Okha

Nombre: Okha
Tipo: Reactor
Nacionalidad: Japón
Compañía: Yokosuka
Motor: Tres. Cohetes Tipo 4-1 de 8.000 kg
Dimensiones: Envergadura= 5′ 12 m. Longitud= 6′ 6 m. Altura= 1′ 60 m
Peso: Cargado= 2.140 kg. Vacío= 940 kg
Velocidad: Velocidad máxima= 925 km/h. Desenganche = 648 km/h
Alcance: 40 km
Techo de servicio: 6.000 m
Armamento: Una bomba de 1.200 kg
Primer vuelo: 23 de Octubre de 1944
Historia:

Con la salida a escena del caza a reacción Messerschmitt Me 262 al servicio de Alemania, ninguna otra nación desplegó a reactor alguno sobre los teatros de operaciones de la Segunda Guerra Mundial. Sería el Imperio Japonés con el Okha (Flor de Cerezo) a finales de 1944, la nación que finalmente imitaría al Tercer Reich, aunque con un uso muy diferente porque todos estos aviones serían empleados como bombas suicidas “kamikaze” contra los buques de Estados Unidos.

Inicialmente la idea de fabricar a los Okha fue del ingeniero alférez Mitsuo Ohta y sus estudiantes del Instituto de Investigación Aeronáutica de la Universidad de Tokyo. Interesados en este revolucionario proyecto, los contratistas de la Compañía Yokosuka compraron la patente y comenzaron su desarrollo primero en el Arsenal Técnico-Naval de Yokosuka y luego en el Arsenal Aeronaval de Kasumigaura. Así fue como nació el Okha, un avión a reacción adaptado a las nuevas necesidad bélicas por su barato coste económico (era enteramente de madera con la finalidad de ahorrar metal), por su gran poder destructor y por su increíble velocidad punta.

Militares japoneses examinan un Ohka antes de embarcarlo en un bombardero.

El Okha era un avión en forma de torpedo que disponía de dos alas en el centro tubular del fuselaje cortadas por la mitad y una cola de dos alerones en “T” que le conferían una aerodinámica perfecta a la hora de alcanzar grandes velocidades con sus tres cohetes Tipo 4-1 que le permitían rebasar los 925 kilómetros por hora. De hecho para tal fin, el Okha era transportado en la panza de un bombardero japonés, que una vez a 40 kilómetros del objetivo, se desenganchaba del avión nodriza y encendía los reactores en el aire para volar en dirección al enemigo e intentar estrellarse con una carga de 1.200 kilogramos de trilita descendiendo en picado a una rapidez tan elevada que la mayoría de las veces el piloto perdía el control de su aparato (aunque por lo menos evitaba los cazas y cañones antiaéreos), convirtiendo de ese modo al reactor en un arma de doble filo.

Según la funcionalidad de los reactores que inicialmente fueron numerados como Okha 11 o MXY-7, se diseñaron diferentes variantes con aspectos altamente curiosos. La más llamativa fue el Okha 21 adaptado para ser lanzado desde un bombardero Yokosuka P1Y1 “Ginga” o el Okha 33 para realizar la misma función desde un Nakajima G8N1 “Renzan”. Sin embargo mucho más avanzados fueron el Okha 43A preparado para impulsarse desde una catapulta a bordo de un submarino o el Okha 43B desde la rampa oculta de una cueva. Otros menos exitosos debido a sus problemas técnicos fueron el Okha 53 con un turbo extra del modelo Ne-20 y el Okha K-1 ideado para la instrucción militar de pilotos.

Bombardero Mitsubishi G4M “Betty” nodriza desenganchando un Okha.

Originalmente la entrada de los Okhas en servicio debería haber sido durante la Batalla del Golfo de Leyte sobre las Filipinas a finales de 1944, cuando se realizó un primer intento de transportar a dichos reactores a bordo de dos portaaviones. Desgraciadamente estos dos grandes buques que llevaban en su interior a los Okhas recién salidos de fábrica, el Shinano y Unryu, fueron hundidos por submarinos norteamericanos en medio del Océano Pacífico antes de poder liberar su mortífera arma secreta contra el enemigo.

El 1 de Abril de 1945, coincidiendo con el comienzo de la Batalla de Okinawa, los Okhas recibieron su bautismo de fuego cuando uno de estos aparatos dañó al acorazado norteamericano USS West Virginia. Dos semanas más tarde, el 12 de Abril, se produjo el único hundimiento causado por un Okha después de que un reactor se estrellase y partiese en dos al destructor estadounidense USS Mannert Abele, que se fue a pique llevándose la vida de 73 marineros a bordo. A partir de entonces, los Okhas que recientemente habían sido apodados por los norteamericanos como “baka bomb” (“bomba loca” en japonés), sólo causaron daños graves y bajas mortales en el enemigo tras impactos en el dragaminas USS Gavety y en los dos destructores USS Stanley y USS Hugh Hadley. Desgraciadamente para los japoneses, entre Abril y Junio de 1945, la mayor parte de los Okhas no generaron el efecto deseado por dos motivos: fueron destruidos por los cazas estadounidenses a bordo de sus aviones nodriza antes de que pudieran desprenderse; o en caso de alcanzar a un buque enemigo eran tan veloces que atravesaban la estructura de parte a parte para explosionar más tarde dentro del agua y lejos del navío sin ningún efecto.

Soldado estadounidense posa ante un Okha capturado.

Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial el 2 de Septiembre de 1945, se habían construido un total de 852 Okha, de los cuales sólo se salvaron unos pocos que acabaron como piezas de museos en Japón, Estados Unidos, Gran Bretaña y la India. A pesar de que su papel durante la Batalla de Okinawa fue negativo porque las pérdidas causadas al enemigo fueron mínimas, este resultado no fue por culpa de su calidad tecnológica, sino por el mal uso táctico de este reactor por parte de los mandos, quienes en lugar de haberlo empleado como caza y no como un avión suicida, el Okha se podría haber convertido en uno de los interceptadores más formidables de la Guerra del Pacífico.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 5. “Yokosuka MXV-7 Okha”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.914-1.915
-Redactores de WW2GP Magazine, Ohka-El Avión Kamikaze Secreto, Revista WW2GP Magazine Nº5 (2015), p.21-22
-http://en.wikipedia.org/wiki/Yokosuka_MXY7_Ohka