Globos Fugo

A diferencia de Gran Bretaña, China o la Unión Soviética, los Estados Unidos no sufrieron ningún bombardeo de la aviación enemiga durante la Segunda Guerra Mundial. Solamente el Imperio Japonés consiguió en dos ocasiones alcanzar Norteamérica, no mediante la utilización de bombarderos, sino a través de unos artefactos explosivos voladores que serían popularmente conocidos como los Globos Fugo.

Plano técnico del Globo Fugo.

Originalmente la idea de Japón de atacar el territorio urbano de los Estados Unidos tuvo su inspiración en el “Raid Doolittle” lanzado sobre Tokyo el 18 de Abril de 1942 por dieciséis bombarderos B-25 Mitchell que habían despegado del portaaviones USS Hornet. Desde ese instante, la Fuerza Aérea Imperial Japonesa intentó imitar la hazaña empleando a los portaaviones Shokaku y Zuikaku para bombardear San Francisco, algo que finalmente fue descartado ante el temor de que resultasen hundidos. Fue entonces cuando se probaron otros métodos más sencillos como cañonear la costa mediante embarcaciones pequeñas o con hidroaviones catapultados desde submarinos, una acción que precisamente llevó a cabo el sumergible I-15 el 9 de Septiembre de 1942 después de provocar un pequeño incendio en Oregón.

A inicios de 1943 todo apuntaba a que el plan para bombardear Estados Unidos iba a quedar en papel mojado, hasta que el Ministerio de la Guerra hizo entrar en escena al doctor Sakyo Adachi, por aquel entonces jefe del Departamento de Meteorología de la Armada, quién tuvo la innovadora ocurrencia de ayudarse de la naturaleza en lugar de la tecnología. Así fue como este experto meteorólogo propuso utilizar las corrientes de viento sobre el Océano Pacífico que discurrían desde Japón hasta la costa de Estados Unidos por encima de entre los 10.000 a 12.000 metros de altura y que soplaban entre los 150 y 300 kilómetros por hora. Tal cosa se pondría en práctica soltando un globo aerostático cargado de explosivo a una altitud adecuada y al que se debía mantener estabilizado para que los artefactos pudiesen viajar hasta Norteamérica y explosionar en los mismos Estados Unidos.

Bajo el nombre de “Globos Fugo”, el general Sueyoshi Kusaba se apropió de la patente del proyecto reuniendo un presupuesto de dos millones de yenes y un equipo de militares, meteorólogos, científicos y técnicos industriales. A partir de entonces y a un coste muy barato de 800 dólares por unidad, los japoneses diseñaron un globo de gas que sujeto mediante una cuerda sostenía un contenedor metálico con explosivo. Estos artefactos que tenían la forma de una circunferencia de 32 metros, estaban envueltos por 64 piezas de papel de pergamino distribuidas en cuatro capas unidas por un potente pegamento vegetal elástico que iba relleno de 570 metros cúbicos de hidrógeno. Algo más abajo de dicho conjunto y a través de diecinueve cordeles de unos 15 metros largo, cada globo se adhería a un mecanismo de lastre con 32 sacos de arena de 3’5 kilogramos que automáticamente iban soltándose siguiendo un principio de balanza barométrica, haciéndole perder altura hasta detonar su carga contra el objetivo, la cual incluía tres bombas convencionales de 15 kilogramos y otra incendiaria (el equivalente a 45 kilogramos de dinamita).

Oficialmente en Mayo de 1944, el Imperio Japonés llevó a cabo el primer lanzamiento de Globos Fugo. Se trató de doscientas unidades aerostáticas soltadas al cielo, de las que según se supo más tarde, ninguna alcanzó su objetivo porque se perdieron en amplio y vasto Océano Pacífico. Abrumado por este fracaso, el general Sueyoshi Kusaba propuso utilizar submarinos que viajasen hasta las costas de Norteamérica para liberar los globos más de cerca, algo a lo que se opuso el doctor Sakyo Adachi, por lo menos hasta que después de casi seis meses contó con la aprobación del Ministerio de Guerra de Tokyo y más concretamente del Ministro Hajime Sugiyama.

Globo Fugo con la carga explosiva colgando de la cuerda.

A finales de 1944, un submarino japonés emergió del Océano Pacífico junto a la costa occidental de Estados Unidos, donde sin ser descubierto y de manera sigilosa, lanzó una primera tanda de Globos Fugo. De estos artefactos soltados en el cielo, tan sólo uno alcanzó el objetivo explosionando en los alrededores de Wyoming cerca de Thermópolis, sin causar incidente alguno. A partir de entonces, algunos Globos Fugo serían liberados desde sumergibles, la mayoría con resultados muy poco efectivos porque el sumergible podía albergar un número muy escaso de estos artefactos, además de resultar muy caro su mantenimiento y poner en peligro la vida de las tripulaciones.

