B-29 “Superfortress”

 

Nombre: Boeing B-29 “Superfortress”
Tipo: Bombardero
Nacionalidad: Estados Unidos
Compañía: Boeing
Motor: Cuatro. Wright R-3350-23 Duplex Cyclone a 2.200 CV
Dimensiones: Envergadura= 43′ 05 m. Longitud= 30′ 17 m. Altura= 8′ 46 m
Peso: Cargado= 56.296 kg. Vacío= 31.843 kg
Velocidad: Velocidad máxima= 548 km/h. Trepada inicial= 177 m/min
Alcance: 9.388 km
Techo de servicio: 9.707 m
Armamento: 16 ametralladoras de 12′ 7 mm, 1 cañon de 20 mm, 1 bomba atómica o 9.702 kg de bombas
Primer vuelo: 21 de Septiembre de 1942
Historia:

Originariamente el B-29 “Superfortress” fue diseñado para sustituir a las fortalezas volantes B-17 y B-24 que bombardeaban Europa. Nunca jamás la compañía Boeing podía imaginar que con la fabricación de este aparato, crearía el bombardero más poderoso de la Segunda Guerra Mundial, no sólo por su capacidad destructiva, sino también por estrenar lanzando desde sus entrañas las primeras dos bombas atómicas de la Historia.

Boeing B-29 “Superfortress”.

No hubo un bombardero operativo tan grande en la Segunda Guerra Mundial como el B-29. El cuatrimotor en su estructura enteramente metálica siguió unos patrones vanguardistas y escasamente tradicionales en la aeronáutica. De ala a ala tenía una impresionante envergadura de 43 metros, mientras que del morro acristalado a la popa contaba con una longitud 30 metros en forma de un llamativo fuselaje perfectamente de sección cilíndrica. El avión quedaba dividido en dos partes, una delantera con la cabina y otra la parte central con el resto de zonas de trabajo, aunque ambas estaban conectadas mediante un tubo de 90 centímetros de ancho que se recorría mediante una carretilla impulsada por las mismas manos de los tripulantes, ayudándose para ello de una barandilla fija en el techo. También eran especiales sus trenes de aterrizaje porque el de la zona trasera disponía de un patín auxiliar de cola para evitar contactos con el terreno y que el caucho se desgastase. Su planta motriz eran cuatro motores Wright R-3350-23 Duplex Cyclone a 2.200 caballos de vapor, repartidos dos de ellos en cada ala que permitían al aparato alcanzar los 548 kilómetros por hora en un techo de servicio de casi los 10.000 metros de altitud. Una de las grandes novedades del avión fue la presurización dentro del aparato para que la tripulación soportase altas presiones a gran altura, incluyendo una instalación de calefacción e inhalación de oxígeno. El armamento defensivo consistía en 20 ametralladoras Browning de 12’7 milímetros repartidas en cuatro torretas cuádruples manejadas por control remoto eléctrico en la parte delantera, trasera, superior e inferior del fuselaje, además de un cañón ligero de 20 milímetros. La capacidad de bombas excedió hasta ese momento en la guerra los límites existentes, pues el B-29 podía albergar casi hasta 9.702 toneladas de explosivos, TNT, materiales incendiarios o incluso una bomba atómica, siendo desprendidos todos los artefactos regularmente por control eléctrico.

Apenas el diseño del B-29 tardó cuatro años en desarrollarse desde que el proyecto se plasmó sobre el papel con el nombre experimental de XC-18, un tiempo asombroso para un avión de aquellas características técnicas. El primer prototipo fue el XB-29 que casualmente fue destruido en un accidente cuando uno de sus motores se quemó y el aparato se incendió perdiendo el control hasta que terminó por estrellarse contra el suelo, muriendo toda la tripulación y 19 personas más que desafortunadamente se encontraban mirando el espectáculo. Por culpa de aquel incidente la compañía Boeing estuvo a punto de tirar por la borda el proyecto, pero en el último instante el general Henry Arnold convenció a la empresa de que continuase con el prototipo, en este caso bajo el nombre de YB-29. Por fin el avión realizó su primer vuelo con el 21 de Septiembre de 1942, saliendo satisfechos todos los ingenieros de las pruebas que ordenaron la entrega inmediata de 1.500 unidades.

Formación de superfortalezas volantes B-29.

Como en Europa las distancias era cortas, se decidió desplegar a los B-29 exclusivamente en el Frente del Pacífico, ya que al fin y al cabo eran los únicos aviones con autonomía suficiente para alcanzar Japón, siempre que partiesen desde la India, China Sudoriental o las Islas Marianas que recientemente habían sido tomadas al enemigo e incluían Saipán, Guam y Tinian. Todos los aeródromos encargados de acoger a aquellos B-29 tuvieron que sustituir los pavimientos originales, ya que las ruedas eran tan pesadas que agrietaban el suelo y hacían impracticable la pista. Por fin, tras una larga preparación de los aviones y las instalaciones, los B-29 estuvieron listos para intervenir en la guerra en la primavera de 1944.

