxitos al conquistar el día 26 las posiciones elevadas de Abate y Belvedere. Sin embargo, un contraataque al día siguiente, el 27, de la 90ª División Panzergrandier, logró desalojar a los franceses libres de Abate y volver a recuperar la posición.

Por fin el 28 de Enero los estadounidenses pudieron consolidar definitivamente su cabeza de puente en el Río Grande y tomar la Cota 56 y Cota 213 desde donde les disparaban los alemanes. Dos días más tarde, el 31, el pueblo de Cairo fue conquistado por los norteamericanos y Abate regresó a manos francesas libres tras un contraataque de las tropas coloniales. Al comienzo del nuevo mes, el 1 de Febrero, la 34ª División Estadounidense hizo cima en Monte Castellone y las primeras vanguardias avistaron por primera vez Montecassino.

Oficialmente el ataque directo contra la ciudad de Cassino y su monasterio en el monte comenzó el 2 de Febrero de 1942, cuando los americanos de la 34ª División, escondidos entre la vegetación de la falda de Monte Castellone, avanzaron hacia la Cota 593 con vistas a la abadía y a la carretera estatal 6. Inmediatamente se presentaron en la zona los soldados de la 1ª División Paracaidista Alemana que conociendo muy bien el terreno, sorprendieron a los estadounidenses con escaramuzas espontáneas entre los riscos y obstáculos naturales. Una de las zonas de intentos de penetración fue a través del sector llamado “Cabeza de Serpiente”, una cresta en forma de boomerang de 900 metros de largo, en donde los americanos sufrieron incontables bajas a manos de los paracaidistas alemanes. Durante 24 horas la 34ª División de Infantería intentó abrirse paso inútilmente. Las vanguardias que se acercaron a Cassino tuvieron que huír debido a los disparos procedentes del monasterio.

Granaderos alemanes con Panzerschrek pasan por delante de un tanque Sherman americano destruido por ellos.

Durante la noche del 5 al 6 de Febrero, la 34ª División de nuevo lanzó un gran ataque contra el Monte Calvario en el norte y la Cota 349 en el sur con el fin de rodear Montecassino por el centro. Sin embargo en una posición retrasada les esperaba la 71ª División de Infantería Alemana muy bien parapetada. El ataque a la Cota 349 falló estrepitosamente, pero el del Monte Calvario tuvo éxito a costa de graves pérdidas. Sin embargo la alegría duró poco, pues los soldados de Monte Calvario se desmoralizaron tras un contraataque alemán y se retiraron, abandonando el pico de nuevo. Los alemanes no se dieron cuenta hasta el día siguiente, el 7 de Febrero, cuando la 1ª División Paracaidista volvió a reconquistar Monte Calvario.

Con el primer asalto directo contra Montecassino fue obvio que los americanos no estaban preparados para una operación de ese calibre. Entre el 8 y 10 de Febrero la 34ª División estuvo reforzándose mientras se retiraban de las crestas los últimos destacamentos circundantes a Cassino. Para el 11 todos los estadounidenses estaban a salvo de la artillería alemana camuflados y protegidos en una improvisada la línea de combate frente a la ciudad Cassino. Hasta ese momento las bajas de los Aliados habían sido de 14.375, de las cuales 10.230 eran estadounidenses y 4.145 británicas.

Soldado británico se cubre en un risco cerca de Cassino armado con una metralleta y un machete.