Como consecuencia del revés cosechado por los Globos Fugo a bordo de los submarinos, los mandos del Ministerio de la Guerra en Tokyo evaluaron otras alternativas sobre las posibles maneras del lanzamiento, volviendo a investigar las fuerzas de la naturaleza que anteriormente habían sido descartadas. Así fue como después de estudiar detenidamente las corrientes de viento del Japón, el doctor Sakyo Adachi finalmente descubrió un punto muerto en la atmósfera donde los vientos en vez de girar de este a oeste, circulaban en el lado opuesto, lo que facilitaba con escaso margen de error el viaje de los Globos Fugo hacia Norteamética.

El 1 de Noviembre de 1944, comenzaron los ataques masivos de Globos Fugo mediante el lanzamiento de cincuenta unidades desde Osaka, a las que posteriormente se irían sumando una cifra aproximada de cien diarias que volando a una velocidad de 200 kilómetros por hora, solían alcanzar las costas de América en tan sólo dos días (aunque muchos se perdieron durante el trayecto cayendo en el agua, derribados por aviones o dispersados en la atmósfera por las corrientes de aire). Afortunadamente para sus creadores, tal y como estaba previsto, varios centenares de los globos aparecieron de improviso sobre los cielos de Estados Unidos.

A inicios de Noviembre de 1944, cientos de Globos Fugo comenzaron a hacer impacto en los Estados Unidos provocando daños en propiedades, demoliendo viviendas e incendiando bosques en diversas zonas de California, Nevada, Oregón, Michigan, Montana, Alaska, Whashington Oeste y las Islas Aleutianas. Entre algunos de estos múltiples incidentes, uno de los más famosos tuvo lugar cuando uno de los globos se enredó en los cables de alta tensión eléctrica de una fábrica de uranio situada en el Complejo de Hanford que en aquellos instantes participaba en el desarrollo de la bomba atómica dentro del marco del “Proyecto Manhattan”, lo generó el pánico durante algunos días al creer muchos altos mandos del Ejército Estadounidense que los japoneses habían descubierto su plan nuclear. De igual forma, el éxito de los Globos Fugo fue tal, que algunas pocas decenas de artefactos también cayeron en otros países vecinos causando problemas y desperfectos, tal y como por ejemplo sucedió en Canadá y México.

El ataque con Globos Fugo produjo algunas víctimas mortales y heridos, tal y como habían calculado los mandos del Imperio Japonés. El episodio más dramático ocurrió cuando una mujer embarazada (Elsie Mitchell) y cinco niños de una misión cristiana de Oregón (Sherman Shoemaker, Edward Engen, Jay Gifford, Joan Patzke y Dick Patzke) que estaban de excursión en Lakeview, encontraron un Globo Fugo enganchado de un árbol, con lo cual, invadidos por la curiosidad, se acercaron a manipularlo hasta que el artefacto explosionó y mató a todos los presentes. Igual de trágico fue lo sucedido en Canadá después de que tres Globos Fugo originasen un incendio en la región boscosa de Tillamook que acabó con la vida de un soldado canadiense adscrito al 555º Regimiento Aerotransportado e hirió a otros 20 paracaidistas.

Fotografías instántaneas de la explosión y destrucción de un Globo Fugo sobre Estados Unidos.

A pesar de que los Globos Fugo alcanzaron Estados Unidos con regularidad (cerca del 20%), solamente en una ocasión la prensa se hizo eco de este tipo de ataques. La razón fue que la Agencia Federal de Investigación (FBI) instauró una férrea censura para evitar que cundiese el pánico, llegando incluso amenazar a todo aquel periódico o radio que difundiera la existencia de estos artefactos (tema exclusivamente reservado a militares y guardias forestales). Así pues, ante esta falta de información debido a que la prensa enemiga era la única fuente con que los japoneses podían enterarse del efecto de los Globos Fugo, terminaron creyendo que su invento había fracasado y por tanto en Abril de 1945 suspendieron los lanzamientos. A raíz de dicha ausencia de datos, tanto el general Sueyoshi Kusaba como el doctor Sakyo Adachi, quedaron estupefactos cuando al terminar la Guerra del Pacífico, descubrieron que el Globos Fugo habían sido un éxito porque en infinidad de ocasiones sembraron la confusión en Norteamérica.

Aproximadamente durante la Segunda Guerra Mundial entre 1944 y 1945, el Imperio Japonés arrojó un total de 15.000 Globos Fugo, de los que 9.300 alcanzaron y explosionaron en el interior de Estados Unidos, Canadá y México. Según los datos en cifras, estos artefactos volantes causaron 240 incidentes y mataron a 8 personas (7 civiles estadounidenses y 1 soldado canadiense).

 

Bibliografía:

-Luis de Marimón Riera, Globos de Bombardeo Japoneses, Revista Historia y Vida Nº86 (1975), p.134-143
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 5, “Las imprevisibles bombas aerostáticas”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.917-1.918
-http://en.wikipedia.org/wiki/Fire_balloon