Inicialmente las primeras misiones de los B-29 sobre Japón empezaron desde la China del Kuomintang. El avión se estrenó en combate la noche el 5 de Junio de 1944 con un bombardero sobre Thailandia contra objetivos del Ejército Thailandés que luchaba al lado del Eje en el conflicto. Diez días más tarde, la noche del 15 al 16 de Junio de 1944, un grupo de 75 B-29 atacaron por primera vez Japón bombardeando la ciudad de Yawata en Kyûshû. Durante Julio los bombardeos continuaron sobre el puerto de Sasebo y las ciudades de Ômura y Tobata. Sin embargo los B-29 únicamente tenían suficiente autonomía para alcanzar Kyûshû, no las otras islas, en donde los daños eran mínimos.

Monte Fujiyama en Japón es sobrevolado por dos B-29.

No solamente Japón se convirtió en el objetivo de los B-29 porque hubo otros lugares a su alcance. Por ejemplo las ciudades de Manchukuo fueron duramente castigadas como Harbin o Hsinking, lo mismo que otras metrópolis de China y Formosa. También hubo un bombardeo sobre la base de Singapur protagonizado por unos B-29 procedentes de la India y en otros puntos estratégicos del Sudeste Asiático como Birmania. Asimismo a nivel táctico las superfortalezas volantes en alguna ocasión se dedicaron a pulverizar las defensas terrestres como por ejemplo hicieron en las islas de Iwo Jima y Okinawa antes de la invasión norteamericana.

Sobre Honshû, la isla principal de Japón, los bombardeos empezaron en el otoño de 1944 tras haberse asegurado los aeródromos de las Islas Marianas desde donde partieron los B-29. El resultado de los ataques aéreos fue apocalíptico, ya que siguiendo la doctrina del bombardeo de alfombra, los B-29 arrasaron las ciudades con relativa facilidad, destruyendo sus edificios y quemando con bombas incendiarias que consumían todo lo que encontraban a su paso, incluyendo seres humanos a los que convertían en antorchas. El horror fue indescriptible, sólo en los bombardeos sobre Tokyo fallecieron medio millón de personas.

Superfortalezas volantes B-29 lanzando toneladas de bombas.

De mayor a menor grado, los B-29 aniquilaron en un alto porcentaje las siguientes ciudades japonesas: Toyama fue destruida al 99%, Fukui al 83%, Tokushima al 85%, Fukuyama al 80%, Kofu al 78%, Kuwana al 75%, Hitachi al 72%, Nara al 69%, Tsu al 69%, Okayama al 68%, Mito al 68%, Takamatsu al 67%, Shizouka al 66%, Hachioji al 65%, Tsuruga al 65%, Matsuyama al 64%, Nagaoka al 64%, Meabashi al 64%, Kagoshima al 63%, Gifu al 63%, Imabari al 63%, Toyohashi al 62%, Hamamatsu al 60%, Yokohama al 58%, Isesaki al 56%, Ichinomiya al 56%, Kobe al 55%, Kôchi al 55%, Kumagaya al 55%, Tokyo al 51%, Wakayama al 50%, Akashi al 50%, Himeji al 49%, Sakai al 48%, Hiratsuka al 48%, Tokuyama al 48%, Saga al 44%, Choshi al 44%, Utsunomiya al 43%, Shimizu al 42%, Numazu al 42%, Sasebo al 41%, Kure al 41%, Amagasaki al 41%, Ujiyamada al 41%, Chiba al 41%, Nagoya al 40%, Ôgaki al 39%, Shimonoseki al 37%, Kawasaki al 36%, Osaka al 35%, Ômuta al 35%, Omura al 33%, Yokkaichi al 33%, Okazaki al 32%, Kumamoto al 31%, Aomori al 30%, Ôita al 28%, Miyazaki al 26%, Miyakonojô al 26%, Nobeoka al 25%, Fukuoka al 24%, Moji al 23%, Sendai al 21%, Yahata al 21%, Ube al 20% y Nishinomiya al 11%.

Una ventaja de los B-29, además de su poder destructivo, fue su robustez que en muchos casos impedían a los cazas japoneses derribarlos de una o dos sólas pasadas con las ametralladoras. Tanto frustró esto a los nipones que muchos pilotos estrellaron sus aparatos en ataques “kamikaze” contra las superfortalezas volantes para destruirlas, algo que sí funcionaba, aunque a costa de perder la vida el aviador japonés que se atrevía a ello. Por otro lado se probó colocar un cañón de 30 milímetros en la parte trasera de un avión Saiun C6N1 Nakajima, pero tampoco sirvió, ya que sólamente se pudo derribar a un B-29 con este método. La última manera ideada para acabar con los odiados aviones fue intentar acabar con las superfortalezas volantes en tierra bombardeando sus aérodromos, como por ejemplo hicieron los japoneses en el ataque a Saipán del 27 de Noviembre de 1944 durante el cual destruyeron dos B-29 y dañaron a otros nueve. Pero también el B-29 contó con una ventaja adicional más, en este caso la elevada altitud a la que podía volar, cosa que impedía a algunos modelos de aviones japoneses alcanzarles porque su techo de servicio no era tan alto y por tanto no estaban adaptados a tan altas presiones. El único oponente peligroso para el B-29 fue el caza Zero de la serie A6M5, ya que tenía armamento suficiente para romper su estructura y podía alcanzar la misma altitud que ellos.