Procedentes del sur el 12 de Febrero de 1944, la 2ª División Neozelandesa del general Bernard Freyberg y la 4ª División India del brigadier Harry Dimoline, hicieron acto de presencia en socorro de la 34ª División Estadounidense. También se unieron a estos los japoneses libres del 442º Regimiento Japonés-Americano. Una vez reunidos todos ese día, se reanudó el ataque contra la montaña de Montecassino bajo una lluvia torrencial que enfangó todo el campo de batalla. Al poco tiempo de avanzar los americanos pudieron distinguir la abadía apenas visible entre la niebla, entonces desde allí, montones de proyectiles de cañón y ráfagas de amatralladoras les cazaron por sorpresa a sólamente 300 metros de distancia de los escondites de donde habían salido. Los estadounidenses reaccionaron enterrándose en el lodo, pero eso fue un error porque llovía a cántaros y se quedaron atrapados en el fango mientras sufrían una auténtica carnicería. Los neozelandeses e indios que estaban detrás de los norteamericanos, viendo el panorama se retiraron para ponerse a salvo abandonado de ese modo a sus compañeros de los Estados Unidos. Tras este fracaso llegaron órdenes desde Washington ordenando a la 34ª División de Infantería ser retirada del frente.

Al amanecer del 13, la 4ª División India fue la elegida para reelevar a la castigada 34ª División Estadounidense en Montecassino. Pero las cosas no eran tan fácil, pues para salir del sector los norteamericanos tenían que dar marcha atrás exponiéndose al fuego del monasterio, algo que sólo podían hacer si los indios distraían a los alemanes. Por tanto de esa manera se tuvo que hacer, los veteranos de la India salieron a campo abierto, por aquel entonces lleno de cráteres y cadáveres pudriéndose al Sol, y quedarse a la vista de los alemanes que rápidamente abrieron fuego. La operación duró varias horas, consiguiendo escapar la 34ª División de Infantería con sus únicos 840 supervivientes. Concluida la misión un total de 2.360 indios habían muerto a la interperie bajo los proyectiles de Montecassino, mientras que las bajas de los estadounidenses ascendían a un 90% del total.

Bombardeo de Montecassino

Temprano en la mañana del 15 de Febrero de 1944, una fuerza aérea de 229 aviones compuesta por 142 fortalezas volantes B-17 norteamericanas, 47 bombarderos B-25 Mitchell y 40 bombarderos medios B-26 Marauder, se dirigieron volando a Montecassino. En aquellos momentos se encontraban en la abadía del monte un grupo de monjes benedictinos rezando a la Virgen María y proclamando “et pro nobis Christum exora”. De repente, se escuchó el rugido de motores sobre el cielo. A las 9:24 horas de la mañana, el primer avión B-17, casualmente numerado con el 666, soltó las primeras bombas sobre el sagrado edificio. Los monjes que rezaban notaron una tremenda sacudida, poco después salieron al patio donde las bombas caían al azar. Tras la primera oleada de aviones, le siguieron otras cuatro más devastadoras. Las fachadas del enorme monasterio fueron las primeras en venirse abajo, después las paredes que daban al patio del edificio se derrumbaron. La parte norte fue la menos castigada, pero aún así casi todo el monasterio fue destruido muriendo numerosos monjes. Sobre las 13:33 horas, el bombardeo había terminado tras haber caído 600 toneladas de bombas. Del milenario monasterio sólamente quedaron en pie las fachadas del exterior, el resto eran ruinas humeantes, una tragedia humana y también cultural.

Bombardero estadounidense B-17 lanza bombas contra la abadía de Montecassino.

Richard Heidrich, general de la 1ª División Paracaidista Alemana, vió una oportunidad única tras el bombardeo americano sobre la abadía. Las ruinas del monasterio ofrecían una muralla excelente para defenderse de los aliados, fortificación difícil de destruir y tomar. El problema era el acuerdo que el Vaticano tenía tanto con los alemanes como con los Aliados, consistente en la prohibición de atacar el edificio o acercarse a menos de 350 metros. Los alemanes habían cumplido el pacto a rajatabla, pero como los americanos lo habían roto, sería absurdo no saltarse las normas.

Al día siguiente del bombardeo, 16 de Febrero, los alemanes entraron y ocuparon la abadía. Entonces comenzó un diálogo con los monjes y los refugiados dentro del monasterio para que se marcharan a Roma, pues Heidrich tenía intención de convertir las ruinas de Montecassino en un campo de batalla.

Heidrich y sus paracaidistas aprovecharon las ruinas como defensas parapetándose en los escombros como medio de protección. En cada grieta se instaló un cañón, mortero o ametralladora, además las criptas ofrecieron un perfecto refugio para los bombardeos. Por todo el edificio había pequeños agujeros en los que colocar armas y puestos de francotiradores. Gracias al bombardeo la Abadía de Montecassino se había convertido en una fortaleza inexpugnable, empeorando de este modo la situación para los Aliados.

Ruinas del monasterio de Montecassino tras el bombardeo norteamericano.

Una última reunión tuvo lugar antes de que los religiosos se marcharan de su amado monasterio. El abad Gregorio Diamare organizó una misa a la que acudieron todos los habitantes de Cassino para recibir la “extrema unción”, por si se daba el caso de que muriersen a raíz de los combates que estaban por librarse. Concluida la misa los monjes evacaron las reliquias y huesos de San Benito, San Desiderio y San Apolinar, así como las obras de Leonardo, Raffael, Tintoretto, Ghirlandio y Brueghel. Una vez empezaron a dejar los monjes el monasterio, encontraron a tres niños moribundos junto al cadáver de su madre entre las runias a los que intentaron curar, pero dos eran insalvabables, por lo que tuvieron que dejarles, llevándose únicamente a uno de ellos que sobrevivió. Durante el trayecto hasta Roma la marcha fue tortuosa y algunos monjes junto con refugiados de Cassino sufrieron incidentes, como el abanadono de una anciana sin piernas en una tabla de madera. Sin embargo cuando llegaron a Roma las calamidades no acabaron allí, pues el abad Diamare fue retenido por las SS y obligado a hablar por la radio para relatar la ruptura de la tregua por parte de los Aliados sobre el no bombardeo de la abadía, algo que causó críticas en todos los católicos del mundo. Por suerte el Vaticano intervino en favor de Diamare y a pudo ser puesto en libertad, de hecho no hizo falta presionarle a decir más cosas, pues el Papa Pío XII indignado por el bombardeo condenó el hecho sin dudarlo.

2ª Batalla de Montecassino (2ª Parte)

Un día después del bombardeo a la abadía, idea que había sido precisamente del general Bernard Freyberg, lanzó a su entero II Cuerpo Neozelandés con la 2ª División Neozelandesa y la 4ª División India contra Montecassino el 16 de Febrero. Los primeros en atacar fueron los nepalís y punjabs de la 4ª División India, contra “Cabeza de Serpiente”, posición desde la que fueron acribillados por ametralladoras MG-42 alemanas. Como avanzar a plena luz del día era imposible, se decidió esperar a la noche.

Caída la oscuridad nocturna del 16 al 17 de Febrero, 66 soldados indios y británicos (3 oficiales y 63 soldados) se acercaron sigilosamente a la Cota 593, sin embargo nada más avanzar 40 metros, hicieron tanto ruido que los alemanes les descubrieron, cayendo sobre ellos una lluvia de balas. La artillería que los debía cubrir bombardeando a la Cota 575, se equivocó y disparó a sus propios hombres causando bajas por fuego amigo. Al amanecer la sección asaltante había quedado estancada en los bajos de Cota 593, por si fuera poco los dos camiones que tenían que llevarles municiones fueron destruidos y gran parte de los mulos con suministros se despeñaron por las pendientes.

Tropas neozelandesas combatiento entre los escombros de la ciudad de Cassino.

Por la mañana del viernes 17 los indios y neozelandeses realizaron un último intento, aunque lo hicieron casi sin municiones, ya que los mulos encargados de traerlas debían recorrer más de 48 kilómetros caminando. La 4ª División India rápidamente fue rechazada con 140 indios muertos (10 oficiales y 130 soldados). La 2ª División Neozelandesa se acercó a Cassino entrando en la estación, aunque un contraataque alemán desalojó a los neozelandeses.