Bombardeo masivo de una escuadrilla de B-29 sobre Japón.

Si por algo pasaron a la Historia los B-29 “Superfortress” fue por ser los primeros aviones en utilizar bombas atómicas. El 6 de Agosto de 1945, el B-29 “Enola Gay” de Paul Tibbets, acompañado por el “Great Artiste” y el “Número 91”, lanzó la primera bomba atómica del mundo sobre Hiroshima, la “Little Boy”, arrasando la ciudad en un 90%, destruyendo 70.000 edificios, matando 180.000 personas e hiriendo a otras 39.385 más. Tres días más tarde, el 9 de Agosto, el B-29 “Bockscar” tiró una segunda bomba atómica, la “Fat Man”, sobre la ciudad de Nagasaki, muriendo en esta ocasión 170.000 personas y quedando la ciudad pulverizada en un 70%. A causa de estos dos aviones B-29, el “Enola Gay” y el “Bockscar”, Japón se rindió y finalizó la Segunda Guerra Mundial.

Apróximadamente durante la Guerra del Pacífico fueron destruidos 414 B-29 con más de 2.000 pilotos fallecidos en acción. Por otra parte cerca de un millón de civiles japoneses perdieron la vida bajo su poder demoledor.

Uno de los mayores errores cometidos por los B-29 durante la Segunda Guerra Mundial ocurrió cuando tres de estos aviones que habían resultado dañados por la caza japonesa, decidieron realizar un aterrizaje de emergencia en la Unión Soviética, invocando para ello a la alianza de Washington con Moscú. En cuanto los tres B-29 penetraron en territorio soviético, unos cazas rusos les obligaron a tomar tierra en Siberia inmediatamente, arrestando en el acto a los pilotos e internando a los aviones. Aquello supuso un enorme premio para Iósif Stalin, ya que los rusos pudieron investigar la tecnología del B-29, a partir de la cual fabricaron en 1947 el Tupolev 4, un avión muy superior a su antecesor del que se construyeron 300 unidades que hizo perder a los estadounidenses la supremacía estratégica aérea al inicio de la Guerra Fría.

B-29 bombardeando a los comunistas en Corea del Norte. Guerra de Corea (1950-1953).

Durante la Guerra de Corea (1950-1953) los B-29 fueron de nuevo llamados a primera línea de combate para neutralizar desde el aire a los comunistas. Al principio se utilizaron como bombardeo táctico para detener la invasión de Corea del Norte a Corea del Sur, aunque una vez estabilizada la situación, de nuevo volvió a su origen estratégico, usándolo tanto Estados Unidos como Gran Bretaña, esta última con 88 aparatos que previamente habían sido vendidos a la Real Fuerza Aérea Británica (Royal Air Force). Durante tres largos años las ciudades de Corea del Norte sufrieron la devastación de las bombas de los B-29 que destrozaron cuantiosas urbes, incluyendo la capital de Pyongyang. Cientos de miles de personas, la mayoría civiles, murieron bajo los constantes ataques aéreos sobre el territorio norcoreano. Tampoco la República Popular de China cuando entró en el conflicto al lado de Corea del Norte se salvó de los bombardeos de los B-29 sobre las áreas comprendidas entre el Río Yalu y Manchuria. Fueron derribados un total de 44 B-29 durante el conflicto, mientras que sus artilleros desde las torretas pudieron abatir a 27 cazas norcoreanos.

Finalizada la Guerra de Corea, el B-29 pasó a convertirse en un avión de reconocimiento y entrenamiento, aunque algunos fueron vendidos a Gran Bretaña y Australia. Fueron construidos un total 3.970 aviones entre 1942 y 1960, fecha en que fue retirado del servicio por los más modernos B-52 a reacción. Hasta ese momento más de un millón de personas entre japoneses, norcoreanos y chinos habían muerto bajo los B-29, los aviones que posibilitaron el fin de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

Dionisio García, 509th Composite Group. B-29 sobre Hiroshima y Nagasaki, Revista Serga Nº36 (2005), p.46-64
Francis Crosby, Bombarderos. Guía Ilustrada de la A a la Z, “Boeing B-29 Superfortress”, Tikal (2010), p.56-57
Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “B-29 Superfortress” S.A.R.P.E. (1978), p.2.280-2.281