Como no había manera de acercarse a las faldas del Montecassino, el general Harold Alexander, respaldado por el mismo Presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, acordaron que se permitiera el bombardeo indiscriminado contra la abadía y la ciudad de Cassino mientras los alemanes allí permaneciesen, todo ello sin importar las quejas del Vaticano o de la Italia Cobeligerante que eran cuantiosas.

3ª Batalla de Montecassino

La próxima fecha para lanzar la tercera ofensiva sobre Cassino, fue elegida el 24 de Febrero por el general neozelandés Freyberg y denominada “Operación Dickens”. Consistía una vez más en en lanzar a la 2ª División Neozelandesa y la 4ª División India, aunque en esta ocasión con el apoyo de la 78ª División Británica. Básicamente su misión era tomar primero los principales puntos fuertes alemanes consistentes la Colina del Castillo y la Colina del Verdugo, para después hacerse con la ciudad de Cassino y desde allí escalar el monte hacia la abadía. Sin embargo, el mismo día 24 cayó una lluvia torrencial de agua contra todo el sector que impidió cualquier movimiento contra la montaña del monasterio, eso, sumado a los húmedos barrizales y al frío helado, más la niebla que cegaba a los aviones, obligó a suspender del ataque.

Aspecto de la abadía de Montecassino tras muchos días de intensos combates.

Más de tres semanas se alargaron aquellas condiciones climáticas tan adversas, tiempo en el cual las tropas anglo-indio-neozelandesas atrincheradas enfermaron o padecieron hambre por culpa de un suministro mal gestionado. Los alemanes por el contrario estaban en unas condiciones mucho mejores que sus enemigos, ya que las ruinas del monasterio les ofrecieron techo contra la lluvia y los sótanos un sitio donde cobijarse del frío. En ningún momento pasaron hambre ni escasearon sus municiones, pues bajo la montaña había un túnel que se comunicaba con un camino de Roma por el que recibían todos los suministros necesarios. Cuando de vez en cuando paraban las lluvias, caza-bombarderos norteamericanos P-47 Thunderbolt intentaban atacar el túnel sin éxito porque desconocían exactamente el lugar de su posición. Tampoco lo lograron las tropas cobeligerantes italianas que buscando el paso pie se toparon con las milicias fascistas de la República de Saló o con los soldados eslovacos de la 2ª Brigada Técnica Eslovaca, siendo rechazadas.

El 15 de Marzo de 1944 comenzó la tercera ofensiva contra Montecassino. El movimiento inicial consistía en una retirada estratégica de los indios y neozelandeses 900 metros hacia atrás para simular una huída, mientras centenares de bombarderos norteamericanos lanzaban miles bombas sobre la ciudad de Cassino, seguido por un fuego de artillería de 900 cañones que saturó la abadía. Duarante tres horas y media fortalezas volantes B-17, B-24 y bombarderos medios B-25 soltaron sus artefactos sin piedad sobre Cassino, llegando a caer 1.000 toneladas de bombas y un total de 450.000 proyectiles. Sin embargo desde el principio se cometieron gravísimos errores, ya que se dieron numerosos casos de fuego amigo, por ejemplo varios neozelandeses fueron alcanzados, hubo también algunas bombas soltadas por equivocación sobre la inocente localidad de Venafro en donde mataron a 140 civiles italianos y sorprendentemente el puesto de mando del VIII Ejército Británico fue volatilizado, resultando destruido en este último el remolque del general inglés Oliver Lesse.

Paracaidistas alemanes en las ruinas de Montecassino luchando encarnizadamente contra los asaltos del enemigo.

Nada más acabar el bombardeo preliminar la 2ª División Neozelandesa y la 4ª División India avanzaron amparados por 650 cañones. Los neozelandeses avanzaron en dos columnas, una por la carretera estatal 6 y otra junto al Río Grande, escoltados en todo momento por tanques que rápidamente quedaron frenados por culpa de los cráteres, ya que sus cadenas se hundían en estos, lo que obligó a cesar la marcha de la infantería para sacarlos de allí cavando con palas y picos. Cuando se reanudó el avance los neozelandeses e indios como de costumbre fueron martilleados por el fuego del monasterio, obligándoles a buscar refugio. Debido a los tiros cruzados entre la Colina del Castillo y Colina del Verdugo, estas dos elevaciones fueron irónicamente llamadas “Scila y Caribdis”, en honor a las dos criaturas mitológicas griegas que se tragaban a los marineros desde ambos lados de un cruce marítimo. Por la noche los gurkhas nepalís entraron en los suburbios de Cassino iniciando un tiroteo con los alemanes, pronto se unieron los indios rajput que asaltaron sin éxito la Colina del Castillo.

Cuando amaneció el 16 de Marzo sucedió algo sorprendente, los nepalís que tenían que tomar la Colina del Castillo, por equivocación habían conquistado la más retrasada Colina del Verdugo, rechazando los contrataaques de los Panzergrenadier alemanes. Aquello suponía la primera noticia buena para los Aliados en Montecassino después de más de dos meses de batalla sin resultados. Gracias a la protección que ofrecían los nepalís en la Colina del Verdugo, cortando la retaguardia alemana en la Colina del Castillo, los neozelandeses e indios escalaron a por esta. La lucha fue muy intensa, pero finalmente el día 17 la Colina del Castillo cayó en manos neozelandesas, lo mismo que la Cota 202 y la estación ferroviaria en Cassino.

Todo parecía ir bien para los Aliados el 18 de Marzo, sin embargo como siempre empezaron a darse los contratiempos. En el ataque al Hotel Continental en Cassino, un jefe de compañía neozelandés, tras acercarse sigilosamente a una ventana, lanzó una granada al interior que no explotó, siendo a continuación él alcanzado por una ráfaga de metralleta alemana que lo mató. Acto seguido, los neozelandeses que participaban en el asalto al Hotel Continental sufrieron una gran masacre. También fracasó el asaltó del Batallón Maorí compuestos por indígenas de Nueva Zelanda que encajaron numerosas bajas. Por último hubo un definitivo intento cuando la 78ª División Británica procedente de la resarva atacó el Hotel Continental, fallando como el resto de sus compañeros con elevadas pérdidas, incluidos dos jefes de compañía muertos.

Marroquís marchando a Montecassino. Los musulmanes resultaron muy crueles contra la población civil.

Sorprendentemente y sin ser habitual los alemanes lanzaron un contraataque el 19 de Marzo para intentar reconquistar la Colina del Castillo. Los neozelandeses que la defendían padecieron un infierno tanto por los atacantes como por las proyectiles que caían desde el monasterio. Muchos tanques británicos de apoyo fueron destruidos y algunos por las maniobras se destrozaron al caer en los barrancos desde 45 metros de altura, lógicamente sin haber supervivientes entre los tanquistas. A pesar de los malos momentos que pasaron, los neozelandeses rechazaron el ataque alemán. Sin embargo estaban tan desgastados que no pudieron continuar la ofensiva y se hubo de cancelar el intento de conquista al monasterio.

Una vez más, los alemanes habían vencido en aquella tercera batalla por Montecassino. Hubo un total de 4.600 bajas para los Aliados. La India había perdido a 3.000 compatriotas y Nueva Zelanda a 1.600 más. Tanto la 2ª División Neozelandesa como la 4ª División India quedaron fuera de combate, con lo que se retiró a los restos supervivientes del frente.

Winston Churchill, Primer Ministro Británico en Reino Unido estaba desesperado por la situación en Montecassino. En el Frente Oriental el Ejército Rojo de la Unión Soviética lograba importantes victorias contra el Eje, sin embargo los Aliados Occidentales estaban atascados en Italia desde hacía más de medio año y encima concretamente en un pequeño monasterio donde se desengraban. Muy enojado escribió al general Harold Alexander: “Querría que me explicase por qué motivo este paso por Cassino y por el monasterio, en un frente de tres o cuatro kilómetros, es el único punto en el que seguimos luchando. En ese remolino hemos gastado cinco o seis divisiones”. Y en parte Churchill tenía razón para estar enfadado, pues los generales estaban cometiendo los mismos errores de la Primera Guerra Mundial consistentes en lanzar cargas suicidas contra posiciones impenetrables, táctica que de antemano sabían que era equivocada.

4ª Batalla de Montecassino

Pasado el invierno en 1944, la primavera por fin favoreció las cosas a los Aliados, listos para lanzar su cuarta ofensiva sobre Montecassino. Esta vez contaban con fuerzas era abrumadoras, consistían en la 8ª División India, las 1ª y 5ª Divisiones Canadienses, la 78ª División Británica, la 1ª División Francesa Libre, las 2ª y 4ª Divisiones Marroquís, la 3ª División Argelina, las 85ª y 86ª Divisiones Estadounidenses, las 3ª y 5ª Divisiones Polacas Libres y la Brigada Motorizada Italiana Libre, quedando además en reserva 1ª División Sudafricana. Eran un total de 13 divisiones aliadas contra únicamente 4 alemanas. De hecho los paracaidistas germanos en Montecassino se equivocaron al contar en el bando contrario sólo 6 divisiones, siete menos de las reales, por lo que no tomaron ninguna medida. Tal desconocimiento alemán se debía a que los Aliados en secreto habían estado construyendo rutas secretas para el abastecimiento y el suministro por las que circulaban camiones, mulas y hasta un oso que llevaba municiones a los polacos llamado Wojtek, al cual los soldados cogieron mucho cariño. Normalmente los trabajos se realizaban de noche, así como la construcción de puentes sobre los ríos, incluso la artillería que iba aumentando cada día disparaba cotidianamente las mismas descargas para no levantar sospechas.

Antes de la esperada ofensiva, mientras los Aliados se preparaban, volvió a reinar la tranquilidad sobre el área de Montecassino. Como era obvio los bombardeos contra la ruinas del monasterio continuaron, perdiéndose desgraciadamente el fresco histórico de Luca Giordini. Otro de los sucesos tristes ocurridos durante esos días fueron los saqueos y violaciones a innumerables mujeres que las tropas coloniales marroquís y argelinas del Cuerpo Expedicionario Francés Libre efectuaron en las localidades cercanas a Cassino de Ciociaria, Ausonia y Esperina, trágico crimen ampliamente denunciado por las autoridades de la Italia Cobeligerante.

Ciudad ruinosa de Cassino en primer plano y el monasterio de Montecassino al fondo.

Cerca de las 23:00 horas del 11 de Mayo de 1944, media hora antes de la salida de la Luna, un total de 1.625 cañones bombardearon Cassino y la abadía. Justo en ese momento oleadas de polacos libres, indios, neozelandeses, estadounidenses, británicos, canadienses, nepalís, marroquís, argelinos y franceses libres avanzaron aprovechando la cobertura de la artillería. El primer éxito se consiguió a las 23:40 cuando las 2ª y 4ª Divisiones Marroquís tomaron los Montes Aurunci, mientras la 4ª División Británica y la 8ª División India cruzaban sin ser molestadas los últimos cauces del Río Rápido en lanchas. A los pocos minutos, durante la transición del 11 al 12 de Mayo, las 3ª y 5ª Divisiones Polacas Libres tocaron las faldas de la pendiente de Montecassino. Los únicos que se quedaron estancados y sin poder avanzar ni un sólo metro fueron los soldados de las 85ª y 86ª Divisiones Estadounidenses, en su mayoría novatos sin experiencia.

Para el 12 de Mayo los polacos libres realizaron un progreso espectacular conquistando Cota 593 y la Cresta del Fantasma, aunque a costa de quedar sus dos divisiones desgastadísimas. Un día después, el 13, los 12.000 marroquís, apodados “Goumiers” hicieron cumbre en el Monte Maio de 900 metros y Monte Petrella, ejecutando como de costumbre a los defensores alemanes que se rendían, a los cuales descuartizaban, mostrando como trofeos colgando de sus ropas las cabezas, orejas, manos, lenguas, etcétera. Más al sur la 1ª División Motorizada Francesa Libre tomaba Sant’Apollinare, desembocando en el Valle de Lin. Al mismo tiempo la 8ª División India aseguró la carretera entre Cassino y Pignataro, atacando simultáneamente los tabores de la 4ª División Marroquí en las colinas circundantes de Aurunci y Fageto, haciéndose aquellos africanos a continuación con Esperia y Monte de Oro, además de con Ausonia el día 14. Uno de los últimos movimientos antes de avanzar hacia el monasterio fue el corte de la carretera estatal 6 a manos de la 1ª División Canadiense con la toma de Pontecorvo y la entrada triunfal de los polacos libres en la localidad de Colle Sant’ Angelo.

Cuando el 16 de Mayo los polacos libres, canadienses, estadounidenses, británicos, marroquís, argelinos, indios, nepalís y franceses libres se lanzaron a escalar Montecassino, como era clásico fueron recibidos por sus 100 últimos defensores alemanes con ametralladoras, morteros, cañones y granadas que los masacraron y los dejaron detenidos. Otra vez parecía repetirse la pesadilla de la derrota. Sin embargo tuvo lugar un hecho ajeno muy lejos del frente que desbarató los planes defensivos alemanes respecto al monasterio. Los americanos que participaban en la Batalla de Anzio, habían roto el frente en la cabeza de playa y avanzaban hacia Roma, siendo urgente para los alemanes replegar todas las fuerzas de la Línea Gustav y marchar hacia el norte para protegerse en la ya terminada Línea Gótica. Aquello decidió la Batalla de Montecassino, pues inesperadamente los paracaidistas en el monasterio recibieron orden de retirarse.

Mientras se producía la evacuación de Montecassino, las 3ª y 5ª Divisiones Polacas Libres asaltaron la montaña escalando por un terraplén con algunas arboledas, entre zarzas, brezos y barrancos. Los alemanes como estaba distraídos en la evacuación no vieron venir a los polacos, reaccionado tarde. Gracias a ese despiste los polacos libres llegaron a cima, asentándose en la explanada de la abadía mientras los alemanes les disparaban. Durante todo el día los tiroteos se mantuvieron hasta hacerse de noche, cuando los pocos polacos que consiguieron subir descendieron a una posición más bajas. Sin embargo no fue en vano, pues el resto de polacos pudieron por fin conquistar al completo la ciudad de Cassino.

Al caer la oscurisad dento del monasterio se aceleraron los trabajos para recoger todo el material posible. Antes del amanecer del 18 de Mayo, muchos alemanes se tiraron rodando por las laderas de Montecassino o utilizando las empinadas cuestas como tobogán para ir más rápido. Las armas también las lanzaban volteando y una vez abajo las recogían. Cuando amaneció, los paracaidistas alemanes y su comandante Heidrich estaban a salvo caminado en zona segura por el interior de la República de Saló.

Soldados polacos libres izan la bandera de Polonia al tomar victoriosos la abadía de Montecassino.

Una vez se hubieron marchado todos los alemanes de Montecassino, los polacos comenzaron a escalar la escarpada montaña a primeras horas de la mañana. A medida que ascendían, los hombres desde agujeros hacían señales para proseguir de manera sigilosa, pero nadie les disparaba. Decidieron aproximarse hasta la cima formando en cruz. Al llegar a la abadía el suave viento mediterráneo les acarició sus caras. Los polacos, aún sin creérselo, se adentraron en las ruinas y se desperdigaron por estas. Lo único que encontraron en un sótano fue a unos alemanes heridos que no habían podido ser evacuados durante la noche. Aquellos alemanes al ver a los polacos pensaron que les fusilarían como venganza por la ocupación y sufrimiento del pueblo de Polonia, pero no fue así, pues se comportaron de maravilla con ellos y les atendieron como era debido.

Cuando los británicos y norteamericanos vieron la bandera roja y blanca de Polonia ondear sobre la cima de Montecassino no se lo podían creer. El resto de las divisiones de otros países ascendieron a la cumbre unas horas después que los polacos. Arriba todo era alegría, ese día ondularon al viento banderas de múltiples naciones sobre el alto monasterio que había desafiado al mundo. Todos los periódicos anunciaron la conquista de la abadía después de más de cuatro meses de lucha. Por fin la pesadilla de la Batalla de Montecassino había terminado, ahora el camino hacia Roma quedaba abierto.

Epílogo

La Batalla de Montecassino fue la más sangrienta y trágica de la campaña italiana y en concreto para los Aliados de toda la Segunda Guerra Mundial, en especial para la Commonwealth.

Los Aliados sufrieron la elevadísima cifra de 55.000 muertos, entre los que había estadounidenses, británicos, neozelandeses, polacos libres, franceses libres, indios, canadienses, marroquís, argelinos, nepalís, sudafricanos… En total habían sido destruidas cuatro divisiones (las 34ª y 35ª Divisiones Estadounidenses, la 2ª División Neozelandesa y la 4ª División India).

El Eje encajó 22.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, alemanes todos junto algunos fascistas italianos.

Lo más triste fueron las muertes de los civiles italianos inocentes que pagaron las consecuencias de esta cruenta batalla. Miles de ellos murieron por las bombas en Cassino o abandonados durante las evacuaciones. Otro trágico hecho fueron las violaciones masivas que ejercieron los marroquís y argelinos sobre mujeres italianas indefensas, a veces niñas y ancianas, siendo apróximadamente violadas 500 de ellas, la mayoría contagidas después por enfermedades transmitidas desde África. Por último estuvo el gran crimen cultural que soportó la Abadía de Montecassino, obra arquitectónica maravillosa reducida a polvo, lo mismo que el precioso fresco del artista barroco Luca Giordini.

Concluida la batalla los alemanes se retiraron satisfechos, ya que habían logrado retrasar el avance sobre Italia Central durante cuatro meses y destruir cuatro divisiones al enemigo. Sin embargo con Anzio en manos de los Estados Unidos y roto el frente, tuvieron que retirarse cuando tenían la victoria asegurada. El 4 de Junio de 1944, dos semanas después de la batalla, los Aliados ocuparon Roma, siendo la primera capital del Pacto Tripartito en ser conquistada.

Abadía de Montecassino en Italia una vez reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial. También poseía este mismo aspecto antes de 1944.

Tras la batalla el abad Gregorio Diamare pudo volver a las ruinas de la abadía de Montecassino y empezar su reconstrucción, pero no tuvo tiempo de residir en esta porque falleció el último año del conflicto en 1945. Acabada la Segunda Guerra Mundial, la Abadía de Montecassino fue reconstruida y las obras de arte volvieron a su legítimo lugar. También se añadieron hermosos cementerios y monumentos en memoria de todos los caídos en la batalla, ya fueran del Eje o de los Aliados, incluída una estatua al oso Wojtek. Tan famoso se hizo Montecassino que el Papa polaco, Juan Pablo II (Karol Wojtyla), realizó una misa a los fallecidos el 18 de Mayo de 1979 en el cementerio de los polacos libres.

 

Bibliografía:

Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “El avance de los Aliados bloqueado en Cassino”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.361-1.386

Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “Tercer asalto en Cassino: Los alemanes contraatacan”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.520-1.529

Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “Desesperada acometida aliada: Una carrera desde Cassino a Roma”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.530-1.544

Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 2. El triunfo y la tragedia, Planeta Deagostini (1959), p.286-364
http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Monte_Cassino
http://www.artehistoria.jcyl.es/batallas/contextos/4865.htm
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